lunes, 5 de octubre de 2015

Proyecto XI. Francesc Blanco


     "Anna Krauss dejó la última hoja del documento que acababa de leer junto a las demás. Las apiló y se las devolvió a Jon Vivaldi.
     - Proyecto XI -afirmó-, una serie de once reportajes donde pretendes poner de manifiesto el lucrativo fraude sobre el que se asienta el mundo del ocultismo y el Más Allá: médiums, videntes, diablos, apariciones, esotéricos, casas encantadas y un largo etcétera.
     Él asintió."

     La verdad es que los que disfrutamos leyendo, los amantes de los libros, somos relativamente "facilones". Vemos una cubierta con libros, que hable de libros en libros o de misterios que los incluyan, y ya nos han ganado la partida. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Proyecto XI.

     Conocemos a Anna Krauss, editora de una revista, cuando su amigo y colaborador Jon Vivaldi la propone una serie de reportajes que, bajo el nombre de Proyecto XI, sigan la estela de fraudes relacionados con lo paranormal. Para realizar el reportaje, Jon acudirá al equipo de su amigo Víctor Crest, un grupo muy preparado capaz de obtener información sobre casi cualquier cosa y que le conducirán a un caso determinado: el de la muerte de Rosa Marino y la existencia de un niño llamado Bastian. Sin embargo, apenas comienza la investigación, Jon desaparece, dejando pistas en una dirección muy concreta: una dirección que conducirá a dos lugares muy diferentes, y en la que ha dejado muchas pistas sobre lo sucedido; todas ellas, escondidas en libros.

     Proyecto XI es una novela que busca despertar el interés del lector desde las primeras páginas. Con esa pequeña advertencia que esconde su primer párrafo y que nos avisa de que habrá un toque paranormal. De este modo nos introducimos en la historia de la desaparición de Jon y el descubrimiento del niño Bastian, capaz de adivinar el futuro utilizando para ello libros de ficción. A través de esta original propuesta el autor se embarca en un pequeño recorrido por obras y autores cumbre de la literatura en una novela que, si bien no se desarrolla en dos hilos temporales, si lo hace en dos planos diferentes. Una misma dirección conduce a dos lugares, situados en el mismo sitio, que están unidos entre sí por el fino hilo de la literatura. En uno de ellos queda atrapada Anna, y en el otro, todo un grupo de personas intentará rescatarla. Se desarrolla entonces una historia de misterio en la que las pistas literarias serán la única forma tanto de encontrar a Jon, como de rescatar a Anna, consiguiendo de este modo despertar el interés e incluso la sonrisa del lector al leer algún resumen a vuelapluma de clásicos.
     No escatima además Francesc, esfuerzos en dar pequeños giros a una trama en la que lo paranormal parece ir ganando peso a medida que Bastian forma parte de ella, sin que ello provoque el excepticismo de un lector a estas alturas entregado a la misión de resolver cada misterio. Recogemos cada pista, buscamos junto a sus protagonistas cada solución y consigue que nos sintamos partícipes de una de esas novelas de aventuras que leímos una vez, hace ya tiempo. Una lectura, en definitiva, muy entretenida y un debut muy interesante.

     La primera obra de Francesc Blanco es un thriller con componentes metaliterarios, paranormales y de aventuras, que busca tanto entretener como homenajear a quienes una vez, buscaron esconderse del mundo tras las páginas de un libro. No en vano, en esta historia, aparece un Bastian.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

viernes, 2 de octubre de 2015

Ven. Janne Teller


     "Nieva copiosamente y ya no se ve su espalda. El está de pie junto a la puerta y mira sus huellas: tres pasos que descienden, cruzan la calle en diagonal hacia la izquierda y desaparecen.
     Ventisquea y los copos de nieve penetran por el vano de la puerta y golpean su camisa, pero él no se mueve. El aire desprende un leve olor a tierra húmeda, aunque no sea posible: esa estrecha calle adoquinada, apresada entre la densidad del hormigón, está en el corazón de la ciudad vieja."

     Tras leer la demoledora Nada, era imposible no sucumbir a la búsqueda de otras obras de Teller. Si lo habéis leído me comprenderéis, y en caso de no haberlo hecho, aquí tenéis la entrada dedicada a ese libro. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Ven.

     Petra Winter irrumpe en el despacho de un editor para pedirle que frene la publicación de un libro. Se trata de un libro que el editor sabe tendrá muchas ventas, un libro bien escrito que habla de una situación escabrosa que incluye una violación múltiple en un país africano. Ella afirma ser la protagonista novelada de la historia, por eso acude a quien toma la decisión última.

     - Es mi historia -dijo ella quedamente.
- Una historia no tiene dueño -respondió él al final.

     Teller regresa a mis estantes con un libro en el que la narración se centra en un editor sin nombre y el dilema último de si publicar o no una obra. A medida que durante una única noche redacta un discurso, recuerda el encuentro con una mujer que apela a su conciencia para pedirle que no publique la obra. La duda es clara: el libro no la nombra, aunque está protagonizado por una mujer y se desarrolla en un país en el que ella estuvo. Las similitudes son demasiadas y ella no es quien ha escrito el libro, pero es su historia. Entonces, ¿qué hacer? ¿hasta que punto es un escritor dueño de las historias que  cuenta o ladrón de las vidas que le inspiran sus novelas?, ¿Cuál es el límite, el borde de la realidad que se traspasa a la hora de escribir un libro? Y, por supuesto, qué papel le tocará jugar al editor que es quien en última instancia decide si se publica o no el libro.

     Todas las historias pertenecen a otros. Ni siquiera la historia de nuestra vida puede contarse sin relatar la vida de otros. 

     Con una estructura minimalista incluso fragmentada, Teller escribe una novelita de apenas 150 páginas que da más para reflexión y discusiones que como lectura. He tenido la sensación, no voy a negarlo, de que una estructura más convencional hubiera aprovechado más la historia, sin embargo, también es cierto que hubiera alcanzado mucha menos profundidad lectora. Esto sucede porque a medida que el editor avanza en un discurso que vamos leyendo en cursiva, y valiéndose la autora de la reflexiones que provocan que "borre" y "reescriba", el lector se va dejando caer en la espiral de pensamientos de quien se siente atrapado entre su conciencia y su cargo.Oscila entre repudiar o aceptar la novela, buceando entre sus pensamientos en busca de la respuesta perfecta que no existe. Y no existe esta vez como no existió otras tantas también en el ámbito privado de la vida del protagonista. A veces, sólo hace falta una última pregunta, un último dilema, para que nos cuestionemos las grandes decisiones de nuestra vida.

- Tu decides

     Janne Teller nos propone con Ven una narración moderna con una historia sobre la capacidad de decidir y las responsabilidades que se asumen con cada decisión. Y también, por qué no, sobre la conciencia. Me ha gustado, me ha hecho pensar y, sobre todo, me ha proporcionado una buena conversación entre lectores.
   
     Y vosotros, qué pensáis al respecto, ¿si novelan una vida lo suficiente, deja de pertenecer a quien la vive para que cualquiera la pueda escribir?

     Gracias


jueves, 1 de octubre de 2015

La diosa de las pequeñas victorias. Yannick Grannec


     "En la frontera exacta del pasillo con la habitación, Anna estaba esperando que la enfermera concluyese el alegato a su favor. La joven estaba concentrada en todos los ruidos e intentaba amordazar la angustia: flecos de conversaciones, voces más altas, murmullo de las televisiones, rechinar de las puertas que se abren continuamente, golpes de los carritos metálicos."

     Lo cierto es que este libro me llamó la atención por su título desde el primer momento. Y, si bien tardé en tropezármelo, fue verlo en la librería y llevármelo a casa. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La diosa de las pequeñas victorias.

     Anna es una joven a la que su director de Princetong ha confiado una importante tarea: conseguir que Adele, la anciana viuda del genio matemático Kurt Gödel le cuente su historia y ceda los documentos que conserva de su marido. Así que Anna se dirige a la residencia en la que se encuentra la anciana y se encuentra con una mujer vital y con mucho carácter a la que tendrá que ganarse poco a poco para que le vaya desgranando su historia. La historia de una mujer de pocos recursos que se enamora de un genio y la historia de un genio en una época convulsa.

     Kurt Gödel fue un filósofo, paranoico y depresivo genio matemático. Su teorema más famoso es el de la imposibilidad en el que, para nos no iniciados y dicho muy parcamente, postulaba que no todas las verdades son demostrables. Y explicado esto, hay que decir que La diosa de las pequeñas victorias no es un libro matemático, exactamente igual que no lo era Una mente maravillosa.

     Descubrimos la historia gracias a Anna, protagonista del hilo del presente que se va cruzando con otro en el pasado formado por las palabras y recuerdos de Adele. Si bien la historia presente es casi anecdótica, ya que se basará en las visitas y lecciones que la joven aprende de esta anciana que ha vivido mucho y a la que aún queda carácter para hacerla partícipe de su juego. El segundo hilo, la historia de Adele, se realmente extraordinario. En él nos relata como conoció al que sería el amor de su vida, un hombre de buena familia cuyo estilo de vida no podía ser más diferente al de una corista divorciada. Adele nos presenta su vida, su enamoramiento de Gödel, el rechazo de su familia y las tendencias depresivas de este hombre al que ayudó toda su vida. Le siguió en los ingresos y también en su viaje y nueva vida en Princeton. Compartió tertulias en su casa con genios de la altura de Einstein, y vivió, de las calles de Viena al miedo de la Segunda Guerra Mundial, cambios políticos, austeridad y viajes. Una vida interesante y para nada sencilla con un hombre al que amaba y que, pese a su clara superioridad intelectual, tuvo que ayudar, casi asistir durante toda su vida. Con una cuidadísima prosa, casi lírica a grandes ratos, descubrimos como detrás de un genio puede esconderse un hombre con poca o ninguna habilidad social. Un hombre que parecía vivir ajeno a todo en una época en la que pronto estallaría la Segunda Guerra Mundial, y que estaba dominado por sus manías hasta el punto de convertirse en un ser dependiente de su esposa. De hecho, Gödel vivió obsesionado con la idea de estar siendo envenenado, hasta el punto de morir de hambre durante un ingreso hospitalario de su mujer.

     Con esta doble historia y un hilo presente que poco a poco se va centrando en la creciente amistad entre estas dos mujeres y en la vida y circunstancias de la joven Anna, Grannec nos deja una novela de ficción con fuertes dosis de realidad en la que, no sólo conocemos más a la persona de Gödel, sino que disfrutamos del camino incluso si no sabemos quién es. El hilo del pasado es francamente bueno, con alguna discusión matemática incluida, y va ganando fuerza a medida que avanzamos. De hecho, si el libro hubiera sido únicamente esta historia novelada, estoy segura de que se podría disfrutar igual. Adele es un gran personaje que, sin lugar a dudas merece la pena conocer y que tiene mucho que contarnos. Una mujer que vivió entre pequeñas victorias una gran historia de amor.

     La diosa de las pequeñas cosas es una más que interesante primera novela de la que disfrutarán aquéllos lectores que buscan historias completas, de personajes tangibles y llenas de curiosidades. No puedo decir que sea una novela redonda, pero si que es francamente interesante.

     Y vosotros, ¿os acercáis a libros basados en historias reales?

     Gracias

martes, 29 de septiembre de 2015

El comensal. Gabriela Ybarra


    "Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes."

     Hay libros que atraen al primer vistazo, amores a primera vista y lecturas que se persiguen. Es me sucedió con este libro, y como dicen que las pasiones se contagian, busqué compañía para leerlo, para buscarlo de librería en librería, para comentarlo frase a frase. No es la primera vez que leo con Cuentalibros, no será la última: nos dejamos tentar. Hoy traigo a mi estantería virtual, El comensal.

     En 1977 cuatro encapuchados entraban en casa del empresario Ybarra. Comenzaba un secuestro finalizaría con la muerte de Javier Ybarra a manos de ETA. Era el abuelo la autora. En el año 2011 fallece la madre de Gabriela de cáncer abriendo un pasillo temporal entre ausencias. Será Gabriela, la autora del libro, quien nos acompañe por este viaje familiar de recuerdos.

     Si hay un tema que nos sigue incomodando es la muerte. No la ajena, ni la televisada, sino la propia, la temida, la del ser querido, la del familiar, amigo o amante. Esa que nos deja desnudos y vulnerables. Que abre un hueco en nuestra vida que jamás llegamos a llenar. Si acaso a disimular como quien pone un jarrón donde antes hubo una lámpara de pie, esperando que no se note el espacio vacío pero sabiendo que jamás podrá utilizarlo para iluminar la estancia. Ese es precisamente el hilo de El comensal: la muerte.

     Gabriela vive la muerte de su madre sin ser del todo consciente hasta última hora de que el fin se acerca. Nadie lo esperaba en realidad, y la familia se ve sacudida por ese dolor e incomprensión imposible de definir que hace que retumben las entrañas de quienes lo viven. Es precisamente en una de esas sacudidas, que la figura de un ausente empieza a tomar fuerza, como si un hilo invisible uniera dos momentos de dolor. De este modo, Gabriela comienza su historia hablando de su abuelo a partir del momento del secuestro. También habla de su madre a partir del momento que enferma. Construye una historia en la que las personas han tomado peso en su memoria a través de sus ausencias. Recorre el camino de un secuestro en el que ella no estuvo presente y lo desgrana frase a frase, evitando sentimentalismos que nos despisten del final último: la ausencia. Investiga sobre los hechos queriendo saber, pero tal vez no queriendo conocer. O puede que sea justo al contrario. O tal vez sea yo la que piensa que en su piel no hubiera querido saber. Y hace lo propio con la madre, por una senda que conoció perfectamente y que nos marca al detalle. No le interesan las reflexiones profundas ni las puestas de sol, sino que busca en la pequeña rutina la ausencia que golpea de repente. La realidad como meta en un libro en el que no se recoge una crónica, sino que se purga un sentimiento: el dolor. Como si cada lágrima no vertida se hubiera convertido en una gota de tinta que, lejos de hacer un obsceno exhibicionismo de dolor, lo normaliza en frases cortas, sentencias certeras, golpes de frente.

     Con El comensal me he encontrado un magnífico libro que evita los sentimentalismos incómodos, las florituras en busca de un corazón débil que se encoja con facilidad. Por eso resulta una narración, no solo verosímil, sino también certera. Un libro corto, pero porque está poblado de silencios: los que se esconden entre líneas, los que se hacen al final de una frase, los que hacemos tras cada capítulo para respirar. Con cada frase, cada acto, cada gesto, identificamos un silencio y hacemos una pausa en la lectura. Me corrijo; no es un libro corto. Lo que sucede es que se oculta tras la apariencia de un librito. Y las apariencias engañan.
     No es una lectura fácil, porque no es fácil hablar de la muerte. Pero ha merecido la pena descubrir a Gabriela Ybarra.

     Y vosotros, ¿os fijáis en el grosor de los libros antes de decidiros por ellos?

     Gracias

lunes, 28 de septiembre de 2015

G. Daniel Sánchez Pardos


     "El tranvía se detuvo ante la boca de la calle de la Canuda e hizo sonar varias veces la campana de final de trayecto. "Causas ajenas al control y a la voluntad de la compañía", decían las maneras repetidamente graves del revisor, un muchacho enclenque y lampiño que se había pasado la última media hora rondando con encantadora torpeza a la única señorita que viajaba en el carruaje, pero que ahora, requerido por las nuevas circunstancias, empuñaba su silbato de emergencias con el porte de un profesional largamente curtido en toda clase de imprevistos."

     Frente a títulos llenos de lírica, y a veces de frases tan largas como incomprensibles, aparecen de vez en cuando otros escuetos, tanto que no podemos dejar de sentirnos intrigados por ellos. Hoy traigo a mi estantería virtual uno de esos títulos que acaban de llegar a las librerías y que llaman la atención precisamente por lo escueto, se trata de G.

     Barcelona, 1874. Conocemos a Gabriel Camarasa cuando está a punto de ser arrollado por un carruaje mientras su atención se centra en un incendio. Pronto descubre que ha sido el diario rival de su padre el que ha sucumbido a las llamas, y también que ha sido provocado. Ese día conocerá a Gaudí quien es, como pronto descubrirá, compañero suyo de estudios en la Lonja. La circunstancia de su primer encuentro los convierte en improvisados amigos que, viendo la cadena de especulaciones sobre la autoría del incendio, comienzan a atar cabos e investigar con la ayuda de Fiona, una vieja amiga de Camarasa que trabaja como ilustradora en el periódico familiar. Sus investigaciones les llevarán desde los fondos más bajos hasta las más altas esferas políticas de una ciudad cambiante en la que la muerte resulta no ser un concepto tan lejano cuando se entra en determinados juegos.

     Sánchez Pardos convierte a Gaudí en un nuevo Holmes en esta novela. y lo hace respetando su genialidad y sus ya conocidas manías. De algún modo reinventa al Gaudí conocido por todos colocándolo un tiempo antes de convertirse en la gran figura que llegó a ser, justo durante su periodo de estudiante. Es allí donde se hace amigo del protagonista y esa la posición en la que vamos viendo como crece llamando la atención de cuantos le rodean con su peculiar forma de ser. La novela de Gaudí nos presenta a un joven inquieto, que se maneja y conoce los altos y los bajos fondos, enigmático, desconocedor en gran medida del sexo femenino, y que se cree dotado de una asombrosa capacidad intuitiva. Pero sobre todo, un joven magnético frente a quienes le rodean, capaz de captar la atención e incluso de convencer o cuanto menos, interesar por sus teorías, a cualquiera. Es el contrapunto y compañero perfecto del protagonista de la historia, que por el contrario viene representado por un muchacho de alta cuna que ha vivido siempre de forma cómoda sin preocuparse de salir de la sombra que proyecta su apellido. Y esta será la pareja encargada de resolver una cadena de misterios que comenzarán con un incendio y dominarán toda la trama del libro pasando por la muerte. Aparecerá además Fiona, una mujer insólita por su independencia para la época en la que se encuentran que parece embrujar a quienes la conocen. O tal vez sea la visión de Gabriel Camarasa, quien, como narrador de la novela, no puede evitar exportar su propia percepción de la dama. Incluso nos deja su propia visión de una historia en la que parece empeñado en aparecer, al menos al principio, como un ingenuo que desconoce las ramificaciones de su familia y los tentáculos de poder de su propio padre, Sempronio Camarasa. Y lo hace, suponemos a medida que avanza su lectura, con una sonrisa en los labios y una mirada casi nostálgica hacia el joven que fue y como la vida le fue haciendo madurar y afrontar decisiones para las que no creía estar preparado.

     La ambientación de la novela es el otro gran protagonista: Barcelona en un momento convulso, de cambio, en el que las callas se movían entre la palabra pronunciada y el susurro apenas perceptible en cada esquina. Recorremos sus calles, las zonas de estudiantes, sus "teatros", la zona noble y los bajos fondos, y descubrimos una ciudad tan magnética como enigmática para el lector. El año elegido no es al azar, es un momento en el que la República, los anarquistas y los borbones están en la mente de muchos, y que posteriormente han saltado a las páginas de historia por los sucesos acaecidos, así que las conspiraciones pueden olerse en el aire. Conspiraciones y misterios que salpican a los protagonistas proporcionando al libro todos los ingredientes para convertirse en una novela interesante que despierta la curiosidad de cualquier lector.

     Hoy vengo con una novedad que ha salido a bombo y platillo intrigando a muchos lectores tras su escueto y enigmático título. Una novela de intriga histórica que arranca con un misterio en las primeras páginas y mantiene el ritmo hasta su final sin dar tregua a un lector que verá como los hechos se suceden ante su atenta mirada sin darle tiempo a aburrirse. Una propuesta más que entretenida que consigue eso tan meritorio que es que un libro sea fácil de leer. Hoy os presento G, de Gaudí, y de Gabriel Camarasa, su protagonista y narrador.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

PD. Os dejo el book tráiler

viernes, 25 de septiembre de 2015

Pista negra. Antonio Manzini


     "Los esquiadores se habían ido y el sol, que acababa de ocultarse tras las cimas rocosas de un gris azulado donde se habían quedado enredadas alguna nubes, teñía la montaña de rosa. La luna esperaba la oscuridad para iluminar todo el valle hasta la mañana siguiente."

     Recuerdo que hice un par de comentarios en twitter sobre este libro durante su lectura, y sin embargo se me había olvidado traerlo por aquí. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Pista negra.

     Cuando aparece un cadáver semienterrado en la nieve en una pista de esquí de Champoluc, pocas dudas quedan sobre si ha sido un asesinato. Hasta allí se desplaza y así conocemos al subjefe de policía Rocco Schiavone, encargado de investigar el caso. Rocco, pese a su carácter y continuas quejas,conseguirá avanzar con paso firme en su investigación.

     Estamos ante una novela con una trama sólida, cuya resolución huye de las complicaciones sin que por ello la historia desmerezca, ya que no se concibió para ir dando giros que sorprendieran al lector. Explicado esto y sin considerarlo un defecto ya que siempre he pensado que hay novelas que dan tantos giros como para que su trama acabe por marearse y caer, lo más sobresaliente de la historia son los personajes. Se ha dicho de muchos títulos que se construyen sobre la base de unos personajes sólidos, pero en este caso, el protagonista prácticamente eclipsa el resto de la historia. Manzini, que me ha recordado a Camilleri, nos pone delante a Rocco. Un hombre de mediana edad, quisquilloso, corrupto, violento, de lengua afilada y mal carácter, que parece no conocer ni apreciar el término diplomacia. Si algo no le gusta, lo dice, y pronto llegamos a la conclusión de que a Rocco le gustan pocas cosas. Si acaso le gustaba Roma, pero le obligaron a dejar atrás esa ciudad y acabar en una zona tan fría y húmeda como en la que se desarrolla la historia. Además, el autor no cae en la tentación de convertir a su protagonista en uno de esos gruñones encantadores apreciados por todo el mundo, le dota de un carácter propio, sombras incluidas (reconozco que no necesitaba conocer tanto, no me gusta caer en la tentación de justificar la manera de ser de los personajes) y deja que sea él mismo quien se vaya descubriendo a través de sus pensamientos. Eso hace que, frente a tanto policía cansado de la vida que se retira a las esquinas de los bares, Rocco resulte un soplo de aire fresco. Suelo quejarme de los detectives que llegan a las novelas negras desgastados ya desde sus primeras líneas; este sería justo el caso contrario. Quizás por eso disfrutamos de su chulería que, lejos de molestar, tiñe levemente de humor negro a la historia. Porque tengo que reconocer una cosa: me reí y mucho. Y no es un libro cómico, ni de humor, pero es imposible reírse pensando en los zapatos de diseño metidos en la nieve o en las miradas de Rocco a la dependienta de la tienda deportiva. En realidad, es difícil no caer rendido ante un personaje así, sin juzgarle y sabiendo que en la vida real despertaría todo menos nuestra simpatía, pero aquí... forma parte de su encanto.

     Pista negra es una historia con un asesinato terrible, en un paraje maravilloso y con un protagonista único. Una novela francamente entretenida que se aleja de la línea habitual de la novela negra con detective incluido. Echadle un vistazo, y atentos, que pronto habrá más Rocco.
   
     Y vosotros, ¿cuál es vuestro detective favorito?

     Gracias

jueves, 24 de septiembre de 2015

Para acabar con Eddy Bellegueule. Édouard Louis


     "De mi infancia no me queda ningún recuerdo feliz. No quiero decir que no haya tenido nunca, en esos años, ningún sentimiento feliz o alegre. Lo que pasa es que el sufrimiento es totalitario: hace desaparecer todo cuanto no entre en su sistema."

