lunes, 29 de octubre de 2018
El heredero. Jo Nesbo
"Rover miró fijamente el blanco suelo de hormigón de aquella celda rectangular de once metros cuadrados. Mordió con fuerza presionando sobre el diente de oro que sobresalía ligeramente en la mandíbula inferior. Había llegado a la parte difícil de la confesión".
Nesbo suelta a su archiconocido Harry para dar a sus lectores un volumen independiente. Se agradece. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El heredero.
Sonny Lofthus era feliz hasta que su padre, un admirado policía, se suicida dejando una nota en la que reconoce ser quien pasaba información al principal líder del crimen en Oslo. Para cuando nosotros conocemos a Sonny, han pasado doce años y está en prisión, allí vive con una adicción alimentada por el capellán y una fama sanadora entre sus compañeros. Sin embargo, toda su vida cambia de nuevo cuando un compañero de prisión relata su historia y descubre que quizás la muerte del padre de Sonny no fuera más que una puesta en escena para ocultar algo más.
Así descubrimos a Sonny, en el momento en el que decide que quiere saber qué sucedió realmente con su padre, y este es el punto en el que Nesbo dispara su novela. Sonny luchará por su memoria buscando demostrar que no solo su padre no era el topo, sino que éste sigue en las calles de Oslo y quizás sea uno de los compañeros inseparables de él. Como siempre, Nesbo busca acción, por lo que el capellán aparece muerto, se involucra la policía y nos presenta así a Kefas y también a los malos malísimos de la novela. Y orquesta una novela que tiene todos los ingredientes básicos, desde el policía dicto de incuestionables habilidades, hasta el superior patán, pasando por el gran cerebro criminal. No hay un cliché que se le escape y tampoco un capítulo que no destile violencia. Y no lo oculta, es su sello. Ya lo presenta en la terrible escena protagonizada por una joven y un perro que relata uno de los presos en las primeras páginas. Estás leyendo a Nesbo y tal vez tu estómago no esté preparado, parece decir. Así que los fans de la pluma del autor deberían de estar satisfechos. Sin embargo y esta vez me he tropezado con un problema y es que, como comentaba antes, no le falta ni uno solo de los ingredientes típicos o tópicos del género, del funcionario malo al prisionero lector, Nesbo ha conseguido que quepan en las aproximadamente 520 páginas de esta novela y eso, unido a los giros, acaba afectando a la credibilidad de la historia. Una historia concebida como un uro entretenimiento y cuyos derechos ya han sido adquiridos para ser llevada a la gran pantalla. Bien, si digo la verdad, no me sorprende, promete mucha acción y no dejar un respiro al espectador, sin embargo el lector acaba con la sensación de exceso de interés en ser eso que ahora llaman trepidante y hubiera agradecido un pequeño recorte en la extensión de la novela. Quizás por eso he sido más escueta de lo habitual, pero era eso o enredarme a contar cada detalle, así que lo prefiero resumir en que no hay un inmundicia de los bajos fondos que no aparezca, ni una opción que no se baraje en este mundo marcado por la maldad. Y frente a ellos, el heredero.
El heredero es una novela entretenida concebida para leer sin pensar y tampoco hacerse demasiadas preguntas.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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lunes, 22 de octubre de 2018
Hope. Wendy Davies
"Aprender a olvidar es una de las primeras lecciones que debes aprender cuando el tiempo pasa y tú no. Acabas por darte cuenta de que los recuerdos son cicatrices del alma y que no existen tiritas ni medicinas para corazones llenos de melancolía. El único tratamiento es el olvido.
Y eso es extraño, sobre todo cuando los demás te olvidan pero tú eres incapaz de olvidarlos a ellos".
A veces es algo tan simple como la estética lo que nos conduce a un libro y no miramos autor ni sinopsis. No es frecuente pero pasa. A veces. Hoy traigo a mi estantería virtual, Hope.
Conocemos a Hope, una niña que por una tragedia ha perdido la capacidad de escuchar las palabras. No es sorda, solo que no escucha las palabras. En ese punto tan limitado, con una familia marcada por dicha tragedia, Hope se topa con el Serendipity y su regente, a quien puede milagrosamente oír. Y allí con nuestro narrador, una marioneta de la que ya no querrá separarse. Junto a ellos veremos como Hope crece y vive.
