sábado, 7 de mayo de 2016

Entrevista a David Mitchell

Imagen tomada del tw del escritor
     David Mitchell nace en Lancashire, Inglaterra. Estudió Inglés y Literatura Americana en la Universidad de Kent en la que obtuvo un MA en Literatura Comparada. Su primera novela fue Ghostwritten y ya con ella se alzó con el Premio John Llewellyn Rhys para escritores menores de 35 años y finalista del Guardian First Book Award. Sus dos siguientes novelas, Number9dream y El Atlas de las nubes, fueron preseleccionadas para el Man Booker, siendo con esta última con la que alcanzara fama internacional, siendo además llevada a la gran pantalla, mientras que Number9dream se usaría para hacer un corto galardonado con un BAFTA. Su carrera profesional se ha diversificado siempre dentro de la escritura, podemos encontrar novelas como la fantástica Mil otoños, cuentos cortos, artículos e incluso libreros,  pero ahora que su secta novela, Relojes de hueso, ha llegado a nuestro país, parece muy clara su posición relevante en el mundo literario contemporáneo.

- Hay quienes vieron en Mil Otoños un aburguesamiento de su escritura dejando de lado la fantasía.
- Mil otoños tenía que ser una novela histórica por fuerza, no había otra manera de escribirla, por tanto no podía tener fantasía. En Relojes de hueso quería analizar la inmottalidad desde el punto de vista de los mortales, la inmortalidad no existe así que era imposible no acudir a la fantasía. Mi trabajo consiste en hacer realidad cada libro tal y como cada libro quiere ser, lo mejor que pueda. No considero que forme parte de mi trabajo preocuparme por el género literario. Si que es mi trabajo elegir el género y preocuparme por evitar las trampas comerciales y aportar originalidad, pero no lo es preocuparme de si una novela histórica es respetable o una fantástica es menos respetable por eso. El primer principio de mi literatura es la lealtad hacia el libro que todavía no ha nacido.
- Toda novela tiene un número.
- Sí. Esta es la sexta novela, seis partes, seis géneros, seis décadas desde los 80 hasta 2040, seis etapas de la vida. El número seis es de color amarillo intenso para mi.
- Hace varios años, cuando todavía la estaba escribiendo, dijo que Relojes de hueso "tiene algo de fantasía en su corazón y política en la cabeza".
-Sí, curiosamente sigue siendo así. Es raro que con un plan tan a largo plazo para esta novela no lo haya cambiado. Es una descripción muy válida. Tenía que tener cuidado porque cuando hablo de Irak, alguien podría cuestionar la seriedad de mi trabajo. Al fin y al cabo en la parte quinta todo es fantasía, ¿por qué no iba a ser irreal también la crítica a la intervención en Irak?
     La alternativa era escribir un libro seguro, que nadie cuestionara parte alguna de él, que nadie pensara más allá de lo que lee, pero creo que ya hay demasiados libros así.
- Pero curiosamente, New Yorker la calificaba como novela teológica.
- Sobre la teología tiene una cierta lógica. Pero creo que no tenía la teología como leit motiv al escribirla, aunque creo que sí puede verse de esa manera. Quizás esa sea la razón por la que en la última parte se tenga la sensación de que no hay Dios en los cielos y que no hay ayuda para la humanidad. Que no hay una fuerza divina que pueda ayudarnos, aunque en las últimas cinco páginas aparece un barco que es una esperanza.
