viernes, 5 de octubre de 2018

El diccionario de Lemprière. Lawrence Norfolk


     "Dentro del carruaje, los dos pasajeros sintieron la proximidad de la urbe al alcanzarles sus tentáculos: París, la ciudad de las blancas paredes enlucidas, de las casas abuhardilladas y del Palais Royal, por donde pasearían más tarde los dos admirando las celosías de sus rejas y sus castaños de Indias, tratando de descubrir humildes construcciones que mostrarían ser extraordinarias, cada una a su modo, una escuela de trompeta, una fábrica de papel de decoración, o una entrada a las catacumbas que acribillan las tripas de la ciudad con pasadizos y galerías, porque el subsuelo es muy calcáreo, hasta el punto de que se sabe de edificios que han desaparecido durante la noche, o incluso en pleno día..., no en vano es una ciudad de repentinos colapsos y de rumores de colapsos que a la postre resultan verdaderos. París. Ciudad de amantes que el carruaje aborda por la Rue de Sèvres a trote de paseo, obligado a refrenarlo por los boyeros y los carreteros. Juliette inclinó su cabeza contra el cristal para observar la ciudad que venía en tropel a su encuentro, atraída primero su atención por algunas agujas y tejados aislados hasta que ya no hubo a su alrededor más que edificios. El cochero estaba pasando por la barrera del fielato y ahora se adentraban por calles llenas de floristas, amanuenses, mujeres pregonando sus dulces y hombres que vendían arenques en adobo de vinagre y cebolla. El olor le trajo toda clase de recuerdos. El carruaje se detuvo finalmente en la Rue Notre Dame des Victoires y ella saltó al suelo, que se hizo duro y real bajo sus pies, cristalizando en aquel París que era, de pronto, la ciudad del retorno".

     Leí El rinoceronte de papá y, contra todo pronóstico con ese título, me encantó. Por eso me decidí a buscar más libros del autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, El diccionario de Lemprière.

     Estamos en 1788, momento en que conocemos al joven John Lemprière. Se traslada a Londres para reclamar su herencia paterna vive obsesionado con los mitos clásicos y la importancia que tienen en su vida, además, y como supuesto remedio a dicha obsesión, está investigando y escribiendo un libro. Pero no será esa investigación la única que realice, ya que se da cuenta de que todos los miembros varones de su familia han muerto asesinados.

     Lo primero que me sorprendió fue descubrir que comparaban a Norfolk con el Eco de El nombre de la rosa por esta novela. Sin embargo, no necesité muchas páginas para comprender el motivo. Si bien el protagonista en este caso es casi un friki, un empollón erudito a ratos incluso demasiado resabiado, es cierto que la pátina de alta cultura que recubre a la novela puede darnos la engañosa sensación de un parecido con aquella otra protagonizada por Guillermo de Baskerville.
Norfolk escribió esta novela con menos de treinta años y, cuando uno la termina de leer, es lo primero que le viene a la cabeza, ¡menos de treinta años!

     No tardamos en descubrir el misterio de la novela, el joven John es testigo de la muerte de su padre a manos de unos perros que son a su vez propiedad del padre de la chica de la que está enamorado. Pero si esta muerte podría ser accidental, John descubre un contrato de lo más intrigante entre los papeles de su padre y, a partir de ahí la trama se complica. Una trama con hugones, piratas, mafia, sangre y muchas referencias a mitología. Los giros, las descripciones y los disparates revestidos con esa erudita pátina que antes comentaba, no cesan a los largo de las setecientas páginas que componen esta impresionante novela. El autor, consciente del monstruo que estaba creando, sacrifica en algunos momentos la credibilidad de la trama principal de una forma piadosa y lo hace no por grandilocuente, sino por buenista, convirtiendo de este modo su novela en un homenaje a otras gestas imposibles. ¿Eso qué significa? Pues algo tan sencillo como que el autor, como recompensa al esfuerzo que puede suponer para algunos la lectura de este libro, decide otorgar tras un último golpe de gracia realmente brillante, un final feliz que permita al protagonista y al lector cerrar el libro con la satisfacción del deber cumplido.

