miércoles, 28 de febrero de 2018

Mar Blanco. Claudio Giunta


     "Al principio se ve una mancha negruzca y alargada en movimiento. 
      Hay que esperar unos segundos: un fogonazo, un temblor brusco de la cámara y la película se vuelve más nítida. La mancha es una larguísima hilera de personas, hombres y mujeres con las bolsas de la compra —uno piensa en bolsitas de nailon, después se acuerda de que en esas fechas no es posible—, vigilados por otros hombres y mujeres vestidos de civiles, fusil en mano. Todo el mundo sonríe, vigilantes y vigilados. Luego se ve a otra gente que baja de una barca, solo hombres en esta ocasión, encorvados bajo el peso de cestas y fardos que cuelgan de sus hombros. Alguien mira a la cámara, pero ahora nadie sonríe. Y todos, los hombres, las mujeres, los guardias, pasan a través de una verja coronada por una inscripción en cirílico. Dentro, en una explanada enfrente de un edificio oscuro y alargado que podría ser un dormitorio, están todos en fila y se numeran. Uno por uno, se giran hacia el vecino de su izquierda, dicen algo —la película es muda, pero está claro que cada uno de ellos dice un número o un nombre— y luego le toca al siguiente".

     Esta vez han sido cuestiones personales las que me han llevado a mi lectura. Básicamente, mi relación personal con la zona en que se ambienta es lo que provocó que no me pudiera resistir. Así que hoy traigo a mi estantería virtual, Mar Blanco.

     Estamos en las islas Solovetsky, en el mar Blanco, un lugar con una historia relacionada con monjes y gulag que ahora recibe ayuda de voluntarios a través de la Unesco para reconstruir su monasterio. Hasta allí llega el mediocre periodista italiano Alessandro Capace acompañado de Julia, una mujer que lo deslumbró en su juventud con la que se volverá a poner en contacto para que le haga de intérprete, para investigar la desaparición de tres jóvenes florentinos.

El monasterio Solovki. Islas Solovki, lo que fuera archipiélago gulag

     Capace es el narrador y absoluto protagonista de esta novela. Es un hombre en la treintena que quiso ser escritor y luego fue gran promesa del periodismo pero que ahora se mueve en la mediocridad. Su vida es mediocre con un matrimonio fracasado, un hijo que no termina de despertarle ese instinto paternal que ve en otros, y no demasiadas ganas de tomar las riendas de su vida y su futuro. Quizás por eso no le importa viajar hasta Rusia acompañado de la que fuera belleza de su universidad. El caso es que se alza poco a poco como un gran protagonista en una historia que tiene mucho de misterio pero que va más allá de ello mostrando al lector el trabajo de un periodista. Y no lo hace al modo de un héroe que se deja la piel, Capace no es así, él es un hombre que no tiene pudor al documentarse de forma creativa y añadir dos fotos de google. Sin embargo, y tal vez porque los tres desaparecidos le rondan en años y son de su misma ciudad, se siente cada vez más atraído por el misterio de la isla y la desaparición de Enrico, Fabio y Francesco, y se sumerge ayudado por un cuaderno de notas, en la oscura historia local. Descubriremos así a personajes entrañables como Valentín, a los caciques locales que dominan la isla, veremos un vestigio de la historia soviética más triste y también nos dejaremos arrastrar por la investigación que realiza.
     Capace es un personaje que crece a medida que avanza la historia, que se confunde y no oculta sus imperfecciones e inseguridades, pero que de algún modo se sentirá obligado a llegar hasta el final del misterio pese a que desde las primeras páginas sabemos que no tiene esperanza alguna en encontrar a los jóvenes con vida. Quizás sea eso unido a que las autoridades tanto locales como internacionales, no parecen dispuestas a investigar mucho, lo que le impulsa más allá de lo razonable. Y a nosotros con él.

     Mar Blanco es una buena novela, entretenida y bien estructurada cuyo argumento difiere de los habituales en las novelas de misterio que podemos encontrar en este momento en las librerías. El autor cuida mucho los detalles y, pese a lo exótico de la ambientación, no aburre con largas descripciones ni con avalanchas de datos en un intento de demostrar una extensa documentación. Me ha gustado, seguiré la pista de Claudio Giunta.

