miércoles, 19 de marzo de 2025

El hombre de los dados. Luke Rhinehart




     "Soy un hombre alto, con manos de carnicero, muslos como robles, cabeza de grandes mandíbulas y gafas de culo de vaso. Mido un metro noventa y tres centímetros y peso ciento cuatro kilos. Me parezco a Clark Kent, excepto por el hecho de que cuando me quito el traje apenas soy un poco más rápido que mi mujer, solo soy un poco más fuerte que los hombres que tienen la mitad de mi tamaño y porque, dé los saltos que dé, ni de lejos salto edificios".

     Puede que la cubierta me parezca horrorosa, pero el argumento me intrigó tanto que me lo traje a casa. hoy traigo a mi estantería virtual, El hombre de los dados.

     Conocemos a Luke Rhinehart un psiquiatra con una vida sosa que le lleva al más absoluto tedio. Vivía en Nueva York y tenía rutinas, amigos, hobbies... y pensamientos intrusivos que iban muchas veces encaminados a animar a sus pacientes a que hicieran cosas horribles en lugar de a tratarlos para que no pensaran esas atrocidades. Y entonces encuentra un dado. Un día cualquiera de esos que uno cena y tiene que recoger pero en realidad piensa que le gustaría estar haciendo otra cosa. Y, casi seguro que por aburrimiento, le pregunta al dado dejando una posibilidad mucho más pequeña para hacer lo que quiere que para seguir la rutina (vamos, no pongáis esa cara que, quien más quien menos, todos hemos jugado a eso de "si el próximo coche que pasa es rojo..." y decíamos blanco cuando queríamos hacer lo que fuera que dejábamos al azar). El caso es que salió que hiciera lo que deseaba. Y Rhinehart decide entonces que consultará al dado dejando que decida entre seis opciones, de conservadora a arriesgada, sobre el devenir de su vida.

          Puede parecer que con lo que os he contado he destripado la novela, pero realmente solo he contado la parte banal, luego la historia se retuerce hasta entrelazarse con una realidad demasiado posible como para ser pasada por alto. De hecho esta novela, que ya tiene tiempo publicada aunque destino la traiga a las librerías ahora, se convirtió durante años en una suerte de secreto a voces entre los lectores que se preguntaban si el protagonista era el autor y realmente existía y estaba relatando sus memorias. Hoy tenemos internet y una breve investigación nos descubre que tras este nombre se encuentra George Cockcroft, que ha escrito más libros pero no se leen tanto, que la novela no ha llegado al cine pero se ha intentado muchas veces y que el autor no sale mucho o, al menos, no se le recuerda ver en la calle y menos aún en actos públicos. La novela alcanzó el éxito de fuera a dentro, se ha editado y reeditado y hoy en día se considera de culto y hay, por épocas más o menos personas, que afirman haber tomado las decisiones más importantes de su vida en función de este juego.

     Pero lo verdaderamente intranquilizador, lo transgresor de la lectura, es que en el juego hay que seguir las clásicas normas que dicen que hay que hacer lo que digan los dados, que hay que elegir con cuidado las opciones a poner entre aquellas que pensamos, no sirve cualquier cosa, y que entre todas ellas siempre hay que incluir algo que no se haría. Y ahora pensemos... si hay algo que jamás haríamos y somos sinceros, sin trampas... ¿realmente nos estamos liberando de los convencionalismos o simplemente nos estamos atando a otros? si el dado no incluye solo cosas que queremos pero no nos atrevemos, si realmente vamos jugando y subiendo intensidad hasta poner aquello que jamás estaríamos dispuestos a hacer, ¿cuánto miedo nos daría tirar ese dado? Pues de eso es de lo que trata realmente esta novela.

     El hombre de los dados es una novela intranquilizadora con voluntad de hacer reflexionar al lector y obligarlo a mirar al menos un poco a los lugares oscuros que no se quieren ver. Un juego de ficciones demasiado real que he disfrutado.

     Y vosotros, ¿alguna vez habéis dicho eso de: si el próximo coche que pasa es...?

