lunes, 10 de abril de 2017

Después de medianoche. Stephen King


     "Bueno, fíjate bien en esto; aquí estamos todos. Lo hemos vuelto a hacer. Espero que te alegres de estar aquí al menos la mitad de lo que me alegro yo. Lo digo solo porque me acuerdo de una historia, y como contar historias es lo que hago para ganarme la vida  (y para conservar mi cordura), te transmitiré esta."

     Hace poco os mostraba El bazar de los malos sueños y afirmaba sin demasiado pudor que Stephen King no llegaba a escribir el mismo terror que le había conseguido millones de lectores. Por eso me he decidido a echar la vista atrás en su obra, y hoy traigo a mi estantería virtual, Después de medianoche.

     Después de medianoche es un recopilatorio formado por cuatro relatos, de esos que no alcanzan la suficiente extensión como para ser llamados novelas, pero sí que superan la habitual en este tipo de libros, dando lugar a historias completas y con bastante detalle. Se da además el caso de que en España se ha optado en muchas ediciones por separar estos cuentos en dos volúmenes, titulados Las dos después de medianoche y Las cuatro después de medianoche. Si me preguntáis a mi, prefiero esta edición, no ya por el precio, si no que además se ajusta a la publicación original del autor.

     Las historias que nos ofrece King, parten de puntos sencillos que, como suele ser habitual, están protagonizadas por una persona que se ve sorprendida y, en la mayor parte de los casos, aterrorizada, por las circunstancias. En Lagolieros será un piloto quien viajando como pasajero, despierte y se vea en una situación extrema, con personas desaparecidas y obligado a aterrizar, sin tener muy claro dónde... y no tener ni idea de lo que sucederá después. Mucho más efectiva, pese a que el componente fantástico se desvela en la primera página, es El perro de la Polaroid, que nos relata la historia de un joven y su cámara nueva. La particularidad de la cámara es que en todas las fotos aparece un perro, da igual lo que estés enfocando. Y además el perro parece mirar a la cámara, acercarse. Y el autor aumenta la tensión foto a foto mientras nos plantea la disyuntiva sobre loq ue haríamos nosotros, y juega con el miedo y la curiosidad. Posiblemente este sea el mejor de los cuatro relatos, pese a su aparente simplicidad.
     El policía de la biblioteca nos habla de esos guardianes de bibliotecas temidos por quienes no devolvían sus libros a tiempo, el temor a ser pillado y la capacidad infantil para magnificar este tipo de figuras autoritarias. Aunque, tal vez, no las hayan magnificado, y ahí está el protagonista del relato dirigiéndose sin saberlo a descubrir cuánto hay de cierto. Por último nos encontramos con Ventana secreta, jardín secreto un relato en el que un escritor se ve acusado por un particular de plagio, un hombre muy enfadado y blandiendo un viejo manuscrito le muestra que coincide palabra por palabra con una obra firmada por él. Y lo peor es que no se explica cuándo le pudo copiar. Lo que no sabe este hombre aún es que el relato firmado por el escritor, se publico antes de que él escribiera el suyo. ¿Qué sucede entonces cuando ninguno de los dos ha podido copiar al otro?¿O el portador del manuscrito lo sabe y tiene una importante tara mental? Es King, yo me pondría en lo peor.

     En este libro King se dirige rápido hacia el punto intranquilizador, que puede ser el objeto del terror, como es el caso del perro que aparece en la fotografía, o el ambiente previo a la resolución de la tama planteada, como en Ventana secreta, jardín secreto.Demuestra de este modo su manejo en las dos vías rápidas para ganarse a un lector que tendrá curiosidad por la resolución de la historia, máxima sabiendo que King nunca tuvo muchos problemas para matar a personajes en sus libros. Se ciñe además a las reflas más básicas que todo el mundo conoce, creando historias rápidas que bien podrían pertenecer a aquel cine de serie z que triunfó hace ya un par de décadas.
     El resultado es un libro entretenido muy válido para comenzar un acercamiento al llamado, maestro del terror.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 8 de abril de 2017

