viernes, 31 de marzo de 2017

La defensa. Vladimir Nabokov


    "El propio Luzhin ha tenido que esperar treinta y cinco años hasta ser editado en lengua inglesa. Si bien es cierto que a finales de la década de los treinta hubo algunas esperanzas cuando un editor estadounidense mostró interés por la obra, resultó pertenecer a esa clase de editores que desean convertirse en la musa masculina del autor,  y nuestra breve relación terminó abruptamente cuando me sugirió que sustituyera el ajedrez por la música y convirtiera a Luzhin en un violinista demente."

     De Nabokov me gustan sus formas, su cuidado en los detalles, que puede permanecer oculto a ojos del lector que no va prestando toda su atención, y también su entusiasmo. Por eso poco a poco voy leyendo su obra. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La defensa.

     Conocemos a Luzhin cuando es aún un niño. Vive en un mundo que le resulta hostil, al que no se adapta. Sin embargo, pronto encuentra en el ajedrez su propio mundo, su defensa contra el externo, y además demuestra ser un niño dotado, un genio en realidad. Ahí Luzhin se siente cómodo. Pero los años pasan y aparece el amor, y el ajedrez queda en un segundo plano, al menos de forma literal, porque su mente sigue viendo el mundo como una gran partida que hay que ganar.

     No se puede hablar de este libro sin comenzar por el prólogo. Un prólogo escrito por el propio autor y que es la mejor de las críticas que uno se pueda encontrar. En él, no solo vemos el entusiasmo de Nabokov por esta obra, además nos irá dando pistas de detalles en los que nos tenemos que fijar, incluso nos desvela el final. Supongo que, si es capaz de hacer algo así, ya significa que todos aquellos que pensaron que el final de este libro era sorprendente, no se fijaron tanto en los detalles como el autor esperaba. O tal vez no quiso el propio Nabokov que valorásemos ese final de una forma diferente porque, una vez conocido lo que nos cuenta en dicho prólogo, se antoja inevitable que el libro concluya como lo hace. En todo caso, advertidos estáis tanto de lo indispensable de su lectura, como de su contenido, para poder elegir si se hace antes o después de conocer la historia.

     En cuanto a la novela propiamente dicha, Nabokov vuelve a hacer gala del cuidado en los detalles, la descripción minuciosa, el lenguaje bien elegido (y conservado gracias a una buena traducción). Su proptagonista, tal vez por ser conocido en su infancia, queda perfectamente dibujado para el lector que termina por conocerlo casi a la perfección. Un casi que viene a apoyar su realismo, ya que muchos escritores olvidan que el ser humano puede ser impredecible en determinados momentos. Nos va dejando además, alguna pista cuyo significado iremos descubriendo a medida que avanzamos en la novela, como son por ejemplo esas referencias a luz y oscuridad que hay referidas a la vida, y que uno, al pararse a pensar, descubre no sin cierta sorpresa, la lógica comparación con los colores de un tablero de ajedrez. Y es que, ahí están los detalles del placer extraordinario de leer a Nabokov, el saber que estamos ante la palabra escogida, la prosa selecta, el título perfecto: La defensa.
      Justo eso es lo que urde el protagonista, que vive en un permanente estado de búsqueda y hallazgo. El ajedrez como defensa del mundo, la vuelta al mundo que sigue viendo como una enorme partida que hay que ganar, la búsqueda entonces de una defensa contra el mundo; la defensa final. La vida como partida, el ajedrez como enroque, pero.. ¿Qué sucede entonces si el lector no sabe nada de ajedrez, o no le gusta o sencillamente no le interesa? Pues no pasa absolutamente nada. En ese caso, observaremos la historia, la disfrutaremos, y lo haremos igualmente con los mismo detalles. Tendremos un protagonista ajedrecista, de mente analítica, cuyos pensamientos se irán agrupando de forma ordenada y metódica como una gran partida, que será la que todos jugamos, la de la vida.
Y disfrutaremos igual, tal vez incluso más.

      Me gusta leer a Nabokov. La defensa no es una de sus grandes novelas, pero es una perfecta muestra de lo que es escribir bien, y no dejar absolutamente nada al azar. Fijarse en cada detalle hasta componer una obra redonda en contenido y también en las formas. Y el lector, como me pasa a mi, tal vez no sea un entendido o un esteta literario, pero la armonía se percibe incluso con los ojos cerrados.
   
