domingo, 3 de julio de 2011

Plenilunio. Antonio Muñoz Molina



      "De día y de noche iba por la ciudad buscando una mirada. Vivía nada más que para esa tarea, aunque intentara hacer otras cosas o fingiera que las hacía, sólo miraba, espiaba los ojos de la gente, las caras de los desconocidos, de los camareros de los bares y los dependientes de las tiendas, las caras y las miradas de los detenidos en las fichas."
     Había hace años una colección de libros de esos de tapa dura y formato barato que se venden en los quioscos que nos acercaba los premios planeta a los que aún no teníamos la suficiente disponibilidad económica como para comprar la fantástica edición roja n piel que plantea ofrecía por medio de su revista. No sólo eso, sino que, además era en rojo también, con lo cual la sensación era aún mayor porque todos, al menos los que tenemos cierta edad, identificamos en ese color al premio planeta. Gracias a esa colección descubrí muchos autores y libros que me entusiasmaron y otros que detesté y me formé mi propia opinión sobre los gustos que tenía el jurado que otorgaba dicho premio. Y fue ahí donde me encontré con Muñoz Molina y su jinete polaco, no me pareció sobresaliente, pero cuando tiempo después me tropecé con Plenilunio lo recordé y decidí darle una oportunidad. El libro arranca con el texto superior, frente a eso no puede hacerse otra cosa que seguir leyendo, verdad?
      Si me ciño al argumento es una novela que habla de crímenes, de un detective con una vida complicada, desestructurada casi y un fantasma enorme a la puerta. Si me ciño a la obra habla de mucho más. Nos encontramos con un personaje principal agotado por la vida que le ha tocado, que ha salido de su vida ordinaria marcado mudándose a una ciudad cualquiera, porque ya no importa ni siquiera el nombre de donde está sino el motivo que lo ha llevado a mudarse y es la tensión bajo la que ha vivido y que no sólo lo ha marcado él sino que ha llevado a su mujer a un psiquiátrico. Nos va internando en su historia que se entrelaza poco a poco con la de la maestra de escuela de una niña asesinada para irnos mostrando la cara más fea del hombre. La del asesino, la del perseguidor escondido, agazapado en la sombra y la del fantasma de nuestra mente que se sabe observada. Es un libro que me fue estrujando hasta convertirme en parte de sus personajes sin poder evitar sentir el peso de la carga compartida y sin levantar la vista por querer evitar esa carga. Cada página que pasaba más miraba por esa ciudad sin nombre sin saber exactamente lo que estaba viendo hasta que el autor me lo iba revelando. Cada párrafo me llevaba un poco mas hacia el alma de los personajes, siempre en tensión, siempre de forma rápida, entre reflexiones incluso pero sin perder ese ritmo eléctrico que tiene la trama, o acaso la nerviosa era yo?.
     Curiosamente podría decirse que estamos ante una novela sin nombre, puesto que vamos conociendo una serie de personas que pasan por la historia, de las que nos dan sus datos, sus vidas a retazos, pero no sabremos jamás el nombre del inspector ni del asesino, porque, al igual que pasa con la ciudad, tampoco importan. Lo que realmente importa son las reflexiones y las vidas de las personas.
      En mi opinión... es uno de los grandes libros, imprescindible que.... creo que esta noche voy a comenzar a releer.
      Gracias