Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

sábado, 17 de febrero de 2018

Regálate una caja literaria... sorpresa


     De un tiempo a esta parte se han puesto de moda los regalos en forma de cajas misteriosas, así que hemos decidido lanzarnos a la aventura e investigar un poco las distintas opciones que podemos encontrar en el mercado. De todas ellas, que las hay gastronómicas, de belleza, de complementos, vinos, productos para bebés... nos hemos quedado, como no podía ser de otra manera, con las literarias.
     Aquí os dejamos una pequeña selección:

      Seven color books

     Nace en la mente de una lectora, como no podía ser de otro modo y toma forma como parte de un proyecto fin de carrera hasta que, finalmente, ve la luz el año pasado. Sus cajas incluyen una novedad literaria y algún objeto relacionado con la lectura, ya sean unos calcetines, una vela o un colgante. Procura tematizar cada caja, además de hacer ediciones especiales en fechas señaladas como la Navidad. La suscripción puede ser mensual, trimestral... al gusto del lector al que, además, pasan encuestas para hacer las cajas lo más adecuadas posibles a los gustos y modas. Es cierto que supera los veinte euros, pero la sorpresa está asegurada.


      Dreams Book Box

     En Dreams Book Box ofrecen una opción un poco diferente. Parten de la división entre una caja compacta y otra de tamaño superior incluyendo ambas tanto libros como lo que ellos llaman golosinas literarias. Las golosinas literarias son, como no podía ser de otro modo, objetos relacionados con la literatura, ya sena velas, tazas o marcapáginas. La cajita pequeña, Light Dreams, tiene un libro y una o dos golosinas y su precio es de 19.90 euros, realizándose descuentos dependiendo de si uno se acoge a la suscripción mensual o por un periodo de tiempo superior. La caja Star Dreams que también incluye una novedad literaria que se publica el mes de suscripción, trae consigo hasta cinco golosinas literarias y su precio es diez euros superior a su hermana la pequeña.


      Café y letras

     no engañan con el nombre. Sus cajas literarias incluyen un dos libros y una taza, porque no hay mejor placer que tomarse un buen café caliente junto a un libro en las tardes de invierno. Su precio es de 26.95 y en esta ocasión es sin suscripción, nada de renovaciones automáticas o packs.


      Bookish

     Quizás la más conocida por la mayoría de vosotros. En bookish nos ofrecen en cada caja una novedad literaria, lo que ellos llaman un mapa de lectura y también algún complemento para que pasemos un rato estupendo leyendo. La suscripción mensual es de 24,90 euros y una de sus peculiaridades es la caja, totalmente personalizada y con una cuidadísima estética.


     Y hasta aquí la selección. A fin de cuentas a todos los lectores nos gusta que nos regalen un libro y muchos sufrimos de entornos que dicen no atreverse porque "seguro que ya lo has leído", y eso hace que nos quedemos sin el libro regalado. Así que, ¿por qué no hacernos un regalo nosotros mismos que además incluya el factor sorpresa? Juguemos a que somos nuestro amigo invisible, al menos una vez.

     No sé qué os ha parecido la idea o si vosotros habéis probado alguna de estas opciones, o de otras similares, así que ¡contadme!

     Gracias.

sábado, 24 de junio de 2017

Qué libros te llevarías...


     "El abuelo Vicenzo una vez me contó cómo se había salvado de un naufragio famoso. Le pregunté si se había librado porque sabía nadar. "No, cómo se te ocurre. Siempre he tenido más afinidad con las aves que con los peces. Pero la verdad es que tampoco sé volar." Su carcajada florentina resonaba en el patio como un carrillón, "¿y entonces cómo te salvaste?¿Muy sencillo: perdí el barco en Génova. Llegué al puerto media hora después de su partida asquerosamente puntual. Traté de conseguir una lancha que me llevara hasta el vapor (aún estaba a la vista). Para mi suerte, fracasé en el intento."
Mario Benedetti 

