miércoles, 11 de septiembre de 2019

Las manos pequeñas. Andrés Barba


     "Su padre murió en el acto, su madre en el hospital.
     'Tu padre murió en el acto, tu madre está en coma' fue la frase exacta que escuchó Marina, la primera que escuchó. Se puede posar la manos sobre cada sinuosidad de esta frase, sobre esa frase preñada e incomprensible:
     'Tu padre murió  en el acto, tu madre en el hospital´".

     Andrés Barba es de esos escritores que no necesitan muchas palabras para llamar la atención del lector y estremecerlo. Por eso me gusta. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual Las manos pequeñas.

      Conocemos a Marina, una niña de siete años que pasa por una de las peores tragedias imaginables: sus padres fallecen en un accidente de tráfico. Ella, pasados dos meses de hospitalización, recibe el alta y, ante la falta de una opción mejor, es llevada a un orfanato. Allí Marina descubre a sus compañeras, a las que mira y teme, a la vez que ellas fijan su mirada en la niña nueva que ha tenido una vida fuera de los muros del orfanato. Marina es diferente y les hace sentir diferentes, por eso la miran, por eso la quieren, por eso la temen. Y entonces comienza el juego de la muñeca.

     Esta es una novela con extensión de relato. Es un relato con profundidad de novela y también es una historia que no hace tanto sucedió en un orfanato de Río de Janeiro un poco edulcorada (aunque no lo parezca). Es una historia perversa sobre la inocencia y una mirada alternativa al individuo y al grupo en una novela con voz colmena durante gran parte de la narración. Y todo ello lo es en apenas 112 páginas. No hace falta más.

    El autor comienza por centrarse en Marina, la niña golpeada por la desgracia. La deja sin saber cómo reaccionar, sin dramas, sin asimilar, en un mundo de adultos. Y lo hace dejándole una cicatriz en el alma tan profunda como la que tiene en su cuerpo. Y con una muñeca a la que hay que lamer los ojos para que pueda ver. La muñeca es importante, pensamos, es parte de Marina, de su vida presente. Lamerle los ojos, humedecerlos: Marina no llora, descubrimos en ese momento. Y entonces la niña llega al orfanato.
Los orfanatos son lugares utilizados muchas veces como centros del terror y la tristeza, quizás por eso Barba se empeña en hablar de un lugar bonito, una estatua al frente y un payaso con una pizarra anunciando una excursión en la entrada. Es un orfanato, un edificio nada más. Marina se acobarda ante el edificio, pero ansía la compañía de las otras niñas. Le recibe un lugar vació, hay una excursión, y ella mira los cajones con nombres de colores que pertenecen a las que ya son sus compañeras aunque no las conozca y fantasea con encontrar su nombre en otro cajón.

     Y entonces sus compañeras llegan. Se miran como aquellos amantes cíclopes de Rayuela, se miran hasta distorsionarse y el narrador acoge la voz colmena de un sentimiento conjunto del resto de las niñas del orfanato: la curiosidad, el miedo, el rencor hacia la vida que tuvo y el rechazo hacia el dolor que la lleva a ser su compañera. La cicatriz, la incapacidad para gestionar todo ello. Quieren saber que hay un mundo pero no sentir que se lo pierden, quieren acercarse a la niña de la muñeca pero también quieren que le duela y Marina mira sin acercarse, viola la necesidad de las otras niñas de tener su mundo a parte, necesita ser parte de ese mundo y a la vez necesita ser Marina, ella. La que lame los ojos de su muñeca. Barba hace un fantástico trabajo recreando la voz de la infancia que se debate entre la absoluta pureza de sentimientos, ya sean buenos o malos, y la muestra de lo mejor y lo peor. Ancla a una niña a una muñeca, y otro niño se la arrebatará. Los niños sufren, los niños desean, los niños son crueles... los niños, niños son.
     No hay muñeca. Marina la había enseñado, había contado lo de los ojos de su muñeca. Hace falta una muñeca. Ella le contaba sus secretos a la muñeca. ¿Y si ahora una niña es una muñeca?
     Los niños juegan.
     Los niños son impulsivos.
     Cada niña una muñeca. Secretos, Silencios, despersonalización. La colmena habla, ya sabemos que beben de Marina y también que desprecian lo que beben. Sabemos que cuentan sus secretos y que las cosas no son como antes de la llegada de la nueva. El camino del juego lo anticipamos, no hace falta ser muy listo para ver a dónde nos va a llevar, pero no por eso el libro pierde fuerza. Al contrario. La angustia de quien ve que va a suceder algo terrible sin poder hacer nada se hace presente y nos lleva a las últimas páginas de una novela estremecedora y palpita con la voz de la realidad. Andrés Barba lo ha vuelto a hacer.

     Las manos pequeñas es una novela corta o relato largo del que es imposible salir ileso. Es imposible no leer a Andrés Barba.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis en las manos?

     Gracias.

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