sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz Año Nuevo


     Y que el nuevo año, os coja con mucho por leer. Y por compartir.
Feliz Año Nuevo a todos.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Tan fuerte, tan cerca. Jonathan Safran Foer


     "¿Qué co...?
     ¿Y qué me decís de una tetera? ¿Con un pitorro que se abra y se cierre al ritmo del vapor hasta convertirse en una boca capaz de silbar bellas melodías, o de recitar a Shakespeare, o al menos de reírse conmigo? Podría inventar una tetera que me leyera con la voz de papá, y así podría dormirme, o quizá un juego de teteras que cantara el estribillo de Yellow Submarine, que es una canción de los Beatles, a los que adoro, porque la entomología es una de mis raisons d'etre, que es una expresión francesa que conozco."

     Hay escritores cuya mayor virtud es evitar la indiferencia. Así le sucede a Safran Foer, un hombre cuyos libros dividen a los lectores entre entusiastas y detractores de su peculiar estilo. Este años hemos tenido un nuevo libro suyo, y me ha parecido un buen momento para recordar la lectura de este que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Tan fuerte, tan cerca.

     Conocemos a Oskar Schell, un niño que disfruta jugando con su padre a resolver misterios. Ahora el padre de Oskar ha muerto en el ataque terrorista del 11S: pero no trabajaba en las torres, no había nada que justificara allí su presencia, ni siquiera sus últimas llamadas. Oskar parece tener entre manos un nuevo misterio y una única pista, la llave encontrada en un sobre junto a la inscripción, Black. Oskar empieza a buscar la resolución a este último enigma planteado por su padre.

     Si algo se puede decir de este libro, es que su lectura es toda una experiencia. Oskar, su protagonista, es una suerte de cerebrito que disfruta con sus enigmas e inventos, y que, en un intento de superar la pérdida de su padre o tal vez como forma de encararlo, se enfrenta a un último enigma que incluye enigmáticos mensajes. Será su cercanísima mirada la que protagonice un libro que abarcará incluso la historia de los abuelos de Oskar, supervivientes de Dresden, y también la de las calles de Nueva York, ya que su protagonista decide entrevistar a los Black. A todos. Como también vamos descubriendo que todos los personajes en los que se fija el autor tienen algo en común; una lucha por sobreponerse, una cierta marca que hace que uno de los inventos eternamente propuestos por su protagonista tenga sentido. Ese dispositivo que se coloca en las almohadas para recoger lágrimas, se vuelve tremendamente revelador en una novela que huye de dramatismos, evitándolos, tocando temas imposibles como Hiroshima, y convirtiéndolos en algo cercano al lector.

     Y no podemos hablar de Tan fuerte, tan cerca, sin hablar de sus formas. No me refiero esta vez a si es un libro cargado de descripciones, que no lo es, o si su prosa es simple o compleja. Esta vez me refiero al formato completo, ya que nos encontramos ante un libro con muchas imágenes, tachaduras, marcas en rojo, palabras que ocupan una sola página y frases que se aprietan tanto como para terminar resultando imposibles de leer. Y, como ya comentara en el caso de La casa de hojas, no entorpecen la lectura, si acaso le otorgan una fuerza extra, ya que la experimentación con lo visual y los sentimientos provocados con estas transgresiones estéticas, refuerzan el mensaje que en ellas se indica.
     Posmoderno, dicen muchos críticos en un intento de explicar este libro. Puede ser. Pero yo prefiero no ponerle un nombre y quedarme con mensajes. Hablar de un lugar en el que la gente se disculpa por lo que va a suceder, y poder dar marcha atrás al reloj para terminar viendo una de esas terribles imágenes que seguían la trayectoria de un cuerpo precipitándose al vacío desde una de las Torres Gemelas... pero esta vez en sentido inverso, el cuerpo subiendo, elevándose como si se tratara de una de esas palomas, que recordamos tal vez por haberlas visto un puñado de páginas antes. Una imagen que desafía la realidad y que, tal vez, ponga de manifiesto el sentimiento de los lectores ante tragedias irresolubles para muchos.


