lunes, 25 de enero de 2021

64. Hideo Yokoyama

 


     "Los copos de nieve danzaban en la penumbra del anochecer. 
      Tenía las piernas tan entumecidas que le costó bajar del taxi. En la entrada de la comisaría los esperaba un miembro de la policía científica cobijado en el abrigo reglamentario. Éste los condujo al interior. Cruzaron el despacho donde trabajaban los agentes de guardia y por un pasillo apenas iluminado llegaron a una puerta que daba al aparcamiento para el personal. 
      Al fondo del recinto se alzaba la morgue, un edificio aislado sin ventanas y con tejado de zinc. El ronroneo del extractor le reveló que dentro había un cadáver. El agente de la científica abrió con llave y se apartó indicándoles con la mirada que esperaría fuera como muestra de respeto. 
      «No me he acordado de rezar...»".

     El thriller del año que ha salido en enero fue publicado hace casi diez y por fin llega a nuestras librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual, 64.

     Conocemos a Mikami, un detective más que veterano que ha sido transferido en la policía esta vez al departamento que sirve de enlace con la prensa. Un lugar complicado ya que no solo tiene que medir la información que reciben, también tiene que resistir a sus presiones y hacer de freno. Preocupado por la desaparición de su hija le toca además orquestar la reunión con un alto cargo policial que llega de Tokio en una reunión que tiene que incluir al padre de una niña desaparecida hace 14 años y por eso el Comisionado lo va a revisar, está a punto de prescribir. Con el padre de la niña claramente enfrentado con una policía que no hizo bien su trabajo, es fácil entender que no tenga ningún interés en reunirse con el Comisionado para aparecer en una foto.

     64 se refiere al año en que desaparece la niña, 1989. 
     Dicho esto os habréis fijado que no me he puesto a poner los nombres de los personajes, y esto es porque son un engorro. En un libro de más de seiscientas páginas da tiempo a que aparezca mucha gente y si el libro se mueve entre vericuetos administrativos y pugnas prensa vs policía, ya ni os cuento. Y es que el libro es lento y, a ratos, grandes, incluso aburrido. El autor abre varios hilos aunque deja claro que el central será la desaparición de la niña hace años y los secretos que se han ido manteniendo ocultos en el tiempo. Los errores policiales no se airean, está claro. Pero no ha sabido darle la acción necesaria. Todo en el libro es lento y engorroso, la relación entre policía y prensa sigue y sigue entre tensiones y el lector siente la tentación de leer en diagonal algunas partes. Pero aguanto y no lo hago, a fin de cuentas es el libro del año y muchos somos los que protestamos de que todo thriller tenga que ser trepidante. La novela de Yokoyama no lo es, es meticulosa hasta lo enfermizo y requiere paciencia hasta llegar a los descubrimientos y giros, que los hay. Pero tienes que llegar a ellos. Por el camino hay un accidente y la prensa presiona para conocer la identidad de la conductora, Mikami los habla de otro caso que cree los puede entretener pero su estrategia no funciona y tirando de hilos y mordazas llegan sus sospechas. Empiezan las visitas y las llamadas que van descubriendo secretos o tretas administrativas, depende del caso, y la novela sigue y sigue dando vueltas (y nombres) mientras el lector se pregunta si realmente es necesaria tanta vuelta y tanta parafernalia para relatar una historia que con la mitad de páginas hubiera sido el doble de interesante. 
     Yokoyama vendió más que Murakami en su momento con esta novela. Y yo entiendo que la literatura nipona es diferente a la nuestra y suele tener musicalidad, que esta novela no tiene, y un costumbrismo que aquí me ha parecido casi un manual laboral del narrador. 

     64 ha resultado una novela curiosa. Cuando uno ve buenas críticas y recibe la sensación contraria durante la lectura, incluso aunque en la última parte mejore, se siente desconectado del resto de los lectores, ajeno. Al final uno se pregunta si el problema es propio y no del libro, y opta por no desrrecomendarlo, más bien justo lo contrario. Se genera un interés renovado en hablar del libro con los entusiastas, intentar acercarse a su prisma y ver qué es lo que falló durante la lectura. Os invito a contarme si lo habéis leído. A fin de cuentas, como ya he dicho muchas veces, yo no soy crítico, soy una simple lectora. Y si algo nos gusta a los lectores, es compartir opiniones de nuestro vicio favorito.