Wendy Davies es un seudónimo tras el que se esconden dos blogueras cuya pasión por las letras les llevó a escribir. Lo cierto es que fue toda una sorpresa descubrirlo, y lo descubrí tras la lectura al ver que hablaban de "las autoras". Y es que, en estos mundos literarios, los seudónimos son cada vez más frecuentes.
Como cuento en cambio es bonito, con moraleja, ternura, su parte trágica y también su crecimiento y consuelo. Básicamente con todos los ingredientes que debe de tener un cuento, incluida una protagonista entrañable y un Pepito Grillo narrador con un punto de sabiduría. Y ese es el modo en el que hay que leerlo, ya que es el único en el que puede sobrevivir.
Hope es un cuento para adultos que, aunque en mi caso no ha llegado a emocionarme, entiendo que ha sido mi problema, ya que no es un tipo de libros al que me suela acercar. No sería demasiado justa si me quedara en lo sensiblero, de hecho casi envidio a todos aquellos que se han emocionado durante su lectura. si buscáis la magia, es vuestro libro.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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viernes, 19 de octubre de 2018
Jules. Henri-Pierre Roché
"En aquel momento la deseé. Estaba contento de pasar mi mano entre sus cabellos, de hacerme cosquillas en los labios con sus pestañas, de tocar la trémula punta de sus senos. Pero cuando la ceñí con mis brazos, cuando, con fuerza, la estreché y me di cuenta de que no se derretía, cuando tuve la sensación, ya me entiendes, de que era sólida, entonces proferí un espantoso grito y huí hacia el jardín..."
Conocí, al igual que muchos, al autor de este libro gracias al cine y al gran Truffaut con una película titulada Jules y Jim. Precisamente por eso, este título se me antojó imprescindible. Hoy traigo a mi estantería virtual, Jules.
Jules es una colección de seis relatos que toma el nombre del primero, aludiendo además a la famosa película. En ellos seis personajes masculinos desvelarán parte de su alma, siempre torturada o excéntrica y, de algún modo relacionada con el arte en casi todos los casos.
Henri-Pierre es un ejemplo más de esos autores tardíos que publican su primera novela a una edad más que avanzada. En este caso, si no me confundo, setenta y cuatro años tenía el autor.Relacionado con las artes, con el mundo intelectual, con Stein, fue coleccionista, amante, pintor, periodista y viajero, dejando en su obra pinceladas de cada una de sus facetas. Siempre más artístico que cronista, no llegó a conocer el éxito en vida ya que este no comenzó hasta que Truffaut se fijara en su obra.
Hablar de un libro de relatos siempre parece más árido ya que uno tiende a desmenuzar la obra relato a relato dejando al lector con poco que descubrir salvo el motivo de haber elegido esos títulos para formar el volumen global. Sin embargo yo prefiero centrarme en lo segundo y no ponerme a explicar cada caso en una lenta enumeración. Roché, a lo largo de sus relatos, nos da seis testimonios masculinos de hombres excéntricos que coleccionan amantes escuchan tras las paredes o se atormentan por lo real del mundo que habitan. Hay finales trágicos y otros que esconden su tragedia en la continuidad de la vida, uno incluso lo hace en un hatillo y se parapeta tras una sonrisa. Hay un tal señor Arisse que llega a dejar perplejo al lector, y un relato que parece apresurarse en las letras más que en el contenido que finaliza en un puro torbellino. Y todo eso lo contienen menos de cien páginas. Pero, sobre todo, lo que uno encuentra en la obra de Roché, es un cierto lirismo que se hace patente en cada historia, en unas de una forma exuberante arrolladora en cada frase, como es el caso de Jules, y en otras es algo sutil, como un telón de fondo en el último relato que os habla de un pastor. Sin embargo, el conjunto da muestra de una sensibilidad que contrasta con la plenitud de cada relato, con una cierta falta de mesura y una tendencia a extremar los sentimientos y las pasiones que provocan en el lector la convicción de haberse enfrentado a una historia completa en cada ocasión, la sensación de conocer a cada uno de los protagonistas, o de los amigos del protagonista que nos narra el cuento. Todas estas sensaciones aparecen porque estamos ante un volumen compacto en el que ninguno de los relatos destaca por ser mucho mejor o peor, donde el favorito del lector no se aleja demasiado de aquél que le ha podido gustar menos. Y eso es lo realmente complicado en los libros de cuentos: conseguir una sensación homogénea en el resultado, acertar en el criterio a la hora de sumar títulos individuales. En mi caso, y sin lugar a dudas, mis favoritos serán Jules y El señor Arisse y quizás el que menos me haya gustado sea el titulado Los papeles de un loco. Pero si me preguntan dentro de unos días, ese criterio podría cambiar levemente debido a la homogeneidad antes mencionada.