     Y vosotros, si podéis elegir ¿os gustan los libros que se ambientan en parajes que conocéis o en otros lejanos y diferentes a vuestro entorno?

     Gracias.

lunes, 26 de febrero de 2018

Madre de leche y miel. Najat El Hachmi


     "Hablaré con vosotras, hermanas, hablaré para deciros cuanto queréis escuchar. Esta voz mía os narrará los hechos que desconocéis de aquella que salió del mismo vientre que vosotras. Dadme té para calentar mi agua y cerrad la puerta, porque estas palabras mías no pueden salir de aquí. Son solo para vosotras, vosotras que podéis entenderlas y guardarlas".

     Conocí a Najat El Hachmi con La hija extranjera y me fascinó la historia y también la honradez de sus palabras, la falta de pudor a la hora de relatar "lo que no se dice". Por eso en cuanto me enteré de que aparecía este título anoté la fecha. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Madre de leche y miel.

     Conocemos a Fáctima cuando regresa a su casa y se sienta rodeada de sus hermanas. Allí mismo percibe que están ávidas por conocer su historia y comienza a relatarla, intercalando la autora el relato oral de Fátima, con los recuerdos de su niñez.

      Najat El Hatchmi nos cuenta en esta novela la historia de Fátima, que es la de muchas mujeres. Una joven que vive inmersa en las tradiciones del miedo y el respeto, del matrimonio concertado y las costumbres y el temor a ser una perdida. Una mujer normal en su sociedad que, un día, deja todo atrás para seguir a un marido a España y descubrir una vez allí que él no la está esperando. Fátima, que salió sin saber el idioma y desconociendo las costumbres de la sociedad a la que se dirigía, ella que con apenas unas pocas pertenencias se aferraría a su hija Sara, llevándola consigo mientras intentaba superar el miedo a lo desconocido que la rodeaba. Porque esta es la historia que relata años después a las que llama sus hermanas: la historia de una mujer que partió con su hija hacia una vida nueva.

      La autora es capaz de poner en la voz de la narradora el tono preciso para cada sentimiento. Así recorremos con ella los años de incertidumbre en el nuevo país, y el miedo, esa constante sensación de estar, como ella dice, estar sobre una cuerda suspendida en el aire. No serán miedos solo a las nuevas costumbres, Najat El Hachmi se mete en la historia para relatarnos los miedos más profundos, esos que se traía consigo y que tuvo Fátima de niña y que ahora proyecta en su hija: tendrá miedo de que se fugue, de que se pierda, de que sea una descarada, temerá que estudie más y es que, como ella misma le dice a sus hermanas: tal vez ahora al contarlo todo parezca ordenado, pero pasé muchos años de incertidumbre. Fátima no podía saber lo que estudiaba su hija porque no lo entendía, temía que fuera una desarraigada, su hija era una extranjera que no quería seguir costumbres ni teñirse de henna.

     Comenzaba hablando de La hija extranjera, relato de una joven que lucha con las tradiciones del país al que llega, a la vez que lucha con las que trae consigo en una casa con una madre que conserva un trocito de su patria entre cuatro paredes. Al leer Madre de leche y miel, he tenido la sensación de estar cerrando un círculo, leyendo la otra versión de la historia que encaja a la perfección con lo sabido, completando así el relato de la vida de los inmigrantes musulmanes que llegan a nuestro país.

     Madre de leche y miel habla de las luchas internas más que de las externas, de las batallas diarias, y también del amor que siente Fátima por su hija. Es una historia conmovedora sobre una vida que tal vez sea la de esa mujer en la que reparamos más o menos y que vive en nuestra misma calle.Me ha gustado, he aprendido y me ha conmovido la historia de Fátima.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 23 de febrero de 2018

Teoría de King Kong. Virginie Despentes


     "Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro."

