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lunes, 9 de enero de 2023

La intuicionista. Colson Whitehead

 


·Es un ascensor nuevo, recién acoplado a los rieles, y no fue construido para caer tan rápido".

     A veces la reedición nos da alegrías, como una opción de leer libros que nos pasaron de largo en su día. Por eso hoy traigo a mi estantería vertical, La intuicionista.

     Conocemos a Lisa Mae Watson,  la primera mujer negra en graduarse en el Instituto de Transporte Vertical y por lo tanto la primera en trabajar para el Departamento de Inspectores de Ascensores. Tanto por color de piel como por género. Esto es importante porque vivimos en una sociedad en la que el transporte vertical es vital hasta el punto de que su estudio comienza en las escuelas en las que no solo se trata de ingeniería, si no también de una suerte de filosofía de vida. Por eso hay intuicionistas. Y es que frente a quienes reparan los ascensores sabiendo cada detalle gracias al manual, están aquellos que sienten lo que les sucede en cuanto ponen un pie en la cabina: y Lisa pertenece precisamente a los segundos. Y entonces un ascensor revisado por ella cae de una altura 11 y la trama cambia para convertirse en una novela de acción con espías, sicarios y secretos. ¿Sobre qué? Pues ya lo habéis leído.

     Una de las cosas que más me sorprendió del libro es que tratase de ascensores. Y es que Whitehead ya sabemos que se despega del mundo, pero orquestar una trama sobre ascensores, técnicos y técnicos que se inspiran me parecía algo tan descabellado como para leer el libro apenas lo llevé a casa. Y el autor, lo digo desde ya, me convenció. a través de su razonamiento y anécdotas logró que leyera por ejemplo sobre las bondades de los últimos destornilladores del mercado y no me pareciera ridículo, solo diferente. Dividida la historia entre Arriba y Abajo estaba claro que la importancia de este medio de transporte iba a ser vital, tanto como para orquestar la búsqueda del ascensor perfecto en una suerte de metáfora que va más allá del racismo expuesto desde la primera parte de la historia, algo que parece ir de la mano de las novelas del autor.

En esta ocasión Whitehead crea mucho más que una historia ya que la dota de una ubicación temporal y también de una historia y una mitología que aparecen en forma de flashbacks que se van entrelazando con las diferentes subtramas para disfrute del lector que ha decidido creer lo que le están contando. El autor para lograrlo no solo brilla en su originalidad, también en su humor que algunas veces le autoincluye, y, sobre todo, en la forma de narrarlo. Y es que no me cabe ninguna duda de que estamos ante una de esas novelas que dicen tienen lecturas en varias capas y que un lector habitual solo es capaz de acceder a ellas mediante una relectura que le permita recogerlas una vez ha identificado el racismo durante su primera vez. Verá por ejemplo que donde Otis introdujo uno de los avances que caracterizan una sociedad moderna llena de rascacielos, Whitehead le da al invento la honorabilidad y el prestigio en un Nueva York un poco más antiguo y bastante más oscuro del existente en la actualidad. Un prestigio, por supuesto, de hombres, que da la noción de la notoriedad y relevancia que tendría aquel que tuviera la capacidad de fabricar un ascensor perfecto como el que nombraba Fulton (padre de los intuicionistas). Y es que sobre este punto bascula una gran parte de la trama de intriga.

     La intuicionista es un trabajo titánico que vive en una metáfora constante sobre la elevación de la sociedad a puntos mejores, la eliminación de un prestigio parcial y la importancia de poder salir de las chozas inferiores a lugares marcados por la igualdad. Más allá de eso es un libro divertido, diferente, alambricado en ocasiones y un verdadero placer como lectura para quienes gocen de aventurarse entre letras. Una más que grata experiencia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 2 de noviembre de 2017

El coloso de Nueva York. Colson Whitehead


     "Yo estoy aquí porque nací aquí y en consecuencia no sirvo para ningún otro sitio, pero tú no sé. Quizá también seas de aquí y antes o después descubriremos que vivíamos a una manzana de distancia y ni siquiera lo sabíamos. O quizá te mudaste hace un par de años por cuestiones de trabajo. Quizá estudiabas aquí. Quizá viste el panfleto. La ciudad ha dedicado una cantidad considerable de tiempo y de dinero en prepararlo, con todo el conjunto de películas, programas televisivos y canciones... la idea esa de que «Aquí puedes conseguirlo». La ciudad también ha dedicado muchos esfuerzos para que tu población natal parezca de lo más sosa y pequeña, solo por si acaso alguna vez te preguntaras por qué a veces resulta una lata regresar a ella."