Jules es un libro para leer despacio, para disfrutar de cada uno de los cuentos y sus protagonistas, que deja al lector con las ganas de sumergirse en la obra de Roché. Una buena manera de tomar contacto con él y también de mantenerlo en el caso de ser un nombre que ya os resulte familiar. Me ha gustado, me gustan los relatos.
Y a vosotros, ¿os gustan los libros de relatos?
Gracias.
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miércoles, 17 de octubre de 2018
Kentukis. Samanta Schweblin
"Lo primero que hicieron fue mostrar las tetas. Se sentaron las tres en el borde de la cama, frente a la cámara, se sacaron las remeras y, una a una, fueron quitándose los corpiños. Robin casi no tenía qué mostrar, pero lo hizo igual, más atenta a las miradas de Katia y de Amy que al propio juego. Si querés sobrevivir en South Bend, le habían dicho ellas una vez, mejor hacerse amiga de las fuertes".
Me gustó Samantha Schweblin en Distancia de rescate. Seguí su trayectoria: relatos novelas cortas, cortísimas, y me interesó esta desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, Kentukis.
Conocemos un invento tecnológico llamado Kentuki, una suerte de robot que recuerda bastante a los Furby solo que un poco más evolucionados. Lo justo para que sea una persona desconocida quien lo maneje, te siga y reclame tu atención mediante grititos y movimientos. Una posibilidad infinita para no estar solo, y también para que alguien a quien no conoces, se le de la posibilidad de ver toda tu intimidad.
Vivimos en la era tecnológica, la de la sobreexposición en las redes. Un momento en el que ir de vacaciones sin subir una foto o aparecer en un restaurante de moda sin enseñar el plato, parece causar la mitad de satisfacción. Una sociedad que cuenta likes, seguidores y comentarios, en la que se mira qué tipo de foto tiene más reacciones, se comenta a un famoso porque quizás te responda y mucha gente parece estar parada buscando esa frase ingeniosa que convierta su tuit en algo viral. Y esta es la misma sociedad de la soledad. Un mundo en el que es difícil mirar a los ojos ya que estos están fijos en una pantalla, se sustituyen los cafés por conversaciones de whatsapp y la gente parece apreciar más a los amigos virtuales desde el silencio de su casa que a los reales que en un momento dado pueden dar un abrazo.
Schweblin nos lleva a esa sociedad, la nuestra, y escribe una novela en la que las personas pueden ser o poseer un kentuki. Un kentuki es un robot incapaz de hablar que meterás en tu casa y te seguirá por todas partes logrando unas interacciones regladas... a no ser que te las saltes. Una única conexión por robot y si se apaga es para siempre. Así que, ¿ser o poseer un kentuki? Esa es la gran pregunta y la única división que establece la autora del libro entre los personajes que aparecen en su novela. Personas diferenes que deciden comprar el juguete de moda: unas exponen su vida con más o menos reglas, abren su casa y su intimidad a un desconocido que toma la forma de un inofensivo animal (siempre es más fácil si el objeto tiene pinta de inofensivo), y otros que optan por el voyeurismo, mirar a través de los ojos del muñeco siguiendo a sus "amos", entrando en una suerte de sumisión elegida que se mezcla con el placer de ir descubriendo los secretos de una persona real. Y a su alrededor los secundarios, esos que confían o desconfían de este nuevo invento, los que piden trato digno, los que advierten del peligro o alaban la posibilidad de ofrecer compañía.
Entonces, ¿qué tiene de inquietante la nueva novela de Schweblin? Lo mismo que las anteriores, la exposición de los miedos, el alma humana que confía o desconfía, los vínculos que se llegan a establecer y, sobre todo, la desesperación que parece anidar en todos ellos y que tal vez lo haga también en el lector que se irá reconociendo poco a poco en alguno de los compradores o usuarios del libro. Samanta pretende aportar con cada caso, no solo las distintas evoluciones de los vínculos creados, sino también los miedos o esperanzas que puede tener cualquier persona. Es difícil no verse ahí. Recuerdo haber leído una parte pensando en Black Mirror y en cómo no somos conscientes de lo mucho que hemos cambiado socialmente con todas estas tecnologías que se van instalando en nuestra cotidianeidad. Y Schweblin da una buena muestra de ello en esta novela.