     Si hablamos de Fóllame o de Subutex, es fácil que nos venga a la cabeza la cara de su autora, y quizás sea ese el motivo por el que la editorial ha decidido rescatar este título. Hoy traigo a mi estantería virtual, Teoría de King Kong.

     El feminismo es algo necesario que vemos reivindicar cada día: la igualdad, la necesidad de cambios, sueldos, vidas, denuncias, abanicos y vestidos como símbolos de una voz colectiva que exige un cambio en la sociedad.  Pero este libro no trata de eso. Ya en su primera página, Despentes de define como proletaria del feminismo y uno lo va comprendiendo a medida que avanza en la lectura de King Kong. Despentes no habla para mujeres que reivindican desde una posición, y tampoco les resta mérito a quienes lo hacen, pero ella habla desde la base de la sociedad, habla de las mujeres de la calle, las prostitutas, las amas de casa, esposas y cuidadoras. Habla de la mujer que un día fue ella y también de las que le contaron sus vidas tras conocer su obra Fóllame y aunando estas voces publicaba en 2007 un libro que tardaría dos años en llegar a nuestro país por primera vez.

     Teoría de King Kong es una lectura a ratos incómoda en la que la autora no se despega de un lenguaje directo, incluso rudo, que le asegura un impacto aún mayor de sus palabras en quien lo lee. Nos habla de feminismo y, aunque su voz es individual durante la mayor parte del tiempo, colectiviza la posición de la mujer en una sociedad que sigue identificando a la mujer de éxito y poder con una imagen masculinizada. Habla de prostitución, de la imagen de ella y de lo que nadie le dice a las putas, del porno y también del matrimonio como una suerte de contrato con condiciones convenidas implícitas aceptadas por todos. Y habla de victimismo, de ese momento en que una mujer es víctima dos veces tras sufrir una violación, de la educación en la no defensa para... que se recibe en la actualidad y uno tiene la sensación de escuchar como sube la voz de Despentes hasta convertirse en un auténtico grito en la parte del texto dedicado a las violaciones. Virginie escribe, a ratos rabiosa, escupiendo casi aquello que ve y que cree que necesita ser dicho en voz alta, habla del capitalismo una y otra vez y de la falta de valor a la hora de considerar determinadas tareas. Por supuesto, la maternidad tampoco escapa a las palabras de esta mujer.

     Uno la imagina enfadada, casi irreflexiva, escupiendo todo lo que ve que está mal, y quizás por eso o porque escribir el texto perfecto es imposible, se le aprecian contradicciones. O tal vez sea por eso de que hay lugares en los que es imposible colocarse entre el blanco y el negro, a mi me pasa y ha sido casi un alivio ver que en este libro sucedía un poco lo mismo: es decir, no está bien convertir el feminismo en un acto social de lavado de cara y marketing pero está bien al mismo tiempo que lo hagan de forma explícita y pública quienes de este modo le dan visibilidad a un cambio necesario que se pide a gritos. Porque no nos engañemos, ese es el mundo en el que vivimos y ambas realidades son necesarias para poder alcanzar el equilibrio. De hecho, y salvo el significado que parece otorgar esta mujer al matrimonio que me ha parecido un poco anticuado, si algo caracteriza este texto es precisamente eso: el realismo.

     Teoría de King Kong me parece un libro necesario, casi imprescindible en el momento en el que estamos. No hay más que echar un vistazo a las noticias para darnos cuenta del camino que nos queda: ver que una teta es más noticia que la medalla de plata de quien involuntariamente la muestra, fijarnos en sueldos, trabajos, violaciones, abusos y también en los pequeños gestos que condicionan la sociedad actual.
     Leamos a Despentes, es una de las voces más interesantes de las letras francesas. Yo estos días estoy terminando su Trilogía Subutex. Ya os contaré.

     El ensayo es un género que parece dar miedo a muchos lectores, como si la simple palabra fuera la promesa de una lectura aburrida. Sin embargo, una vez que uno se anima, descubre que hay títulos magníficos que se había perdido por una idea preconcebida sobre esa palabra: ensayo. Y vosotros, ¿os acercáis a este género literario alguna vez?