     Gracias.

lunes, 17 de marzo de 2025

Sociópata. Patric Gagne

 


     "Siempre que le pregunto a mi madre si se acuerda de la vez que en segundo de primaria le clavé un lápiz en la cabeza a una niña, su respuesta es la misma: 
     —Tengo un vago recuerdo. 
     La creo, porque una gran parte de los recuerdos de mi primera infancia son vagos. Hay algunas cosas que recuerdo con claridad absoluta. Como el olor de los árboles del Parque Nacional Redwood y nuestra casa en la colina cerca del centro de San Francisco. Cuánto me gustaba aquella casa. Todavía me acuerdo de los cuarenta y tres escalones que subían de la planta baja a mi habitación en la quinta planta y de las sillas del comedor a las que me subía para robar cristales de la lámpara de araña. En cambio, otras cosas no las tengo tan claras. Como cuándo fue la primera vez que me colé en casa de mis vecinos cuando no estaban. O de dónde saqué el medallón con una «L» grabada".

     Tenía muchas ganas de leer este libro, así que he aprovechado el frío del fin de semana y hoy traigo a mi estantería virtual, Sociópata.

     Conozcamos a Cagne, una psicóloga especializada en el tratamiento de personas con trastornos relacionados con la sociopatía. Un campo muy específico que eligió después de saber que ella misma lo era. Por eso recuerda su vida y como, desde niña, nunca tuvo esa capacidad de relación y empatía que tienen los demás. Esto le daba problemas no solo a la hora de establecer relaciones normales, también en su relación con la autoridad. Ahora ya adulta, una de las grandes cosas que tiene que agradecer es una pareja con la paciencia necesaria como para enseñarla a amar. Y es que Cagne explica que el sociópata y el psicópata son personas diferentes ya que los primeros pueden aprender a relacionarse y sentir, aunque a un ritmo diferente y de una forma decididamente distinta a la de la población sana normal. Porque son enfermos.

     Para comprender la inmensidad de esta novela hay que entender en primer lugar que estamos hablando de unas memorias. Es decir, es un libro escrito por una persona enferma que tiene el mismo trastorno del que habla. Eso es importante ya que aporta un significado nuevo a la lectura porque se trataría de una narración sincera en la que la narradora no tiene mayor interés en caer bien o quedar bien con el lector. Es egocéntrica, exagerada y incluso llegaremos a dudar de que lo que nos cuenta sucediera realmente así. Pero va en el pack. No tiene ningún tipo de interés en nuestra opinión. Dice, por ejemplo, que desde niña se dio cuenta de que necesitaba fingir emociones para parecer normal a los demás niños y no ser señalada, y aunque la leemos viendo su fracaso en este punto, no se nos ocurre pensar en cuánto de lo que nos cuenta es fingido para justificar aquello de lo que nos pretende convencer. Y aún así nos cae regular, casi mal. De hecho, cuando avanzamos, vemos que no tiene problema en decir que miente, que ha mentido muchas veces, que siempre lo hizo. Y eso hace que nos planteemos si no miente en la novela solo porque ese sería el camino más rápido para que se hablase de ella, la novela, cumpliendo la necesidad que dice que hay de hablar de la sociopatía desde una forma más útil y personal. Defiende que ser sociópata no es ser mala persona, que ni siquiera tiene por qué ser algo malo, ya que se rigen por sus propias normas para seguir adelante como pueden e intentar comportarse como personas normales en un % altísimo de los casos.

     El libro tiene anécdotas llamativas en las que los adultos se paralizan ante la narradora niña y sus actos y el lector siente la dramatización sin tener del todo claro qué terreno está pisando. Solo ve lo poco que importa su opinión. Vemos la incomprensión del mundo y también la lucha por ser normal, por parecerlo en realidad, que tiene la narradora antes distintas pulsiones que aprende a controlar de manera moderada. De eso trata en realidad esta historia, de que el lector vea su estigma y su lucha. He dicho varias veces novela donde hablo de memorias pero es porque uno se pregunta muchas cosas a lo largo de la novela. Empezando por en qué momento tiene recuerdos tan exactos del pasado en los que parece ser una heroína que no ha pedido ese puesto. O por sus logros. Son, en fin, unas cuantas cosas. Y entonces es cuando yo os lo recuerdo: lo ha escrito una persona enferma. Tal vez, solo tal vez, forme parte de la historia que lo haya escrito así.