- Iremos siendo testigos de una evolución narrada con sutileza: la Holly impulsiva del comienzo va perdiendo pasión con el paso del tiempo, pero va ganando inteligencia y templanza; lo más importante de la obra no es el envoltorio (plagado de aventuras, luchas, giros inesperados y sorpresas), sino esa constante transformación de la joven. Casi una bildungsroman.
- Vemos como Holly pasa por diferentes etapas de su vida y en cada una de esas fases representa un arquetipo literario distinto. En la primera fase es una adolescente, una época fascinante, medio niña medio adulta. No me extraña que haya tantos libros fantásticos en los que el personaje se halle en esta fase de su vida. En la segunda fase es la amante, en la tercera es madre, en la cuarta es viuda, en la quinta es una guerrera y en la sexta es una vieja sabia, una especie de druida y también es abuela.
- ¿Fue Holly Sykes la columna vertebral de la novela o eran las diferentes partes las que fueron llamando a la protagonista?
- Solo es la protagonista principal en las partes 1 y 6, en las otras partes es secundaria de lujo. Conque en parte tuve que pensar en ella mucho en sus partes principales y más en la estructura y la trama en las otras.
Con frecuencia me gusta hacer que en mis novelas encajen cosas incompatibles. Cómo puedo hacer que estas experiencias, escenas, pasajes, personajes, y lugares encajen en la novela sin que esta estalle en mil pedazos.
- ¿Por qué parece tan importante para ti escribir en primera persona? ¿Qué tiene la primera persona que no te aporte la tercera, mucho más habitual, a la hora de escribir?
- Porque responde a muchas preguntas. Si empiezo con un personaje y pienso mucho en él... sobre lo que opina acerca del sexo, trabajo, espiritualidad, dinero, las relaciones humanas, experiencias en la niñez, el poder o el lenguaje. Si sé qué piensa sobre esos puntos, sé qué va a hacer y así el argumento se mueve alrededor de él y sé cómo va a responder ante los estímulos externos. Conoceré la relación que tiene ese personaje con sus pensamientos y sus impulsos, de esa manera le conozco interiormente y es esa intimidad la que conforma mis novelas.
     Pero también porque constituye un filtro de la realidad. Si escribo en tercera persona nunca sé qué dejar fuera. Me es más fácil describir algo como lo veo yo que como un narrador omnisciente. Si tuviera que hacerlo nos abría por dónde empezar, o qué importancia dar a cada cosa, a su localización, su historia, su formato. Sin embargo en primera persona, cada uno de los personajes a los que conozco íntimamente sí me dicen qué es lo importante para ellos y qué es lo que tengo que contar.
- ¿Cuánta importancia le concedes al lenguaje a la hora de escribir tus novelas?
- Siempre estoy valorando cuál es la mejor palabra, la mejor frase, la mejor forma de hacerlo.
     Es difícil pero también es un gozo. Soy un fanático de las palabras, soy un empollón de sus formas, sus sonidos y el color de cada una. De su propia personalidad Incluso de palabras que significan lo mismo, según quiénes las usan, y en qué profesiones son utilizadas.
     No me interesa hacer algo más ligero. No tengo disciplina, así que si el trabajo no es un gozo acabo viendo vídeos antiguos de Star Trek. Si intentase escribir algo que no amase, fracasaría estrepitosamente.