     Os invito a conocer a Nabokov, a olvidaros del sexo, a ignorar a Lolita. Os invito a adentraros en la obra de un gran escritor.

     A veces identificamos a un escritor con uno o dos títulos olvidando el resto de su producción, ¿hay algún escritor con el que os suceda eso al pensar en su nombre?

     Gracias.

jueves, 30 de marzo de 2017

Según venga el juego. Joan Didion


     "¿Qué hace malvado a Iago?, preguntan algunos. Yo nunca pregunto.
     Otro ejemplo, uno que me viene a la cabeza porque esta mañana la señora Burstein ha visto una cascabel pigmea entre las alcachofas y desde entonces está intratable: yo nunca pregunto por las serpientes."

     Comencé a leer a Didion por su nombre, razón de lo más superficial, para descubrir una voz diferente capaz de susurrar al oído sus historias al lector. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Según venga el juego.

     Conocemos a María, una mujer con una carrera opaca y un marido director de cine bastante más afamado que ella. Tiene con él un matrimonio que hace aguas, una hija internada en un centro para niños con necesidades especiales y una falta de entendimiento visible de esas que terminan en fractura. La conocemos embarazada...

    Según venga el juego es una novela sobre una mala mano de póker. Solo que no habla de juegos de cartas. Habla de la vida de una mujer en un entorno de oropeles y famas que es eclipsada por cualquiera. Sobre todo por sus propios miedos. María está dejándose caer poco a poco en una espiral de... de nada, y eso es lo desgarrador de la novela. Es una mujer sin éxito, sin un matrimonio que se sostenga y, sobre todo, sola. Conocemos así a una persona que parece ir siempre al lugar que le dicen sin elegir ella jamás, y que pasa de la dejadez al hastío y de este al borde de una depresión. María escucha una voz al teléfono que le dice dónde ir, también a su marido que le dice qué pensar, a la enfermera de su hija... ella escucha a todo el mundo y cuanto más escucha, más se deja, más se pierde. Eso es lo terrible de la historia de María, que vemos como se abre y sangra dejando ver el vacío de una vida a la que parece no encontrar sentido.
Didion consigue a través de capítulos cortos, mostrar el otro lado del Hollywood de los años setenta. No se trata de focos y glamour, no. Habla de sombras, drogas, suicidios y tristeza, como si se empeñara en obligarnos a mirar el polvo que se oculta detrás de la puerta, la suciedad de las esquinas de las salas de estreno. Y lo hace de una forma tan efectiva que duele. Nos fijamos en sus frases, aparentemente desconectadas, en sus capítulos que casi parecen pequeños flashes, relatos de una vida, y también en el realismo de las líneas de la propia María. Y paramos la lectura para tomar aire. Porque a veces, en menos de doscientas páginas, nos podemos quedar sin aire, exactamente igual que una vida se puede quedar sin ilusión.

     Me gusta Joan Didion. Me gustan sus letras y su forma de escribir alejada de lo convencional y más cercana a eso que se viene llamando literatura posmoderna. Me ha gustado Según venga el juego. Elegid un título, y leed a Didion.

     Gracias.

     "Pues eso. Soy lo que soy. Buscar razones no tiene sentido."

martes, 28 de marzo de 2017

La química. Stephenie Meyer


     "La tarea de aquel día se había vuelto rutinaria para la mujer que en ese momento se hacía llamar Chris Taylor. Se había levantado mucho antes de lo que habría querido para desmantelar y guardar sus medidas de precaución nocturnas. Era un auténtico incordio colocarlo todo por las noches para luego tener que desmontarlo a primera hora de la mañana, pero no merecía la pena arriesgar la vida por permitirse un momento de pereza."

     Que la curiosidad mató al gato es algo por demostrar, así que muchas veces ese es el único motivo que me lleva a elegir un libro. Por eso, por la curiosidad, hoy traigo a mi estantería virtual, La química.

     Conocemos a una peligrosa mujer, la química, que vive obsesionada por su seguridad debido al peligroso trabajo que ha desempeñado. Torturaba para conseguir información utilizando temibles mezclas químicas. Ahora la vamos a llamar Alex, y ya no trabaja para el gobierno. Su situación se ha vuelto peligrosa, máxime cuando compañero y mentor muere. Sin embargo, tal vez un último encargo pueda ser una vía de salida... o una trampa mortal.