     Sociópata me ha parecido un ejercicio interesante y atractivo sobre el crecimiento y la llegada a la edad adulta de una persona con claros problemas de relación. Lo he disfrutado.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 10 de marzo de 2025

La tormenta. Ragnar Jonasson

 



     "«Fin.» 
     Erla dejó el libro a un lado, se recostó en el viejo sillón raído e inspiró hondo".

     La hora de la verdad, dice el subtítulo y por eso quizás he esperado menos que nunca para leer el desenlace de Hulda. Hoy traigo a mi estantería virtual, La Tormenta.

     Como ya sucede con las anteriores entregas de cualquiera de sus series, Jonasson destaca por su escritura impecable tanto como por dotar a sus protagonistas de historias personales complejas que se adueñan de la serie tanto como las tramas policiacas que las acompañan. Y en este caso a quien hemos ido conociendo es a Hulda.
     En la tormenta Hulda ha vuelto al trabajo tras una licencia por motivos personales. En este caso se encuentran dos cuerpos en una granja remota que Hulda tiene que investigar llevando al lector al tiempo justamente anterior a la muerte de las víctimas. Y es que estamos en un caso anterior lo que hace que si a uno le apetece pueda empezar por aquí y viajar a Islandia en los años 80, un lugar frío, oscuro y, en el caso de la granja de Erla y Einar, aislado. Por eso les sorprende tanto que llamen a su puerta. Porque nadie llega a su casa si no tiene un motivo. Erla está convencida y tiene miedo, pero Einar opta por dejarlo entrar... 

     Jonasson fiel a su estilo se basa más en la tensión psicológica que en la sangre. Sus libros son policíacos pero el lector es capaz de sentir el miedo de sus personajes, de dejarse llevar por una sensación de fatalidad mientras la trama se va retorciendo, que convierte a la lectura en una experiencia muy gratificante... y perturbadora. Y después está Hulda, que es un misterio. siempre hay un lado en su pasado que no llegamos a ver y que ahora, al mirar atrás en el tiempo, tenemos la esperanza de conocer. Hulda era una mujer marcada con un carácter que aquí está ya bien definido aunque mucho menos domesticado, y esta mujer joven nos va a mostrar quien es encajando las últimas piezas de un puzzle que la convertirán en un personaje inolvidable. Supongo que al autor no le daba más de sí, o se cansó o simplemente no quiso estirar, como hacen otros, la vida útil de su protagonista. Pero yo la voy a echar de menos. De eso no me cabe ninguna duda.

     La tormenta es un libro que he disfrutado y que me ha permitido cerrar una trilogía con la sensación de haber hecho un buen viaje.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 3 de marzo de 2025

Felices como asesinos. Gordon Burn




     Basado en un hecho real. 

      Los asesinos en serie son espeluznantes, aterradores, sociópatas que muchas veces se disfrazan de normalidad. Los asesinos en serie ocupan las páginas de los diarios, las noticias, horas y horas de series, libros y películas y documentales. Pero, sobre todo, los asesinos en serie existen. Hoy traigo a mi estantería virtual, Felices como asesinos. 

     Conocemos a Fred y Rosemary West. Este matrimonio ya había sido denunciado en su día por la canguro que trabajaba en su casa, pero ahora han aparecido restos humanos en su jardín. Son los huesos de su hija Heather. Por si fuera poco, cuando la policía excava comienzan a aparecer huesos de otras mujeres, parece que ocho.¿Quienes son Fred y Rosemary?