El lugar para leer

Mi mesilla

     Cada vez que alguien viene a mi casa, se sorprende de la ausencia aparente de libros en ella. Apenas un estante y una mesilla inventada a base de apilar libros, con una lámpara haciendo equilibrios un tanto precarios sobre ella. Un pequeño muro sin más soporte que una columna encajado junto a un armario y.. no hay más. No necesito colocarlos todos expuestos, no busco huecos para sumar estantes y así poder pasearme entre ellos, no. Los tengo en mi lugar secreto, o no tan secreto, que sólo han visto un puñado de personas. Allí sí que los libros campan a sus anchas, es su espacio. Ese en el que al entrar y darme cuenta de lo que tengo delante me hace temer el día que pase a herederos, que alguno habrá digo yo, y disponga de ellos a su antojo. Tal vez por eso los presto o los regalo, para que vivan su vida en otras manos y no se detengan entre cuatro paredes.

     Pero si hablamos de mi lectura actual, eso ya es otra historia. Cuando comienzo un libro se convierte en viajero inseparable que va de mesa en sofá y pasa por autobús, metro, brazo, bolso y casi cualquier otro lugar que os podáis imaginar. Ese libro no tiene un lugar propio porque tiene como propiedad a una persona que es la que lo está leyendo. Y no puedo separarme de él. Leo por la calle, en el transporte o cuando camino por el sitio de siempre cuyos baches y baldosas sueltas intuyo más que veo tras años de práctica y algún que otro tropiezo. Conoce mi banco favorito y también mi coche y pasa por la cocina mientras me preparo la cena y por el baño mientras me lavo los dientes. Cuando un libro me gusta, veo el mundo censurado en sus letras y durante gran parte del tiempo, tan sólo me asomo a una franja de cielo y otra de suelo para poder seguir asomada a su historia. Como si fuera una extensión de mis dedos que no me permite hacer cualquier otra cosa. Y me siento a tomar un café y bebo y leo, cualquier cosa casi es susceptible de ser realizada mientras uno continúa su lectura.
     Por eso me fijo en las casas cuando veo un libro posado en una mesa y me pregunto si es porque he interrumpido la lectura o porque queda en suspenso posada siempre en el mismo lugar. Gente que tiene un sitio exacto para poner las llaves y otro para la lectura en curso. Los hay que leen en papel en casa y fuera sólo en digital para no estropear la cubierta de lo que tienen entre manos. Pero siempre me ha intrigado. Porque si nos apasiona leer y los libros son considerados por muchos de nosotros como un tesoro, ¿cuál es el mejor lugar para tener algo en lo que deseas sumergirte a cada instante?  Y para mi, la respuesta es clara. El lugar perfecto, es justo al alcance de la mano.

     En mi casa no hay un sitio específico para poner un libro. Tampoco los tengo ordenados por autores o colores, ni siquiera por editoriales, países o géneros. Mi libro, el del momento, te lo puedes encontrar en cualquier parte, posiblemente en el suelo de mi rincón favorito que queda oculto de la vista de cualquiera y en el que me recojo a leer sin hacer ruido a cualquier hora. Y acaba siendo un libro con mundo, que conoce caras y gentes y transportes y parques y lluvias y bares. Que recibe miradas discretas e indiscretas, incluso alguna vez preguntan.

     Y vosotros, ¿tenéis un lugar fijo para posar el libro que estáis leyendo?

     Gracias.

viernes, 7 de abril de 2017

Mac y su contratiempo. Enrique Vila-Matas


     "Me fascina el género de los libros póstumos, últimamente tan en boga, y estoy pensando en falsificar uno que pudiera parecer póstumo e inacabado cuando en realidad estaría por completo terminado. De morirme mientras lo escribo, se convertiría, eso sí, en un libro en verdad último e interrumpido, lo que arruinaría, entre otras cosas, la gran ilusión que tengo por falsificar. Pero un debutante ha de estar preparado para aceptarlo todo, y yo en verdad soy tan sólo un principiante. Mi nombre es Mac."