     Tengo que dar las gracias a El placer de la lectura, sin quien hubiera sido imposible la entrevista y además no puedo dejar de recomendaros que os paséis por su estupenda web. Aquí está su enlace a la entrevista, completísima y con fotos.
     Además mi agradecimiento a David Mitchell y a todos los que pasáis por aquí.

     Gracias

     Bibliografía:
     -Relojes de hueso
     - Mil otoños
     - El bosque del cisne negro
     - El atlas de las nubes
     - Escritos fantasma

jueves, 5 de mayo de 2016

El tenis como experiencia religiosa. David Foster Wallace


     "La belleza humana de la que hablamos aquí es de un tipo muy concreto; se puede llamar belleza cinética. Su poder y su atractivo son universales. No tiene nada que ver ni con el sexo ni con las normas culturales. Con lo que tiene que ver en realidad es con la reconciliación de los seres humanos con el hecho de tener ese cuerpo."

     Tenía muchas ganas de que llegase a las librerías este título. Con un afán casi coleccionista, lo reconozco, voy cogiendo títulos que me lleven a tener todo lo publicado por el autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, El tenis como experiencia religiosa.

     David Foster Wallace se quitó la vida el 12 de septiembre de 2008. Desde entonces, su leyenda como escritor ha ido creciendo en la misma media que lo hicieron durante los días siguientes a su muerte las muestras de pesar de los internautas. Es algo inevitable cuando se trata de una figura como la de David Foster Wallace, como también lo es que vayan apareciendo recopilaciones de relatos y ensayos, entrevistas y opiniones a lo largo del tiempo. Ese es justo el caso de hoy, un librito de apenas cien páginas presentado por Literatura Random House que iría inicialmente dirigido a los incondicionales del escritor. En él, y separados por diez años, se recogen dos relatos escritos por Wallace sobre el deporte.
     Wallace fue tenista. Su pasión por el deporte ya se había visto reflejada anteriormente en sus letras (no hay más que mirar en La broma infinita para tener una conciencia clara de lo que el escritor pensaba y sentía por el tenis), así que no nos pilla de nuevas. De hecho lo practicó con bastante éxito hasta que, la cercanía de lo profesional, la importancia de su juego, provocaron que perdiera ese interés al convertirlo en algo demasiado importante. Sin embargo no hay más que leer este libro para palpar la pasión que seguía sintiendo por él. Wallace, ese cuya imagen todos conocemos con su camiseta y pañuelo y pinta entre genio y nerd, lo más alejado posible a la concepción clásica del atleta norteamericano; entra en el mundo del tenis para demostrarnos en un primer título que, si bien los animales hermosos están en la pista, el verdadero zoológico, el merchantising y las luces de oropel se encuentran en las gradas. Es capaz de dibujar con la misma naturalidad la belleza del juego, que el contraste ruidoso mezclado con las marcas deportivas que se exhibe entre el público, esa suerte de extravagancia que se pavonea en muchos de estos eventos incluso a día de hoy. La vigencia en la mayor parte de los casos está más que asegurada. Incluso los nombres de tenistas no se nos antojan lejanos y conocemos a todos los nombrados recordando algunos de sus momentos estelares.

     El segundo título es un duelo. Un enfrentamiento que revestido de toda la admiración de quien no quiere perderse nada. Descubrimos aquí a un Wallace apasionado, presa de ese enamoramiento no romántico que sólo se tiene ante quien se admira profundamente, que bebe con los ojos cada movimiento, cada gesto, cada detalle... Ese torrente de emoción contagiosa que se desata ante los movimientos de quien no duda en describir como el mejor tenista, increíble, imposible, único. Federer. Federer como punto de mira, como centro de atención; Agassi a cámara lenta, Nadal dando saltos cual boxeador entrando en calor, tiempo parado, emoción lenta... y Federer sobresaliente. Eso es lo que nos regala Wallace en su segundo título, el retrato de una pasión declarada sin necesidad de poner la rodilla en el suelo y sacar un anillo.

     Y entre uno y otro, del US Open a Federer, el lector se contagia dejándose llevar por un deporte que tal vez hasta ese momento le había pasado inadvertido. O tal vez no, tal vez, simplemente disfruta de la posibilidad de ver este deporte a través de otros ojos, de otra vida. ¿En mi caso? En mi caso es fácil, partía con la ventaja de saber que iba a leer a Wallace.

     Poco a poco me voy haciendo con todos los libros firmados por David Foster Wallace, a sabiendas incluso de que algún relato puede repetirse. Hay algo de coleccionista que atesora en el lector, y se deja llevar por las letras de un género o persona. Uno de los míos es David Foster Wallace. Y vosotros, ¿sois incondicionales de algún escritor?

     Gracias

miércoles, 4 de mayo de 2016

Crezco. Ben Brooks


     "Son las 2:46 y sigo despierto. Hay varias causas para el insomnio, como una glándula tiroides hiperactiva, la diabetes, los espasmos musculares violentos, una comida pesada o el exceso de cafeína. El insomnio también puede ser resultado del estrés. Estoy estresado porque pienso en Keith y en que mató a su ex mujer."

     Leí Lolito hace tiempo y descubrí a un irreverente y jovencísimo escritor que parecía tener mucho que decir y pocas ganas de morderse la lengua. Me quedé con ganas de más. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Crezco.

     Conocemos a Jasper y su grupo de amigos cuando está cerca de cumplir los dieciocho. Les acompañamos en su vida, sus correrías y sus impulsos.

     Hay una suerte de atracción para determinado tipo de lectores por las historias de momentos claves en la vida de las personas normales. No buscan guerras, desdichas o desgracias, sino personas. Y uno de los momentos determinantes en la vida de cualquiera, es ese que llaman de iniciación a la vida adulta. Y eso es lo que nos cuenta Ben Brooks en esta novela.
Crezco es justo ese paso de la infancia a la edad adulta llamado adolescencia y que viene marcado por experiencias muchas veces no contadas, o no reconocidas, pero pasadas por muchos. es cierto que Jasper, en este caso, vive un poco más al límite de lo normal, pero si durante la lectura ampliamos miras, descubrimos que es un personaje tan normal como preocupante. Las hormonas, el sexo, la bebida y las drogas que son de fácil acceso cuando uno ronda los dieciocho pueblan las páginas de esta novela en la que un adolescente se confiesa como no lo haría siquiera en un diario por miedo a ser descubierto.
   
