miércoles, 15 de febrero de 2023

No hablemos más de amor. Hervé Le Tellier

 

     "El planeta vivió aquel año su otoño más cálido en cinco siglos. Sin embargo, de la clemencia providencial del clima, que tal vez desempeñó un papel en esta historia, no volveremos a tratar aquí. Este relato cubre el espacio de tres meses e incluso algo más. Aquella o aquel que no quiera -o ya no quiera- oír hablar de amor que no lea este libro".

     Con "La anomalía" Hervé Le Tellier entró en las casas de muchos lectores que, hasta ese momento, no se habían fijado en él. Ahora se reedita una de sus novelas y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, No hablemos más de amor.

    Conocemos a Anna y Louise, aunque ellas no se conocen entre sí. Al igual que muchas mujeres, son dos mujeres casadas y con familia que viven felices. Entonces Anna conoce a Yves y Louise conoce a Thomas (el psicoanalista de Anna para más datos) y esa plácida vida que llevaban desde hace años  y que parecía que iba a seguir así por mucho tiempo, se tambalea en estas dos historias que funcionan como un espejo. 

     Para quien no lo sepa, Le Tellier es un inventor dentro del mundo de las palabras. No diré que inventa términos pero si que inventa juegos, como un dominó para esta novela, que le permiten transgredir cualquier límite literario impuesto. En esta ocasión, tenemos una novela de 4+2 personajes (lo sé, solo os he hablado de 4, los importantes, pero a poco que penséis adivinaréis quién más puede aparecer) en la que hay, más que capítulos, cortes que permiten al lector avanzar por la novela. Encontramos pensamientos, poesía, una foto, una lista e incluso, dentro de la misma novela, hablan de la genética del lenguaje. De hecho ahora podría ponerme técnica y hablar de la pertenencia del autor a un club, Oulipan, sobre creación con restricciones que no afecten a la lectura que me parece francamente interesante por su mezcla matemática que lleva en ocasiones a los creadores a utilizar métodos insospechados como el ajedrez Abjasia utilizado por el autor en esta novela. Pero todo eso, muy ilustrativo para algunos pero tremendamente aburrido para otros, no tendría más valor que el de un ejercicio literario para evaluar, si no fuera porque la novela logra que el lector se involucre con los personajes y comprenda sus sentimientos y reflexiones hechas casi de pildoritas de vida. En cuanto al tema del dominó, será uno de los personajes, Yves el escritor, quien de su clave cuando hable de la novela que él mismo quiere escribir y que hará que los títulos de los capítulos encajen perfectamente para el lector que, hasta ese momento, solo se había dado cuenta de que los había con un personaje, con dos, con secundarios... para un total de seis (o 4+2, ¿lo vais entendiendo?) dejando que la novela, que ya era divertida, se convierta además en un juego que nos obligue a volver a mirar las páginas ya leídas. Y es que hay que tener mucha cabeza para construir una novela de este modo, no sabéis lo que me gustaría poder acceder a las notas de este escritor.

    En esta novela de cuarentones en la que el tema principal parece ser el amor y cuya última frase se debe al título, o quizás al revés, siendo esta la única justificación de su existencia en un libro que versa de lo contrario, los personajes se ven sorprendidos y muestran sus pensamientos, sus dudas, incluso las más recónditas que uno no confesaría como eso de querer enamorarse de una loca, y dan lugar a una novela sorprendentemente coherente y fácil de leer. Yves es quien nos lo pone fácil, Le Tellier a fin de cuentas. De este modo y mediante historias que se superponen, el autor redefine el amor tal y como lo hacen los personajes que, una vez enamorados y casados parecían haberse asentado sin darse cuenta en una placidez de dejarse llevar que ahora se ve agitada en unas cuantas escenas cruciales en las que los enfrentamientos y las pasiones irrumpen tras un montón de banalidad. Si  os fijáis una vez más la estructura, lo narrado y la trama se ven reflejadas también en el interior de la novela. Todo un juego en una novela cruzada por el lenguaje, que parece haber decidido batirse en duelo con el amor para ver quién se lleva la hegemonía del protagonismo.

     No hablemos más de amor es una novela sobre el amor reencontrado cuando no se busca ni se espera, cuando ya se cree que se tiene pero parece que no era todo y uno se deja llevar. Y también es una novela sobre el lenguaje, que homenajea eso de que lo que no podemos relatar es porque no existe en la misma medida en la que cuando no encontramos palabras para decir algo a otra persona significa que, tal vez, algo se haya roto ahí.