     Por cierto, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 18 de enero de 2021

El abstemio. Ian McGuire


      "Es medianoche. Hay cañones de campaña en Stanley Street y barricadas de madera en todos los puentes y cruces de la ciudad. Sobre las aguas oscuras y desiertas del río Irwell se eleva el resplandor anaranjado de decenas de fogatas".

     Hay temas que resultan atractivos, por eso no pude evitar fijarme en la novela que os traigo a mi estantería virtual. Hoy traigo, El abstemio.

     James o'Connor es un policía irlandés que llega a Manchester ante el recelo de sus nuevos compañeros en la comisaría. En un momento conflictivo en la ciudad se van a ahorcar a tres fenianos y él prevé que sea la chispa que haga saltar el polvorín. Solo que no parecen escucharlo. el día del ajusticiamiento la plaza está llena de espectadores y uno de los informantes de O'Connor le habla de un americano que viene para dar un golpe definitivo en nombre de los fenianos. Así empieza una lucha entre dos hombres que termina por convertirse en algo personal llevando al límite al policía.

     El abstemio es O'Connor, un detective que tocó fondo al perder a su familia y estuvo a punto de dejar que la bebida diera al traste con su vida y su carrera. Por eso está en Manchester en un intento de enderezarse y agarrar la que puede ser su última oportunidad de ponerse en pie y hacer las cosas bien. Y O'Connor lo hace bien, incluso con unos compañeros de trabajo que, en el mejor de los casos lo ignoran. al menos hasta la llegada de Doyle, un hombre violento y con sed de sangre que milita en las filas fenianas con la intención de llevar a cabo un golpe maestro y violento que sacuda los cimientos de la autoridad británica. Así las cosas su primer objetivo será saber a qué policía se acude cuando uno tiene algo que contar y también quienes son esos que parecen sentir la necesidad de contar demasiado a la policía. Este es el punto de partida de la historia entre estos dos hombres que se enfrentan desde las primeras páginas y que acaban convirtiéndose en objetivo y obsesión mientras el lector transita por el comienzo de la época más conflictiva de Irlanda. De hecho el punto de partida de la novela, el ajusticiamiento de los llamados Mártires de Manchester, es real, y a partir de él se construye una historia cada vez más personal en la que, lo confieso, temí que el final no estuviera a la altura. Y es que hay veces que un escritor se deja llevar en la trama tanto que termina por no rematar de la forma adecuada porque se le va de las manos. Creo que por eso me ha gustado tanto la novela, por el magnífico final capaz de impactarte pero también de dejar satisfecho al lector más exigente.

     La ambientación, el tono y el dibujo que hace de los dos protagonistas son puntos a destacar ya que, ni siquiera en el caso del "bueno" en este duelo entre "bueno y malo" cae en la tentación de convertir a uno en un héroe, dejando que decida y se confunda para alivio del lector que llega cansado de intachables.

     El abstemio me ha gustado. Ha resultado una historia difícil de soltar con un broche perfecto para un año que, a juzgar por este título, empieza bien en  cuanto a lecturas se refiere. Os lo recomiendo. Sin duda. Por mi parte investigaré otros títulos del mismo autor.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 11 de enero de 2021

Ana la de Tejas Verdes. Lucy Maud Montgomery y Antonio Lorente

 


     "La señora Rachel Lynde vivía donde el camino real de Avonlea baja a un pequeño valle orlado de alisos y zarcillos, y cruzado por un arroyo que nace en los bosques de la vieja posesión de los Cuthbert".

     Es muy de Navidad regalar libros, y por eso, ahora que ya nos han regalado con mejor intención que tino, os traigo a mi estantería virtual una pequeña joya: Anna la de Tejas Verdes.