      Las críticas hacia esta obra de Ben, son practica mente encontradas, como supongo que puede serlo su lectura. Por un lado, a mayor cercanía con el protagonista, mayor reconocimiento hacia lo expresado. Tal vez no tan marcado, no tan extremo, pero ahí está. La pulsión por experimentar, por el porno ahora tan accesible en las redes, ese momento en que uno no sabe si avanza o retrocede pero que algo le impide volver atrás y, a fin de cuentas, tampoco es tan malo querer vivir y mirar un poquito menos los estudios. La apatía latente hacia el propio hogar y el compañerismo casi hermanado con esas personas que están tan cerca de nosotros durante esa época. Nuestros verdaderos confidentes. La segunda lectura puede hacerse casi desde el miedo. Desde una edad adulta que olvida aquellos días, porque no los vivió (dicho esto con la boca grande o pequeña) o porque tiene a alguien cercano que no quiere pensar lo que hace mientras dice que estudia.
     Crezco es ante todo honesta, de ahí el miedo que puede provocar. Es fácil distanciarse de un protagonista asesino o ladrón de bancos, pero el adolescente que dice que estudia mientras se va con amigos, no nos es tan ajeno. No le disculpamos, vemos su error, pero hasta cierto punto somos capaces de entender por lo que pasa. Y eso es lo que nos parece aterrador y conmovedor al mismo tiempo. acabamos reconociendo en su protagonista al amigo, al vecino...

      No entraré a valorar si coger el entorno y reflejarlo cargando un poco las tintas tiene más o menos mérito, eso es cuestión de cada cual. Como novela social, como reflejo realista, es una novela francamente acertada que no se pierde en hilos secundarios que oculten lo que realmente nos quiere mostrar. no llega al exceso de Trainspotting, ni tampoco creo que esa sea la intención del autor. En realidad creo que si tuviera que hacer un resumen, este sería algo así como: lo que ves, es lo que muchas veces hay.

     Me gusta Ben Brooks: es gamberro, irreverente, inteligente y mordaz. Y consigue algo complicado: que entendamos a sus protagonistas, en este caso un joven situado en el umbral de la edad adulta, complicada fase.

     Por cierto que me parece un libro estéticamente precioso. Y cada vez me fijo más en esas cosas. Y vosotros, ¿os fijáis en si un libro es o no bonito por fuera a la hora de elegirlo?

      Gracias.

martes, 3 de mayo de 2016

Seis días. Ryan Gattis


     "A las 15.15 h del 29 de abril de 1992, un jurado absolvió a los agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles Theodore Briseno y Timothy Wind, así como al sargento Stacey Koon, del cargo de uso excesivo de la fuerza al reducir al ciudadano Rodney King. El jurado no consiguió alcanzar un veredicto sobre la misma acusación contra el agente Laurence Powell.
     Los disturbios empezaron alrededor de las cinco de la tarde. Duraron seis días y terminaron el lunes 4 de mayo, después de que se realizaran 10.940 detenciones, resultaran heridas 2.383 personas y se registraran 11.113 incendios y daños a la propiedad por valor de más de mil millones de dólares."

     Hay libros que atraen por su cubierta, por su autor, por su temática. En este caso, el motivo fue el último. Hoy traigo a mi estantería virtual, Seis días.

    Esta vez la trama viene dada en el primer párrafo. Tras el veredicto expuesto, la ciudad de Los Ángeles se vió sometida durante seís días a unas revueltas brutales, incontrolables en muchos casos, que fueron aprovechadas por bandas para llevar a cabo sus venganzas. Hubo daños, saqueos, agresiones y muertes durante ese corto espacio de tiempo que pareció tentar al apocalipsis en esa gran ciudad.

     Gattis nos deja una novela a través de esos seís días en la que, pese a insistir en que es ficción, usa testimonios de quienes vivieron ese espacio de tiempo infernal. A través de ellos seremos testigos del alma humana, además de serlo de los disturbios, estaremos en un barrio en el que pasar en el momento equivocado o por la calle equivocada puede convertirse en tu peor pesadilla, de hecho puede significar la muerte.Las voces de la novela están bien diferenciadas, lo que ayuda a dar una imagen global de un infierno violento que el autor trata con un tono más cercano al periodismo que al drama. No necesita dramatizar lo sucedido porque es algo difícil de creer y salimos con la clara imagen de lo que debió de ser vivirlo. En un momento dado un personaje lo compara con la guerra, y asentimos. Parte del racismo, sí, pero se dirige con paso firme hacia la violencia de la zona sin ley en la que la policía poco hace, pueda o quiera. Y consigue de este modo tensar un pulso narrativo que nos obliga a seguir mirando los horrores de lo que ya sabemos que sucedió. aunque no fuera literarlmente como nos lo cuenta. O sí.

     La novela, por encima o además del racismo o de los conflictos generados, habla de una parte de la sociedad que existe. Una sociedad americana que a veces olvidamos y que está en las calles y trafica desde la infancia, calles con drogas y sonidos de disparos que ni siquiera esperan a la noche para ampararse. Y en esa sociedad, es en la que viven millones de personas en el país más poderoso, el más libre... en un país cualquiera en realidad. Ese es el reflejo de Gattis, el de la claustrofobia de las sombras de los barrios bajos. Y no duda en usar más de una docena de voces, para demostrarlo en esta magnífica novela. Hay, claro, voces de bandas, pero también de bomberos o policías y hay, además, tanta violencia como humanidad en las personas y la historia que Ryan nos deja.

     Hay libros necesarios. Libros que muestran lo dicho y también lo que se esconde entre lo que no se dice. Este es uno de ellos. Bienvenidos al apocalipsis.

     Y vosotros, ¿alguna vez os acercáis a libros que hablen de sucesos reales en mayor o menor medida en sus tramas?

     Gracias

lunes, 2 de mayo de 2016

El show de Gary. Nell Leyshon


     "Allá vamos, pasen y vean. Por aquí, eso es. Toma asiento. Coge el libro. ¿Todo bien? ¿Estás cómodo? Estupendo. Pues que empiece el show de Gary.
     Tenemos mucho que hacer; muchas pruebas, digamos, por examinar. Pero prefiero no empezar por el principio porque llevaría mucho tiempo conocerme. Vayamos con una escena de los años chungos, así podrás hacerte una idea de cómo fui en otros tiempos."

     Leído Del color de la leche, tenía curiosidad por la siguiente novela que fuera a publicar su autora. Por eso no tardé en hacerme con este título y traerlo de paso a mi estantería virtual. Se trata de El show de Gary.

    Conocemos a Gary desde lo que parece su nueva vida, pero él está dispuesto a que lo acompañemos por todas sus vivencias. Por eso se presenta y nos relata una infancia pobre, una familia con dos hermanos, un padre delincuente y una madre que se deja caer en la nebulosa de la bebida; una pandilla poco recomendable y lo que parece  un sello genético garantizado para seguir las andanzas por los bajos fondos de su padre y tal vez, acabar como él, en prisión a temporadas. Un descenso entre drogas y carreras regado con alcohol, acaso con una salida, mientras nos recuerda que ahora va junto a su hijo.