     Me ha gustado, la he disfrutado de una forma diferente y a muchas escalas. Sobre todo la superficial, no vayáis a pensaros. Y es que con todo lo que contiene, realmente no es una novela exigente.

     Y vosotros, ¿disfrutáis de estructuras arriesgadas a la hora de escribir o sois más clásicos?

     Gracias.

lunes, 13 de febrero de 2023

Primera sangre. Amelie Nothomb

 


     "Me llevan ante el pelotón de fusilamiento. El tiempo se estira, cada segundo dura un siglo más que el anterior. Tengo veintiocho años".

     Hace unos años que leo a Nothomb teniendo como ventaja la cantidad casi ingente de novelas por descubrir de esta prolífica autora, títulos que combino con los que va sacando de forma periódica hasta reunir en mis estantes aproximadamente una veintena. Hoy traigo a mi estantería virtual, Primera sangre.

     En esta ocasión conocemos a Patrick Nothomb, padre de la novelista. Y lo conocemos siendo un niño sin padre con una madre afectada por la situación y unos abuelos que lo crían como se supone que corresponde. Este niño es enviado con su familia paterna, algo que uno esperaría con ilusión ya que así conocerá a esa parte de la familia que parecía vetada y con la que ahora pasará el verano. Allí se encuentra con algo totalmente diferente a lo que hubiera podido esperar y será donde conozca a Pierre, poeta, y a una prole hambrienta que, lejos de vivir en el castillo imaginado, son tan ruidosos como capaces de enseñar a Patrick lo que es la libertad hasta el punto de que esa vivencia marcará su vida como para recordarlo en un punto crucial. Porque Patrick crece, escribe cartas de amor para otro pero se enamora él en una historia de Ciranos y llegará al punto en el que trabajará de cónsul y se verá involucrado en una historia terrible que es la que da comienzo a la novela.

     Cada novela de Nothomb es una sorpresa. Uno no sabe si se va a encontrar un libro intimista, un cuento moderno, una crítica social que rezuma acidez o incluso, como en Sed, el testimonio inventado de un Cristo que se dirige al final de sus días terrenales. Y en este caso, Nothomb lo que hace es rendir un claro homenaje a su padre, fallecido en 2020, en un librito corto en el que la sangre es la gasolina y motor tanto como el hilo que une cada parte de la historia. De hecho es bastante habitual que Nothomb nos regale libros cortos y en este nos dibuja a un padre que relata la situación que está viviendo mientras los hilos de su historia pasada se entretejen para llevarnos hasta su infancia e ir avanzando por su aún breve vida. La historia, mejor o peor para cada uno de los lectores, tiene un tono que resulta conmovedor ya que desde las primeras páginas el lector percibe la ausencia y la añoranza más allá de la simple admiración y es este tono unido a la peculiar manera de narrar la historia a la que la autora nos tiene acostumbrados, lo que levanta la novela hasta colocarla en la pila de los "síes" en cuanto a mi valoración como lectora. Decir que su padre murió en 2020 es hablar de que falleció en la etapa dura de la pandemia, en un momento en el que ella no se pudo despedir de él y quizás por eso es por lo que le da voz en una primera persona nítida al cerrar el libro, le deja después de todo, presentarse desde su infancia hasta  un momento en el que su hija aún no había nacido. Cosas de Nothomb: contar la historia que ella jamás vivió y precisamente por eso fingir, o fingirse, que quien la cuenta es su padre.

     La novela, con una sólida estructura circular y un final que está a la altura de la primera frase, lleva al lector intrigado a través de flashbacks hasta saber por qué y cómo un hombre con esa fobia a la sangre como la que padece Patrick, termina en semejante situación (no olvidemos la primera página), descubrimiento que se hace entre distintos momentos, desmayos, amores y discursos que quedan en la memoria de quien nunca los vivió.

     Primera sangre es una buena lectura. Nothomb se borra para rendir homenaje a su padre y regala la historia de una vida con su tono memorable y su aparente caos que se reordena para dejar al lector feliz de saber que, el año que viene por estas fechas, seguramente tenga en sus manos una novela novela de la autora.