     Tras leer El ferrocarril subterráneo y Zona Uno, tengo bastante claro que Whitehead me gusta. Tanto es así que apenas he tardado en sumergirme en las páginas del último de sus libros que nos llega. Hoy traigo a mi estantería virtual, El coloso de Nueva York.

     Conocemos Nueva York. En este libro dividido en trece partes que se presentan como trece instantáneas al comienzo de cada capítulo y que se desarrollan en las distintas partes de esta gran ciudad, iremos tomando el pulso de la famosa urbe.

     Escribir sobre Nueva York es complicado. Poco queda que decir sobre esta gran ciudad que no haya sido ya escrito, filmado o cantado. Y sin embargo siguen saliendo libros ambientados en ella o que, como el que hoy traigo al blog, se basan únicamente en las calles de esta gran ciudad. Colson Whitehead decide en este libro contar la parte por el todo y a través de capítulos que hablan de la llegada, Central Park, el JFK, el metro, la lluvia y varios lugares emblemáticos, hace unas pequeñas radiografías narradas por una suerte de dios obsvervador que bien podría ser la conciencia de la propia ciudad protagonista. Para ellos la reflexión en primera persona se torna en un diálogo en segunda para avisar al lector de los sentimientos que le despertará la ciudad, llegando a la tercera persona que hablará de helados, viajes y maletas relatando las pequeñas vidas que, terminamos pensando, dan vida a Nueva York, enorme y magnífica, protagonista absoluta y viva de este libro. Su narrador habla o escucha a ciudadanos y turistas, a veces simplemente mira, y, lejos de perdernos, nos sentimos como si alguien particularmente entusiasmado nos estuviera describiendo sensaciones de viva voz.
     Ya en el comienzo, ese que abre esta entrada en el que Whitehead se dirige al lector y le advierte casi de cómo es la ciudad desde los ojos de un nativo que la ve cambiar, notamos la vehemencia que será una constante a lo largo de todos los capítulos. Además, al finalizar con una despedida, no conseguimos despegarnos la sensación de estar ante un viaje turístico a las entrañas de la ciudad. Me ha recordado en algunos momentos a aquel libro que escribiera en el verano de 1948 E. B. White, por lo demás conocido por dar vida a un ratón llamado Stuart Little, aunque quizás en el suyo White destilara más fascinación y ruidos y menos nostalgia y solemnidad de la que se percibe en el título de Whitehead (y ahora que escribo esto me doy cuenta de la similitud de sus apellidos). Y así, si Whitehead comienza afirmando soy de aquí y no puedo ser de otro sitio, White decía Nueva York debe de ejercer un atractivo irresistible sobre la imaginación de cualquier soñador perturbado que desee desatar la tormenta. Y con esta frase regreso a la reflexión con la que comenzaba esta reseña y me pregunto qué tiene la ciudad de Nueva York para fascinar y seguir fascinando a tantas personas cada día. Tal vez, solo tal vez, leyendo el libro de Colson Whitehead, uno llega a comprender lo que se siente al pisar sus calles y comprende, al fin, que el coloso al que se refiere el título es la propia ciudad, capaz de sobresalir por encima del mapa haciendo sobra al resto de urbes.

     Me gusta Colson Whitehead y me gusta viajar en mis lecturas. En El coloso de Nueva York nos tropezamos con un magnífico personaje construido a través de instantáneas y sentimientos anónimos que son, al final, la sangre que circula por las venas de esta ciudad viva.

     Y si Whitehead ha sido de mis últimos escritores descubiertos, ¿me podéis decir alguno de los vuestros? No es por ser cotilla, es por... apuntar sus nombres y acercarme a sus letras.

     Gracias..

martes, 10 de octubre de 2017

Zona Uno. Colson Whitehead


     "Siempre había querido vivir en Nueva York. Su tío Lloyd tenía un piso en el centro, en Lafayette, y durante los largos períodos de tiempo que transcurrían entre las visitas que le hacía de vez en cuando, fantaseaba con vivir allí. Cuando su madre y su padre lo arrastraban para visitar la exposición elegida para aquella temporada o asistir al exitazo de Broadway que, según ellos, le convenía tanto ver, solían dejarse caer en casa del tío de Lloyd para darle un rápido saludo."