     Gracias.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Bajo el árbol de los Toraya. Philippe Claudel


     "Nosotros enterramos a nuestros muertos. O los quemamos. Nunca se nos habría ocurrido confiárselos a los árboles."

     Claudel tiene una forma especial de escribir que muchos descubrimos con Almas grises. Tiene una suerte de tristeza perenne en su todo que no consigue despegarse ni en los buenos momentos. Quizás por eso me ha costado acercarme a este libro cuya naturaleza triste se intuía ya en la sinopsis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Bajo el árbol de los Toraya.

     Esta vez conoceremos al narrador, y alter ego más que probable del autor. Realiza un viaje a Indonesia y descubre la forma que tienen en una zona de encarar la muerte. Con ella aún en la memoria, recibe la noticia de que su gran amigo Eugène tiene cáncer. La muerte de su amigo le servirá para hacer un recorrido sobre los muertos que le han rozado, pero también sobre su propia vida y las mujeres que han pasado por ella.

     La muerte siempre ha sido un tema complicado, tanto en la vida como en la literatura. Y en esta última, recurrente. Quizás por eso Claudel ha querido dedicarle un libro a ella y concederle una doble lectura que representa perfectamente en la tradición funeraria de Sulawesi, Indonesia. Allí, como el narrador y cineasta descubre en un viaje, cuando un niño muere, es depositado en el tronco de este árbol como si se tratara de un féretro vivo. El árbol, herido en su corteza, va sanando y cerrándose manteniendo en su interior el cuerpo del niño, convirtiéndose en un féretro ahora vivo que sigue creciendo hacia el cielo. Esta costumbre tan chocante, intenta tener algo de curativo también para los padres que han sufrido la pérdida. Para cualquier persona ajena, no deja de ser una costumbre chocante, quizás por eso la usa Claudel en su libro: la muerte y frente a ella, la vida. La muerte, el dolor, el duelo y, frente a ella, la capacidad del ser humano para recomponerse y seguir adelante.
     En la trama, el gran amigo muerto: la noticia, la llegada del inminente final, el recuerdo de sus últimas palabras. Los muertos en la vida del viejo protagonista: el padre, el compañero de alpinismo, el suicidio, convivir con la muerte... su exmujer y el niño muerto... las formas de aceptarlo: divergencias. Pero no aparecerá solo Florence, también hablará de su relación con una mujer croata, incluso una doctora tendrá relevancia. Todo ello son ingredientes para una vida y en toda vida ronda la muerte. Volvemos a ese rito casi homenaje a la vida que se realiza en Indonesia y reflexionamos junto al narrador sobre la necesidad de no olvidar a los muertos, pero también la de sobreponernos y seguir adelante. Y todo ello con el estilo de Claudel, la calma, la cultura rondando, la música, el capítulo en el que Kundera aparece por ejemplo, es sin duda alguna lo mejor de esta novela.

     Claudel es escueto, para mi gusto demasiado en un momento en el que a muchos libros parecen sobrarles páginas. Me hubiera gustado que se extendiera un poco más, que desarrollase algunas preguntas, que se terminara de mojar y me obligara a mojarme a mi. Me he quedado con las ganas de decírselo al propio libro a medida que se acercaba el final. ¡venga, que tu puedes, estruja un poco, haz que sangre! Pero no lo llega a hacer. Quizás porque en ese caso se hubiera perdido el homenaje a su amigo muerto, a la amistad entre ambos, a esa relación especial que se tiene con quien se es afín y que hace pensar que habla de su amigo Jean-Márc Roberts, editor fallecido en 2013.

     Pienso, porque este es uno de esos libros que obligan a pensar, que quizás sea este libro el ataúd vivo de papel que le entrega a su amigo, su propio rito no exento de poesía o de vida. Que sus reflexiones sean la forma de afrontarlo y que cada lectura sea un avance en el proceso de cicatrización de un árbol convertido en papel. O tal vez esté dándole demasiadas vueltas debido a la lectura, poco importa. el caso es que me gustan los libros que me hacen removerme, aunque sea a ratos incómoda. Eso es lo mejor que tiene Bajo el árbol de los Toraya, su poso, la permanencia en la mente del lector. Eso y el placer que es leer a Claudel.