     Conocemos a Ana, una niña huérfana que es adoptada por dos hermanos del pueblo de Avonlea. Desde su llegada está claro que todo va a verse afectado por esta joven pelirroja que llega en el lugar de un muchacho. Ana es divertida y brillante, también es traviesa y va a la escuela y tiene sus propias ambiciones. Y no tarda en ganarse el corazón del lector, pese a que tarda aún menos en ganarse el del hermano Cuthbert.

     Cuentan que la historia se basa en un artículo leído por la autora en el que se explicaba como una pareja que adoptó un niño, recibió a una niña. También es cierto que la propia autora fue pasando por casas y que algo tendrá que aportar su experiencia o eso asumo yo. Pero el caso es que Ana nació hace ya más de un siglo y desde sus primeros pasos fue un éxito incluida su adaptación televisiva. En este caso además se trata de un álbum ilustrado magníficamente por Antonio Lorente, lo que lo convierte en una joya para cualquier lector aficionado a este tipo de libros y es que la expresividad de sus ilustraciones trasciende el papel para dar consistencia al relato.

     Los libros ilustrados han ido ganando terreno en la literatura y lo que antes estaba reservado al público infantil ahora es incluso un logro que se reserva casi como un ascenso para aquellas novelas que han cosechado el éxito en las librerías, lo que significa que la visión del ilustrado se amplía y cambia finalmente hasta darles cabida en las librerías de cualquiera, sin importar su edad.

     Ana la de Tejas verdes es un libro tierno que bien podría considerarse una novela juvenil y que alcanza si uno lo lee a esas edad una conexión tal con el lector, que es imposible no comprarlo en la edad adulta con esa bruma que da la nostalgia de los buenos momentos pasados con una amiga.

     Ahora decidme, ¿qué libros os trajeron las navidades?

     Gracias.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Los mejores libros de 2020


     Cuando uno se pasa el año recomendando libros, casi debería de esperar con ilusión esta época en la que los mejores libros del años son proclamados a bombo y platillo para comprobar lo que le falta y hacer con ellos la lista de reyes. Sin embargo, por mucho que nos guste la idea, es inviable. En primer lugar, y como el propio Harold Bloom reconoció, nadie es capaz de leerlo todo y cualquier sesgo que implique una selección se verá afectado por el gusto de quien la hace, ya que determina los títulos que ha elegido leer a lo largo del, en este caso, año. Sin embargo, ójala fuera ese el mayor de nuestros problemas. 

     En primer lugar cuesta identificar lo mejor del año. Y es que hay una diferencia abismal entre los libros que más se venden a lo largo del año y aquellos que aparecen en las listas de lo mejor. No seré yo quien afirme que porque un libro sea el más leído tenga que convertirse en el mejor, pero la diferencia que veo entre ambas opciones me hace pensar en una figura de crítico empeñado en hacer ver al lector su falta de inteligencia a la hora de elegir lecturas ya que, salvo contadas excepciones como Reverte, no veremos que se acerquen a los títulos más vendidos ni siquiera para criticarlos. Y esto, amigos, es un sesgo importante. Se nos olvida entonces que hay grandes nombres de la literatura que en su momento fueron best seller o que escribieron folletines incluso por entregas, gente que hoy está en lo más alto del escalafón literario que, de haber escrito hoy, se encontrarían con la indiferencia cuando no con el desprecio de este sector encargado de decirnos lo que nos estamos perdiendo por leer nombres más sonados. Y así es como nos aparecen año tras año listas formadas por las mismas editoriales y los mismos nombres en los que rara vez hay más de un 30% de cambios y, de haberlos, es porque ese año al autor de turno no le tocaba novela. Así que se sustituye por la siguiente, que la lista de baile es corta pero la de aspirante, como diría un juguete, llega hasta el infinito y más allá.