     Y si tus lectores crecen, crece con ellos. Es algo que ya hizo Rowling, adaptándose a la edad de quienes comenzaron su periplo lector con el mago. Y ahora le ha tocado a Meyer. De Crepúsculo a La química, con una pequeña parada para hablar de parásitos extraterrestres en un libro que no era ni para jóvenes ni para adultos, o tal vez pretendía ser para todos, hay un salto de edad en el rango lector. No solo aso, además, como si renegara de lo escrito, que no de lo ganado, opta por una protagonista diametralmente opuesta a su famosa Bella. Aquí no hay un hombre para salvarla ni tampoco para guardar su sueño, ella se vale sola y además es quien cuida y protege llegado el caso. De lo de vigilar mientras duerme que no le pase nada, mejor ni hablamos teniendo en cuenta las exageradas medidas de seguridad que toma cada noche. Con este desembarco, es fácil suponer el camino que tiene la novela, escrita de esa forma que se dice cinematográfica, y que lo que suele representar es la clara intención por parte del autor de ver su historia en la gran pantalla.
     Si algo tiene en común con las anteriores historias de Meyer, es su capacidad de entretener a casi cualquier lector. Con un ritmo no demasiado rápido y sin detenerse en largas descripciones, es fácil dejarse llevar por una trama que nos puede resultar vagamente familiar a pedazos de otras novelas ya leídas y olvidadas. Exactamente igual que nos sucederá con este pasapáginas cuyo final se nos antoja previsible y, si me lo permitís, parte romántica infumable. Y es que no he sido capaz de creerme ninguno de los vestigios de romance que aparecen en la historia, ni el principal ni el Estocolmo express, y cuando un libro me hace levantar la mirada y murmurar un "venga ya"... me ha perdido. O casi. De hecho, si me quedo con algo de esta novela es con la vía canina, ya que tampoco hay grandes sorpresas en el giro argumental.

       Pero... seamos justos y desandemos el camino. Meyer ha escrito una novela entretenida en la que ha mezclado la mayor parte de los ingredientes del éxito. Además ha tenido en cuenta el público que ya conoce su nombre, y que ya serán mujeres adultas o casi adultas, y ha dotado a la protagonista de la fuerza y el carácter que le faltó en su día a Bella, además de joyas y artificios mortales y un más que dudoso carácter que parece querer hacer dudar en un primer momento al lector sobre si la química es buena o mala en esta novela. Un poco de amor, escenas de acción... un libro, en definitiva, que se deja leer si uno no se hace demasiadas preguntas, o tiene algún conocimiento extra, y que entretiene durante unas horas, que será lo que tardemos en olvidarlo.

     Como comentaba, hay escritores que han dado el salto al libro para adultos con los años, pero que eran conocidos por su literatura dirigida a jóvenes lectores. Así que decidme, ¿os habéis animado con alguno de estos nombres?

     Gracias.

lunes, 27 de marzo de 2017

Morir en primavera. Ralf Rothmann


     "El silencio, el rechazo absoluto a hablar, especialmente sobre los muertos, es un vacío que tarde o temprano la vida termina llenando por su cuenta con la verdad."

      Así comienza esta novela de título compartido con un viejo álbum de Loquillo. Y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, Morir en primavera.

     "El escritor eres tú" dice Walter Urban esperando la muerte a su hijo, que siempre se preguntó qué ocultaba el atronador silencio de su padre. Incluso le dejó unos cuadernos con la esperanza de que relatara en ellos aquello que llevaba callando tanto tiempo. Y eso fue lo que obtuvo y por eso se convierte en narrador para relatarnos la historia de su padre cuando, con 17 años, fue reclutado junto a su amigo Fiete para un comando de las SS. La Guerra ya está agonizando, estamos en 1945 y jóvenes iletrados son reclutados y apenas preparados para enviar a luchar al frente, dejándoles tan solo la salida de la deserción para evitarlo.

     Hay un momento en el que las historias reales se ficcionan tanto, o se relatan tanto en la forma que sea, que comienzan a perder pie en la realidad. Por eso es necesario que haya novelas que nos obliguen a creer lo relatado, que nos hablen uniendo pasado y presente sin dejarnos escapatoria durante la lectura. Y eso hace Morir en primavera Ralf Rothmann al relatarnos la más que probable historia de su padre.