     El diccionario de Lemprière ha resultado uno de los libros más originales que he leído en los últimos tiempos. Una trama brillante y una capacidad literaria del autor muy por encima de la media lo han convertido a candidato a relectura desde el mismo instante en que pasé su última página.

     Y vosotros, ¿os gusta releer?

     Gracias.

miércoles, 3 de octubre de 2018

El ala izquierda. Mircea Cărtărescu



     "Antes de que construyeran el bloque de enfrente y de que todo se tornara opaco e irrespirable, yo contemplaba Bucarest, durante noches enteras, desde la triple ventana panorámica de mi habitación de Stefan cel Mare".

     Que me gusta este autor es un secreto a voces desde hace años. Así que no es raro que hoy traiga a mi estantería virtual, El ala izquierda.

     Hasta este momento he leído toda la obra de Cartarescu publicada en castellano. De hecho, El ala izquierda fue editada por Funambulista hace unos años, aunque su traducción, hasta donde yo se, venía del alemán y no del original. Hace ya unos años que Enrique Redel tomó bajo las alas (si me permitís el chiste) de Impedimenta a este escritor rumano que poco a poco va conquistando el territorio literario en Europa consiguiendo con el reciente Premio Formentor un punto de reconocimiento también en nuestro país.
     Su última obra, la monumental Solenoide, ha hecho correr ríos de tinta entre lectores en las redes y críticos en los distintos medios, y ha sido tras esa obra, que en España se ha decidido recuperar la Trilogía Cegador, de la que nos llega ahora su primera entrega con El ala izquierda. Y es que, si en Solenoide se hablaba de piojos en un pasaje nombrado hasta la saciedad, aquí directamente es una mariposa la que da título a cada una de las tres partes de la Trilogía de tal forma que el próximo año verá la luz la segunda parte, El cuerpo, y al siguiente tendremos en nuestras manos El ala derecha.

     El ala izquierda se divide a su vez en tres partes, de las cuales, dos son protagonizadas por Cartarescu, y otra, la central, por su madre, retrocediendo en el tiempo para contarnos su vida. Porque, al igual que ya sucediera en otras obras del autor, El ala izquierda no es una única historia, sino que son muchas entretejidas que saltan en el tiempo y se viven o se sueñan sin dar demasiadas explicaciones a un lector que es obligado a realizar un trabajo activo durante la lectura. Cartarescu no es para lectores cómodos de sofá y ruido de fondo y eso ya se percibe desde las primeras páginas de la obra. Y de entre todas las historias y vivencias, el lector se queda con Bucarest, que es la gran protagonista. Una ciudad viva y gris de la que escapar soñando, una ciudad que parece una persona, un lugar ruidos y extraño para el recién legado y una urbe que está a punto de cambiar a medida que nos aproximamos al final de la novela. Hay bombas y música, hospitales y sueños de zombis, es un lugar bello y sórdido, Bucarest es un todo al que el lector desea ir una vez ha cerrado el libro.

     En cuanto a la parte más formal del libro, la historia, hay que decir que incluso en la zona formal, esa en al que la protagonista es la madre y se llega a Rumanía, en la que la historia retrocede y vemos esos hilos ocultos que conectan la historia de la ciudad con la de sus habitantes y también la de la madre con el hijo, Mircea se deja llevar e irrumpen escenas de una gran fuerza visual como la del ascensor y la mariposa, o la de Cedric. El resto es propio, es parte del autor evocando un pasado joven y con frío en una ciudad que nos abe lo que le va a deparar, hospitales y calles hostiles, tejados maternos y luces que se cuelan por las ventanas. Y, como ya he notado en otros títulos del autor: literatura y soledad en su protagonista, como si lo primero fuera irremediable y lo segundo formara parte de su propia piel. Una soledad que no es siempre literal pero que al ser interior es quizás más profunda, y tal vez de ahí los insectos y las creencias, el fijarse y diseccionar la vida en capas, tal vez por eso uno escapa en sueños desdibujando los límites de esa realidad.

