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lunes, 26 de junio de 2017

Aviso de muerte. Sophie Hénaff


     "La comisaria Anne Capestan estaba peleando con la última remesa de impresoras defectuosas que le había concedido un departamento de suministros muy bromista. El aparato se emperraba en anunciar nivel de tinta bajo aunque Capestan acababa de cambiar el cartucho. Tras apretar todos los botones, la comisaria se rindió. No tenía nada de mucha importancia que imprimir. No estaba trabajando en nada de mucha importancia."

     La brigada de Anne Capestan fue la carta de presentación de esta escritora francesa que ha llegado a la literatura para quedarse. Hoy traigo a mi estantería virtual la segunda entrega de esta saga, se trata de Aviso de muerte.

     Recuperado el equipo de perdedores de Capestan, que tras su anterior éxito son más apestados que héroes por haber metido las narices dentro del cuerpo de policía, nos encontramos con que lo más emocionante que hacen en esa brigada es jugar al billar. Pero aparece el cuerpo de un policía retirado en un lugar cuyo nombre ha sido sobreescrito para convertir el escenario en algo perturbador, y el caso es asignado a la brigada de Capestan. Lejos de ser una oportunidad para brillar, es un encargo envenenado que puede también conducirles dentro del cuerpo, solo que esta vez tiene un componente personal: el muerto (el primero por cierto), es el ex suegro de la propia Anne. Mientas, otro hombre encuentra su nombre grabado junto a las fecha de su nacimiento  y muerte en un monumento a los caídos...

     Con un repaso más que rápido a los componentes de la brigada Sophie nos pone en marcha los recuerdos de la primera entrega de esta saga o nos deja ubicarnos en el caso de ser nuevos. Nada ha cambiado y todos, del gafe al que siguen sin arrimarse, a la "señora con perrito", están ahí formando parte de la más peculiar de las brigadas. Y con este rápido repaso, tras la aparición del cadáver, la autora nos pone sobre aviso: tenemos entre manos una novela policíaca, sí, pero también una novela con una gran dosis de humor. De hecho, y pese a las perennes comparaciones con Fred Vargas, yo creo que no venía mal advertir al lector, de que Hénaff tiene mucho también de Jussi Adler-Olsen y su saga Carl Mock.

     En esta ocasión, el equipo de Anne trabajará en colaboración con la Brigada Criminal, algo que escama al equipo desde el primer momento, y el hecho de que el cadáver encontrado sea precisamente el de Serge Rufus, comisario retirado de la Brigada Contra el Crimen Organizado y padre de Paul, no ayuda. El propio Paul le pide que no hurgue y saque cosas feas, colocando a Capestan en una situación difícil, ya que nunca tuvo una buena relación con ese hombre al que, en su día, calificara de auténtico animal. Esta vez, conoceremos un poco más a Capestan gracias a los recuerdos que la autora irá intercalando en la historia, al tiempo que descubrimos Serge no será la única víctima de este asesino tan meticuloso.
Hénaff se aprovecha de las peculiaridades de la brigada para convertir su novela en una rareza dentro de un panorama literario en el que proliferan las novelas policíacas, y, con ritmo ágil, y descripciones muy medidas, consigue las simpatías del lector hacia todos sus integrantes. Al igual que sucedía en la primera entrega, la resolución del caso se complica enredando al lector, sin perder esa constante dosis de humor que hace que, a ratos, no nos tomemos muy en serio el libro, para llegar a una conclusión satisfactoria dejándonos el sabor de boca propio de los libros concebidos para entretener.

     Aviso de muerte es una entretenida novela, escrita con mucho sentido del humor, a la que, la mayor pega que veo, es esa apariencia seria que parece imprimirle la cubierta elegida y que se aleja bastante del tono utilizado por Hénaff para relatar su historia. Una opción diferente a considerar para este verano y unos personajes a los que auguro una vida larga.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 18 de abril de 2016

La brigada de Anne Capestan. Sophie Hénaff


     "De pie delante de la ventana de la cocina, Anne Capestan esperaba que clarease el día. Vació de un trago la taza de porcelana y la dejó encima del hule de vichy verde. Acababa de beberse su último café de poli. Quizá."