     Me ha gustado Tan fuerte, tan cerca. Tal vez no tanto como a esos que ponen por las nubes al autor, pero lo disfruté, y también disfruté de su lectura como experiencia ante un libro peculiar, escrito de una forma peculiar que consigue traspasar la barrera libro, para colocarlo en objeto a conservar. Por eso también os lo recomiendo: como experiencia lectora. Y luego me contáis. Merece la pena.



     Me gustan los escritores cuyos libros no dejan indiferentes a los lectores. Me gusta amar y odiar los libros que leo. Me gusta sentir. Y vosotros, ¿cuál es el último libro que recordáis os provocara un sentimiento de placer o rechazo tan acusado?

     Gracias.

   

martes, 27 de diciembre de 2016

La Esposa joven. Alessandro Baricco


     "Debido a antiguos acontecimientos sobre cuyos detalles se prefiere por ahora guardar silencio, la costumbre se cierne sobre ese despertar solemne, que luego se convierte en festivo y prolongado. Concierne a toda la casa. Nunca antes del amanecer, esto es taxativo. Esperan la luz y la danza de Modesto en las siete ventanas. Solo entonces consideran que ha terminado para ellos la condena de la cama, la ceguera del dormir y la apuesta de los sueños. Muertos, la voz del anciano los trae de vuelta a la vida."

     Baricco siempre me despierta curiosidad y termino por traérmelo a casa. Por eso no es extraño que hoy traiga a mi estantería virtual, La Esposa joven.

     Conocemos a Modesto, el que tiene nombre, el que marca el comienzo del día y el fin de la noche de la familia protagonista, y el que abre la puerta el día que llega, la Esposa joven. Una mujer que viene cumplidos los dieciocho para casarse con el Hijo. Porque en esta familia sin nombres, todos llevan su puesto a modo de sustantivo, la Madre, el Padre, el Hijo, la Hija... el Tío. La Esposa joven llega pero el Hijo está ausente, esperará su regreso que comienza a plazos mientras conoce poco a poco a la familia. Excéntricos. Diferentes.

     Leer a Baricco es una experiencia, qué duda cabe. Al menos en mi caso, los frugales argumentos quedan totalmente supeditados a sus formas, románticas del modo más literario posible, almibarado, personal. Sin embargo posiblemente sea en este libro en el que más carga su pluma a la hora de convertir en una ensoñación lo relatado, solo rota por el sexo recurrente que tiñe las páginas de la historia. Una historia en la que todo parece imposible en este mundo vacío representado. Una familia de costumbres excéntricas y un tío capaz de vivir entre sueño y sueño sin que se le derrame una gota de champán de su copa mientras duerme.  Aunque el sexo o su ausencia también es recurrente en la obra de Baricco, como en la propia vida, supongo. En este caso la casa da sensación de vacío, las personas que viven en ella también, y el sexo parece ser la única forma de llenarse al menos momentáneamente. No un sexo frontal y directo, aunque si es directo, sino una forma tangencial de abordar la vida, un parche, un roce, un susurro, un burdel de sensaciones para quien no tiene otras verdaderas que vivir. Y un narrador oscilante y entrometido que propone al lector el juego de seguir su rumbo y dejarse llevar por lo imposible de lo relatado.

     Al final uno descubre que todas las novelas de Baricco están hechas para lectores de Baricco. En esta hay una suerte de coqueteo metaliterario, en otras son bombillas, en otras viajes. Pero siempre hay un diálogo entre el autor y el lector que debe de dejarse convencer desde el primer momento. A mi no siempre me pasa, de hecho es más la curiosidad por su inventiva la que me ha llevado a seguir leyéndole. Tiendo a quedarme de cada libro con una cosa, un detalle, un personaje que asoma parcialmente y cuyas peculiaridades me sirven como excusa para justificar la lectura completa. En este caso, el tío dormido. Esa es mi peculiaridad elegida en esta novela, aunque hubiera podido ser la madre, o Modesto, o el miedo a la noche, incluso la Hija. Por qué no. Pero me quedo con el tío.

     La Esposa joven es una historia para iniciados ya en la pluma de Baricco. Pero incluso ellos serán conscientes de que va a la deriva en un momento entre la mitad y el último tercio del libro, del que no logra recuperarse. Le ha faltado convicción al relatar, y eso genera que también le falte al lector a la hora de cumplir su parte. Una lástima.