     Pese a que esta novela es una reedición, en su día no me llamó la atención. Tras El ferrocarril subterráneo, es lógico que aparezcan reediciones y otros títulos de su autor y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Zona Uno.

     Conocemos a Mark Spitz, un limpiador. Un muro de hormigón que pasa por Broadway y canal separa a este hombre y sus compañeros de los no muertos que pueblan ahora las calles. Desde una noche de domingo llamada "La Última noche" el mundo ha cambiado, la sociedad vivió un momento sangriento y ya nada es lo que era. Ahora hay skels (no muertos, esqueletos) en las ciudades y, si bien la mayoría son torpes que permanecen en los lugares habituales en los que estaban en vida, hay otros peligrosos y violentos. Todos ellos con sed de sangre. Por eso el equipo de Spitz lleva unos trajes de un material especial mientras miran hacia Buffalo, lugar más importante de este nuevo mundo, e intentan limpiar la zona uno en un intento de reconquistar sus vidas perdidas.

     Muchos han sido los que se han sorpendido al encontrarse Zona Uno firmado por el recientemente premiado con el Pullitzer, Colson Whitehead. Y es que, seamos sinceros, un libro de zombies hace que muchos arruguen la nariz porque es un tipo de literatura considerada de género, y decidan de entrada, no acercarse. Una pena, hay novelas estupendas y no deberíamos de cerrarnos las puertas.
   
     Zona Uno comienza como una novela de zombies cualquiera: una plaga asola el mundo, muertos vivientes pululan de una forma más o menos desordenada y/o agresiva, y un grupo de personas tiene que vérselas para sobrevivir y, en este caso, ir habilitando la ciudad por cuadrantes. Sin embargo Colson opta por jugar con el argumento para hacer una crítica mordaz a la sociedad en la que vivimos. En un mundo poblado de cenizas de muertos (ya sean de guerras, terrorismos....), en un mundo que ha cambiado y que nos lo refleja a la perfección en los contínuos flashbacks de su protagonista a momentos anteriores, se añora esa vida, esas marcas... Incluso en esa situación, hay que tener cuidado con las marcas que los sponsorizan. El resto de productos, serán un mrcado negro. Spitz representa al ciudadano de suburbios que siempre quiso ser un urbanita, que ya de niño envidiaba a su tío residente de un imponente rascacielos, aunque solo viviera en un noveno piso, y que sueña con colaborar en el desarrollo de estas ciudades para tener su oportunidad de ser el hombre que soñó. Entre tiroteos y mordiscos dolorosos, nos adentraremos en recuerdos convertidos ahora también en algo doliente, el miedo a encontrar entre los skels a un amigo, conocido o familiar es latente y el stres post traumático una realidad que se combate con la esperanza, a la que se le pone nombre. La gran novedad, al menos para mi, ha sido un porcentaje mínimo de estos zombies que logran provocar en el lector sensaciones inesperadas. Todo un acierto por parte del autor.

     Y para lograr todo esto, Colson utiliza una línea temporal mínima. Si el mundo queda asolado en una noche, Whitehead nos cuenta su historia en tres días, un  largo fin de semana lleno de elaboradas frases que me sorprendieron desde las primeras páginas. Una historia muy elaborada que se aleja totalmente de aquellas tipo Walking Dead y de cuya lectura he disfrutado enormemente. Animáos, merece la pena. Es un placer leer a Colson Whitehead y Zona Uno es mucho más que una novela de zombies.

     Y vosotros, ¿hay algún género literario que evitéis en vuestras lecturas?

     Gracias.

viernes, 14 de julio de 2017

The Underground Raildoad: A novel. Colson Whitehead


     "The first time Caesar approached Cora about running north, she said no.
     This was her grandmother talking. Cora's grandmother had neer seen the ocean before thar bright afternoon in the port of Ouidah and the water dazzled after her time in the fort's fungeon. The dungeon stored them until the ships arrived."