     Llevo ya muchos años siguiendo la trayectoria de vila-Matas, y cada libro que sale a la venta, me atrae como un imán pese al resultado de su lectura. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Mac y su contratiempo.

     Conocemos a Mac, un hombre de 60 años, abogado que ha perdido su empleo, paseante del barrio El Coyote en Barcelona y lector. Mac quiere escribir, se le despierta ese interés dormido y el encuentro con un vecino que sí logró ser un escritor con nombre, será el punto que necesita para que ese interés sea espoleado. Su vecino, que sí logró el éxito, escribió en su día "Walter y su contratiempo" una novela en la que un ventrílocuo de una sola voz... bueno, un libro. Un libro que se convertirá en el elegido por Mac, el principiante, el debutante, para ser reescrito.

     Hay un placer compartido por todos los lectores y es leer a Vila-Matas por primera vez. Y digo esto porque no me cabe duda de que, si los escritores tienen obsesiones que van plasmando en sus libros, la de Vila-Matas es la literatura. en toda la extensión de la palabra. Por eso sus libros van siempre cruzados de referencias y reflexiones que captan el interés de cualquier aficionado a la literatura y convierten la lectura de sus novelas en un inesperado placer. Sucede lo mismo en Mac y su contratiempo y ya en el primer párrafo de ese improvisado diario, vemos como entra de lleno en un tema que bien hubiera podido dar para un debate, y es el de los libros póstumos. Vila-Matas, sabe lo que hace. Y continúa esa línea a lo largo del libro. Un libro en el que Mac planea la reescritura dudando de si es demasiado ambicioso, citando nombres conocidos, dudando y conociéndose, incluso viviendo su propia historia más que escribirla.  Y es que Mac, y aquí entramos en el laberinto que el autor tiende a proponer en algún momento en casi todas sus obras, lo que escribe es un diario con la firme intención de que no vea la luz, por lo cual no debería de sucederle nada interesante, su diario no debería de ser interesante, aunque la vida no sepa eso. Y además, en el proceso de reescritura de aquel libro, cuentos, iremos viendo, incluirá reflexiones que llegan a ser pequeñas disertaciones sobre distintos conceptos en el mundo literario, combinando en la novela que tenemos entre manos (empiezo a necesitar aclarar de qué libro hablo) los límites entre la realidad y la ficción.

     Y la repetición. El propio autor es consciente de sus tendencias que él no llama repeticiones, evitando la palabra como si fuera a manchar su obra, pero yo no encuentro otra forma de definir este libro. Vila-Matas se repite, y aquel concepto de un libro dentro de otro y de otro que pudo ser novedoso en su obra hace ya unos años, empieza a ser una constante habitual que solo sorprende a quienes no hayan leído apenas nada o nada del autor. Disfrutarán entonces de sus reflexiones, temáticas y alusiones a novelas o libros ya conocidos y, si se trata de un lector sesudo, buscará además el sentido de cada nombre, de cada palabra, de cada personaje, para descubrir, por ejemplo, la importancia de tener a alguien que te espolee a la hora de crear. Serán capaces de percibir esa ironía, ese sentido del humor sutil que saca la sonrisa del lector que lee despistado del mundo y también una cierta crítica al mundo literario mientras se dirige a un final que, personalmente no terminó de convencerme del todo. Verá como se desdibujan los límites entre géneros, las líneas que gran parte de los escritores parecen empeñados en seguir y Vila-Matas en saltar. Y disfrutará página tras páginas.
Sin embargo, si usted es lector habitual del autor, tal vez reciba esto como quien sabe que al tocar un timbre se acerca la hora de comer y tiene hambre; con ansia incluso, agradecido, pero no tendrá la sorpresa porque es un menú prácticamente cerrado en el que todos los sabores le suenan a uno demasiado. Y eso es justo lo que me ha sucedido a mi.