       Es muy importante en este caso, quedarnos con el principio del libro. En él se habla del silencio de un hombre recio, de cuerpo agotado por el duro trabajo en la mina, y alma forjada mucho tiempo atrás. Un silencio que solo mantienen quienes sufrieron lo indecible, aunque ni siquiera fueran heridos. Y que reconocemos desde las primeras páginas como uno de esos que llaman silencios de vida, que marcan a todo aquel que rodea a quien lo sufre, como si ellos fueran los que lo padecen. Así es como el autor entra en la SegundaGuerra Mundial, desde la historia personal, lo privado, desde el baile en el pueblo que se convierte en una encerrona para reclutar a cualquiera que sirva para la guerra. Una guerra que sabiéndose perdida por las grandes esferas, intuyéndose incluso perdida por aquellos que se envían a luchar, ha de seguir batallándose bajo pena de muerte ante la negativa. Sin opciones, sin medios caminos, sin posibilidad de huir. Y las guerras son crueles, y obligan a forjar caminos encontrados, y la brutalidad de la guerra no tiene límites y destroza familias, pero aún más corazones.Y provoca silencios por motivos capaces de sobrecoger el alma del lector más duro... porque los sabe reales y no necesitan de terribles campos de concentración para hacerlo.
   
     Es curioso como uno de los mejores libros publicados sobre la Segunda Guerra Mundial se ha quedado en lo pequeño, y además ha contado su historia desde el interior del bando de los malos, que nadie pone en duda ni la puso jamás que lo sean. Y tampoco Rothmann. Pero si hace que veamos que no todo es lo que parece y que cada historia está formada por multitud de ellas pequeñas que nos pasaron desapercibidas. Añade además una reflexión, que deja caer en la cita con la que comienza el libro, sobre los pecados heredados de sociedades que parecen condenadas a seguir sufriendo por los terribles pecados cometidos por otros que simplemente nacieron dentro de sus mismas fronteras. Y es que, en el fondo, esta novela trata sobre uno de los temas universales de la literatura: y no, no es el amor, Rothmann nos habla de la culpa.

     Morir en primavera es una gran novela llena de escenas magníficas que irán a fuego grabadas en la retina del lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     "Los padres comieron las uvas agrias y a los hijos les dio dentera."
Ezequiel.

viernes, 24 de marzo de 2017

Nuestra Señora de París. Víctor Hugo


     "Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado."

     Qué difícil es recomendar un clásico, y que necesarias son algunas lecturas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Nuestra Señora de París.

     Estamos en París en el siglo XV, allí conocemos a la gitana Esmeralda, a Quasimodo, un joven deforme campanero de Notre Dame y protegido del archidiácono Frollo, al poeta Gringoire, enamorado de Esmeralda y al capitán Febo, de quien se enamora la gitana. La historia comienza cuando Frollo encarga a Quasimodo que secuestre a Esmeralda y Febo lo impide, deteniendo al joven. a partir de ahí, la historia se complica.

     Una vez más una editorial, esta vez gracias a Benjamin Lacombe y sus ilustraciones, eleva un libro hasta convertirlo en una joya. Y en este caso elige al gran Víctor Hugo, y una de las obras cumbres del romanticismo, Nuestra Señora de París. Dividida la novela en dos partes que respetan el texto, que de hecho se compone de once libros, un simple vistazo al diseño y calidad de sus cubiertas puede parecer suficiente para decidirse a la compra, sin embargo, y como sucede con otros libros de Lacombe, lo mejor está en el interior.

     Pero hablemos de la historia, una historia conocida por todos pero leída por mucha menos gente de la que pudiéramos pensar. Una historia que, además, fue tocada y trastocada por Disney, que la adaptó a sus necesidades pervirtiendo el significado de la novela en muchas de sus partes, y llevando a mucha gente a error amén de quitar lectores por eso de saber ya lo que sucede en el libro. Esmeralda, tachada muchas veces de mujer fatal, es un personaje que en realidad se aleja mucho de lo que pudiéramos pensar de dicha etiqueta y, si bien tiene momentos de bondad, como su trato hacia Quasimodo, también gira burlándose del poeta sin pudor alguno. Los personajes masculinos, en cambio, están mucho más definidos, destacando, cómo no, Quasimodo. Pero no es una historia a dos, es una historia de amor trágica llena de trabas para sus protagonistas, en la que todo parece indicar que el autor nos dirige con pulso firme hacia un final trágico. La obsesión malsana de Frollo, el carácter ególatra y engreído del capitán, la multitud, el poeta enamorado, el secreto descubierto... y las gárgolas. Porque todo sucede de una forma u otra, al amparo de la sombra proyectada por Notre Dame, todo bajo la mirada de sus ya famosas gárgolas que, por supuesto, ni se pasean, ni cantan como hicieran en la película de Disney que pretendió hacer pasar por infantil una historia que está a años luz de serlo. No pensemos sin embargo que en el libro solo hay catedral. Víctor Hugo habla de la ciudad entera, pero la imponente presencia de Notre Dame la convierte en un personaje más de la novela, y eso es justo lo que ha sabido captar y recrear Lacombe en sus magníficas ilustraciones.