No contentos con estas listas de aspiraciones literarias, tres ensayos y dos amigos, están esas otras de los especialistas en listas. Es decir, tú... ¿a cuánta gente necesitas? pues hagamos como Amazon y pongamos listas de todo: de ficción, no ficción, nacional, internacional, ensayo, poemas... ¿cuentos? pues también. De todo. Muy mala suerte tendrás que tener si en alguna de ellas no apareces tú, tu primo o tu madre con la lista de la compra, estarás pensando... y no. No te emociones porque los libros serán básicamente los mismos pero divididos en categorías selectas. Ahí verás a Mesa o a Amat junto a  4 o 6 de los amarillos, un par de ellos negros (por fuera, nada de novela negra, cuidado), editoriales de las llamadas pequeñas y que han resultado ser medianas (como los Hobbits, y todos sabemos quién acabó con Sauron), etcétera, etcétera, etcétera... Al final, y por no alargarme, yo recurro a la comparativa con los gremios, esos que tenían sus propios emblemas y que, en algunos casos, incluso cuando donaban dinero para las iglesias, exigían que aparecieran en vidrieras separadas para no mezclarse con el resto. Entre ellos, que diría mi abuela, se entienden.

Me pregunto, si me permitís el inciso, dónde quedan esos escritores que por no estar en un grupo u otro son olvidados en tierra de nadie a merced del boca a boca del lector o del buen (o mal) criterio del librero que se decida a hacerles un hueco entre sus recomendados. Libreros que en muchos casos, y más en este años, se ven también en la necesidad de ceder a un mundo cargado de novedades que buscan espacio y cuyas apuestas personales pueden suponerles, si no un riesgo, fijo que un par de preocupaciones nocturnas. Exactamente igual que el escritor esperanzado que estos días se busca en vano en las listas, unas veces desde la inocencia y otras con la convicción de haber hecho los deberes para salir y que descubre, con mayor o menor sorpresa, que su lugar no estaba allí.

     Por todo esto y por no alargarme y volviendo a la primera línea, os digo lo mismo. Me paso el año recomendando libros, ya sea en el blog, en instagram o en twitter. Por eso, y como ya he preguntado en estas redes, me gustaría que me dijerais cuales han sido vuestras mejores lecturas durante este año 2020 en el que muchos hemos tenido que recurrir a la literatura para viajar, conocer o simplemente olvidarnos de la realidad.

     Empiezan las vacaciones, empiezan las Navidades, y solo deciros que va a ser mi cumpleaños. Admito libros. Y... zapatos claro. Pero sobre todo, libros.

     Gracias por acompañarme. Felices Fiestas y a cuidarnos mucho. Puede que parezca que estamos viviendo una novela perturbadora, pero estoy segura de que nadie quiere llegar al último capítulo antes de tiempo.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Los amantes mariposa. Benjamin Lacombe

 


     Hace ya mucho tiempo que los libros ilustrados dejaron de ser libros infantiles. Cada vez más gente los colecciona y busca al ilustrador favorito, la colección adecuada... No se compran para el pequeño de la casa, son propios. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los amantes mariposa.

     Conocemos a Naoko, una joven japonesa que, con catorce años ve cambiar su vida. Le toca dejarlo todo para aprender a convertirse en una buena esposa. De la sumisión al padre, a la sumisión al marido. Naoko comenzará su nueva vida acompañada de Suzuki y un puñado de recuerdos, negándose al blanco. Negándose a ser quien le dicen en realidad, ojalá fuera un niño... ojalá literatura... se pone un kimono, ahora es un niño y sale a las calles. En ellas hace un amigo, Kamo, inseparables, amistad sincera aunque Kamo ve un niño en Naoko. Son libres, son mariposas...  Hasta la edad marcada para la boda en la que Naoko tiene que partir y deja un haiku... "rana tal vez el amante lo sepa".