     Decía Eduardo Mendoza: Si tuviera que llevarme un sólo libro a una isla desierta, preferiría ahogarme en el naufragio. Pero es cierto que es una pregunta tonta que hacemos desde que somos pequeños, ¿qué te llevarías a una isla desierta? y elucubramos y nos damos cuenta de que no tenemos enchufes o pilas y le damos vueltas. Luego crecemos y vamos acotando y nos preguntan por nuestras cosas favoritas; ¿la comida? el tomate, la tortilla... ¿la bebida? la coca cola, ¿un color? el negro, el rojo si es en las suelas de los zapatos, ¿un libro?... Pregúntale a un lector por su libro favorito y, si es un lector empedernido, de esos que sudan tinta para elegir la siguiente lectura, no por elegirla, sino por sacar de ahí abajo de la pila de pendientes el título que se le antoja, y lo tendrás entretenido durante un buen rato.
     ¿Mi libro favorito? Para los nostálgicos será aquel que le hizo descubrir que era un apasionado de las letras, para los románticos fue su primer amor, regalado o escrito entre sus páginas, para los desmemoriados será el último que le hizo vibrar y para aquellos que escriben será el que les hizo pensar eso de "yo podría hacer algo así". Hay tantos motivos como personas y no hay una sola persona que tenga un único motivo para elegir un libro. La primera edición dirá el coleccionista, o ese que me firmó.. dirá el lector avezado y suertudo de haberse podido acercar. Y es que, no es justo elegir un único título cuando son tantos los que nos han acompañado, si acaso elegir el nombre de un escritor; porque eso si es más fácil, siempre hay uno al que volvemos, que nos acoge entre sus páginas, que no falla en sus letras y cuyos títulos esperamos apenas hemos cerrado su última historia. Dónde va a parar, todos tenemos ahora mismo su nombre en la punta de la lengua y, en muchos casos, la pena de no poder expresar lo que hizo por nosotros sin querer, sin saber...
     Pero hablábamos ahora del libro, que no de su autor, y también de la isla, como los niños, porque una forma de leer es soñar lo leído, volver a ese estado de imaginación infantil, ahora tomada prestada al escritor que tiene quizás más de niño que nosotros y por eso es capaz de plasmar sus sueños.

     Y así, con todo esto dicho, la pregunta es clara, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Serían libros ya leídos o correríais el riesgo de leer durante años algo que no os gustó, tal vez libros de esos que dicen tochos para que os duren más, y lo digo mientras sigo sopesando si es mejor incluir al menos uno no leído. ¿Y poesía? pero de la positiva, una isla desierta quizás no sea un buen sitio para poemas deprimentes... Decidme, ¿qué tres libros os llevaríais a una isla desierta? Y bueno, supongo que me toca responder a mi. Así que yo creo que si tuviera que elegir que llevarme a una isla desierta y reflexionando un poco sobre todo lo dicho me llevaría a...

     Gracias.

     PD: Si, es mi lado cotilla, el del lector que se asoma por encima del hombro, el que busca el libro con más marcas cuando va a casa de un amigo, el que no puede evitar mirar el título que compra la persona que está delante en la librería. Por eso es la pregunta, porque no me gustan las listas que hablan de novedades o de género de ventas hoy o hace un mes, me gustan las recomendaciones directas que hacen cierto eso de que hay libros que recomiendan personas. Dejad vuestros títulos. Juguemos. 

sábado, 16 de enero de 2016

La fecha de vencimiento del derecho a la intimidad



     "Albacea literario, expresión que se utiliza para evocar a la persona a la que el autor le confía la protección de su patrimonio intelectual, esencialmente literario, manifestación del arte en el que de manera más común se emplea, con expresa legitimación para la defensa de la paternidad e integridad de la obra e incluso la divulgación de alguna obra inédita por el autor, si así este lo ha dispuesto."
Obras inéditas, anónimas, seudónimas, póstumas y huérfanas.

