"Te quedan once horas antes del reinicio. Tienes que decirme exactamente qué ha pasado.
¿Dónde estoy?
¿Cómo que «no es importante»? Ni siquiera sé dónde estoy. No sé quién eres. ¿Cómo no va a ser importante?
No... Es decir, sí. Creo. El nombre me suena.
Nos... nos conocemos, ¿verdad?
¿Dónde está Stanley? ¿Se encuentra bien?
¿Qué quieres decir con eso? Dios santo, ¿le ha pasado algo? ¿Está a salvo?
Estamos en... ¿Esto es una piscina vacía?
¿Qué narices está pasando?"
Me atrajo la sinopsis. Parecía partir de un punto común para luego retorcerlo y tuve curiosidad. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Disolución.
Conocemos a Maggie, una mujer que está felizmente casada con un hombre llamado Stanley que está perdiendo la memoria. Ella ve como poco a poco el hombre va olvidando y se va desdibujando y, con él, toda su historia juntos. Desolador. Entonces entra en escena Hassan, que contacta con Maggie para decirle que su marido no está perdiendo la memoria, alguien la está borrando. En lugar de tener Alzheimer está sufriendo un borrado que se produce en la misma residencia en la que está ingresado para recibir cuidados, y esto sucede porque alguien está buscando algo entre sus recuerdos y, para encontrarlo, está realizando un borrado selectivo. De hecho lo que buscan está en la infancia de Stanley. Guiada por Hassan, Maggie se mete de lleno en la memoria de Stanley pero no está preparada para lo que va a encontrar ni el alcance de sus descubrimientos.
Hay que decir que Disolución se adentra dentro de la ciencia ficción especulativa mientras que le plantea al lector preguntas sobre su propia existencia. El alzheimer es desgarrador porque somos aquello que nos forma y la pérdida de la memoria supone también la pérdida de amores, sueños y logros. Y deja a quien tenemos al lado con una profunda sensación de soledad. Y frente a ello se adentra a ritmo de thriller en una historia sobre expansión de memoria, niños que se vuelven superdotados y un descubrimiento increíble cuyas repercusiones solo podemos imaginar. Y es que Binge nos pide que tengamos fe en su novela. Que esperemos, que no nos importe si la premisa inicial nos parece manida o si el comienzo es particularmente lento, que lo es. Nos hablará de aperión, de viajes en el tiempo, creación y extinción, veremos amigos y también traidores, científicos locos y otros sin escrúpulos y también, por supuesto, amor.
La novela utiliza dos líneas temporales, una de horas y otra que sigue la vida de Stanley. A través de ellas leeremos bastante ciencia, pero nada que exija conocimientos en particular o que resulte abrumadora para el lector, y tendremos la sensación de perdernos y encontrarnos varias veces. Sin embargo Binge escribe una novela en la que cada parte y cada dato tiene un propósito. Construye una trama que poco a poco va obsesionando al lector que siente la necesidad de avanzar y no soltar el libro hasta descubrir la última parte. Y es que, pese al esfuerzo inicial, la novela merece la pena y uno la termina despeinado, agotado y más que satisfecho.
Disolución es una novela de ciencia ficción especulativa con todos los ingredientes para gustar a lectores de todo tipo ya sean, o no, aficionados al género.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.

0 comentarios:
Publicar un comentario