     Benjamin Lacombe es uno de esos ilustradores que, con el paso de los años, cada vez más gente lo conoce y ha pasado a la categoría de artista con la misma naturalidad con la que sus páginas se llenan de dibujos. El libro que hoy nos ocupa pertenece a esos que firma en solitario en los que historia, texturas e ilustraciones componen un todo desplegable y armonioso para el lector. Y es que no voy a mentir diciendo que la historia es original porque está claro que en las tramas orientales literarias es común que las jóvenes busquen la libertad del sexo masculino. No nos son ajenos sus disfraces ni sus amores una vez se han consumado los cambios de imagen. Hay que buscar por tanto un motivo para acercarse a estos amantes mariposa. Y no es otro que la plasticidad. Ya sea el texto, las formas, las palabras, los dibujos o esos superpuestos que los convierten en estampas cambiantes gracias a troqueles y pequeñas trampas visuales. El caso es que es un libro objeto formado por grandes páginas con textos escuetos en las que son los dibujos quienes hablan desde la estética oriental. A partir de ahí es personal la elección ya que no es una novela, claro, ni nos va a proporcionar horas de lectura, es apenas un librito escueto hasta dibujado. Pero es hermoso. Y los amantes de los libros cometemos el pecado de la frivolidad con más libertad que ningún otro colectivo porque, además de pecar, presumimos de ello.  Yo ya os he contado la historia, al menos hasta donde está permitido sin relatar el final, y os he hablado de la estética... más no puedo hacer.

     Los amantes mariposa es un regalo para quienes buscan combinar texto e ilustración con una historia bonita hasta simplemente escrita pero que, además, va dibujada.

     Me gustan los libros ilustrados, suelo mirarlos; a veces con placer, otras con profundo estupor. Unas veces veo joyas y otras me pregunto cómo pretenden incentivar la lectura con unos dibujos tan tenebrosos. Pero los miro. Todos.

     Y vosotros, ¿os fijáis en los libros ilustrados?

     Gracias.



lunes, 14 de diciembre de 2020

Al otro lado del río. Jack Ketchum


 

     A veces a uno le recomiendan un libro desde distintos medios y no termina de acercarse a él. Eso me pasó con este título, y  han pasado muchos meses desde la primera vez que lo oí citar. Hoy traigo a mi estantería virtual, Al otro lado del río.

     Una joven mexicana se encuentra con tres hombres. Está malherida y les relata lo que le ha tocado vivir. Los hombres, conmovidos y horrorizados al saber que queda una hermana de la chica cautiva en el mismo infierno que ella relata, deciden ir a buscarla en una suerte de misión rescate que pronto se descubre mucho más complicada de lo que habían pensado.

     La historia es terrible aunque ciertamente no del todo original. Unos forajidos llegan a una granja y se llevan a las hijas a las que secuestran, violan, maltratan y dejan recluidas en un burdel del desierto que es la versión terrenal más parecida de la boca del infierno retratada por Tarantino. Así las cosas, sobrevivir es un grado y escapar parece la única opción, y una de las hermanas, lo logra. Por suerte o por desgracia se encuentra con tres hombres (estamos en un western asíq ue uno se dedica a capturar mustangs) y digo que por suerte o por desgracia porque el rescate será muy difícil y no parece que nadie vaya a salir ileso.

     Todo esto en menos de doscientas páginas se traduce en una orgía de violencia en la que el lector no sabe si apartar la vista o seguir mirando. La incomodidad que genera es genuina y está lograda a base de un realismo que, a un simple click de ratón, descubrimos que es superior a lo que nos imaginábamos. Y es que, si la obra más conocida del autor tomaba una base real, esta perfectamente podría hacerlo basándose en el caso de unas de las mayores asesinas en serie de México que se dedicaban a llevar burdeles. Verdad o no la novela hay que decir que está bien escrita y lleva una tensión tremenda para lo corta que es. De hecho el lector sale mareado entre sangre, angustia, lágrimas y tensión pero, como sucede en estos casos, los estómagos mandan y estamos ante una novela que no es para todos los gustos. Por eso hoy no puse un fragmento, porque cada cual es libre de elegir su lectura. Tengo que añadir que ahora, vista la novela negra en la que meten gusanos hasta el cerebro o encierran a chicas con ratas hambrientas, ha cambiado mucho el concepto que uno tenía del estómago delicado, y que quizás por eso si os enfrentáis a esta lectura os parezca que la delicada soy yo. Pero aún así, el que avisa no es traidor y, si bien la novela me ha gustado, el autor ha decidido optar por el impacto en lugar de por el desarrollo y lo que empiezas creyendo un western se acaba acercando más al terror.