     Y vosotros, ¿con qué libro habéis comenzado esta semana?

     Gracias.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Listas de libros



     Siempre me han resultado curiosas esas listas que aparecen por esta época del año. Es como si existiera una competición a ver quien saca la mejor lista, la más cuidada, la que incluya los títulos dados por tal o cual firma porque serán considerados mejores que si se basan en las listas de ventas. Porque digo yo que si el lector es el que decide al final de todo este proceso, las listas de los mejores libros deberían de ir de la mano al menos en la mitad, con las de los libros más vendidos. Pero claro, en este mundo que nos ha tocado, no queda bien hablar de las lecturas de, por ejemplo, Calendar girl, ya que estoy convencida de que los fotos de libros se inventaron, para tapar las portadas de los títulos que se leen con deleite a hurtadillas.

     En fin, a lo que iba, las listas. Vaya por delante que no voy a hacer ninguna porque me costaría pensar en diez libros que sobresalgan, y porque no tengo tanta memoria, y porque para eso tengo un perfil en GoodReads en el que valoro a medida que leo. Además, y según me he dado cuenta, debería de decantarme por un género o número, no lo tengo claro, porque ahora hay listas para todos los gustos. De novela, de ensayo, de novela negra... y luego las genéricas de los mejores libros, así a lo grande, que curiosamente no suelen incluir ninguno de aquellos cuya faja proclamó Libro del año hace apenas unos meses. Lo que sí tengo muy claro es lo que me dicen las listas que veo, y es un montón de cosas sobre quien las hace. En algunos casos son por simple divertimento, el compartir lo leído y ver si alguien más lo comparte; esa es la parte que me gusta, la divertida. Luego están las que aleccionan, que son esas en las que parecen querer medir tu criterio en base a la concordancia del de otros que afirman haberse puesto de acuerdo en un montón de títulos. Y finalmente las que predican en el desierto, que son escritas por quienes siendo primeros quieren pasar por segundos. Y todos ellos tienen algo en común; una lista de libros, dice mucho más de quien la dice que de los libros que en ella expone. En primer lugar nos habla de su gusto propio, ya que todo canon irá sesgado por las lecturas hechas por quien lo realiza. No puedes saber si algo es bueno, si aún no lo has leído. Así que quedan al descubierto filias y fobias del aut... digo... los gustos a la hora de elegir lectura. Y perdón por el desliz, pero de las filias y fobias no se habla en esta época del año. Uno puede hablar meses de que le gusta una editorial, pero no en una lista no vaya a quedar en entredicho. Aunque eso jamás se dirá en voz alta, eso sería el equivalente a decir que se admitiría que influye quien la vea... y no, no, nada más lejos.

     A mi, y diréis que os importa poco, lo que me interesa son las recomendaciones de lectores que conozco y cuyos gustos me sean afines. Aquellos que frecuento, o que comparto o que charlo, esos. Pero no esas que hacen que me aprenda nombres imposibles teniendo en cuenta que las grandes o las pequeñas o qué se yo que hay que considerar para poder incluir un libro en tan afamado repertorio. Lo que si sí, es que leo más o menos mucho, como todo eso depende de comparado con quién, y hay muchas en las que no reconozco más que al firmante. O el medio en el que aparece. Y que títulos que me han parecido enormes, no asoman por ninguna parte. Y que el libro del año es el que yo haya leído en ese año, que no ha de ser necesariamente publicado o traducido en este periodo, ni yo tengo la economía para tanto dispendio. Además, seamos todos un poco sinceros... estamos mirando con un ojo esas listas y estamos ya pensando en los que saldrán en 2017. Porque esas listas, señores listólogos o listeros, son las que nos interesan en este momento, sobre todo teniendo en cuenta la vida media de un libro en la mesa de la librería. No quiero saber cuál se me escapó, lo que me apetece que me digan es lo que me llegará y sobre lo que podré decidir. Así que, por favor, pónganse a ello, que el año ya ha pasado y para mis regalos de Navidad tiro más del BestSeller que del culto, por eso de acertar más fácilmente.