     Y vosotros, ¿podéis decirme algún escritor a cuya obra sois fieles?

     Gracias.

jueves, 6 de abril de 2017

El asesino dentro de mí. Jim Thompson


     "En muchos libros que he leído, el autor parece descarrilar, enloquecer en cuanto llega el momento culminante. Empieza a olvidarse de los signos de puntuación, suelta todas las palabras de una vez y divaga acerca de estrellas que parpadean y se sumergen en un profundo océano opaco. Y no hay forma de enterarse si el protagonista está encima de la chica o de una piedra. Creo que este tipo de manía pasa por tener un gran valor intelectual... Un montón de críticos lo pone por las nubes, y me he dado cuenta. Pero tal como yo lo veo, el escritor es un maldito perezoso que no sabe hacer las cosas bien. Yo seré lo que quieran, pero perezoso no. Lo voy a contar todo.
     Pero por orden.Quiero que comprendan cómo sucedió..."

     La novela negra es un género que cuenta cada día con más adeptos. Muchos son los que apuntan a Poe como el padre de la novela negra. No me voy a poner a discutir sobre si creo o no que tienen razón ya que, de entrada, tampoco me veo facultada para ello, máxime cuando hay quien sigue viendo un filón que explotar en certámenes que acerquen títulos a los lectores. Lo que si voy a compartir el el origen de este término usado por todos y es una colección de libros aparecida en 1945, a través de Éditions Gallimard, y que se llamaba Série Noire. En esta colección se publicó una selección de novelas detectivescas y cuyas portadas eran negras con una cinta de color amarillo. Evidentemente fue un éxito y su nombre se extendió para denominar a lo que ya es todo un género literario. Hoy traigo una de las novelas exponentes de ese género, El asesino dentro de mí.

     Conocemos a Lou Ford, sheriff adjunto de la tranquila ciudad de Central City, es un hombre tranquilo y amable, tal vez poco inteligente, pero a nadie le importaba demasiado. Lou tuvo en su juventud una enfermedad que lo llevó a cometer un crimen y todo parece apuntar a que esa enfermedad está de vuelta en su vida. Pero mejor que eso lo cuente el propio Lou Ford.

     Jim Thompson es un autor a descubrir. Escribió una serie de trece novelas por encargo para una editorial de bolsillo que conmocionaron las lecturas del país dejando un generoso reguero de sangre entre sus páginas.
     Empezar un libro suyo es entrar en una mente perturbada sin buscar trucos de mago con chistera para dejarnos con la boca abierta. Entramos en la mente de sus protagonistas, sus creencias y pensamientos hasta que un buen día, normalmente en los primeros capítulos, algo sucede que detona el cambio y se muestra su la verdadera naturaleza. Sin fantarrias, no las necesita. Sus actos que pueden ser terribles se antojan cotidianos en la mente de su ejecutor. Yo lo descubrí con 1280 almas, refieriéndose al número de habitantes válidos del pueblo en el que vivía el protagonista, y no pude evitar seguir su estela. Descubrí casi con sorpresa que el autor era una persona normal y corriente, padre de familia cariñoso y amable y buen conocedor de las tierras de sombreros Stetson que reflejaba en sus libros, porque en todos ellos nos queda un regusto a western y hombres que se tocan el sombrero para saludar a las damas. Supongo que dejé volar mi mente pensando que un hombre cuya pluma llegaba a esos extremos algo tenía que llevar dentro y, si lo hacía, era una desbordante imaginación.