     Al otro lado del río es una novela que recomiendo solo a quienes sepan lo que van a tener entre manos.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 4 de diciembre de 2020

El espejo del mar. Recuerdos e impresiones. Joseph Conrad

 

     “He intentado aquí poner al descubierto, con la falta de reserva de una confesión de última hora, los términos de mi relación con el mar, que habiéndose iniciado misteriosamente, como cualquiera de las grandes pasiones que los dioses inescrutables envían a los mortales, se mantuvo irracional e invencible, sobreviviendo a la prueba de la desilusión, desafiando al desencanto que acecha diariamente a una vida agotadora; se mantuvo preñada de las delicias del amor y de la angustia del amor, afrontándolas con lúcido júbilo, sin amargura y sin quejas, desde el primer hasta el último momento (...) Este libro escrito con absoluta sinceridad no oculta nada... a no ser la mera presencia corpórea del escritor. En estas páginas hago una confesión completa, no de mis pecados, sino de mis emociones. Es el mejor homenaje que mi piedad puede rendir a los configuradores últimos de mi carácter, de mis convicciones, y en cierto sentido de mi destino: al mar imperecedero, a los barcos que ya no existen y a los hombres sencillos cuyo tiempo ya ha pasado.”

     A veces uno tiene la suerte de descubrir un título nuevo de un autor de los que llevan años acompañándole y se lleva una alegría, como quien encuentra un recuerdo perdido o tal vez una pequeña fortuna. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El espejo del mar.

     Como si de la Santísima Trinidad Lectora se tratara, me encuentro con un libro de: Reino de Redonda, una editorial que adoro, un prólogo de Javier Marías, por quien siento una devoción manifestada mil veces, y un título de Joseph Conrad, oh, Dios mío, Joseph Conrad. Así que era fácil adivinar cuál iba a ser mi próxima lectura, un libro en el que Conrad vertiera sus dos décadas de marinero. En capítulos como relatos veremos sus opiniones, las dársenas, los barcos y un poco de autobiografía. Pero no hay que pensar que es un libro para amantes del mar, no. En realidad es un libro para ti o para mi, para cualquiera. Porque la prosa de Conrad envuelve todo el contenido de una forma limpia y convierte la lectura en un placer. Además, ¿no habíamos leído ya sobre el mar en una gran parte de su obra? Aquí simplemente nos deja una colección de reflexiones que escribiera en su día como espacio en el que tomar aire mientras creaba "Nostromo". Tiene mucho de reflexión a un amigo, de ligereza a la hora de hablar de pensamientos propios en los que Conrad se pregunta qué cómo quedarán los cambios una vez se implanten: cuando los barcos hagan ruido y los marinos cambien, cuando las dársenas no sean los mismos espacios que son ahora. De este modo logra que el lector se pregunte qué hubiera dicho en caso de poder asomarse a la vida en el mar hoy llena de sonidos que ocultan el rumor de las olas que tanto le gustaba. Y es que, quizás por haberla escrito ya retirado y con la distancia justa de su mar, se percibe un amor desmedido por ese lugar que arruina hombres y desgasta barcos. Como si estuviera parado ante él, mirando al horizonte por encima del mar con el amor que siente el marinero por su oficio.

     De El espejo del mar me gusta el título; el tema, el mar; el autor, Joseph Conrad; el traductor, Javier Marías y el prologuista Juan Benet. Y, si tuviera que elegir una sola de todas sus frases, sería esa en la que alude a la locura y las aventuras en una quijotesca frase. Por si no ha quedado claro, el libro me ha gustado, ha sido un verdadero placer encontrarme algo inédito firmado por Conrad. Espero que me quede aún algún otro título por descubrir. Así volveré con la seguridad de haber descubierto un tesoro. Y no hay mayor placer para un lector, que sentir esa emoción de descubridor de tesoros... aunque luego resulte que sean secretos a voces.

     Lean, lean a Joseph Conrad y luego vienen y me cuentan. No todos los días se puede recomendar un nombre con la seguridad con la que lo hago hoy.

     Y vosotros, ¿me recomendáis hoy un título a mi?

     Gracias.