     Comentaba hace apenas unos días un  escritor al que admiro que casi todos libros tratan de amor o de muerte, excepto los que trataban de amor y muerte a la vez. Puede que tenga razón, ¿qué me decís vosotros, son vuestros temas recurrentes en las lecturas realizadas?

     Gracias.

lunes, 19 de febrero de 2018

Gloria. Vladimir Nabokov


     "Por extraño que pueda parecer, el abuelo de Martin de apellido Edelweiss era suizo: un suizo robusto de bigote frondoso que en la década de 1860 había sido tutor de los hijos de un terrateniente de San Petersburgo apellidado Indrikov, y se había casado con su hija menor."

     Con motivo del cuarenta aniversario en 2017 de la muerte de Vladimir Nabokov, Anagrama plantea recuperar en la Biblioteca Nabokov el nombre del autor más allá de Lolita o Pálido Fuego, destacando por ejemplo, la preciosa Agenda literaria para este 2018. Uno de los títulos de reciente aparición en dicha biblioteca es este que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Gloria.

     Conocemos a Martin Edelweiss que huye de Rusia junto a su madre antes de la Primera Guerra Mundial. Su vida en Rusia fue cómoda hasta ese momento. Su huida les lleva a atravesar distintas fronteras hasta, finalmente, Suiza, donde Martin es testigo del primer choque cultural. Finalmente, Martin es enviado junto a la familia Zilanov a Londres y matriculado en Cambridge. Alumno capaz, dotado para los deportes y atraído por la literatura rusa, no puede evitar enamorarse de Sonia, la hija de la familia Zilanov fraguando además en esta época, una gran amistad con un británico de nombre Darwin y aficiones literarias. Martin se empeña en buscar una proeza que le de la gloria y además, impresione a Sonia. En una última, su empeño se centra en volver a Rusia.

     Gloria fue escrita a principios de los años 30 en ruso y traducida por el propio Nabokov junto a su hijo en los 70. Y es que se sabe que Nabokov escribió al menos en tres lenguas principales: francés, ruso y angloamericano, pero que llegó a manejarse hasta en doce diferentes. Esto hace que sus libros oculten juegos de palabras, acrósticos, palíndromos, ritmos y guiños basando en la propia sonoridad de algunos nombres... y, por supuesto, conocerlos lleva la lectura de cualquiera de sus obras, a un nivel totalmente diferente y, en mi caso, absolutamente sorprendente.
Gloria llevó como título original Podvig, hazaña, proeza, pero entiendo que el título en castellano se refiere también al sentimiento de orgullo que uno tiene tras conseguir dicha proeza. Orgullo que en este caso, tal vez le lleve a los brazos de la mujer a la que quiere impresionar. Y es que en esta historia ya aparecen algunos de los temas recurrentes en Nabokov, los emigrantes, la nostalgia, el amor, la frustración... todos ellos son ingredientes indispensables en esta novela, incluso siendo de sus primeras obras. Pero Gloria es sobre todo una novela de esas llamadas de crecimiento, bildungsroman que dice la crítica especializada porque se ve que es más preciso ponerlo en una sola palabra.

     La novela, que goza de una prosa magnífica y también de el sentido del humor tan característico de Nabokov tiene escenas magníficas, como la que se produce en un precipicio y está relacionada con el apellido del protagonista, y un final de esos propios de quien la firma, que, si bien nos va dirigiendo a él desde aproximadamente la mitad de la novela, pareciera que nos hace, además, encargados de ser nosotros los que cerremos la puerta. Y aún así no podemos quejarnos ya que las reflexiones de Darwin durante el camino son fantásticas. Martin es un protagonista sólido que se debate entre las opciones que uno tiene cuando se sabe presa de una obsesión, en este caso por Sonia. A él le llevan a un peligroso viaje, pero hubiera podido ser cualquier otra cosa. Sonia, la musa no siempre musa, no siempre buena, y Darwin, el fiel amigo, son los protagonistas principales de una historia salpicada por otros muchos en la que cada personaje cumple la función precisa que le fue asignada.