     Y vosotros, con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 6 de febrero de 2023

El caso Bramard. Davide Longo

 


     "La puerta entreabierta de la cabaña. El cuerpo extendido en la luz diáfana de la tarde. El dibujo de los cortes en su espalda desnuda. Cabellos negros esparcidos alrededor. 
     Dar unos pasos titubeantes, tratando de no creer; caer después de rodillas y quedarse así, con las manos inútiles en los costados, sin dejar de mirar; tal vez igual que Héctor, que fue incapaz de bajar los ojos ante el afán con el que Aquiles se disponía a pararle el corazón".

     Resulta innegable el atractivo que tiene la novela negra cuando uno quiere pasar un rato de desconexión. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El caso Bramard.

     Conocemos al inspector Corso Bramard. El que fuera policía más prometedor vio como cambiaba su vida y sus oportunidades cuando un asesino al que buscaba mató a su esposa e hija. De eso hace veinte años y Corso ha optado por vivir apartado del mundo en una casa en la colina mientras recibe cartas del asesino con versos de Cohen. Todas las cartas han llegado limpias, hasta ahora. Corso puede emprender su cacería.

     Longo nos deja una novela en la que el enfrentamiento entre el héroe y el villano se percibe claro desde las primeras páginas. Corso es un hombre marcado por Autumm, aquel asesino en serie al que persiguió porque mataba mujeres y que finalmente le arrebató lo que más quería. Tras eso ni siquiera ha continuado en la policía. Se adhiere de este modo al clásico investigador marcado por su pasado con una vida un tanto disfuncional que convierte la investigación en el centro de su vida. Solo que en este caso lo retira y nos presenta a Vincenzo como sucesor que no quiere desligarse de Corso al que une a su equipo en el que no puede faltar una mujer inteligente obligada a demostrar su valía. Y si esta vez hablo de los personajes de una forma más extensa de lo habitual es porque Longo hace un trabajo de desarrollo que permite al lector conocerlos y reconocerlos, quedando claro que es una novela que nace con vocación de apertura de serie. Marcada por esto y con un asesino en serie en ciernes, quizás lo que me haya sorprendido más de la novela es la cuidada narración que nos regala el autor en la que las descripciones trascienden lo terrenal para dar una ambientación lánguida y cargada de tinieblas que dan una carga extra al carácter de sus personajes y que consigue "tragarse" al lector, hecho que unido a las referencias literarias dejadas por su protagonista diferencian este título de los mil más que hay en el mercado y con los que guarda similitudes.

     En un momento en el que los títulos de novela negra parecen multiplicarse durante la noche y en el que se encuentran demasiadas similitudes entre ellos ha sido refrescante leer algo un poco más elaborado y, aunque no sé si seguiré con la serie (empiezan a ponerme nervios las serie de titantos libros) tengo que reconocer que la experiencia de lectura de este título ha sido positiva.
     El caso Bramard es una novela entretenido, sin tensiones sexuales entre los personas, sin parejas enfadadas porque dedican mucho tiempo al trabajo y con un final que, sin ser sorprendente, es verosímil. Y eso es, para mi, vital en las novelas.

     Y vosotros, ¿con qué libro empezáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 11 de enero de 2023

Stoner. John Williams


 

     "William Stoner entró como estudiante en la Universidad de Missouri en el año 1919, a la edad de diecinueve años. Ocho años mas tarde, en pleno auge de la Primera Guerra Mundial, recibió el título de Doctorado en Filosofía y aceptó una plaza de profesor en la misma universidad, donde enseñó hasta la muerte en 1956. Nunca ascendió más allá del grado de profesor asistente y unos pocos estudiantes le recordaban vagamente después de haber ido a sus clases. Cuando murió, sus colegas donaron en su memoria un manuscrito medieval a la biblioteca de la Universidad. Este manuscrito aún puede encontrarse en la Colección de Libros Raros, portando la siguiente inscripción: "Donado a la Biblioteca de la Universidad de Missouri, en memoria de William Stoner, Departamento de Inglés. Por sus colegas"." 

     Todos los años por estas fechas recuerdo una lectura y es que utilizo las Navidades siempre para releer algo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Stoner. 

      Conocemos a William Stoner, hijo de granjeros que empieza a estudiar en la universidad para desentrañar los misterios de la tierra y poder ayudar a sus padres. Sin embargo, una vez en la universidad, se enamora de las letras y estudia literatura cambiando así su vida. Una vida que atraviesa un periodo histórico con dos guerras, la gran crisis del 29 y cambios, muchos cambios que vivirá... a su manera. 