     Es una novela espectacular, contada por un hombre cualquiera que nos habla de su vida cotidiana con parquedad y en el que pronto percibimos que algo no encaja. No es un psicópata al uso, ni siquiera nos parece un psicópata, sino que poco a poco vamos viendo su versión de los hechos. Aparecen las letras cursivas, y como son en esta obra esas letras, nos hacen sudar mientras vamos dando cuenta de su versión de la historia. La que él vive ajeno al mundo y que le lleva a cometer crímenes bajo un sentimiento de lógica normalidad que nos resulta casi aterrador. No hay persecuciones ni carreras a contrarreloj porque no es así la vida del protagonista. Tampoco conocemos lo que piensan en el pueblo, ni si lo están investigando, solo conocemos la mente de Lou, y llegamos a conocerla demasiado bien. Tanto que nos sentimos atrapados en esa versión de la realidad que está viviendo. En esta ocasión el mal milita en las filas de la ley y, no sólo eso, sino que quiere ser un hombre normal. Posiblemente tengamos a uno de los personajes más complejos narrando su vida de una de las formas más sencillas con las que me he tropezado.

     Después de esto, poco o nada más me resta por decir. Bueno sí, leed a Thompson.

     ¿Cuáles son vuestros favoritos de la novela negra?

     Gracias

martes, 4 de abril de 2017

El banquete celestial. Donald Ray Pollock


     "En 1917, mientras otro agosto infernal empezaba a tocar a su fin en la frontera que separa Georgia y Alabama, Pearl Jewett despertó una mañana antes del amanecer a sus hijos con un grito gurural que sonó más animal que humano. Los tres jóvenes se levantaron en silencio de sus rincones respectivos de la cabala de una sola habitación y se pusieron la ropa mugrienta y todavía húmeda del sudor de la jornada anterior. Una rata sarnosa y cubierta de costras se metió correteando en la chimenea de roca, haciendo caer trocitos de mortero sobre el frío hogar."

     Descubrí a Pollock con Knockemstiff una colección de relatos que me encantó y me hizo preguntarme cómo de horrible era el lugar en el que nació su autor, seguí con la novela El diablo a todas horas, igualmente contenta, y me tocó esperar. La espera del lector hasta que aparece un nuevo título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El banquete celestial.

     Estamos en 1917, en la frontera entre Georgia y Alabama. Allí conocemos a los hermanos Jewett que viven en una cabaña mugrienta junto a su padre, Pearl, trabajando para un explotador. Cuando Pearl muere, sus hijos huyen de su vida en una escalada de sangre, violencia y atracos. Quieren llegar a Canadá. Conocemos también a Eula y Ellsworth, que perdieron sus ahorros por culpa de su hijo alcohólico.

     El banquete celestial hace referencia a la promesa de un banquete en la otra vida, la recompensa a una vida recta. Sin embargo, al morir Pearl, sus hijos se alejan totalmente de esa rectitud en esta novela con un corte de típico western que, además, tiene un punto cómico imposible de no percibir. Pollock es un hombre exagerado, de narraciones descarnadas y frontales que pueden resultar más que chocantes para algunos de sus lectores. Pero también tiene su pluma algo que hace que su lectura sea fácil, otorgando una suerte de anestesia al lector que pronto deja de sentirse afectado por tanta miseria y se descubre avanzando sin descanso por las tramas. Pronto lo descubrimos, al inicio de la aventura de estos tres hermanos, encerrados en los típicos clichés de uno listo, uno menos listo y el pequeño impredecible, cuando ya el mayor protesta sobre el mal comienzo preguntándose cómo es posible que en la primera noche ya hayan salido las cosas así. Lo plantea de una forma tan clara, que no podemos evitar sonreírnos pese a la sangre que ha dejado en el camino. Y así es como comenzamos la aventura, el camino de estos tres hermanos, que serán de quienes os hable en la reseña. A Eula y Ellsworth, al igual que al camarero terrible, el mendigo y otros tantos, tendréis que descubrirlos vosotros, no quiero privar a ningún lector de según qué placeres.
     Pero la novela es más que eso. La novela, cuajada de secundarios, en su mayoría masculinos, también hace una crítica a la situación, toca la Guerra y se mete de lleno en las vidas miserables que lo único que parecen exudar es podredumbre. Y en mitad de ellas, los tres hermanos, a los que no busca redimir pero en los que si deja ese leve rastro de "malo con buen corazón" si es que es posible describirlos así, ya que lo que más recordaremos nada más cerrar el libro serán los tiros, la sangre y los juramentos.