     Cartarescu tiene libros fáciles como El ruletista otros incluso cómicos como Las bellas extranjeras y algunos que requieren un esfuerzo titánico para obtener una recompensa aún mayor como sucede con El Levante. Y si eso sucede con las lecturas no quiero ni pensar en lo que ha de ser traducirle, por eso quiero hacer una mención especial al trabajo de Marian Ochoa.

     Y si es complicado hablar de un libro de Mircea sin extenderse tanto como el propio libro, también lo es dar una impresión general. En mi caso, No ha sido el libro con el que más disfruté del autor, ya que me ha parecido un tanto irregular, con partes brillantes y otras un tanto desmadejadas que me han resultado más lentas. Aún así, merece la pena la recompensa por el esfuerzo realizado y es que hay libros de muchos tipos, y conviene acercarse a todo tipo de libros. Me ha gustado El ala izquierda pero... y ahora podéis decirme lo que queráis, personalmente, prefiero Solenoide.

     Y vosotros, ¿sois lectores aplicados o preferías lecturas sencillas que no os obliguen a pensar?

     Gracias.

lunes, 1 de octubre de 2018

La canción de los vivos y los muertos. Jesmyn Ward


     "Me gusta creer que sé lo que es la muerte. Me gusta creer que es algo a lo que podría mirar de frente. Cuando Pa me dice que necesita mi ayuda y veo ese cuchillo negro deslizase por el cinturón de sus pantalones, sigo a Pa fuera de la casa, intento mantener la espalda erguida, los hombros rectos como una percha, así camina Pa. Intento que parezca que para mi es algo normal y aburrido para que piense que he aprendido algo en estos trece años, para que Pa sepa que estoy listo, que puedo extraer lo que hay que extraer, separar las tripas del músculo, los órganos de las cavidades. Quiero que Pa sepa que puedo mancharme las manos de sangre. Hoy es mi cumpleaños".

     El mejor modo de llegar a un libro es a través de la recomendación de un gran lector. Hoy traigo a mi estantería virtual, La canción de los vivos y los muertos.

     Conocemos a Jojo, a Leonie su madre y a Richie, que en realidad ya está muerto. Ambos pertenecen a tres generaciones de un momento en el que la vida era dura cuando se era negro. De los campos de algodón, a las adicciones de Leonie y las consecuencias de todo ellos sufridas por esa tercera generación representada por Jojo, viajaremos buscando no solo al padre de Jojo, sino también la supervivencia. Avanzar siempre hacia delante.

     La importancia de un buen comienzo es vital en una novela. No hablo ya de una frase más o menos efectiva que perdure en el tiempo, sino de la capacidad de captar la atención del lector. Y Ward lo borda. Nos presenta a Jojo el día que cumple trece años en un lodazal y lleno de sangre acompañando a su abuelo, al que observamos que llama Pa, matando a una cabra. La suciedad, el asco, la valentía y lo visual de la escena es casi sobrecogedor. Jojo asiste intentando demostrar que es un hombre y luego se sienta a la mesa a comer aquello sacrificado. El simbolismo está ahí: la vida es dura, pero se come lo sacrificado, se sobrevive, se sigue adelante.
     Jojo es uno de los tres narradores de esta novela en primera persona. Hijo de una familia totalmente desestructurada en la que su madre Leonie parece que solo va y viene excepto cuando decide que todos han de ir a buscar a su marido blanco Michael a la salida de prisión. Porque no lo he dicho, pero se trata de una familia negra: Pa, Ma... negros. Los hijos de Leonie y Michael son un producto interracial en Mississippi. Leonie es la segunda narradora, la madre poco fiable a la ue Jojo parece juzgar severamente. No parece tampoco que ella quisiera ser madre, aunque en ese viaje en carretera exista un velo de esperanza sobre conformar lo que ha de ser una familia, pronto su interior resentido evita esa posibilidad. Quizás si hubiera sido blanca, como su amiga Misty, quizás por eso se unió a un blanco, aunque Michael esté en la cárcel. Pa también estuvo en la cárcel, desvela la autora, en las familias hay lazos visibles y otros imperceptibles al ojo extraño. Incluso hay extraños dentro de la propia familia o Jojo y Leonie sabrían que tienen un nexo común; una suerte de percepción sobrenatural. Ahí entra Richie, el pasado, hablando de una vida dura, durísima.
     Y yo me pregunto si no estaremos ante el pasado, el presente y el futuro Dickensianos en una versión más moderna y mucho más oscura de unas vidas complicadas y vapuleadas. Porque aunque estén vivos, apenas se ha fijado en ellos la sociedad.