     Comenzaba diciendo que recomendar un clásico es una tarea complicada. Sin embargo, la lectura de estos libros que han sido capaces de resistir el paso de los años inmutables, emocionando a generaciones de lectores, es algo necesario. En ellos encontramos las fuentes de los que en otro tiempo serán clásicos y se están escribiendo hoy en día, y descubriremos como placer añadido, que pasadas las primeras páginas, pueden ser tan atractivos y adictivos como cualquier otro libro. Y es que, la palabra clásico, provoca muchas veces un cierto rechazo del lector que lo identifica con tedio nada condensado en una extensión de 700 páginas.

     Mi experiencia en esta relectura ha sido fantástica. Me he descubierto presa de las letras de Víctor Hugo igual que lo estuve la primera vez. Os recomiendo este título, al autor, la edición... pero, sobre todo, os recomiendo que os acerquéis a los clásicos sin reparos.

     Y vosotros, ¿sois lectores de clásicos?

     Gracias.

jueves, 23 de marzo de 2017

Tres noches. Austin Wright


     "Todo se remonta a la carta que Edward, el primer marido de Susan Morrow, le envió a ésta en septiembre pasado. Había escrito un  libro, una novela: ¿le gustaría leerla? Susan se quedó desconcertada porque, aparte de las postales de Navidad firmadas "Con cariño" que le enviaba la segunda esposa de Edward, hacía veinte años que no sabía nada de él."

     Con la aparición de la adaptación cinematográfica de esta novela, recordé su lectura. Y eso me llevó en lugar de al cine, a releer. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tres noches.

     Conocemos a Susan, una mujer de mediana edad casada por segunda vez, profesora y con un marido no demasiado perfecto. Y también a Tony Hasting, de edad similar, también profesor y también casado. Hasta ahí parece que no es nada extraordinario, salvo que Tony es el protagonista de la novela que está leyendo Susan, titulada Animales nocturnos. Y que el autor de esta novela es Edward, ex marido de Susan y del que no había sabido nada en los últimos veinte años. Susan comenzará la lectura de Animales nocturnos y le llevará tres noches.

     Estamos en la forma más literal de la metaliteratura, que es meter un libro dentro de otro. En este caso, el autor nos llevará a la lectura obligada de Animales nocturnos a la par que iremos conociendo a Susan y su vida en sus reflexiones durante la lectura de dicho libro. De este modo no solo la iremos conociendo, también a Edward, el autor. Ahí Austin nos dará la parte más psicológica del libro, mientras que Animales nocturnos será una novela que no da tregua al lector, convirtiendo a su protagonista en una más de la historia y obligándonos a pensar el propósito de esta. Encontramos también reflexiones literarias, lo que provoca el sentimiento de estar ante una novela híbrida que mezcla demasiados estilos como para poder encasillarla en una única etiqueta.
     En cuanto a las dos historias, lo tuve claro desde el primer momento, será Animales nocturnos la que lleve el peso de la novela negra, mientras que la parte protagonizada por Susan será más de atmósfera, psicológica. Y, posiblemente, el gran acierto del libro es convertir a través de Susan en lector activo a quien tenga el libro en la mano. Sin embargo, y pese a que la historia es muy entretenida y original, tiene un pequeño momento en que decae al final del segundo día, y del que se recupera sin llegar a alcanzar la frescura de las primeras páginas; quizás porque el final no es todo lo sorprendente que hubiéramos deseado. Con todo, uno sale de la lectura con la sensación satisfecha de haber pasado unas horas francamente entretenidas buscando el motivo y relación del curioso envío que recibe la protagonista.
     Los personajes son conocidos a la perfección por el lector y, en mi caso, se ha producido un curioso fenómeno, y es que no ha despertado mi simpatía ninguno de ellos. Lo cual, lejos de empañar la lectura, la ha convertido en algo mucho más interesante. Hacía tiempo que no me sucedía esto, normalmente mis afinidades suelen estar repartidas, incluso equilibradas y, aunque el protagonista no me agrade demasiado, encuentro otros personajes que situar al otro lado de la balanza.