     Lo que tengo muy claro de las listas de este año, y lo digo con cierta sorna al igual que el resto, es que en ninguna de ellas va a aparecer el flamante premio Nobel,

     A vosotros, ¿os gustan las litas?

     Gracias

jueves, 22 de diciembre de 2016

La Broma Infinita. David Foster Wallace


     "Estoy sentado en una sala, rodeado de cabezas y de cuerpos. Mi postura es conscientemente congruente con la forma de mi dura silla. Es una fría habitación en la administración de la universidad con las paredes forradas de madera, con cuadros al estilo Remington, y ventanas dobles que la protegen de la canícula de noviembre. Los ruidos administrativos quedan aislados por la sala de recepción por la que acabamos de entrar el tío Charles, el señor DeLint y yo.
     Yo estoy aquí dentro." 

"¡Ay, pobre Yorick! Yo le conocía, Horacio: tenía un humor incansable, una agudeza asombrosa."
"Alas, poor Yorick! I knew him, Horatio: a fellow of infinite jest."
Hamlet

     Nunca pensé en sacar este libro. De hecho, aún no tengo claro si voy a salir vencida del intento, pero como hay tantos perdedores luchando en el libro, supongo que si eso me sucede será una muerte poética de algún modo retorcido para una aficionada a las letras del autor. Hoy traigo a mi estantería virtual un libro que dicen dividir a quien lo lee, pero también a quien no lo ha leído en función del miedo que le tenga. Se trata de La broma infinita.

     Tratar de hacer una sinopsis sobre este libro es un auténtico despropósito ya que tiene una trama que se fragmenta en dos, aunque se tocan. También tiene personajes que parecen no saber que hay una trama y funcionan por su cuenta, y además están las vías accesorias, tantas que sería imposible contarlas sin hacer un listado. Bueno, y las notas del autor, que no del traductor, otra novela en sí mismas. Así que diré que habla de una academia de tenis, un centro de rehabilitación y una familia, los Incandenza. Y, a partir de ahí, avanzamos.

     La broma infinita es un libro ambientado en un presente o futuro muy cercano en un momento en el que hasta los años se venden al mejor postor, así que estamos en El año de la ropa interior Depend, o el de Glad o el de Whopper, lo mismo da. Bien, este es el primer momento en el que uno acaricia la palabra broma junto a la sensación de ir a sumergirse en una historia corrosiva. Y es sólo la primera línea de la primera página... nos quedan aproximadamente... ¿mil? Y lo cierto es que si incluso una estación de metro mítica ha pasado por llevar el nombre añadido de una empresa de telefonía, tal vez no sea tan descabellado este planteamiento que se nos hace...  Así pues, estamos en este año y en un mundo con una organización política llamada ONAN, de ahí que haya onanistas, término que rápidamente comprendemos, y una Gran Concavidad de residuos por Nueva Inglaterra. Y también están los canadienses, y el terrorismo de personas en sillas de ruedas. Nosotros conocemos a los Incandenza, y ¡qué familia! James, el patriarca, era un tenista frustrado que acabó por fundar la Academia de Tenis Enfield, cineasta, adicto y suicida, llevará un peso primordial en la novela. Tiene un esposa con un hambre feroz, aunque no de comida, y tres hijos dispares; del atleta al inteligente pasando por el discapacitado. Pero James, y ahí llega su gran importancia, es el director de La Broma Infinita.
     La Broma Infinita es una película capaz de anular a quien la vez, generándoles una suerte de placer adictivo del entretenimiento como nunca antes se había visto. No es exactamente metaliteratura, pero estoy segura de que es metaalgo.

     Y empezamos a orbitar. De la academia de supuestos vencedores en la que lo humano no se muestra, se gana, a la zona de rehabilitación en la que se tira de lo humano para avanzar. Y vemos el precio del triunfo, alto, demasiado alto, y también como se relacionan entre ambas. Como si estuviéramos ante el blanco y el negro y el autor quisiera mostrarnos todas y cada una de las escalas del gris. Y todo esto sin hablar de los terroristas, de una conversación fantástica, del tratado sobre medicamentos que se incluye en las notas o de cómo se juega al tenis. Todo esto sin apenas haber hablado de un libro del que es imposible sacar una sinopsis pero que, una vez leído, vemos que nos la cuenta en el propio título. