lunes, 2 de noviembre de 2015

Arenas movedizas. Henning Mankell



     "La mañana del 16 de diciembre, muy temprano, Eva me llevó a Kungsbacka, a la estación de servicio Statoil, donde alquilé un coche. Pensaba ir y volver ese mismo día a Vallakra, debía entregar el vehículo aquella noche. Al día siguiente iba a firmar mi último libro en el ambiente prenavideño de varias librerías de gotemburgo y Kungsbacke."

     Cuando uno descubre que un escritor admirado enferma o desaparece, siempre se siente un poco más desamparado, un poco huérfano. Eso me sucedió cuando Henning Mankell dio a conocer su enfermedad de forma pública. Hoy traigo a mi estantería virtual, Arenas movedizas.

     Cuando Mankell tuvo un accidente de tráfico en diciembre de 2013, consideró que este era la causa del dolor de cuello que comenzó a molestarle en las navidades de ese mismo año. Apenas comenzado el año y el mes de enero, hablamos de un día 8, Mankell acudió al hospital ya que esas molestias habían empeorado. El diagnóstico fue demoledor, no sólo tenía cáncer, además estaba extendido puesto que el dolor del cuello estaba provocado por las metástasis de un tumor localizado en el pulmón izquierdo. Mankell, como cualquiera, se hunde y comienza a leer refugiándose en las letras, sin embargo en apenas unos días consigue levantar la cabeza y tomar la decisión de luchar. Lucha y lo cuenta, primero en la prensa y finalmente escribe este libro en el que reflexiona sobre su vida, los miedos, las incertidumbres y también las injusticias. El infierno del diagnóstico fue combatido no sólo con fuerza de voluntad y ganas de vivir; también con la fuerza de las letras.

     En este libro el autor se desnuda para el lector. Desde ese limbo terrible de no poder aceptar aquello a lo que la medicina sentencia, Mankell mira a su infancia, a los recuerdos de las arenas movedizas de aquella época y también al momento en el que, siendo él mucho más joven, compartió habitación de hospital con un enfermo de cáncer del que hoy se acuerda. Para él, la mejor manera de enfrentarse al miedo a perder la vida, es recordar la propia, desde la infencia. Y eso es lo que hace, aunque es cierto que se deja llevar y salta por distintos episodios en lugar de seguir la estructura lineal de una biogra´fia, Mankell está ahí. Considue de ese modo reflejar al hombre del presente mediante el orden de los recuerdos de su pasado, mediante la selección consciente o no de los episodios que recuerda. Y es que, muchas veces conocemos más a quien nos cuenta una historia por la forma de contarla, que por la historia en sí. A través de capítulos cortos, vamos conociendo su vida y sus preocupaciones, y también su sentido del humor, mediante algún guiño a su gran hijo literario, Kurt Wallander, del que no se olvida cuando en su vida se cruza una mujer llamada Mona. No deja tampoco de lado su necesidad de denunciar injusticias, presente de un modo u otro en todos sus libros, y en este toca el tema de los residuos nucleares y de la falta de cuidado en la forma de tratarlos, del desconocimiento real que existe sobre algoq ue podemos tener más cerca de lo que pensabmos. Reflexiona de este modo sobre el legado que vamos a dejar de nuestro paso por el planeta. Y lo hace de tú a tú, casi en un diálogo que en realidad es un monólogo por el que pasan todas las cuestiones que a él le parecen importantes. Nos cuenta de sus miedos, sus errores y la forma de enmendarlos, lo aprendido y lo dejado en el camino y, por supuesto, de la enfermedad y la muerte.
     Sin embargo, no es un libro depresivo. Es, en todo caso, un libro de Mankell, sin flores y nubes rosas y con una ventana, siempre orientada a la esperanza.

     Quizás para los seguidores del escritor, la parte más interesante sea en la que habla del momento en el que decide que va a ser escritor y cómo comienza sin apoyos, sin formación, sin un entorno que lo arrope... Habla también de viajes, de su estancia en África, de su padre y también de la búsqueda de su madre. Mankell habla de... Mankell y esta vez, lejos de inventarse una historia, nos muestra su alma.

     El libro finaliza seis meses después del diagnóstico. Por el camino hemos conocido tratamientos, informes y la lucha de un hombre que no pierde la esperanza. No diré que hay optimismo, pero si hay esperanza.

     Henning Mankell falleció el 5 de octubre de este año 2015 dejando un legado de novelas que le colocaron en lo más algo del género negro. Evidentemente Wallander no es lo único que nos ha dejado, pero los aficionados al género, siempre unirán ambos nombres.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

     PD. La mejor herencia que nos deja un escritor es su legado literario, su obra a través de la cual lo podremos conocer y disfrutar de una forma inmortal. Si esta entrada pretendía ser un homenaje, humilde en su importancia y sincero en su intención, qué mejor manera que completarlo con la reseña de Asesinos sin rostro que hoy publica Abrirunlibro. Conocer a Mankell leyendo su obra, de la primera a la última.

viernes, 30 de octubre de 2015

Tu vida en un libro. Rebecca Beltrán


     Ahora que ya comenzamos a mirar las fiestas de reojo, sobre todo porque la mayor parte de las grandes superficies nos recuerdan lo cerca que están colocando juguetes y turrones con semanas de antelación, viene bien tomar alguna idea para regalos propios o ajenos de cara a la Navidad. Y, si por un lado han aparecido libros con láminas intrincadas para entretener a adultos con vocación de artistas, el libro Destroza este diario buscaba sacar la parte creativa de los lectores. Sin embargo, tanto uno como otros, requerían más tiempo del que muchas veces tenemos y una buena dosis de paciencia, con lo cual los más jóvenes quedaban muchas veces descargados antes incluso de intentarlo. Justo en este punto entra el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de Tu vida en un libro.

     Con unos colores que buscan una armonía entre anaranjados y verdosos, o tal vez sean azules, y mucho buen rollo, este libro busca sacar una sonrisa en su usuario. Porque es un libro de los que se usan, rellenando sus páginas con sencillas tareas que van desde poner el nombre, pasando por marcar países visitados y también los que nos gustaría visitar, hasta escribir nuestros mayores secretos. Supongo, aunque eso es irreseñable en este momento, que parte de la diversión es colocar el libro una vez terminado en un estante y olvidarnos de él hasta dentro de unos años, momento en el que nos lo tropezamos por casualidad y nos reímos recordando precisamente esos secretos.

     Sin páginas particularmente laboriosas, Tu vida en un libro está al alcance de cualquier lector y también de cualquier edad. No nos pedirá que lo arrastremos o que dejemos caer encima un café, pero nos mostrará la vida a través de un catalejo, nos pedirá rayos de sol y palabras encontradas. Escribiremos nombres de amigos y nos dibujaremos de mayores, contaremos lo que nos gusta y lo que no y haremos un calendario en el que cada día su resumen pueda percibirse a simple vista: con un color.

     Como siempre en estos libros, la imaginación es crucial para obtener un resultado llamativo, pero al encontrarse en un punto intermedio, tampoco habrá tantas diferencias entre nuestro libro y el de cualquier otra persona. Y eso, para qué engañarnos, hace sentirse un artista al menos pintado.

     Esta vez vengo con un libro que sirve para todos, en el que aquel que se anime a abrirlo, no necesitará ser un buen lector. Ni siquiera un lector. Esta vez, lo que se procura es diversión y también, por qué no, dejar un poquito de quién se es en el momento de encontrarnos con la divertida propuesta de Rebecca Beltrán.

     Al final, tenemos que reconocer una cosa; los que somos lectores y disfrutamos leyendo, tendemos a regalar libros. Y no siempre tenemos en cuenta si les gusta leer o no, porque creemos que con nuestra entusiasta recomendación les vamos a convertir, o algo así... Por eso este tipo de libros son estupendos, y en este caso aunque no tenga una edad óptima recomendada, insisto en que los más jóvenes pueden disfrutarlo mucho debido a esa falta de complejidad.

     Y vosotros, ¿también habéis sucumbido a los libros-manualidad y tenéis títulos que sacáis solo con la caja de lápices a mano?

     Gracias

     PD: Dicen que para sentirse realizado en la vida hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro.
 No digo más.

jueves, 29 de octubre de 2015

Hotel Lutetia. Pierre Assouline



     "Desde hacía cierto tiempo, me miraban mal. Esta impresión no se puede explicar. Una secretaria que modificaba su itinerario para no cruzarse conmigo, un cocinero que volvía la mirada, rumores a mis espaldas a la menor incursión en el restaurante, cuchicheos de las mujeres de la limpieza en las dependencias de servicio. Curiosamente, una o dos veces, una empleada del room service se había equivocado de piso y me había despertado."

     Conocí a Assouline con su libro Sigmaringen, una novela fantástica que me animó a lanzarme sobre este título. Y hoy traigo a mi estantería virtual, Hotel Lutetia.

      Conocemos a Édouard Kiefer, antiguo policía del servicio secreto francés, encargado ahora de la seguridad del Hotel Lutetia. Un hombre, recto, metódico y de principios cuya misión es saber todo sobre el hotel y quienes allí trabajan y se alojan. Nos relatará la vida del lugar en un momento clave: la Segunda Guerra Mundial.

     Hay momentos que cambian la historia, provocando que exista un antes y un después. Y eso es precisamente lo que hace el autor dividiendo el libro en antes, durante y después para mostrarnos lo que supuso la Segunda Guerra Mundial a todo un país a través de la vida del Lutetia. Para ello utiliza como narrador a Kiefer, que nos hace su crónica particular desde 1938 al 45.
 
     Comenzamos conociendo el hotel y cada uno de sus pormenores, Kiefer es un hombre metódico que acostumbra a fijarse en cada detalle, a observar sin ser visto y que procura guardar los secretos propios y ajenos. El hotel cobra vida convirtiéndose en un personaje más, rivalizando en protagonismo con el propio narrador mientras se desnuda para contarnos lo que sucede en cada una de sus plantas. Conoceremos de este modo cada estrato social, cada costumbre y cada rincón. Nos relata sus huéspedes, algunos ilustres por cuna y otros por méritos y también traslada el cuchicheo y el malestar que comienza a existir en las calles. El Lutetia se mantiene en su sitio, con su lujo y su solemnidad, convirtiéndose en un microuniverso en el que se verá reflejada toda una nación. Sin embargo, por mucho que se mantenga, llega la ocupación, y cambian los huéspedes mientras Kiefer se mantiene en su puesto en u hotel ahora requisado planteándose hasta qué punto se mueven sus lealtades y sus secretos en una perfecta ficción novelada. Y por último llega "el mundo después" cuando el hotel queda libre y se instalan en él aquellos que regresan, los deportados regresan y Assoulini da una lección sobre como escribir tocando el alma del lector.

     Hotel Lutetia es una novela excepcional en la que el autor consigue trasladarnos a una época mediante una atmósfera muy cuidada y una narración que hace hincapié en los detalles. El carácter de Kiefer, queda pronto patente imprimiendo un sello personal a cada una de sus palabras, en sus actos, incluso en su relación con una mujer cuyo nombre convierte en un secreto: su secreto. Pronto nos sentimos en las puertas del hotel, entrando en el gran vestíbulo y buscando con la mirada la mesa en la que, posiblemente con el periódico, se sienta nuestro protagonista observándonos para hacer su ficha particular.
     Señalaré, como curiosidad adicional, que la editorial que publica este libro, ha puesto también en las librerías ahora una preciosa edición de La muerte en Venecia. Imaginaos mi sorpresa cuando el protagonista del libro, no sólo nombra este título de Thomas Mann, además establece una comparación entre el Hotel de Bains de La Muerte en Venecia y el propio hotel en el que el trabaja, el Lutetia, afirmando haber tenido la sensación durante la lectura, de que un hilo invisible conectaba ambos lugares. Este tipo de coincidencias siempre me las tomo como señales, así que ya tengo preparada sobre mi mesilla la que será mi próxima relectura.

     Esta vez lo tengo claro, hay que leer a Assoulini.

     Y vosotros, ¿hay algún libro que os haya llevado a otro de forma casi directa?

     Gracias

martes, 27 de octubre de 2015

Controlaré tus sueños. John Verdon



     "Más allá del terror.
     Estaba tiritando a la luz de la luna, en el lugar acordado, entre las dos cicutas gigantes que se alzaban al extremo del lado congelado.
     En la distancia, oyó la motocicleta que se acercaba; primero en Bale Brook Road; luego en el camino serpenteante que llevaba desde la carretera hasta el lago."

     Tras un debut que lo convirtió en uno de los autores más leídos del momento, John Verdon ha seguido proporcionando historias a los seguidores de su famoso  detective David Gurney. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Controlaré tus sueños.

     Nos reencontramos con David Gurney en su casita de siempre, rodeado de campo e intentando disfrutar de su retiro como detective junto a su esposa Madelaine. Aburrido y no del todo conforme con la vida que lleva, esta vez será de mano de un amigo que le llegue un nuevo caso. Cuatro personas de una edad similar, se suicidan del mismo modo dejando testimonio de una pesadilla recurrente antes de cometer los suicidios. No sólo esa similitud es algo más que improbable, además todos ellos habían tenido contacto con el mismo hipnotizador para que les ayudara en terapias, salvo uno que era precisamente quien le contrató para llevar a cabo dichos tratamientos. Mientras que la policía se inclina por algo tan peculiar como un "suicidio inducido" Gurney recibirá la petición de la hermana del principal sospechoso para que ayude a un hombre que se declara totalmente inocente.

     Gurney es un detective prototípico que se retira tras 25 años de servicio brillantes, que son recordados en cada libro, y añora su vida laboral activa. Casado con una mujer en un matrimonio que se mueve entre el cariño aposentado y la rutina, el autor nos suele dejar claro que volver a investigar, cada vez, es algo que provoca fricciones en el matrimonio revestidas de muros de silencio. A partir de ahí, desarrolla cada libro recogiendo pista a pista cada miga en el camino de la resolución de casos bastante espectaculares, alguno de ellos incluso imposibles a primera vista.

     En esta ocasión, Gurney se enfrenta a un caso que recuerda mucho al primero de la saga, ya que parte de un hecho altamente improbable, al menos eso es lo que pensé cuando se planteó. Y ese es precisamente el mejor enganche de los libros del autor. Nos olvidamos de que su detective ya nació desgastado porque era mil veces visto, porque lo novedoso está en las tramas. Nos plantea los casos con bastante rapidez. cuatro suicidios y un mismo sueño: un lobo, colmillos, ojos, un cuchillo... y deja que vayamos conociendo los datos al mismo tiempo que su protagonista. Un protagonista que, esta vez, descubrirá que su mujer tiene una actitud muy diferente, ya que no todo la es ajeno. Un punto a favor del autor realizar este pequeño cambio que aligera mucho la lectura de la parte más "personal".

    Con las descripciones justas y buscando una sensación de velocidad creciente, consigue picar la curiosidad de un lector que llega a un punto de no retorno en el que necesita que todo sea explicado. Y como en libros anteriores así lo hace, obteniendo como resultado una novela entretenida que se lee en un suspiro.
     John Verdon parece haber encontrado la fórmula para escribir esta saga que va cosechando éxito internacional. Con un lenguaje que tiene mucho de cinematográfico, es fácil visualizar cada una de las escenas, incluso sentarse a tomar un té en la mesa de su casa mientras se mira el exterior a través del ventanal. Y además, aunque lo bueno en estas series es empezar por el primero, y Controlaré tus sueños es el quinto, realmente se puede leer sin problema alguno sin conocer los casos anteriores. Además, recupera el estilo de los primeros libros de la saga, cosa que, personalmente, le agradezco al autor.
   
     Un libro entretenido y de lectura muy ágil, para pasar una de esas tardes al calor mientras se escucha la lluvia repiquetear en los cristales. Y vosotros, ¿tenéis un género favorito para el invierno igual que muchos hablan de novelas de verano?

     Gracias


lunes, 26 de octubre de 2015

Las esposas de Los Álamos. Tarashea Nesbit



     "En el mar Negro, el Mediterráneo, el Pacífico, el Ártico, el Atlántico; en alcantarillas, en trincheras, en alta mar, en el cielo, se libraba una guerra. A veces daba la impresión de que la guerra quedaba lejos, de que casi ni la había, pero entonces una madre o una esposa colocaba una estrella dorada en la ventana del salón (su hermano, su marido, su hijo, nuestro vecino) y la guerra se convertía en algo personal."

     Hay momentos históricos que conocemos de sobra, y otros que parecen haber caído en el olvido. Todos conocemos lo sucedido en Hiroshima, por ejemplo, pero poco se ha escrito sobre el camino científico hasta llegar a ese punto. Por eso me llamó tantísimo la atención este título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Las esposas de los Álamos.

     Utilizando un plural colectivo como voz de narrador omnisciente, percibimos como si se tratara de una colmena, las sensaciones y sentimientos de un grupo de mujeres que fueron enviadas a vivir junto con sus maridos a Los Álamos. Allí, entre el secretismo de aquello que no se podía siquiera decir en susurros, convivirían durante los meses que duraron las investigaciones que dieron lugar a la bomba atómica. Sus pensamientos, sus familias, sus orígenes, orgullos y preocupaciones, así como las notas discordantes dentro de esta familia obligada, quedan patentes a través de una voz global.

     Lo primero que llama la atención cuando uno se sumerge en esta lectura es el uso de un narrador omnisciente colectivo. Un recurso con el que me he tropezado muy pocas veces y que, si se trata de una novela no demasiado extensa, permite disfrutar al lector de una visión global a la que no está acostumbrado. Hago la puntualización de novela no muy extensa, porque puede resultar reiterativo comenzar diciendo "Algunas..." en un número muy elevado de frases. Sin embargo, en la novela de la que hablamos hoy no sucede eso, ya que Tarashea ha sabido organizar el texto para que no nos resulte aburrido o incluso fatigoso el uso de este recurso. Este narrador supone además que los personajes pierdan fuerza de manera individual para dárselo al grupo, convirtiendo en protagonista a este colectivo que no se conforma por un grupo de amigas, sino por un enorme grupo de mujeres de distintos orígenes, estudios y lugares, que se vieron obligadas a vivir allí. Ya solo por esta peculiaridad, merece la pena leer el título que os traigo hoy. Pero en realidad hay muchas otras razones.

     Todos conocemos lo sucedido en Hiroshima y Nagasaki en el año 1945, sesenta años después esa imagen en forma de hongo, sigue poniendo la piel de gallina a cualquiera que se pare a pensar un momento en lo allí sucedido. Sin embargo, poco se ha escrito en la ficción sobre el denominado "Proyecto Manhattan" y es ahí donde se sitúa la autora para dejarnos una obra de ficción construída sobre lo que pudo ser vivir ese momento. La novela, que comienza en el año 1943 va dejando al lector un rastro de pequeños testimonios a modo de pistas con el que formar un puzzle colectivo de la vida cotidiana de quienes fueron las protagonistas secundarias de los desconocidos que integraron este proyecto en su ubicación de Nuevo México. La historia parte de las presentaciones al momento en que sus maridos reciben la visita que los recluta, la incertidumbre del destino que les ha tocado y también del trabajo que realizan y del que no hablan al llegar a casa. Lo anécdotico se torna inquietante cuando, escrutando en los comportamientos de sus esposos, comienzan a atar cabos que no quedan siquiera reflejados en la novela. Ellas no podían preguntar y ellos tampoco podían dar respuestas, el tema era un territorio prohibido exactamente igual que la ubicación de esta ciudad era un secreto para el resto de la población. Nos relata la autora pequeños detalles, reconocibles a la perfección, de la vida cotidiana, y aprovecha entre ellos para describirnos, por ejemplo, la visita de un hombre de 35 años en las primeras páginas al que reconocemos como Oppenheimer.
     La historia avanza, la de ellas, con la mirada puesta en la labor difusa de sus maridos y el interés extra para el lector que supone el saber a qué se dedicaban ellos realmente. Y pasan los meses, y percibimos las tensiones que aumentan en la misma medida que lo hace la población que, fingiendo una normalidad no tan real como puede parecer vista desde fuera, ve como nacen niños. Y al igual que muchos tememos que un aumento de tensión provoque una explosión, se escuchan ecos en la distancia de estas. Ecos que el lector sabe que finalizarán con esos dos terribles sucesos que terminaron la Guerra. Precisamente por eso es imposible apartar la mirada del libro, queriendo conocer las reacciones de quienes crearon el arma más destructiva que se conoce. Y Tarashea nos las muestra.

     Las esposas de los Álamos es un libro sorprendente que cuenta una historia eclipsada por su resultado y lo hace además dando la voz narrativa a quienes estuvieron en un segundo plano. El resultado es una estupenda novela cuya lectura os recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

jueves, 22 de octubre de 2015

Así en la tierra. Davide Enia


     "Dos son los que están en el ring.
     Uno pesa cincuenta y siete kilos, mide un metro sesenta y cinco, tiene veintiséis años.
     El otro no sabe cuánto pesa, no importa la altura que tiene, ya crecerá.
     No le han vendado las manos, lleva puestos los guantes, brinca sobre el cuadrilátero.
     tiene nueve años."

     Con esa mirada y ese niño era imposible resistirse al libro. Me había cautivado. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Así en la tierra.

     Conocemos a Davide cuando se sube al ring de boxeo por primera vez. El propio Davide echa la vista atrás para contarnos su vida desde la infancia en un pueblo de Palermo, a la sombra de la muerte de su padre, un gran púgil y junto a su abuelo Rosario y su tío Umbertino. Descubriremos su vida, sus amigos, peleas y su primer amor.

     Cincuenta años y tres generaciones de una misma familia son los pilares en torno a los que gira una historia que, a grandes ratos, sorprende por su ternura: la historia de Davidú, ese niño de 9 años subido a un ring con el que comienza el libro. Y será el propio protagonista quien mire atrás para relatarnos una historia que llega hasta los años noventa. En tanto tiempo podemos encontrar referencia a algún hecho más que relevante sucedido, máxime cuando el autor, al relatarnos una historia siciliana, nos deja paladear despacito desde las primeras páginas, la palabra mafia. Sin embargo no es una novela sobre la mafia como tampoco lo es sobre el boxeo pese al innegable protagonismo de este último. Así en la tierra es una historia de amistad, familia y amor, porque es digno de mención ese primer amor en la última infancia que nos relata el narrador cuyas sensaciones somos capaces de recordar y hacerlas propias.

     Davide llega a la novela tras una dilatada experiencia con el teatro. Y quizás precisamente por eso, el texto rebosa expresividad ganando la partida a un lector que no puede evitar terminar a los pies de los protagonistas. Lo mismo da sin nos habla del silencioso Rosario, o de Umbertino y su peculiar sentido de la vida que no duda en mostrar en arrebatos llenos de carácter. Amigos de pandillas infantiles, bravatadas y comentarios y reacciones que hoy escandalizarían a cualquiera logran no sólo encajar, sino que movamos la cabeza pensando eso de: "cómo eran". Si algo hay que destacar es la agilidad a la hora de leerlo, la ligereza incluso en los momentos más violentos, que lleva al lector volando por un relato amable cuya lectura ha supuesto un placer.

     He disfrutado mucho de una lectura que hice, además, en buena compañía. Porque hubo una vez un libro en el que se contaba la historia de lectores que se encontraban en la misma página de un libro, y al leer las mismas palabras se veían, quedaban en él. Y algo así supone leer un libro e ir comentándolo como quien pasea señalando con el dedo este o aquel monumento y disfrutando de detalles que, de no ser señalados, le hubieran pasado desapercibidos. Si queréis saber los detalles de mi compañera de viaje, os dejo aquí el enlace a la reseña de Cuentalibros.