     Comentaba hace apenas unos días, que cada vez es más común que aparezcan libros póstumos de autores ya consagrados. Y eso es normalmente una fuente de controversia, ya que hay dos posiciones bien diferenciadas.
     En mi caso, prefiero distinguir entre quienes como John  Kenndy Toole quisieron publicar un libro, y lo intentaron durante años, llegando incluso a deprimirse y finalizando trágicamente su vida dice la leyenda urbana que provocado por la frustración al no publicar, y cuyo relevo fue tomado por su madre, dejándonos hoy a todos una gran novela, titulada "La conjura de los necios". Estos van por un lado bien diferenciado de aquellos cuya obra se publica por decisión de herederos que, contraviniendo el criterio del escritor que decidió en un acto romántico no destruir el manuscrito y guardarlo en un cajón, pero no presentarlo tampoco a su editorial, optan por aparecer con letras inéditas y bolsillos sedientos ante las editoriales. Y a mi me surgen dudas. Porque si un escritor decide en vida no publicar un manuscrito, bien sea porque le ha resultado privado o porque, quizás, tiene una capacidad de producción muy alta y luego selecciona por calidad o apetencia aquello que quiere que vea la luz... ¿quién faculta al que decide tras su muerte, levantar esa veda, con el único derecho de compartir el apellido? Hay libros que han sido retocados, completados (Tolkien es un caso directo), mutilados o ampliados por unos herederos que se han visto igual de facultados que puede estarlo el hijo de un cirujano para operarme de una apendicitis, sin haber pisado la universidad de medicina. Supongo que alguien tendría que explicarme la diferencia entre la propiedad física y la intelectual en estos casos, por no hablar del derecho a la intimidad. Porque en muchos de estos casos, se llenan las páginas buscando la curiosidad, el cotilleo, el morbo, y se anuncia sin pudor alguno que estamos ante una autobiografía o relato desnudo, descubriendo la parte más personal de quien, tal vez, no quiso mostrarla en vida. Y por supuesto, nuestra parte de culpa, la del lector, la del comprador que luego puede encontrarse con una obra sin terminar que ahora llamamos inconclusa como si de este modo se otorgara un valor adicional al manuscrito entregado, como si eso la hiciera merecedora de un trato especial. Y leemos ávidos por tener un título más antes de que se seque ese oasis de letras del que hemos disfrutado, y salimos muchas veces trasquilados y ni así nos preguntamos si es lícito provocar que se publiquen estos libros.

     La polémica está servida y, como siempre, nadie es sincero del todo o al menos coherente en su opinión. O que tire la primera piedra aquel que no haya comprado o leído jamás un libro de este tipo. aunque tengo que decir que todos tenemos un límite y el mío está bastante claro: las cartas. El género epistolar me gusta, lo puedo leer y construir una historia sin problema alguno. Muchos hemos caído presa de las letras de obras como 84 Charing Cross Road. Eso son libros. Ahora, que me coloquen las cartas de correspondencia privada entre dos personas y me lo encuadernen con una cubierta y me lo vendan, no. Eso no es un libro. Eso es una invasión de la privacidad que se aprovecha del morbo y la curiosidad, como lo hacen los famosos para salir en los programas de cotilleo. Recuerdo que hace años, escuchaba un programa estupendo de radio cuyo presentador decía: "si la voz te enamora, no te pases por la emisora". Bien, con esto es un poco lo mismo, si un escritor me gusta por sus letras, quizás no quiera conocer sus intimidades. Tal vez, y recurriendo a otra cita, "se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas" y el conocer lo que desayuna y cómo se expresa ante el tedio de su vida diaria, eclipsen esa imagen que tenía formada por los libros que sí editó. Tal vez no haga falta tanto, y sea mejor quedarse en sus obras, sin necesitar meternos en sus intimidades, en sus diarios, en su vida, y juzgar que no tienen el mismo léxico o que no nos caen bien. ¿Porque ese juzgar nos puede afectar a la hora de volver a leerlos? Indudablemente. Pero sobre todo porque todo el mundo tiene derecho a la intimidad. Y muchas veces parece que conocer los secretos nos importa por encima de todo sin tener en cuenta que si se llaman "secretos" será por algo. A fin de cuentas, ¿hasta qué punto nuestra vida es nuestra?, ¿nos gustaría verla expuesta en una novela, como una historia más y que apareciera en las listas de ventas, acaso incluso entre los más vendidos que terminan por estar en la gran pantalla? Pensemos...

     No me gusta este tema, me parece que roza peligrosamente la falta de respeto, incluso se la salta a la torera en muchos casos. Y doy la responsabilidad a todo el mundo en la medida que le corresponde. A quien los vende, a quien los edita y a quien los publicita diciendo que son sus secretos más privados como si eso hiciera que la obra fuera más valiosa cuando todos sabemos que el motivo final es el mismo. Si un buen escritor fallece, su obra se revaloriza. Y es una moda. Porque ahí entra nuestra parte de culpa: los que lo compramos.

     Y vosotros, ¿diferenciáis entre las obras póstumas a la hora de elegir lectura?

     Gracias