Kentukis me ha gustado. Uno de sus grandes aciertos es no centrarse en una única historia, quizás porque la autora se suele mover en el relato pese a que Distancia de rescate, su título más conocido, sea una novela. Pero el caso es que, si uno sacrifica la profundidad que supone tener una única historia, lo que se consigue es una visión global mucho más completa. Y eso provoca temor, los espejos sociales siempre lo hacen, sobre todo porque tienden a mostrar la realidad. Y la pregunta sigue en el aire, ¿ser o poseer un kentuki?
No os he preguntado con qué libro estáis esta semana, ¿me lo decís?
Gracias.
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lunes, 15 de octubre de 2018
La muerte del comendador. Haruki Murakami
"Hoy, al despertarme de una breve siesta, el hombre sin rostro estaba frente a mi. Se había sentado en una silla delante del sofá donde yo dormía y me miraba fijamente con sus ojos imaginarios en un rostro inexistente".
La publicación de una nueva novela de Haruki Murakami siempre causa cierto revuelo. Es cierto que en España, entre la demora de sus primeras obras y las reediciones ilustradas, no somos tan conscientes de la espera entre título y título, pero, aún así, muchos son los que corren a las librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual su último título, se trata de La muerte del comendador.
Conocemos a un narrador sin nombre con talento para ser artista y de profesión retratista que, a sus treinta y tantos años, lleva una vida anodina. En el momento en que le conocemos su mujer le deja, y decide comenzar un viaje a ninguna parte en coche, utilizando este camino para reflexionar. Sin embargo, la espalda y el cerebro hacen que su viaje termine y nuestro protagonista se encuentra de pronto viendo en una vieja cabaña que pertenece al padre, artista también, demenciado de un amigo. En esa casa remota se encontrará con un vecino muy peculiar llamado Menshiki, un cuadro titulado "Killing Commendadore", la historia de una niña y un mundo al que llega tras una suerte de campana.
Dicen que La muerte del comendador es un homenaje personal del autor a El gran Gatsby, libro que entusiasma a Murakami. No lo pongo en duda, de hecho, me encontré reconociendo el homenaje en la escena en que conocemos al vecino, descubrimos que es millonario y excéntrico (aunque este no de fiestas, en realidad prefiere desaparecer de la parte pública) y también asistí a como ese reconocimiento se escurría de entre mis dedos a medida que la irrealidad irrumpía en la novela de Murakami, casi tomándola durante la segunta mitad del libro.
Murakami es un autor capaz de planchar camisas durante páginas y páginas y también capaz de crear mundos irreales a partir de una simple marca en la piel, casi como Alicia a través del espejo. Bien, pues en este libro mezcla ambas cosas, de tal modo que comenzamos en la realidad y conocemos al protagonista, que es abandonado por una mujer a la que eligió mas por recordarle a su hermana que por amor, viaja, da clases de arte y se acuesta con un par de mujeres en relaciones nada entusiastas, conoce vecinos, pinta, mira o no mira senos... y mientras todo eso sucede somos consciente de que algo acecha en esa cabaña, y es la irrealidad, que parece esperar al protagonista para engullirle y junto a él también al lector.
El lector de Murakami encontrará sus habituales: desde el hombre casado, hastiado cansado al que tampoco parece importarle su propio hastío con tal de no moverse, hasta los deseos, la sexualidad y sexualización, el arte y en esta novela la música, ya que el cuadro que marcará su vida representa una escena de Don Giovanni y una melodía será la que le conduzca al templete. En la cabaña hay además una colección musical. y es que, poco a poco vamos reconociendo sus temas fetiche de aparición asegurada, y también esa tendencia suya a dejarse llevar de repente sin previo aviso por lo irreal.
En este caso, al ser un primer libro, el autor se queda un tanto confuso, esperando que las respuestas lleguen el próximo año en una segunda parte, y eso que confieso me gustan más los libros de Murakami que dejan un pequeño espacio abierto que aquellos que parecen ser cosidos en su final sin fisura alguna proporcionándome más datos de los que me hubiera gustado.
La muerte del comendador es, en definitiva, un libro que encantará a los habituales de este escritor eternamente nombrado en las quinielas del nobel y que este año decidió retirar su nombre de la lista del "Nobel alternativo", pero que no recomendaría a los no iniciados. No se trata en este caso de si estamos ante un libro entretenido o no, con Murakami, la mayoría de las veces, de lo que hablamos es de la dureza para el lector del ejercicio de comprensión lectora que supone su obra.