     Me ha gustado descubrir a Enia, y he disfrutado mucho acompañando a Davidú mientras se convertía en hombre. Repetiré con el autor, no me cabe duda alguna.

    Por cierto, ¿vosotros habéis leído alguna vez en compañía, o en conjuntas que se dicen ahora?
Yo suelo hacerlo, siempre con la misma persona. Nos enconjuntamos de naranja y nos vamos de libros.

     Gracias

martes, 20 de octubre de 2015

Fulgor. Manel Loureiro


     "Ella no debería estar allí.
     Mientras respiraba de forma entrecortada supo que ya había pasado por aquel lugar un rato antes. Las ramas que bordeaban el camino estaban rotas y recordaba perfectamente aquel agujero lleno de agua donde se había roto un tobillo al meter el pie."

    Zombis. Es imposible leer el nombre de este autor sin pensar en zombis en España y trajes de neopreno, ya que fue esa primera trilogía la que le lanzó a estantes y listas de lectura de todo el país. Hace poco que nos ha presentado su última novela, que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Fulgor.

     Conocemos a Casandra, una joven psiquiatra que ve como su matrimonio con un marido al que aún quiere está haciendo aguas mientras ella se aferra a su hijo Daniel. Cuando Casandra tiene un accidente, su vida cambia de forma radical al comenzar a percibir una dimensión diferente de cuanto la rodea. Empezará a ver unas auras a las que ella misma denomina "fulgor" y a una suerte de vampiros o seres oscuros que las buscan. Lo que no sabe, es que entrará en una batalla por conservar la vida y la cordura.

     Ya he comentado alguna vez que me gusta el género de terror, lo paranormal la ciencia ficción... Llevo acercándome al género desde que la vida era en blanco y negro, así que cuando aparece un nombre español dentro de este género, invariablemente me gusta seguir su trayectoria. Por eso he leído Fulgor.

     Como buena novela de género arranca queriendo enganchar al lector en sus primeras páginas, y lo hace sin escatimar recursos para ello. Desde las carreras en las primeras páginas, los cadáveres, hasta una protagonista accidentada testigo de lo que no debe, al correr por salvar su vida pasando por una suerte de maldición o rito ancestral o a saber qué, que el lector tiene que descubrir de mano del autor. La premisa en este libro parece ser lee deprisa y así tal vez no te fijes. No te fijes en que es una novela escrita con una plantilla que se dedica a recorrer punto por punto todos los tópicos del género, pero que lo hace sin la fuerza suficiente para resultar impactante. O quizás sea yo, que me creí demasiado deprisa esa comparación a voces con un Stephen King que parece haber abandonado la forma de escribir que le caracterizaba en sus comienzos, y busqué en este libro un candidato al trono olvidado.
    La protagonista es una mujer joven y preparada que descubre que tiene una fuerza interior que antes no notaba, y se rodea de un marido distanciado, un niño refulgente (si me permitís la broma) y un antihéroe perfecto para formar un equipo y poder así luchar contra unos malos malísimos a los que solo les faltan los cuernos y el rabo y que, a partir de mitad del libro, rezamos porque no les salgan.
Con todo esto, no quiero decir que sea un mal libro, lo que si digo sin duda alguna es que me ha decepcionado. Porque Loureiro empezó escribiendo con una dosis de originalidad que ha ido perdiendo, o que yo aquí no he sabido ver, le ha faltado frescura. Pero pese a este punto, no dejo de reconocer que ha escrito un libro entretenido con el que disfrutarán los amantes del género no demasiado exigentes; y que esa "tibieza" que comento, le congraciará con quienes no se acercan habitualmente a las novelas con un toque paranormal, ya que lo integra hasta tal punto, que consigue normalizarlo en una historia que termina por ser un thriller. No he hablado esta vez del final, no quiero dar pistas... tal vez así a vosotros os sorprenda. En todo caso es un final acorde con el resto de la historia.

     Y vosotros, ¿os contáis entre los lectores que sucumbieron a la literatura Z?

     Gracias