     Si hay un título esperado para después del verano, es este. Tras llevarse el Pulitzer Fiction 2017, la Médaille Carnegie 2017, el National Fiction Book Award GR 2016 y que amazon anunciara una miniserie, está claro que es un título que va a dar mucho que hablar. Hoy traigo a mi estantería virtual, The Undergroun Railroad.

     Ajarri, una mujer negra secuestrada en África para ser vendida como esclava, tuvo una hija llamada Mabel, que escapó finalmente de los horrores de una plantación en la que dejó abandonada a su hija de once años, Cora. Y nosotros conocemos a Cora cuando, junto con otro esclavo llamado César, accede al Underground Railroad para intentar escapar de la esclavitud, desde Georgia hacia el norte y adentrándose en un viaje cuyos raíles se pierden en la oscuridad. Cora y César serán perseguidos por Ridgeway y sus hombres en lo que pronto denominaremos como cacería.

     Se llamó ferrocarril subterráneo a una red clandestina del siglo XIX utilizada para ayudar a esclavos afroamericanos a escapar del sur al norte de Estados Unidos y que así pudieran ser libres. Recibía este nombre, no por la existencia de un ferrocarril como tal, sino porque sus miembros utilizaban términos ferroviarios para referirse a sus actividades, y quienes lo utilizaban como ayuda, conocían así la labor de cada uno. en aquella época, los activistas y abolicionistas que ayudaban a los esclavos se estaban jugando su integridad, ya que los castigos por esta ayuda eran brutales, llegando incluso a la muerte. Colson Whitehead en su libro, lo que hace es convertir este ferrocarril subterráneo que ayudó a tantos esclavos, en un ferrocarril real situado bajo las ciudades y sociedades que permitían esa esclavitud.

     Queda claro no solo que estamos ante un libro de ficción, además, el autor introduce elementos fantásticos ineludibles para el lector que, ni se siente amenazado, ni resta importancia al relato en modo alguno al tropezarse con ellos. De hecho, no importará en realidad en este libro si el ferrocarril es o no real, ni siquiera cómo son los lugares en los que para; lo importante de cada lugar, de cada estación, es esa suerte de cronología en el trato a la población afroamericana que nos deja Whitehead en esta historia. De este modo, y de una Georgia de pesadilla y torturas, llegaremos a Carolina del sur en la que, bajo buenas palabras, se esconden prácticas médicas terribles, llegando a Carolina del Norte y el genocidio que busca la supremacía de la raza blanca exterminando a la negra o ese Tennessee ardiente que nos presenta mientras una voz nos recuerda que no es la primera vez que sucede algo similar, puesto que si uno mira atrás, verá que los indios nativos también sufrieron una persecución y exterminio. De este modo, y estación tras estación, Cora va a tener delante de sus ojos un verdadero infierno que Whitehead no esconde a los ojos del lector, y que tampoco suaviza. De hecho, de entre todas las pesadillas, la mayor es la existencia de Ridgeway y sus hombres. Ridgeway con unos principios o ideales realmente terribles.

      The Underground Railroad es la historia de una heroína que emprende un viaje, una historia de esclavitud con todo el horror, torturas, dolor, miedo y humillación que ello implica que se transforma en una suerte de Thriller en el que los protagonistas huyen intentando evitar ser atrapados y el lector aguanta la respiración porque conoce las consecuencias que sufrirán si les atrapan. Es una novela terrible plagada de frases que uno no puede evitar marcar, con ese tono de novela entrada en años que facilita la lectura, llevándonos casi sin darnos cuenta página tras página. Cora se alza como una heroína que se rebela mientras Whitehead consigue que nos preguntemos qué hubiéramos hecho nosotros en el caso de nacer en su situación, y, en una novela plagada de juicios de valor, de juicios éticos y morales que en algunos casos nos pillarán por sorpresa, hace un despliegue de talento que convierte a esta novela en un gran libro que muestra una época oscura de una gran nación. Desde luego, no es una novela de esclavos al uso, no hay sentimentalismos, y tiene, y lo digo sin dar más pistas, un cierre redondo como hacía tiempo que no me encontraba.

     The Underground Railroad ha sido una lectura que he paladeado y disfrutado. No puedo hacer menos que recomendárosla. Tomad nota.

     Y vosotros, ¿hay algún libro que estéis esperando para la rentrée?

     Gracias.

     PD: Este libro será publicado en septiembre por Literatura Random House con el título El Ferrocarril Subterráneo.