      Stoner es uno de esos libros que pasaba desapercibido hasta que el boca a boca le dio un lugar en más estantes de los que nadie hubiera pensado. No es una novedad, como ya he dicho se trata de una relectura y tampoco lo era cuando llegué a él pero sólo eso, sino que añadiría que a primera vista cuenta una historia muy común, una vida simplemente. Nada que atraiga especialmente la atención, no hay asesinatos, robos ni tampoco intrigas. Y sin embargo es un libro especial que poco a poco se va abriendo paso entre los lectores. Y no podía ser de otro modo porque es una gran novela. Ya cuando la abres y se sitúa en un periodo en el que otros libros hablan de hambre y de salida más o menos reticente de las granjas de Estados Unidos, vemos que los padres de Stoner toman una opción radicalmente diferente: ellos piensan en la Universidad, en ese momento ya percibes que es una historia distinta. Es una historia sencilla escrita de una forma sencilla, cercana. Una historia humana que hace que se coja cariño a los personajes. Los vamos recordando a todos porque William es nuestro amigo, y sabemos de su amor tardío que nos tiene aguantando la respiración porque se lo merece, y de su amor formal, ese que figura sobre el papel. Conocemos a sus compañeros de trabajo y también a sus amigos, nos acercamos a su hija y también a sus padres. Casi con reverencia por haberle permitido salir de la granja. Y también a Sloan, ese profesor que aterra y que es capaz de ver el interior de los alumnos, ese que hizo que a las pocas páginas de empezar el libro tuviera que detenerme para tomar aire y releer, con la misma emoción contenida ante sus palabras que la que intentaba no mostrar nuestro protagonista. Tengo que decir además que no fue la primera vez que me pasó. La novela conmueve porque Stoner es nuestro amigo, porque sabemos que la gente se suicidaba en el 29, porque nos habla de sentimientos y de infelicidad, de amor y de pasión y de una vida que se nos antoja relativamente infeliz para un hombre que va encajando la vida sin esconderse, pero que tampoco lucha por las cosas. Un hombre al que vamos viendo marcarse a fuego cicatrices y que tal vez, a ratos, nos parezca condenado a perder. pero como ya he dicho es una historia sencilla, o como diría el propio Stoner: ¿Qué esperabas?

     Cuando realicé la primera lectura me habían contado el final en la primera página. Lo habéis visto en el párrafo que pongo, y aún así, cuando llegué al final, lloré. Ahora había pensado eso de que soy una lectora más madura y que el libro ya lo tenía más que sabido, que era imposible que me volviera a suceder. Además, es extraordinario que me emocione con un libro o una película. Y sin embargo, aquí estoy confesando que me ha vuelto a pasar. 
Dicen por ahí que hay libros que apelan al cerebro y que hacen que el lector se concentre y trabaje para exprimirlos hasta la última gota. Son libros como La broma infinita y como cualquier de Pynchon o Ulisses. Esos que si a uno no le gustan tiene la sensación de no estar a la altura. Otros como Stoner apelan a los sentimientos y al corazón del lector. Se trata de libros como Una madre que la gente lee emocionada y que a uno le llegan y los disfruta o le dejen indiferente y tiene la sensación de estarse perdiendo algo que el resto del mundo es capaz de ver. Con los segundos suelo tener un problema. Por eso ha sido un placer releer Stoner. Porque me ha vuelto a conmover incluso conociendo cada línea de la historia.
     Hace poco preguntaba en twitter por un libro que hubiera hecho llorar y se multiplicaron las respuestas. Anoté muchos buscando esa conexión y este año los iré intercalando con otras lecturas porque, si algo me gusta de un libro, es que sea capaz de no dejarme indiferente. Que logre que algo cambie mientras lo leo, que la historia se convierta en mía y me olvide de que son simples letras. Libros que cuando uno termina solo puede decir de ellos que son especiales, aunque, como Stoner, no tengan nada fuera de lo común.

     Hoy recomiendo, por segunda vez en este blog, Stoner.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 9 de enero de 2023

La intuicionista. Colson Whitehead

 


·Es un ascensor nuevo, recién acoplado a los rieles, y no fue construido para caer tan rápido".

     A veces la reedición nos da alegrías, como una opción de leer libros que nos pasaron de largo en su día. Por eso hoy traigo a mi estantería vertical, La intuicionista.