     Me ha gustado Gloria. Y creo que esta colección es una gran oportunidad para conocer a Nabokov más allá de Lolita. Una oportunidad para evitar que se convierta en uno de esos escritores de una única novela para la gran mayoría de los lectores.

     Y vosotros, ¿también creéis que hay escritores que quedan eclipsados bajo el peso de un único título de su creación?

     Gracias.

sábado, 17 de febrero de 2018

Regálate una caja literaria... sorpresa


     De un tiempo a esta parte se han puesto de moda los regalos en forma de cajas misteriosas, así que hemos decidido lanzarnos a la aventura e investigar un poco las distintas opciones que podemos encontrar en el mercado. De todas ellas, que las hay gastronómicas, de belleza, de complementos, vinos, productos para bebés... nos hemos quedado, como no podía ser de otra manera, con las literarias.
     Aquí os dejamos una pequeña selección:

      Seven color books

     Nace en la mente de una lectora, como no podía ser de otro modo y toma forma como parte de un proyecto fin de carrera hasta que, finalmente, ve la luz el año pasado. Sus cajas incluyen una novedad literaria y algún objeto relacionado con la lectura, ya sean unos calcetines, una vela o un colgante. Procura tematizar cada caja, además de hacer ediciones especiales en fechas señaladas como la Navidad. La suscripción puede ser mensual, trimestral... al gusto del lector al que, además, pasan encuestas para hacer las cajas lo más adecuadas posibles a los gustos y modas. Es cierto que supera los veinte euros, pero la sorpresa está asegurada.


      Dreams Book Box

     En Dreams Book Box ofrecen una opción un poco diferente. Parten de la división entre una caja compacta y otra de tamaño superior incluyendo ambas tanto libros como lo que ellos llaman golosinas literarias. Las golosinas literarias son, como no podía ser de otro modo, objetos relacionados con la literatura, ya sena velas, tazas o marcapáginas. La cajita pequeña, Light Dreams, tiene un libro y una o dos golosinas y su precio es de 19.90 euros, realizándose descuentos dependiendo de si uno se acoge a la suscripción mensual o por un periodo de tiempo superior. La caja Star Dreams que también incluye una novedad literaria que se publica el mes de suscripción, trae consigo hasta cinco golosinas literarias y su precio es diez euros superior a su hermana la pequeña.


      Café y letras

     no engañan con el nombre. Sus cajas literarias incluyen un dos libros y una taza, porque no hay mejor placer que tomarse un buen café caliente junto a un libro en las tardes de invierno. Su precio es de 26.95 y en esta ocasión es sin suscripción, nada de renovaciones automáticas o packs.


      Bookish

     Quizás la más conocida por la mayoría de vosotros. En bookish nos ofrecen en cada caja una novedad literaria, lo que ellos llaman un mapa de lectura y también algún complemento para que pasemos un rato estupendo leyendo. La suscripción mensual es de 24,90 euros y una de sus peculiaridades es la caja, totalmente personalizada y con una cuidadísima estética.


     Y hasta aquí la selección. A fin de cuentas a todos los lectores nos gusta que nos regalen un libro y muchos sufrimos de entornos que dicen no atreverse porque "seguro que ya lo has leído", y eso hace que nos quedemos sin el libro regalado. Así que, ¿por qué no hacernos un regalo nosotros mismos que además incluya el factor sorpresa? Juguemos a que somos nuestro amigo invisible, al menos una vez.

     No sé qué os ha parecido la idea o si vosotros habéis probado alguna de estas opciones, o de otras similares, así que ¡contadme!

     Gracias.

viernes, 16 de febrero de 2018

Ordesa. Manuel Vilas


     “Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas. Ojalá hubiera una forma de saber cuánto hemos sufrido, y que el dolor tuviera materia y medición. Todo hombre acaba un día u otro enfrentándose a la ingravidez de su paso por el mundo. Hay seres humanos que pueden soportarlo, Yo nunca lo soportaré. Nunca lo soporté."

     A veces ocurre que un libro genera una opinión unánime, no sólo entre la crítica o las redes, sino entre los lectores, vengan de donde vengan. Esos libros me interesan, los que son capaces de unir a personas dispares. Hoy traigo uno de esos libros a mi estantería virtual. Se trata de Ordesa.

     Manuel Vilas es el autor y narrador de este libro y en él, a partir de la muerte de su madre, genera una línea invisible con el fallecimiento del padre nueve años antes para contarnos su interior en una reflexión constante sobre la vida, su vida, la de cualquiera.

     "La Historia es también un cuerpo con remordimientos..."

     Ayer mismo comentaba que pocos escritores son capaces de saltar de público. Menos aún lo son de cambiar de registro. Manuel Vilas es uno de ellos. No sólo porque pase de la poesía a la prosa o de la narrativa a la autobiografía vestida de novela confesional, sino porque se reinventa de una forma casi permanente. Recuerdo haber reído leyendo El luminoso regalo y recordarlo mientras iba absorbiendo la plomiza nostalgia que impregna las páginas de este libro maravillada porque hubieran salido de la misma pluma. Pocos escritores tienen a su alcance esa capacidad. Manuel Vilas sí. Incluso la de generar frase tras frase un texto hermoso, demostrando que lo hermoso no ha de ser necesariamente bonito y alegre.Así lo demuestra una y otra vez en Ordesa al escribir un libro cuya opinión podía resumirse utilizando únicamente frases aparecidas en él.

     "Las tumbas se inventaron para que la memoria de los vivos se  refugiara en ellas..."

     Me ha recordado, no mentiré, a Fernando Marías y su libro La isla del padre. No solo por la evidente relación al hablar del padre fallecido, la ausencia y la memoria, sino por la sensación de estar ante un libro utilizado como desahogo en el que no valen las imposturas y sí la exposición completa al lector como si se tratara de un autoanálisis de esos que hay quien realiza en diván y por horas. Y descubrimos que la vida es tiempo y que todo se resume en amor, vida, tiempo y muerte. Y también la verdad que encierra esa afirmación.

     "Y si dejas de ser hijo, no eres nada."

     La muerte, la pérdida, la nostalgia... son sentimientos constantes que rondan la novela. Pero Ordesa es mucho más que una vida expuesta y un alma abierto. Ordesa habla de la vida, de la de todos: es una novela de vida. En algún momento todo lector encuentra una frase sencilla que se adapta perfectamente a uno de sus rincones más sentidos. Y se siente desnudo. Es muy raro que un libro logre desnudar al lector, y Vilas lo consigue. Vilas se desnuda para desnudar al lector y con él la vida y también, por qué no, la sociedad en la que se produce. Habla también de coches, de monarquías, de miedos, de alcohol y de fantasmas: detalles de vida. Y además, o mejor dicho, y sobre todo, lo hace bien. Lo escribe francamente bien. Muy bien.

     "Conectamos épocas como si nuestros cuerpos fuesen el mensaje."

     No llevaba más de un puñado de páginas y ya tenía claro que esta iba a ser una de mis lecturas de este año. No solo eso, quienes me conocen saben que no suelo llevar libros a que me los firmen, a que me escriben sus autores en ellos. Supongo que para mi tiene algo de simbólico: cuando me compro un libro y me lo leo, el libro es mío. Si tras haberlo leído el autor lo firma, es como si volviera a ser suyo, ya no solo mío. Ordesa siempre será de Manuel Vilas, quizás por eso lo quiero firmado. Y también será mío y de todo aquel que lo lea. Porque, si no ha quedado claro, lo recomiendo. Ordesa es un gran libro, un magnífico libro. Y pocas veces lo digo así de claro: léanlo.

     Y vosotros, ¿ya tenéis alguna lectura que sepáis va a destacar este año?

     Gracias.

     "El dolor es amarillo, eso quiero decir."