     Me acerqué a este libro por la comparación constante con "A sangre fría" uno de mis libros favoritos. Sin embargo, más allá de una supuesta investigación basada en unos asesinatos reales, poco o nada tiene que ver un libro con otro; si acaso que ambos tienen letras. "A sangre fría es una investigación exhaustiva mientras que "Felices como asesinos" entra peligrosamente en el terreno de la ficción ya que, en primer lugar, hay mucho agradecimiento, pero poca fuente citada. Además de eso, se acerca peligrosamente al terror tanto por la crudeza de las escenas de sexo y muerte o agresión que representa el autor, como por el tono utilizado en ellas. Incluso basado en la ausencia de sujeto al que dirigirse o de verbo, cae en un tono y unas formas a ratos erráticas que consiguen poner los pelos de punta a cualquier lector empeñado en meterse en la cabeza de este escalofriante matrimonio. 
      Lo que hace el autor es retroceder para intentar desnudar a Fred y Rosemary. Sabemos que encuentran huesos, sabemos que ya fueron denunciados y también conocemos sus finales, peses a que, a mi modo de ver hay una duda que no se satisface o, al menos a mi, no me ha dejado las cosas tan claras como me hubiera gustado. 

      Una de las cosas que más asustan de este tipo de casos reales es, por encima de lo terrible de sus actos, la facilidad con la que han pasado desapercibidos durante años pese a que hayan desaparecido mujeres relacionadas con su entorno. Es esa suerte de vulnerabilidad que despierta en cualquier lector, lo que hace que la novela se vuelva intranquilizadora desde las primeras páginas y será la crudeza con la que avance la que la haga no apta para estómagos sensibles. Uno se pregunta si no vivimos en una época de pornografía, en la que todo se exhibe hasta el tuétano y la pornografía menos porno es aquella con la que relacionamos en primer lugar la palabra: es decir, la sexual. 

      El libro en su conjunto funciona, ya que decir que un relato así ha gustado ralla con el dilema moral, sin embargo es difícil abstraerse a los fallos comentados en el tono y las formas, así como el referido al desenlace relacionado con Rosemary. Recomendarlo en este caso es un riesgo, ya depende de cada uno, de su interés, curiosidad, estómago y capacidad para dormir tranquilo. Yo, en mi caso, no me arrepiento de haberlo leído. 

      En cuanto a las modas ahora tengo curiosidad por saber si habrá serie.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

miércoles, 26 de febrero de 2025

Los oficiantes. Steven Rowley

 

     "Era el astronauta de una película: su misión le había llevado a un planeta en un lugar remoto del sistema solar: Saturno, tal vez Neptuno. Se había ido para una temporada (tres años, quizá cinco) un tiempo significativo, pero limitado), y, de alguna manera, todas las personas a las que Jordan Vargas conocía en la Tierra habían vivido una vida entera mientras él estaba en el espacio".

     Tras leer The Editor tenía curiosidad por Steven Rowley. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los oficiantes.

     Conocemos a los Jordan, Naomi, Craig y Marielle. Cinco amigos que forjan su amistad mientras son estudiantes en Berkeley. Y digo cinco porque falta Alec, que murió de sobredosis antes de la graduación. Pasan los años, a fin de cuentas el libro abarca unas tres décadas, y solo los Jordan son cercanos, al menos hasta que cualquiera de ellos solicita su funeral en vida. Cuando eso pasa, se tienen que reunir.

     No es este el primer libro que trata el tema de los funerales en vida, una forma oriental que se ha ido exportando al mundo de hacer que la gente recapitule y recuerde las cosas importantes que tiene y, con ellas, las ganas de vivir. En este caso los amigos han llegado al acuerdo de hacer piña en caso de que uno de ellos necesite un funeral de los mentados. El grupo de Rowley son personas más o menos acomodadas que no tienen mayor problema en hacer una pausa en sus vidas adultas para acudir al llamamiento, algo en lo que el autor no se entretiene demasiado porque de eso no es de lo que va la historia. El grupo ha crecido con el paso del tiempo, no en número de miembros, solo en años y experiencias, y se han visto ocasionalmente para cumplir su pacto, se reunieron ante un matrimonio roto, un fallecimiento... y ahí es donde comenzamos a ver que la amistad es un gran eje central en esta novela. Las personas crecen, maduran, y con ellas sus vidas se complican sin que eso signifique que uno a veces no se quede mirando en el espejo pensando; ¿y ese adulto soy yo? porque de algún modo, siendo joven, creyó que jamás cumpliría años y que nada podría sucederle.