     Ward mide sus palabras evitando los sentimentalismos porque solo así se logra la empatía necesaria con esta familia desestructurada. Lo que importa no es la compasión del lector, importa más que sintamos en la piel las vidas que les tocaron. Que subamos al coche y hagamos ese viaje hostil, ya sea de ida o de vuelta. Que recordemos otras historias y nos preguntemos si es cierto que la novela bebe de Faulkner o tal vez se aproxime más a El ferrocarril subterráneo, solo que en estaciones de cercanías. Parece que Ward ha sabido encontrar un camino propio lleno de ecos de buena literatura, de espíritus atrapados en el Bardo, de novela gótica de testimonio racial, y construir con todo ello uno de los mejores títulos publicados este año. No ha necesitado grandes descripciones ni tampoco muchas páginas.

     Las buenas novelas no tienen muchas páginas ni pocas: tienen las justas para contar su historia. La canción de los vivos y los muertos es una muy buena novela. Echadle un ojo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

El pacto. Michelle Richmond


     "Me despierto en un Cessna, en plenas turbulencias. Me duele la cabeza, y hay manchas de sangre en mi camisa. No tengo ni idea de cuánto tiempo ha pasado. Me miro las manos, pensando que me las veré esposadas, pero no, solo llevo un cinturón normal de los de avión. ¿Quién me lo ha puesto? Ni siquiera me acuerdo de haber embarcado".

     Me regalaron esta novela justo antes de irme de vacaciones, así que hablaré de mi última lectura veraniega. Hoy traigo a mi estantería virtual, El pacto.

     Alice y Jack forman la pareja perfecta, ambos con trabajos de éxito, enamorados, una sólida historia juntos y una vida social que incluye fiestas con un selecto grupo de gente. Sin embargo, nada es lo que parece ya que ambos firmaron un acuerdo llamado "El pacto" para garantizar que su matrimonio durase para siempre. Eso es lo que les proporcionó los amigos y las fiestas, amigos que quizás no son tan amigos y fiestas que tal vez no sean tan glamourosas. Del pacto no se habla. Y tampoco se sale.

     Recuerdo haber leído hace muchos años un relato de Stephen King en el que un hombre firmaba un contrato en el que le garantizaban que dejaría de fumar. Y recuerdo haber terminado el relato de aquel exfumador con el corazón encogido. Cuando me pusieron este libro en la mano y leí la sinopsis recordé ese relato, y no tardé en comenzar la lectura. Nada que ver, por supuesto, aunque ambos comparten momentos de angustia.

     Michelle Richmond juega en su novela con la idea del "felices para siempre" que vemos desde niños en los cuentos. A fin de cuentas, ¿quién no querría la fórmula mágica para tener un matrimonio feliz para siempre? Solo que la magia no existe, tal y como descubren nuestros protagonistas.
Cuando los conocemos la historia está en un punto intermedio, así que miraremos atrás para comenzar por el feliz comienzo de este matrimonio que, ajenos a que son elegidos, disfrutan de una nueva amistad y de la curiosa propuesta que les hace a través de una mujer llamada Vivian. Ellos, al igual que todos, viven en un mundo competitivo en el que el fracaso no es una opción, por eso se sienten tentados a firmar esa suerte de mágica ayuda para su vida conyugal. Lo que no saben es que al hacerlo entrarán en una suerte de secta que les controlará cada movimiento, cada detalle de la pareja, y les castigará si no cumplen con sus obligaciones. Un mundo en el que no existen los amigos reales dentro del círculo de "el pacto", donde cualquiera te puede controlar o delatar, al igual que tu lo puedes hacer con ellos. Unas férreas reglas para mantener un amor en las que el amor parece ser lo menos importante.
Richmond nos irá descubriendo cada vuelta de tuerca a la vez que la pareja la vive, de tal modo que la atmósfera del libro se va cargando hasta resultar agobiante. Y de paso nos irá dejando reflexiones sueltas sobre lo que es el amor, los compromisos, las relaciones... Sin embargo, he tenido la sensación de que en algún momento la autora pierde pie ya que estamos ante un libro de adultos que resultan demasiado sencillos de manejar hasta el punto de optar por una resolución que no me ha llegado a dejar del todo satisfecha. He tenido la sensación de estar ante una suerte de salida fácil para una trama en la que cualquier otra opción se había vuelto demasiado complicada de justificar. Los personajes, con la excepción de los protagonistas, quedan esbozados de forma muy superficial, por eso muchas veces no comprendemos los giros de la trama, ya que nos faltan los motivos reales, la profundidad necesaria para que sus actos queden justificados a ojos del lector.