     Me ha gustado, me ha parecido que mezcla lo pulp con el western hasta conseguir una novela francamente entretenida en la que, con trazas de esa novela que ahora se ha puesto de moda, de vidas difíciles y pasajes austeros que termina resultando predecible, y un homenaje nada velado al western más típico, Pollock da una pequeña lección sobre lo que es reinventar la forma de contar una historia. Y es que, de lo que no me cabe duda alguna, es de que tiene estilo propio. Y a mi, me gusta. aunque posiblemente no sea para miradas sensibles o almas cándidas.

     Y vosotros, que ayer no os pregunté, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 3 de abril de 2017

Llamémosla Random House. Bennett Cerf


     "Mi padre, Bennett Cerf, es universalmente conocido como uno de los gigantes de la edición del siglo XX, un hombre dotado de n talento privilegiado, una pasió y unos atributos que le llavaron a cofundar Random House y en compañía de su socio, Dondald Klopfer, hacer de una empresa que publicaba anualmente unas cuantas ediciones de coleccionista, casi "al azar" -de ahí el juego de palabras en lengua inglesa con la expresión at random-, uno de los grupos mediáticos más influyentes e importantes del mundo."

     No soy demasiado aficionada a los libros de memorias pero, como todo, hay excepciones, y la figura de Bennett Cerf es una de ellas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Llamémosla Random House.

     Bennett Cerf fue el creador de Random House en el año 1927. A partir de una serie de entrevistas con las que él mismo pretendía recoger sus memorias cuando le sorprendió un infarto fatal, amén de una serie de cuadernos, se ha editado este libro que recoge sus vivencias en el camino de la que hoy es una de las editoriales más conocidas y potentes del mundo. Se mezclan, por lo tanto, las memorias del hombre, con las de la editorial en su camino hasta ser lo que hoy es.

     Aquellos que disfrutamos de la lectura y compartimos nuestra pasión por las letras, solemos disfrutar de libros que abordan el tema literario, particularmente si no se llenan de tecnicismos para muchos excluyentes. Las memorias de un editor, tienen a priori un atractivo especial, y si ese editor es Bennet Cerf, el interés se dispara. Estamos hablando de un hombre que estuve en ambientes literarios desde pequeño, que estudió y comenzó a trabajar en una editorial en la que aprendió las bases del que luego sería el trabajo de su vida, y que eligió junto a su socio el nombre de la editorial fundada basándose en su criterio para elegir los títulos. Pero sobre todo hablamos de un hombre que amaba su trabajo, y eso es percibe en cada palabra que le dedica a la literatura, en la forma que tiene de expresar la importancia del trabajo o en cómo recuerda, por ejemplo, que los manuscritos de Faulkner no necesitaban correcciones. Nos relata también que él confiaba en sus editores, de tal forma que si uno estaba totalmente convencido de la valía de un escritor, no se le discutía; o de lo importante que era para él acercar clásicos como Moby Dick a las librerías. Bennet nos habla del precio de los libros cuando se plantea el precio de los cuatro volúmenes en los que en su día recogió la obra de Proust, de escritores generosos como Judy Garland, o de la denuncia que tuvo que utilizar para llegar a publicar íntegro el Ulysses de Joyce. Y así sigue alternando vida, trabajo y anécdotas hasta las casi trescientas páginas que tiene el libro que hoy os muestro. Páginas en las que se habla de publicidad, de un  cambio en la forma de editar y de concebir los libros y también de una revolución editorial de la que hoy en día seguimos recibiendo frutos.