     El libro trata temas complicados; hay una enfermedad terminal, abusos, muerte, drogas... sin que ello signifique que el lector se enfrente a una experiencia triste y aterradora. La novela avanza de forma tranquila, se mueve en el espacio y en el tiempo hasta alojarse cerca del corazón del lector mientras su autor permite que un fino humor sobrevuele la historia para permitirnos respirar. A fin de cuentas, la muerte es el personaje que no respira en la novela: una muerte dio la idea de los funerales y ahora la posible muerte de Jordan es la que hace que su marido le inste a activar la reunión, una en la que además sucederá algo diferente, pero esto no lo voy a contar.

     Los oficiantes es una novela humana protagonizada por personajes críticos que no siempre nos van a caer simpáticos. Pero precisamente eso es lo vital: no es necesario apreciarlos, ni siquiera comprenderlos, para ver el valor que tiene esta unión que les permite recordarse que no están solos. La vida es algo valioso, y las personas que nos rodean más. Decirle a la gente lo que tiene, lo que son para nosotros, es algo que olvidamos hasta que es demasiado tarde. ¿De qué sirve poner en un ramo tus amigos no te olvidan si en vida parece que lo hicieron? En la novela de Rowley, ninguno de estos amigos dejará la Tierra sin saber que era amado. Palabra de autor.

     Ahora que están de moda los cantos pintados os diré que a mi me ha encantado la estética de esta cubierta. Y es que reconozco que soy un tanto superficial. Y vosotros, ¿os fijáis en la cuerta de los libros?

     Gracias.

lunes, 24 de febrero de 2025

Los niños de Himmler. Caroline de Mulder

 


     El tema de las maternidades nazis, mucho menos trillado que el de los campos de concentración y los experimentos médicos, me ha resultado siempre llamativo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los niños de Himmler.

     Viajamos a 1944 a un Lebensborn en la campiña bávara. Allí la autora nos presenta a René, una joven embarazada de un soldado; Helga, la encargada del lugar y Marek el hombre que escapa de Dachau, se esconde y cuya única obsesión es comer.

     En este caso y pese a que la novela es imposible que sea ajena a la guerra, estamos ante una novela en la que lo vital son los personajes y sus situaciones personales. La psicología de los personajes está trabajada hasta llegar a la médula para exponérsela así el lector y Renée, de entre ellos, lo hace en todo su triste y miserable esplendor. Ella es la extranjera embarazada de un soldado, la repudiada por su familia y abandonada por el padre de su hijo, es víctima de guerra, del amor en el que creyó, de la hostilidad y el aislamiento y también de la repudia tanto por sus actos como por el propio idioma que le es ajeno en este lugar. Marek es quizás quien lleva una vida más sencilla pese a las penurias. Irá con la cabeza gacha y sentirá necesidad de acercarse, pero a fin de cuentas, ya solo tiene que cumplir con lo que se le ordena. Helga en cambio lo tiene más difícil en ese punto, ya que sus órdenes le hacen actuar como un robot que estrangula su vida personal aunque sus propios razonamientos sean contradictorios. No admite por ejemplo a mujeres embarazadas de hijos ilegítimos pero a la vez regenta un lugar que premio a las infidelidades masculinas de buenos hombres arios que vayan a engendrar perfectos especímenes de raza.. Y, por encima de todos ellos, están los niños. Esa especie de granja en la que se fabricaban pequeños arios que solo eran importantes por el producto dispuesto a salir al mercado a casas de arios de buena raza que terminaran de incluirlos en ese nuevo orden social con el que hitler soñó. Niños que no eran otra cosa que productos adiestrados a no molestar, descartados si no cumplían con los mínimos requeridos. Niños que en muchos casos ya estaban pensados como futuros soldados que iban a morir, no había espacio para los sentimientos.