     Con un premio bajo el brazo, una portada impactante y la promesa de estar ante un nombre que resonará en las letras negras, llegaba este libro hace poco a nuestras librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, La brigada de Anne Capestan.

     Anne Capestan lleva seis meses suspendida por un error cometido e investigado por asuntos internos. Recibe entonces la llamada tan temida como esperada para presentarse ante su jefe y ve como es reincorporada al servicio activo y, además, con un ascenso. Poco dura su alegría cuando se da cuenta de que va a ser comisaria de cuarenta hombres que han sido retirados de otras comisarías por considerarlos incompetentes. Y que los casos que van a llevar son viejos, como los muebles de los que dispondrán en su nueva ubicación. Una brigada de trastos, para qué engañarse. Al final serán menos de diez los que acudan y dos casos los que desempolven. La muerte de una mujer en su casa por lo que fue catalogado como un robo, y la de un marinero que también quedó sin resolver. Ahora les toca a ellos demostrar que son válidos, bajo la tutela de Capestan.

     Hénaff juega con el punto cómico para lograr que su novela funcione. Con eso y con protagonistas singulares que el lector sea capaz de identificar para seguir su historia sin problemas. Quizás por eso opta por esta singular brigada evitando la palabra perdedores. Porque la brigada que tutela Capestan no es de perdedores, como iremos descubriendo. No son ese tipo de trastos los que han juntado ahí: lo que sí hay es un policía homosexual deprimido por la muerte de su pareja que interpuso una queja considerada poco adecuada, una mujer que escribe guiones televisivos, un policía con complejo de gafe, otro que bebe... todos son personas fácilmente identificables. Añadiendo además que el policía que aterriza allí por interponer la queja, Lebreton, es el mismo que investigó a Capestan en Asuntos Internos. Y será este el curioso equipo que tenga que comandar una mujer impulsiva y con tanto carácter como inseguridades. Este reparto, dos casos antiguos y nada de ayuda por parte de un departamento de policía que parece estar celebrando haberse librado de ellos con esta original solución. Aunque tal vez lo celebren porque no contaban con que estaban hablando de policías, tal vez incluso más motivados que los que se quedaron en sus propias comisarías y brigadas. A fin de cuentas, algunas pasaron de ser casi apestados, ignorados, a tener un compañero y poder realizar ese trabajo que tanto les gustaba cuando se decidieron por él. Así que pronto empiezan a tirar del hilo, visitar a la hermana de la fallecida o la mujer del otro, y a hacer un camino de posibles relaciones que quedaron ocultas en aquellas primeras investigaciones. Seremos, pues, espectadores privilegiados de cómo este grupo va levantando la cabeza e investigando y relacionando datos. Creando perfiles.

     Comentaba que Hénaff había optado por el sentido del humor en su libro. Y es verdad. Nos encontramos con comparaciones con series como Caso abierto en boca de los propios protagonistas, con descripciones irónicas de ellos mismos, y también con comentarios teñidos de sarcasmo. Hay, además, un perro torpe y el miedo irracional de un gafe a trabajar acompañado, sabedor de su problema con el malfario que le cuelga como San Benito y que él mismo ha llegado a creer. Todos ellos toques que aligeran una novela que se convierte en una lectura entretenida para pasar el rato.
 
     Hace mucho que ya no me fío ciegamente de los premios, si es que lo hice alguna vez, y que he dejado de considerar que una novela premiada ha de ser una obra maestra, así que acudí a esta sin demasiadas expectativas. El resultado no ha podido ser más satisfactorio. Me he encontrado con una historia que funciona, escrita con la ligereza suficiente como para resultar entretenida y leerse en un suspiro. Sin más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comezáis la semana?

     Gracias