Y vosotros, ¿pertenecéis a la legión de seguidores de la obra de Murakami?
Gracias.
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miércoles, 10 de octubre de 2018
Un talento natural. Ross Raisin
"Cuando entró en la rotonda, unos cuantos conductores redujeron la velocidad para echar un vistazo al costado del autobús. En una de las ventanillas de la parte trasera había tres pares de nalgas pegadas contra el cristal, como una hilera de pechugas de pollo en un supermercado. Un coche los adelantó y el conductor tocó el claxon. El siguiente hizo lo mismo. Cuando el autobús salió de la rotonda, uno de los pares de nalgas desapareció momentáneamente y al cabo de unos instantes volvió a ocupar su lugar entre los demás con energías renovadas".
Cuando una novela te llega de ciertas manos, te fijas más en eso que en su sinopsis, se le llama confianza del lector. Hoy traigo a mi estantería natural, Un talento natural.
Conocemos a Tom Pearman, un joven que esperaba ser un futbolista de éxito. Sin embargo, ahora se encuentra sentado en el banquillo de un equipo de segunda y sin saber muy bien qué hacer ni cómo recuperar el lugar que tuvo. Acompañaremos a este joven introvertido.
Comprendo que a mucha gente le de pereza una novela sobre fútbol, que tema encontrarse páginas de partidos, entrenamientos, tácticas... por eso creo que lo mejor es comenzar diciendo que esta no es una novela sobre fútbol, es una novela sobre Tom Pearman que es, además, futbolista. Y este hecho es vital para la historia por todo lo que puede llevar detrás y que muchas veces no podemos ver.
Tom vive lejos de su familia, entre extraños, y no está en su mejor momento. Se acaba de dar el primer golpe con la realidad al verse en segunda sin saber si algún día volverá a ascender a la máxima categoría, así que pronto asumimos su falta de confianza, su inseguridad actual. El fútbol es un deporte competitivo del que vemos normalmente el éxito, y Raisin se encarga en esta novela de abrir el ángulo y posarse en algo poco habitual. Raisin se mete en un equipo de segunda, y pocas veces un apelativo ha tenido tanto acierto al ser colocado, ya que son equipos muchas veces a la sombra, sin prensa ni glamour y nos relata el aterrizaje de su protagonista en él. Uno puede preguntarse a qué tanto interés en que veamos las diferencias, en que nos fijemos, y no tardamos en descubrirlo.
Pearman es un chico introvertido al que parece le va a costar relacionarse con sus compañeros, no es exactamente solitario pero algo hay ahí que no le deja... y empezamos a fijarnos en sus observaciones, las palabras sobre sus compañeros, Liam... y descubrimos la sombra de la homosexualidad en un protagonista que se encuentra totalmente perdido, casi con miedo, y esa es la percepcón que nos traslada de una forma magistral el autor, la del chico que descubre pero parece no querer. Del que no quiere mirar pero no puede apartar la mirada. Del ser, de lo natural... y de todo lo que lleva a su alrededor.
Es cierto que de un tiempo a esta parte este tema viene siendo tratado de forma más abierta y cotidiana en la literatura, que nos creemos que vivimos en un mundo que acepta la homosexualidad a la vez que vemos que aceptar sigue siendo algo incorrecto, porque el mundo en realidad no tiene que aceptar nada como si se tratara de algo que necesita esa aprobación. Y llega Raisin y nos presenta a Pearman, y eso nos obliga a reflexionar sobre el mundo del fútbol y los astros y sus cochazos, sus mujeres despampanantes y los excesos que parecen ir asociados a la mayoría de los casos. A fin de cuentas, ¿cuántos futbolistas gays se os ocurren así sin pensar mucho?, ¿y pensando mucho?
Pearman parece más perdido aún en un mundo así, su sexualidad se asocia casi con un dolor latente o con una decepción tanto como lo es el no estar en un equipo de primera y tal vez sea este paralelismo perceptible el que hace que la novela se torne personal a medida que avanzamos. Que consiga ese punto en el que un libro pasa a ser propiedad del lector. En el momento en que la terminé hubiera jurado que con una pequeña poda la novela mejoraba, hoy tras haberlo meditado creo que la vida tampoco ofrece podas.
Un talento natural es una novela estupenda que ilumina una parte del mundo que no vemos. Un tono que va de la ternura al desconcierto y un gran protagonista lo convierten en una muy buena opción. Y es que no todos los libros sobre fútbol, son libros de fútbol.