     Llamémosla Random House es un libro que ha sabido equilibrar la parte personal con la profesional, en el que se cambia el tecnicismo por la anécdota Hasta que el lector llega a conocer perfectamente a ese hombre que estuvo tantos años detrás de uno de los sellos más influyentes del mundo literario. Consigue además, calmar la sed curiosa del lector proporcionándole más de una sonrisa y algún que otro gesto de admiración por las magníficas ideas mercantiles tenidas por su protagonista, y todo ello sin perder un solo instante el ritmo ni convertirse en algo pesado. Y es que, hay vidas que son dignas de ser noveladas o que, aunque no lo sean, bien podrían parecer propias de un personaje literario. Y la de Bennett Cerf encaja perfectamente en esta definición.  Un tono positivo y un elogio al trabajo bien hecho, a la honradez y al amor por las letras parecieron ser las claves para llevar a cabo su empresa. Lo daba todo por su pasión, conocía a autores y libreros y no dudaba en salir en la televisión si eso le servía para hablar de su sello. Así se forja un imperio, pero sin perder el alma en el camino.


     "Todos fuimos muy honrados, y cuando la gente es así la cosa funciona para todos."

     No es habitual que traiga un libro de memorias, y a muchos les echa para atrás la simple idea de leer algo así, pero esta vez es diferente. Todos los que pasamos por estas páginas amamos la literatura y todos somos curiosos, así que no dejéis pasar la oportunidad de descubrir este título. He disfrutado de todas y cada una de sus páginas.

     Y vosotros, ¿os acercáis alguna vez a las autobiografías o libros de memorias?

     Gracias.


sábado, 1 de abril de 2017

Imperfecciones




     Todos hemos visto esa imagen de un sello con una avioneta al revés, y sabemos que esa pequeña imperfección provocó que fuera uno de los más caros del mundo. La exclusividad de lo extraño, de lo diferente, aunque sea una anormalidad como una moneda de dos caras. Y luego estamos los lectores, rara avis donde las haya incluso para estas cosas. Nos gustan las portadas uniformes en las distintas ediciones, en los diferentes países incluso si dependiera de nosotros. Y en cuanto a las imperfecciones... mejor ni hablamos.
     Recuerdo hace unos años que estaba leyendo un libro de Verne. Al llegar al final de un capítulo... ¡las letras aparecían al revés! Y no, no me sentí encantada de la vida por haber encontrado un libro excepcional cuyo valor pudiera salir dentro de unos años en la prensa por haber sido subastando en tal o cual sitio, no. en realidad me cabreé bastante ya al día siguiente fui a la librería para que me lo cambiaran por uno en el que estuviera cada letra en su sitio.

     Nosotros cuando compramos un libro, compramos una historia, una vida, un tiempo de evasión y relax y cualquier imperfección en el camino es como una extracción dolorosa de ese mundo inventado. Nunca se nos ocurriría pensar en guardar un texto distorsionado, no es algo que nos entre en la cabeza a la hora de valorar una novela. Podemos, claro, enamorarnos de una determinada edición, buscar que sea la primera, una firmada. ¿Pero una imperfecta? Esas las dejamos donde corresponden, las devolvemos porque nos han robado letras. O igual es que no tenemos sentido de la.... no, me resulta incluso ridículo ponerme a pensar en una noticia que dijera que un ejemplar de El Quijote había saltado precios por tener una docena de páginas en blanco. Nosotros no valoramos esas cosas, no somos así. Si acaso lo contamos entre divertidos (si ha pasado el tiempo suficiente) e indignados a nuestros amigos que nos miran con mayor o menor estupor en función de su afición a las letras.

     No me gustaría por cierto confundir una imperfección en un libro, con uno cuyas páginas se caigan al suelo, que son cosas distintas. Pero insisto en que somos los lectores, de los pocos coleccionistas, porque reconozcamos una cosa, coleccionamos historias, que no buscamos la rareza. La edición diferente, la extraordinaria, la especial: Sí. Pero... nada más. O eso creo.

     Hay historias imperfectas, vidas imperfectas y también libros imperfectos. Así que contadme, ¿os habéis encontrado algún libro defectuoso en vuestra andadura lectora? Y ¿qué hicísteis con él?

     Gracias