     Este libro llegó con cierto revuelo, contando una historia muy personal del propio autor. Por eso preferí leerlo reposado, cuando ya hubiera pasado un tiempo. Espere a los largos días de verano, y hoy, ya en otoño, traigo a mi estantería virtual, Para acabar con Eddy Bellegueule.

     Eddy Bellegueule es Édouard Louis, así que en este libro conocemos la infancia del propio autor. Recuerda a un niño que se sintió diferente, desplazado y que luchó por por encajar y convertirse en el tipo duro que la sociedad de clase mínima más que baja esperaba de él. Un niño que creció a la sombra del insulto por su homosexualidad y que, tal  y como comienza diciendo el libro, pasó una infancia de la que no guarda recuerdos felices. Un entorno pobre, como un callejón sin salida para quien busca desesperadamente una salida para su situación.

     Utilizando una narración casi fragmentada Louis, nos habla de su infancia, en la región de Picardia. Llama la atención, en primer lugar, el entorno que nos relata. Olvidamos a veces que hay zonas embrutecidas en las que los estudios, la educación y la cultura son sombras que la gente mira con hostilidad. Y esas zonas, tal vez estén mucho más cerca de lo que pensamos. Louis nos introduce en una zona así, porque es la que le vio crecer, cuando aún se apellidaba Bellegueule. Y empiezo diciendo esto porque más allá de "bullying" con el que abre, el autor nos hace un relato de una sociedad incómoda. Una sociedad inculta, homófoba, racista y llena de prejuicios, poblada por hombres que han de ser duros y mujeres que saben cual es su sitio; una sociedad regada con pastis en la que el machismo está en cada casa y ser diferente parece casi un delito: ser homosexual, un motivo de vergüenza.
     Eddy es perseguido, insultado, y lo sufre sin perder la sonrisa. Pero no es una sonrisa de autosuficiencia, no. Es más una sonrisa que esconde la vergüenza que supondría tener que admitir el maltrato que recibe de la sociedad que le rodea, el miedo a la reacción de quien reciba su respuesta, el miedo a expresar en voz alta los sentimientos traidores de un cuerpo que parece empeñado en no seguir el orden establecido. Y aquí, más allá del victimismo, el autor nos sorprende con un ejercicio de autoanálisis en el que explica por qué no protesta, no denuncia, no levanta la voz. Habla, y es casi más desgarrador que los propios insultos o agresiones sufridas, de como el entorno en el que vive le hace estar seguro de que tiene que forzarse a cambiar. Un niño amanerado y sensible no tiene cabida en esa sociedad, y pronto comprende que además de esconder sus impulsos, tiene que forzarse a ser otro Eddy: Eddy el duro, el macho. Será entonces cuando la naturalidad con la que parece purgar todos esos sentimientos, nos haga comprender el éxito de esta novela, que es la ópera prima de un joven de poco más de veinte años que no leyó un libro hasta los 16. Y será también cuando miremos a nuestro alrededor seguros de que esas cosas no suceden en nuestro entorno, o, tal vez, pensemos un poco más y nos preguntemos si hay más testimonios como el suyo que no se dicen en voz alta.

     Pero más allá de lo que relata está el relato en sí. Escrito con una voz firme, propia de quien ha madurado la historia hasta elegir cuidadosamente qué palabras poner. Se mete sin miedo en escenas escabrosas, poniendo las palabras exactas para que el lector reciba el impacto que busca. Nos dibuja a su familia, sus vecinos, compañeros... y lo hace con trazo firme, consiguiendo que al libro no le sobre una coma, huyendo de sentimentalismos. En este libro hay mucha pobreza, pero no es únicamente la pobreza monetaria de quien tiene frío o hambre: es pobreza de corazón.

     Entonces cerramos el libro y vemos que el nombre no es el mismo: llega el momento de preguntarse qué parte de Bellegueule se perdió en el camino a Louis.

     Es importante leer libros que nos expongan verdades incómodas, que nos hagan fijar la vista en rincones de nuestra sociedad que tal vez no miramos o no queremos ver. Esa también es una misión de la literatura. Y vosotros, ¿sois de los que os acercáis a este tipo de literatura que no busca lugares inventados?

     Gracias