Y vosotros, ¿os animáis alguna vez con novelas centradas en un deporte?
Gracias.
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lunes, 8 de octubre de 2018
El visitante. Stephen King
"Era un coche sin distintivos, un sedán estadounidense cualquiera con unos cuantos años encima, pero los neumáticos totalmente negros y los tres hombres que iban dentro no dejaban lugar a dudas. Los dos de los asientos delanteros vestían uniforme azul. El de atrás, grande como una casa, llevaba traje. En la acera, un par de adolescentes negros, uno con un pie en un monopatín naranja muy gastado, el otro con su tabla de color lima bajo el brazo, observaron el automóvil mientras entraba en el aparcamiento del estadio Estelle Barga y luego cruzaron una mirada".
A estas alturas no es ningún secreto que me gusta Stephen King, por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El visitante.
Estamos en Flint City, una pequeña tranquila ciudad en la que todo el mundo se conoce y los fines de semana se acude al partido de baseball y a la iglesia. Sin embargo, la detención en pleno partido del entrenador T acusado de asesinar brutalmente a un niño de la localidad acaba con esa tranquilidad. Esa detención pública ha sido como un huracán que ha barrido con la calma de Flint, y fue orquestado por el detective Ralph Anderson, quien contaba con pruebas más que suficientes para señalar al entrenador T como culpable, pero.. ¿y si no lo es?
Hoy voy a comenzar aclarando un punto que me parece importante y es que, incluso en la promo de la novela, nos dicen que llega tras el éxito de la trilogía que el autor comenzara con Mr Mercedes. Bien, en este caso considero que tal vez debieran de avisar en alguna parte de que en este libro, no solo nos vamos a encontrar con alguno de los personajes de la trilogía, sino que durante su lectura nos van a desvelar datos importantes de ella. Particularmente de los dos últimos títulos. Es más, nos cuentan el final. Supongo que al no pertenecer a la serie (lo siento Holly Gibney) no lo han considerado importante, pero a cualquier lector le da rabia que en un libro le destripen otros. Añadiré y por terminar con este punto, que no es necesario haber leído la Trilogía de Hodges para sumergirse en esta lectura. Y, dicho esto, empecemos con la novela.
King comienza la trama de una novela policíaca, fiel a sus últimos libros, con un narrador omnisciente y asentando las bases de un caso imposible. Nos propone un crimen, un hombre que es señalado como culpable con pruebas indiscutibles y... luego nos da pruebas indiscutibles de que tal vez no lo sea. De hecho las pruebas van apareciendo en uno y otro sentido para desdicha del protagonista Ralph. No contento con eso, King carga tintas sobre esta ciudad y la sombra del brutal asesinato es alargada y va destrozando familias y minando al pobre detective Anderson que necesita saber qué es lo que sucede realmente mientras el lector, que ha visto la cubierta del libro y el título de la novela, sonríe esperando que King se saque el conejo de la chistera. Y algo así sucede a partir de la segunda mitad del libro, en la que lo que parecía la novela negra imposible, va girando hacia lo paranormal (justo lo contrario que había hecho King en la Trilogía de Hodges), contentando de este modo a sus lectores más fieles. King se maneja bien en las distancias cortas de las pequeñas ciudades, aunque he echado de menos Maine, con personajes que muchas veces son totalmente arquetípicos para cubrir ciertas acciones necesarias, ya sean de camareros o de protagonistas, King salpica con ellos todas sus novelas evitando así describir demasiado o explicar sus motivaciones, ya que son concebidos como viejos conocidos de los que ya sabemos un poco. Por lo demás, la trama es entretenida con una primera mitad muy interesante y una segunda parte que a los lectores de novela negra le puede resultar tramposa y a los de terror incluso predecible a ratos, pero que cumple la función de entretener al lector. Y es que, si suelo defender la lectura como entretenimiento, ahí King es un maestro con legiones de seguidores que acuden a las librerías en busca de su último título para pasar unas cuentas horas ajenos al mundo. no son buenos libros, somos conscientes, pero dudo mucho que el autor se haya puesto como meta llegar a ser un gran literato, con el título ganado en los ochenta de "Rey del terror" creo que le vale.
El visitante me ha parecido una novela entretenida que tiene algún eco de loq ue fue pero no es ni de lejos tanto como habían prometido. Lo he disfrutado sin prejuicio, solo por el simple placer de volver a leer a King.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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