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domingo, 16 de octubre de 2011

El retrato de Dorian Gray. Oscar Wilde




     "En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retrato de cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuya repentina desaparición, hace algunos años, tanto conmoviera a la sociedad y diera origen a tan extrañas suposiciones.
Al contemplar la figura apuesta y elegante que con tanta habilidad había reflejado gracias a su arte, una sonrisa de satisfacción, que quizá hubiera podido prolongarse, iluminó su rostro".



     Oscar Wilde es otro clásico ineludible. Otro tesoro en cualquier biblioteca que merece un lugar destacado. Al menos en la mía lo tiene. Este título podía darme pie a disertar sobre bellezas interiores y exteriores para introducirlo pero.. hoy no, hoy simplemente digo que es un gran placer leer El retrato de Dorian Gray.

     Nos cuenta la historia de Dorian, un joven hermoso y heredero de una fortuna. Entre sus amigos se halla el pintor Basil, que decide pintarlo en un extraño cuadro que recogerá los años y experiencias de Dorian mientras este se mantiene joven. Además entra en escena Henry Wotton, un curioso personaje que cambiará la forma de ver la vida del joven Dorian..

     El libro si que trata sobre belleza y poder, está ambientado en Londres en el siglo XIX y hace una radigrafía perfecta de una hipocresía social que bien podríamos aplicar a la sociedad actual. Nos muestra el proceso de corrupción moral, la maldad, el daño y, como no, el paso del tiempo. Pero para mí es destacable la forma que tiene de escarbar en el alma humana buscando esos rincones que se sienten tentados por el lado oscuro, por el egoísmo y la ambición, no siempre económica.
     Vemos como Wotton irrumpe en el libro convirtiéndose en un personaje memorable, ingenioso y  sarcástico que se siente rápidamente atraído por la ingenuidad de Dorian y lo corrompe llevándonos despacio por el camino de la fealdad, mostrada perfectamente en el proceso degenerativo que sufre la imagen del cuadro a semejanza del alma de nuestro protagonista, cada vez más obsesionado con lo banal, más hedonista, convirtiéndose en un nuevo Fausto que pacta con el diablo. Vamos perdiendo poco a poco la esperanza de una redención de Dorian a medida que asistimos a su decadencia, que se acelera como una piedra rodando por una ladera. Nuestro personaje no tiene alma, porque es su conciencia la plasmada.

     Como ya he dicho, un libro magnífico de leer. Si no lo conocéis o sólo habéis sido testigos de sus versiones cinematográficas, os recomiendo que os deis un paseo por el interior de Dorian Gray y que, tal vez, os paréis a mirar el cuadro detenidamente.

     Gracias

lunes, 5 de septiembre de 2011

El fantasma de Canterville. Oscar Wilde




     "-Señor -respondió el ministro-, adquiriré el inmueble y el fantasma, bajo inventario. Llego de un país moderno, en el que podemos tener todo cuanto el dinero es capaz de proporcionar, y esos mozos nuestros, jóvenes y avispados, que recorren de parte a parte el viejo continente, que se llevan los mejores actores de ustedes, y sus mejores prima donnas, estoy seguro de que si queda todavía un verdadero fantasma en Europa vendrán a buscarlo enseguida para colocarlo en uno de nuestros museos públicos o para pasearlo por los caminos como un fenómeno.

-El fantasma existe, me lo temo -dijo lord Canterville, sonriendo-, aunque quizá se resiste a las ofertas de los intrépidos empresarios de ustedes. Hace más de tres siglos que se le conoce. Data, con precisión, de mil quinientos setenta y cuatro, y no deja de mostrarse nunca cuando está a punto de ocurrir alguna defunción en la familia."


     Hoy me asomo a un único relato, El fantasma de Canterville, de Oscar Wilde. Cómo me gustan los clásicos. Por mucho que vaya leyendo novedades, encuentro un placer inigualable sentándome después de comer o cenar con un libro en la mano paladeando una historia ya conocida, de un autor que también tuteo a base de leerlo, sabiendo que no va a decepcionarme. Y eso pasa con Wilde precisamente, que es una apuesta casi segura para quien se encuentra entre sus seguidores.

     Nos cuenta aquí la historia de un fantasma, Sir Simon, británico, que vive en un castillo y se dedica a atemorizar a todos los que se acercan. La verdad, el argumento en sí no suena muy original.. hasta las películas infantiles tienen a Mickey y Pluto con fantasmas en habitaciones de castillos o posadas encantadas. Lo que pasa es que Wilde no es un típico autor. En este caso, el fantasma está cansado de su trabajo, aunque eso no evita que tenga que seguir haciéndolo, ya que su honor depende de ello. El fantasma es familia de los propietarios del castillo, los Canterville, y está allí por haber matado a su mujer y la familia.. bueno, al final consigue vender la maldita propiedad. A unos americanos, que no sólo no se asustan sino que se divierten con el fantasma. Pobre fantasma de Canterville.

    Nos enseña Wilde a través de esta curiosa historia un choque cultural que bien puede tomarse como un paso entre la tradición y la modernidad, basada en la razón. Está lleno de situaciones cómicas. El fantasma, antaño sanguinario, se siente orgulloso de sus terroríficos triunfos en el castillo pero ahora, llega incluso a dar pena al lector porque la sangre que en otra época asustaba ahora acaba siendo lavada como si fuera una mancha común. Y por eso nos da pena, porque vamos viendo el peligro de su supervivencia, acabamos encontrando a Sir Simon un personje entrañable producto de un época condenada a desaparecer. Los Otis, que no se inmutan por tener un fantasma, lo encuentran incluso curioso y se dedican a estudiarlo, haciéndole la vida imposible, representan a la perfección la modernidad de finales del siglo XIX basada en la razón.

     Es un relato irónico hasta la última línea que nos hace sonreirnos en muchos momentos, aún lo hago recordando esa curiosa petición al fantasma consistente en engrasar sus cadenas para así poder dormir sin ruidos molestos, a caballo entre la sátira y la burla en muchos capítulos, con una prosa fluida que bien merece ser conocido por todos. 
     Al final, uno cierra el libro olvidando que Sir Simon fue un saguinario y suspirando dice, "Pobre Sir Simon"

    Gracias