     Así pues, El pacto ha resultado una novela con altibajos que tiene su punto más alto hacia la mitad de la trama y que luego va decayendo suavemente hasta un final que no me ha convencido en absoluto. Está claro que este año no he sido capaz de encontrar "la novela del verano".

     Y vosotros, ¿cuál ha sido vuestro libro del verano?

     Gracias.

lunes, 24 de septiembre de 2018

Amnesia. Federico Axat


     "Me llamo John Brenner, tengo veintisiete años y soy exalcohólico. La noche del sábado 15 de mayo desperté en el suelo de mi casa sin poder recordar absolutamente nada de las últimas horas. A mi lado había una botella de vodka vacía, una pistola y el cadáver de una chica joven y hermosa que no había visto nunca antes en mi vida".

     He leído todos los libros de Federico Axat y este no iba a faltarme. Hoy traigo a mi estantería virtual, Amnesia.

     John Brenner despierta encontrando una mujer muerta en su sala de estar. Sufre un ataque de pánico y sale corriendo y, al regresar, todo está como si no hubiera pasado nada. Brenner habla entonces con su hermano que le llama en ese momento quien le dice que tal vez sean alucinaciones, pero... ¿y si no lo son?

     Amnesia bien podría subtitularse como "De zarigüellas, pantanos y mariposas en Carnival Falls" y es que, si ya en "La última salida" el autor hacía un guiño a anteriores obras, en este decide hacer una inmersión completa volviendo a Carnival Falls. Eso hace que la lectura sea divertida para quien conozca la obra de Axat ya que descubrirá unas cuantas alusiones directas y otros tantos guiños más o menos camuflados para los lectores avanzados en su obra. Incluso da la clave de un cameo anterior. Diré sin embargo que no hay que obsesionarse demasiado con el tema ya que eso supone el peligro de buscar donde no existe, y cuando uno lee a Exat es, no me cabe duda, para divertirse.

     Empezamos la novela con un clásico, ese personaje que nos va despistando entre su inocencia, su culpabilidad o a saber qué punto intermedio entre ambas será el que le ha otorgado su creador. Está claro que domina este tipo de personas que, además, dudan del resto tanto como nosotros mismos de sus palabras. John es el hombre perdido perfecto para que el lector quiera acompañarle, dudando de todos y deseando confiar en todos, nos hace sumergirnos en cada descubrimiento paso a paso preguntándonos cómo narices va a conseguir el autor salir de semejante entuerto. Y lo hace, a su modo pero lo hace de una forma satisfactoria y con sonrisa en la ultima línea, como aquel director que, tras la representación de su obra en un teatro, sale y saluda al público que aplaude agradecido por el entrenimiento disfrutado. y eso es justamente esta novela, estructurada en capítulos cortos y con una acción que no se detiene en ningún momento, el autor consigue mantener el interés de un lector que comienza un tanto despistado y que, precisamente por ese motivo, se va aferrando a los pocos datos que cree fiables de la historia mientras se pregunta qué diablos pasa en ese lugar llamado Carnival Falls.