     Tres noches es un libro diferente y entretenido, bien estructurado para que el lector jamás se pierda en sus historias entrelazadas que os recomiendo si buscáis una lectura que se salga de lo habitual. Eso sí, os aviso, no es tan negra como la pintan.

     Y vosotros, ¿recordáis el último personaje que despertó vuestra antipatía?

     Gracias.

martes, 21 de marzo de 2017

El valle del óxido. Philipp Meyer


     "La madre de Isaac llevaba muerta cinco años, pero no había dejado de pensar en ella. Vivía solo en la casa con el viejo, tenía veinte años, era pequeño para su edad, se le podía confundir fácilmente con un niño. Era última hora de la mañana y cruzaba deprisa el bosque en dirección a la ciudad; una figura pequeña y delgada con mochila, procurando que nadie lo viera. Había cogido cuatro mil dólares de la mesa del viejo; "Robado" se corrigió. La fuga del manicomio. Si alguien te ve esto va a ir en plan: "Silas, suelta a los perros.""

     Así comienza la última novela de Meyer, con una referencia al Julio César de Shakespeare. Y esta última novela en nuestro país, primera en realidad, es la que hoy traigo a mi estantería virtual, se trata de El valle del óxido.

     Conocemos a Isaac, un chico brillante que no pudo salir de su casa para estudiar por cuidar a su padre, y a Billy, quien con una beca deportiva también pudo salir de su hogar, pero tampoco lo hizo. Son dos jóvenes que no parecen tener nada más en común, hasta que el destino les une el día que deciden dejar su hogar, y les coloca en una situación que acaba con una muerte violenta cambiando sus planes.

     Sería muy fácil hablar de la Gran Novela Americana, de Steinbeck, De ratones y hombres y citar las frases cortas de McCarthy, pero son comparaciones demasiado manidas en la literatura. Meyer nos coloca en un pueblo de Pennsylvania, y con su frase el valle del óxido describe a simple vista el eco de un tiempo pasado que ha dejado ese color a lo largo de su paisaje. Viejas fábricas abandonadas, prisión, almacenes, maquinaria con herrumbre, ferrocarriles... eso es este valle. Y así son sus habitantes, que parecen condenados a no brillar, y si lo hacen, como la hermana de Isaac que consigue ir a Yale, condena con eso al hermano a quedarse cuidando del padre. Ese es el mundo que nos presenta Meyer, un mundo ya conocido al que tampoco aporta nada nuevo, sin necesitar hacerlo. De hecho, quizás el mejor recurso de toda la novela sea precisamente ese, su esfuerzo por mantenerse dentro de los cauces normales, evitando las extravagancias tanto como los clichés rurales americanos.

     Meyer divide el libro en seis partes, y va cambiando de personaje en los capítulos de tal forma que conocemos el entorno de nuestros protagonistas. Grace, por ejemplo, la madre de Billy, que es junto al sheriff Harris uno de los mejores personajes. Y es que ahí es donde Meyer me ha sorprendido, justo en este par y en su capacidad tanto para dibujar un personaje femenino, como para dejar al descubierto los conflictos internos de ese sheriff con dobles lealtades internas.

     Meyer utiliza frases cortas, breves, que agilizan la acción y se convierten en mínimas cuando se trata de personajes masculinos.  Y aún así, aunque sea común a cualquiera de ellos, establece sutiles diferencias cuando se pone en boca de cada uno. Pronto diferenciamos a Isaac, más culto, de Grace y sus preocupaciones, de Billy, leal... dando su rasgo particular a cada uno de ellos. Además al ofrecernos las visiones sesgadas de cada uno de los personajes, lo que consigue es otorgar una perspectiva común de quienes viven en un mismo lugar. Los protagonistas, por ejemplo, dispares pero unidos por sus deseos, las mujeres que toman diferentes decisiones y sus caminos... dando como resultado ese retrato común de decadencia y malas decisiones.

     Me ha gustado El valle del óxido, con mis peros, ya me ha sucedido antes con este escritor. Me ha parecido menos pretenciosa que El hijo, escrita con menos ambición, y por lo tanto más entretenida. Si uno no se para en los detalles, es una buena novela.

     Y vosotros, ¿os gustan las novelas desde varias perspectivas o preferís algo más lineal?

     Gracias.