     La primera percepción al abrir este libro es de miedo. Miedo a estar ante lo ya visto, el recurso usado y que hacía que Del color de la leche fuera un libro sobresaliente. La voz propia del protagonista. Sin embargo, pronto descubrimos que ante protagonistas con voz propia, ese recurso da además una personalidad añadida que no puede aportar una descripción con facilidad. El aire descarado y chulesco que transmite toda la novela viene provocada por ese toque prepotente que jamás pierde Gary, ni en los peores momentos.
     Leyshon, como ya hiciera en su anterior título, da de este modo voz a uno de esos personajes mudos que normalmente no tienen siquiera derecho a ser protagonistas de una novela. Usa, y tal vez abusa, de la excusa del entorno enjaulado en el que el Gary niño ya oye cómo es igualito a su padre aunque él no lo sepa. Parece que todo le condiciona hacia una vida marcada por la delincuencia de poca monta, incluso su padre, que percibimos como un hombre despegado, delincuente, irrespetuoso y de mano larga más que firme, no le mira dos veces hasta que no parece entrar en ese mundo. El orgullo de la semilla sembrada, primario, animal, se manifiesta únicamente cuando sigue la estela de un progenitor que nunca se paró a mirar a su hijo mayor antes de eso y también vemos como el hijo se ve impulsado ante ese reconocimiento buscando en él un cariño que nunca antes recibió. Lo hace además sin victimizar o justificar una actitud por su entorno. Puede considerar que el entorno moldee de una forma casi decisoria, pero no es la excusa. No hay excusa para la bajada a los infiernos de su protagonista.
     Y entonces Leyshon da la vuelta y comienza a contar capítulo a capítulo, peldaño a peldaño a recorrer el camino de Gary.

     La novela es un descenso y ascenso, un camino con un final que a mi me ha sabido a poco, pero que viene en realidad muy acorde con el tono del libro y que se vislumbra ya en las primeras páginas. En conjunto es una lectura muy amena y ágil que da muestra de que aún quedan formas diferentes de contar historias, formas que dan voces sin necesidad de crear héroes o antihéroes para dejarnos una novela que es un placer leer.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

sábado, 23 de abril de 2016

Día del libro como reflexión




     Para este Día del Libro no voy a hacer una entrada contando su origen, no. Tampoco voy a explicar la fecha exacta de la muerte de Cervantes o Shakespeare ni explicar si hubo otros escritores ilustres que sí fallecieron en la misma fecha. Para eso tenéis google, que bien sabemos usarlo todos. Y tampoco voy a decir que hay que comprar un libro, porque leer bla bla bla. No. Hoy no. No este año.
   
     Este año, y como nunca estamos conformes con nada, voy a pedir un día del libro distinto, una fecha en la que se junten las librerías libros y lectores y los precios se adapten a los formatos. Una fecha en la que podamos entrar en una librería y encontrar ese libro que no compramos hace dos o cinco años, porque aún se mantenga en los estantes. Todos tenemos claro que las ventas de hoy ayudan a muchas librerías, pero también que una única fecha no sirve para sostener todo un año en un negocio. Así que no hace falta que hoy acudáis corriendo a una librería y luego no compréis nada porque hay cola. Podéis ir mañana o pasado mañana. Incluso la semana que viene. La librería seguirá ahí. Os lo garantizo. Al menos lo hará si hay personas suficientes que acuden el resto de los días. Esa es la parte en la que nos tenemos que comprometer los lectores. Porque dicen que mientras haya lectores, habrá librerías.
     Pero también hace falta reciprocidad. Catálogos cuidados, precios, calidades... libros que huelan a papel y no a pegamento y catálogos de novedades que huelan a literatura más que a estrellas fugaces mediáticas. Que apetezca, que merezca la pena el gasto y el riesgo, y que tengamos tiempo de decidir si compramos o no un libro sin tener que mirar un presupuesto ajustado, porque pasadas unas semanas, posiblemente no volvamos a verlo el pelo y caiga en el olvido. Recuperar el placer de tener que elegir entre tres o cuatro porque son demasiados  para llevárnoslos a casa y descubrir letras nuevas y no sólo corrientes de moda que inundan las mesas pasándonos de magos a vampiros o zombis o novelas negras cortados por el mismo patrón. Y también los clásicos, con ediciones bonitas que no les hagan parecer rancios, porque hay un placer especial en leer libros clásicos de los que uno ha oído hablar. Y sí, los libros también entran por los ojos, por el diseño.

    Al final, más que una felicitación, me ha quedado una suerte de reflexión sobre un supuesto compromiso de parte a parte, de lector a libro y de libro a lector. Y no he dicho nada del escritor, que es a fin de cuentas quien pone sus horas de ilusión y trabajo, porque escribir es un trabajo, no lo olvidemos. Tras todo eso de la inspiración y las musas hay una persona, una cuenta corriente y recibos que pagar. Y si pensamos eso, tal vez hoy además de posar un libro delante de su autor para decirle que nos ha gustado y que por favor estampe nuestro nombre, además podamos pensar en que lo hemos comprado. No solo como derecho a leer o criticar o valorar... sino como acto. Compremos libros. Sólo así se impulsa la literatura.