     Conocemos a Lisa Mae Watson,  la primera mujer negra en graduarse en el Instituto de Transporte Vertical y por lo tanto la primera en trabajar para el Departamento de Inspectores de Ascensores. Tanto por color de piel como por género. Esto es importante porque vivimos en una sociedad en la que el transporte vertical es vital hasta el punto de que su estudio comienza en las escuelas en las que no solo se trata de ingeniería, si no también de una suerte de filosofía de vida. Por eso hay intuicionistas. Y es que frente a quienes reparan los ascensores sabiendo cada detalle gracias al manual, están aquellos que sienten lo que les sucede en cuanto ponen un pie en la cabina: y Lisa pertenece precisamente a los segundos. Y entonces un ascensor revisado por ella cae de una altura 11 y la trama cambia para convertirse en una novela de acción con espías, sicarios y secretos. ¿Sobre qué? Pues ya lo habéis leído.

     Una de las cosas que más me sorprendió del libro es que tratase de ascensores. Y es que Whitehead ya sabemos que se despega del mundo, pero orquestar una trama sobre ascensores, técnicos y técnicos que se inspiran me parecía algo tan descabellado como para leer el libro apenas lo llevé a casa. Y el autor, lo digo desde ya, me convenció. a través de su razonamiento y anécdotas logró que leyera por ejemplo sobre las bondades de los últimos destornilladores del mercado y no me pareciera ridículo, solo diferente. Dividida la historia entre Arriba y Abajo estaba claro que la importancia de este medio de transporte iba a ser vital, tanto como para orquestar la búsqueda del ascensor perfecto en una suerte de metáfora que va más allá del racismo expuesto desde la primera parte de la historia, algo que parece ir de la mano de las novelas del autor.

En esta ocasión Whitehead crea mucho más que una historia ya que la dota de una ubicación temporal y también de una historia y una mitología que aparecen en forma de flashbacks que se van entrelazando con las diferentes subtramas para disfrute del lector que ha decidido creer lo que le están contando. El autor para lograrlo no solo brilla en su originalidad, también en su humor que algunas veces le autoincluye, y, sobre todo, en la forma de narrarlo. Y es que no me cabe ninguna duda de que estamos ante una de esas novelas que dicen tienen lecturas en varias capas y que un lector habitual solo es capaz de acceder a ellas mediante una relectura que le permita recogerlas una vez ha identificado el racismo durante su primera vez. Verá por ejemplo que donde Otis introdujo uno de los avances que caracterizan una sociedad moderna llena de rascacielos, Whitehead le da al invento la honorabilidad y el prestigio en un Nueva York un poco más antiguo y bastante más oscuro del existente en la actualidad. Un prestigio, por supuesto, de hombres, que da la noción de la notoriedad y relevancia que tendría aquel que tuviera la capacidad de fabricar un ascensor perfecto como el que nombraba Fulton (padre de los intuicionistas). Y es que sobre este punto bascula una gran parte de la trama de intriga.

     La intuicionista es un trabajo titánico que vive en una metáfora constante sobre la elevación de la sociedad a puntos mejores, la eliminación de un prestigio parcial y la importancia de poder salir de las chozas inferiores a lugares marcados por la igualdad. Más allá de eso es un libro divertido, diferente, alambricado en ocasiones y un verdadero placer como lectura para quienes gocen de aventurarse entre letras. Una más que grata experiencia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

El regreso de Carrie Soto. Taylor Jenkins Reid

 


     Se da el caso no solo de que me gusta el tenis, además este año en un par de hilos de twitter comenté que leo pocos libros relacionados con el deporte en general. Por eso, y porque recojo cada sugerencia, hoy traigo a mi estantería virtual, El regreso de Carrie Soto.

     Conocemos a Carrie Soto, la mejor jugadora de tenis hasta la fecha. Con más de 20 títulos de slam y una feroz competitividad en tenis fue el centro de su vida durante mucho tiempo sin importarle ni siquiera la mala prensa por su carácter. Y hace seis años, se retiró de las canchas. Ahora Carrie está de espectadora en el Abierto de 1994 y asiste al espectáculo que da la magnífica tenista Nicki Chan, quien tiene la osadía de romper su récord. Algo se remueve entonces en su interior y Soto decide regresar a las chanchas para recuperar su récord. Haciendo gala de toda su determinación no duda en entrenar sin importarle con quién o lo que digan de ella en los medios, no le importa si toman en serio su palabra, solo tiene un objetivo que se convierte en la necesidad de demostrar que puede hacerlo.