     Amnesia es una novela francamente entretenida en la que el autor y el lector juegan hasta el último momento. Una opción recomendable para olvidarnos del mundo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
 
    Gracias.

     PD: Soy consciente de lo poco que he avanzado de la trama, pero ni quiero desvelar nada de libros anteriores, ni tampoco de este. Y es que estamos ante uno de esos libros que a uno le gusta comentar pero que no debe dejar que le comenten sin haberlo leído.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Conversaciones entre amigos. Sally Rooney


     "Bobbi y yo conocimos a Melissa en la ciudad, en una velada poética en la que actuamos juntas. Nos hizo una foto en la calle en la que Bobbi salía fumando y yo sujetándome tímidamente la muñeca izquierda con la mano derecha, como si temiera que fuese a escapárseme".

     Confieso que me compré este libro porque lo veía mucho. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Conversaciones entre amigos.

     Conocemos a Frances, una joven que escribe poesía y que mantiene una estrecha relación de amistad con su expareja Bobbi. Bobbi es casi su opuesto, vibrante y segura Frances no puede evitar imaginarse que es ella. Juntas conocen a Melissa y su merido Nick. Melissa promete hacerles un reportaje y así comienzan una relación con esta pareja que goza de una cierta notoriedad, y ambas chicas no tardan en sentirse atraídas por ellos.

     en esta novela sin guiones ni marcas de diálogo, Rooney da voz a Frances que es quien se confiesa contando su historia. No quiere decir esto que no haya diálogos, ya que abundan y están normalmente cargados de dobles sentidos e ironías. Pero Rooney deja que una de las protagonistas de la novela cuente su historia en un monólogo directo en el que no da voz a nadie salvo la propia haciendo que el lector se fíe de su versión al no tener otra con la que compararlo. Además, Nick cuando escribe mails no les pone mayúsculas. En realidad se trata más de una historia de sentimientos, nada que ver con el aspecto exterior, quizás sea una forma de representarlo sobre el papel, de decirnos que miremos más allá de lo obvio. Y es que, a poco que uno se fije en esta novela, descubre que Frances es mucho más de lo que dicen o, sobre todo, no dicen sus palabras.

     Pronto intuimos que Frances se siente atraída por el guapérrimo Nick, la vez que Bobbi lo hace por la esposa de este. Y así, la chica que admira esa vida un poco mejor que la propia, esa fama mediocre del actor de tercera, acaba cayendo en una de las situaciones más mediocres posibles en las clases medias/altas, la aventura con un casado mayor que ella. Frances reniega, como lo hace de sus sentimientos que esconde permanentemente bajo la coraza de, "solo nos acostamos", esto lo hago "irónicamente"o aquello, como que tengas esposa y duermas con ella "no me importa". No engaña al lector, por supuesto, Rooney ya se encarga de dejar al descubierto a su protagonista remarcando más lo que no dice que lo que expresa. Frances teme al dolor, a la vida, a reconocer, a interactuar, y por eso lo niega todo. Poco a poco va quedando al descubierto su inocencia y también su crueldad. No deja de ser curioso que Frances trate de forma cruel a Nick cuando eso era precisamente lo que criticaba de Melissa. Del mismo modo, y pese a que Bobbi es su persona más cercana, hay momentos en que la desvela o la excluye de una forma dolorosa en ese afán suyo de "no hacer nada". Y Rooney consigue que veamos en esas crueldades errores provocados por la inocencia de Frances, que realmente quiere convencerse de que así todo irá bien y ella estará bien, logra que seamos indulgentes con ella hasta el punto de empatizar. A fin de cuentas es joven y sabe lo que quiere pero no parece tener tan claro el camino.

      Reconozco que no he encontrado en Conversaciones entre amigos la magnífica novela que esperaba, pero sí que he visto en Frances el reflejo de mil personas, de casi cualquiera que ha sido herido o que comienza a caminar y teme serlo. Ese es el gran encanto de esta historia unido a la sencillez que tiene Rooney a la hora de trasladárnosla. Merce la pena.

     Y vosotros, ¿alguna vez habéis visto tanto un libro que se os ha acabado metiendo en la cabeza?

     Gracias.