     Y ahora sí, metidos en este batiburrillo, librerías, lectores, editoriales, escritores... ¿Feliz Día del Libro! Y decidme, ¿haréis algo especial?

     Gracias

Imagen: https://www.instagram.com/mientrasleo/

Pd. Por causas ajenas a mi voluntad, porque es la Feria del Libro en Invernalia o por estar atrapada bajo un alud de libros comprados el día 23, este blog no publicará hasta el próximo lunes.

viernes, 22 de abril de 2016

Avenida de los misterios. John Irving


     "De vez en cuando, Juan Diego recalcaba: "Soy mexicano; nací en México, me crié allí". Desde hacía algún tiempo tenía por costumbre decir: "Soy estadounidense: he vivido cuarenta años en Estados Unidos". O, intentando quitar hierro a la cuestión de la nacionalidad, Juan Diego se complacía en decir: "Soy del Medio Oeste; de hecho, soy de Iowa".
     Nunca decía que era mexicano-estadounidense. "
  
     Si hay escritores con obsesiones, también hay lectores con obsesiones. Por temas, por escritores, editoriales... fetiches. Yo leo a Irving, me gusta. Y me gusta reconocer sus marcas en cada libro que pasa por mis manos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Avenida de los misterios.

     Conocemos a Juan Diego, un escritor de cuerpo castigado aunque sigue siendo de mediana edad, mientras emprende un viaje buscando a una persona. Lo hace cumpliendo una promesa realizada años atrás sin saber lo azaroso que resultará el viaje... ni lo largo. Durante el mismo, entre medicación, nuevos conocidos y muchas horas de sueño, recordará su infancia en un vertedero, a su hermana, y cómo llegó a convertirse en el escritor que es hoy.

     John Irving usa estos dos hilos para dibujar a una misma persona. Y también, para deleite del lector habitual y sorpresa para quienes se acercan por primera vez, tocar las teclas habituales  en su obra. Así, y por colocar el hilo temporal, descubrimos a Juan Diego y su hermana, hijos de una prostituta y un padre cuando menos velado, las traducciones que tiene que hacer el protagonista de lo que su hermana expresa, y cómo saber leer le abrirá puertas insospechadas al quedarse huérfanos. Llegados a este punto ya hemos visto huérfanos, pobreza, prostitución... y también que Irving no es un escritor melodramático que carga las tintas para congoja del lector. Así avanzamos por el camino religioso, ya que la persona que ayuda a Juan Diego tiene una estrecha relación con la iglesia, con la que por cierto ya habremos topado nunca mejor dicho. Y nos iremos acercando ala vida adulta. Una vida adulta entre pastillas, coja, castigada por lo vivido. Y nos acerca al Juan Diego adulto, el novelista, viajero por lo que parece en dos dimensiones, la que le lleva por el mundo buscando a un hombre, y la que le lleva por su mundo mirando sus cicatrices. Y seguimos paseando por las marcas habituales de Irving: el sexo, el escritor, la reflexión, el mundo... todo está ahí.

     Avenida de los misterios es una buena novela. No excepcional, pero si que es una buena historia. Sin embargo he tenido la sensación de un cierto pudor a la hora de asomar a las letras que no he visto en otras como Personas como yo. O tal vez sea que he leído mucho Irving, y le exijo más, o veo sus quiebros justo un segundo antes de leerlos. Con todo, y pese a lo que pueda parecer por lo desgranado, la novela es divertida y de lectura fácil. Resulta sencillo dejarse llevar por la historia  avanzar y retroceder en el tiempo al ritmo marcado por el autor sin soltar la presa que nos pone en bandeja desde las primeras páginas. Conocer a Juan Diego y acompañarle es un placer que recomiendo a cualquier lector, y que paladee sus frases y se deje caer en sus polémicas. Allá donde piense un tema polémico, encontrará un rastro del mismo en la novela de Irving. Lo mejor es dejarse llevar por las letras y disfrutar del milagro de la literatura. Porque sí, también habla de milagros.

     Por cierto que mañana es el Día del Libro, ¿tenéis pensado comprar alguno en particular?

    Gracias