     Si hubiera empezado hablando de la lucha de Carrie Soto para lograr ser la mejor, de su entrenador que es su padre y de todos sus sacrificios, vuestra visión de la protagonista sería muy diferente. Pero nada real. Soto es un personaje brutal y salvaje con una determinación y un carácter que atraviesa la novela para otorgarle un realismo que no necesita ir de la mano de la simpatía. Tampoco es simpática con ella misma, es más, ahí es donde más exige, más letal se muestra. Reid bucea en el personaje tanto como en el mundo del tenis que, por extensión, se pude percibir como el mundo del deporte profesional: las largas jornadas, los golpes, la competitividad, las envidias... todo está dentro de la novela que se complementa con artículos y referencias que aportan a la protagonista una dosis de credibilidad que hace dudar al lector sobre si realmente existió. Y ese es precisamente el éxito de la novela: la tridimensionalidad.

La autora, que llegó a las manos de los lectores de mano de novelas como Los siete maridos... tiene, para quienes nos hemos impacientado en seguir leyendo su obra, guiños fácilmente identificables a alguna de ellas, lo que permite crear una corriente de complicidad con el lector habitual que se siente casi privilegiado por saber recogerlos.

     He disfrutado mucho con El regreso de Carrie Soto. Sobre todo porque me ha quedado claro que a Carrie le importaba entre cero y nada lo que yo pensara de ella. No iba a cambiar.

     Y vosotros, ¿sois de los que os sentís bien cuando recogéis guiños del autor en una obra?

     Gracias.

lunes, 12 de diciembre de 2022

El diciembre del decano. Saul Bellow


      "Corde, que llevaba la vida de un ejecutivo en Estados Unidos -porque, después de todo, ¿no es un decano una especie de ejecutivo?-, se encontraba ahora a nueve o diez mil metros de distancia de su base, en Bucarest, en pleno invierno, encerrado en un elegante apartamento".

     Una de las cosas buenas que tiene colocar libros es que siempre aparece alguno que no habías leído. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El diciembre del decano.

     Conocemos a Albert Corde, decano de periodismo en la Universidad de Chicago. Está casado con  Minna, una astrónoma rumana de fama internacional y ahora su madre ha sufrido una suerte de derramen que la ha llevado al Hospital del Partido Comunista. Han ido a verla, claro, y se han encontrado con un problema digno de Kafka. De cinco días tuvieron una visita formal, otra que se buscaron la vida y una tercera frustrada por haber hecho la segunda de aquella manera. Y así es como Corde acaba en el apartamento junto a la hermana de su esposa pensando, bebiendo y teniendo algún encuentro que ayuda a que avance la teoría del autor.

     Bellow, con una paciencia kafkiana, recorre las vicisitudes para lograr enterrar a la madre de Minna, que finalmente muere, y muestra paso a paso cada pequeño problema y signo de corrupción en Rumanía mientras la esposa de su protagonista parece aislarse. Y entonces regresamos a Chicago, ciudad que ya habíamos conocido mediante recuerdos en los que nos ponían al día de la situación dejada por Corde mientras que Bellow nos daba muestras de una suerte de similitudes que el lector va recogiendo poco a poco hasta llegar convencido al reencuentro de la ciudad con los protagonistas. Y es porque Corde escribió sobre la muerte de un chico al que tuvo que identificar y se metió de lleno en el tema de la violencia dentro y fuera de prisión sin importarle nombres y parece que tampoco demasiado el hecho de no tener apoyos ni siquiera dentro de su propia familia. Bellow entrega entonces a un protagonista extremo, que no tiene pelos en la lengua y con un carácter que el lector intuye está a punto de explotar y, y por esto me ha gustado la novela particularmente, no tiene problemas en ser extremo en su instantánea social, se embarra sin perder el sentido del humor basado más en los juegos que en las propias palabras, y deja una novela deslumbrante que avanza rápidamente pese a su extraña disposición.

Pudiera decirse, por supuesto, que estos saltos y extremos indignados aceleran la trama y provocan la sensación de lectura rápida, por supuesto. Pero la novela es compleja. La disposición orquestada de momentos y fragmentos, la anticipación del lector al regreso, la mujer impedida, el abogado que es a la vez familia del protagonista pero defiende al otro lado, cada pieza, cada acto, forman parte del puzle que constituye esta novela con un reflejo social bastante crítico de un mundo lleno de problemas que solo puede mejorar si somos capaces de poner nuestra atención en ellos.

     Me ha gustado El diciembre del decano. Disfruto muchísimo leyendo a este autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.