     "Cuando alguien te gusta piensas que es especial".

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El fantasma en el libro. Javier Calvo


     "Yo pienso que la invisibilidad es intrínseca a nuestra labor; no puede ser de otra forma. Aspiramos a desaparecer. Nuestra escritura es la única que intenta que nadie se fija en ella, que quiere ser literalmente invisible, algo en lo que la mente no se detenga en absoluto. Nuestro ideal es que nuestra traducción se lea 'como si no fuera una traducción'. Queremos no estar ahí. Incrustarnos tan adentro de la página que no se note que estamos. Somos camaleones paradógicos. Para desaparecer de la página, tenemos que llenarla".

     Los libros sobre libros están de moda, no así los ensayos o textos un poco más centrados que no lleven el soporte de una trama novelística. Sin embargo a mi me parecen interesantes todos ellos. Hoy traigo a mi estantería virtual, El fantasma en el libro.

     Dice Javier Calvo, autor de este libro y traductor de nombre ya conocido por muchos lectores, que le gusta pensar que los traductores son fantasmas, el reverso de un texto, el blanco de la página que llena el espacio entre las letras. Y con este libro pretende dar voz a los traductores, acercarlos un poco más a una población que los desconoce, lo cual resulta curioso ya que vivimos rodeados de traducciones: la película, música, internet en muchos textos, libros, folletos... y sin embargo, seguimos sin apenas reparar en ella y mucho menos en los nombres que están detrás de tanto trabajo. No solo hay unos actores de doblaje, alguien tuvo que traducir previamente el guión. Sí, ahora muchos libros incluyen el nombre del traductor, pero queda mucho camino por recorrer.

     Que nadie caiga en el error de pensar que es un libro meramente reivindicativo en el que se limita a señalar las protestas de un sector que parece haber perdido mucho desde que aquellos escritores famosos firmaban traducciones. De hecho, comienza incluso con la historia de la Septuaginta, la traducción al griego de la Biblia, algo que si se desconoce resulta sumamente interesante y, si no se desconoce, también debido a la explicación que da Javier Calvo referida al trabajo de traducción cuando este parecía otorgar un cierto status cultural en quien lo realizaba. De hecho, su mirada es tan hacia atrás en el tiempo para buscar estas épocas de gloria, que nos desplazamos a la Edad Media sin pestañear no sin antes haber pasado por griegos y romanos. La importancia del latín, las traducciones customizadas por traductores que se veían como personas destinadas a mejorar un texto ajeno: las bellas infieles. Medio libro salpicado de interesantes anécdotas antes de mirar al presente y al futuro. Un presente que, afirma, está dominado por la lengua inglesa. Un idioma dominante que exporta más de lo que importa y también por esos autores cuyo libro se convierte en BestSeller y que son traducidos inmediatamente a 20 o 40 idiomas.
Nos habla también de la parte interna, del trabajo de corrección, del exceso de literalidad o de la ausencia de la misma. Da pautas y permite al lector asomarse a este desconocido mundo en el que los localismos, las modas a la hora de hablar dependiendo del momento en que se escribiera el libro, son más importantes que la propia trama argumental.

      ¿Tiene parte de reivindicación? Por supuesto. Pero también tiene mucho de explicación. Me ha resultado interesante e ilustrativo saber un poco más sobre este mundo. Llegar hasta la época tecnológica, hasta el Google Translate, ver lo sucedido con fenómenos como  Potter o Canción de Hielo y Fuego, el fenómeno fan y las traducciones que uno encuentra en cuanto navega por internet. Y me he quedado con una idea que es u hecho en realidad: una gran parte de los traductores que se dedican a ello de forma profesional, también son escritores. Y es que la traducción, al menos la traducción de libros, ha de ser siempre literaria.

     El fantasma en el libro es una obra sumamente interesante salpicada de anécdotas y hechos desconocidos para muchos que hará disfrutar a los aficionados a la literatura. Además y puesto que no es largo y tampoco una suerte de tratado o compendio, resulta ágil en las manos del lector.

     Y vosotros, ¿os gusta adentraros en el mundo literario?

     Gracias.