     Este es el mundo que Caroline muestra de forma prístima y con una prosa que no es ajena a lo visual dejando una parte final que se siente como un punto intermedio entre el círculo poético y la catársis de una tragedia que se intenta ocultar pese a que hoy sabemos que proliferaron este tipo de "guarderías". La novela busca que el lector no olvide jamás el lugar en el que se encuentra. Diferencia los pequeños tesoros arios de las simples máquinas de incubar, que tienen que sentirse orgullosas de lo que hacen como si no significara que son esclavas de la función otorgada por la naturaleza a su cuerpo.

     Los niños de Himmler es brutal en muchos momentos. La autora intenta no emitir juicios dejando que sea el lector quien se encargue de ello en una novela estremecedora que se lee, a grandes ratos, como un documental en el que el lector es capad de escuchar a sus personajes.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 12 de febrero de 2025

Victorian Psycho. Virginia Feito


 

     "Estamos a principios de otoño, el frío no se ha hecho esperar y dentro de tres meses todos los habitantes de esta casa estarán muertos."

     Tengo que reconocer que, si bien la primera novela de la autora me gustó, no se alineaba en absoluto con lo que había prometido la promo, así que, comprendedme, cuando salió la segunda, tenía que probar. Hoy traigo a mi estantería virtual, Victorian Psycho.

      Conocemos a Winifred, institutriz, cuando llega a Ensor House para cuidar de los niños. Y conocemos a los niños, Drusilla la joven que vive enfadada, y Andrew el niño estirado. Y, por supuesto, conocemos también a sus padres en un formato bastante básico de marido se deja caer a la institutriz y esposa se molesta. Winifred viene del caos que ha ido sembrando y, por lo que parece, promete sembrar el caos también aquí. Y esta, es su historia.

     Para aquellos que recuerden a la señora March de su primera novela, tengo que decirles que Winifred es su dr Hyde. Y, seamos sinceros, tampoco es que March fuera una santa. Winifred es, sin lugar a dudas, una pequeña genialidad. Es mala, pero mala en un punto en el que la autora no va a buscar justificar su maldad diciendo lo terrible que ha sido su vida. Que sí, ha podido serlo en algunos momentos y tal vez nos los cuente, pero no lo hace para lograr que empaticemos. Para eso está su sentido del humor. Winifred está desatada, psicótica y estrictamente formal. Si hay que opinar sobre una zona, decir que parece más difícil de incendiar que su alojamiento anterior, le parece un buenísimo punto comparativo. Pero es que además a esta mujer le gusta lamer, masticar carne y, por supuesto, los niños gordos. 
     Si llegáis esperando algo victoriano al uso, podéis seguir caminando. La autora ya da un aviso en el título Victorian Psycho en un claro guiño al Patrick Bateman de American Psycho y su protagonista, al igual que él, es narcisista, explicativa y ajena a cualquier tipo de sentimientos, lo que hace que el lector se mueva entre el estupor y la risa ante lo absurdo de algunos de sus comentarios que, pronto aprende, son totalmente veraces. Y en mitad de todo esto, hay una reunión familiar de esas que se celebran en determinados momentos.  Y, recordando a Patrick Bateman, el lector se pregunta si no estaría mejor leyendo la novela con uno de esos impermeables que venden para subir a las atracciones de agua en los parques de atracciones. Algo que, cuando piensa, le parece terriblemente divertido, porque es para que la sangre no le salpique y además eso ya lo hizo Bateman (Patrick otra vez). De lo que no es consciente es de que eso pasa por su cabeza porque Winifred ya se ha metido en ella. Y no piensa salir.

     Victorian Psycho es una novela terriblemente divertida. Exagerada hasta lo grotesco, hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien.

     Yo muchas veces me río mientras estoy leyendo. Y vosotros, ¿cuál es el último libro con el que se os escapó una carcajada?

     Gracias.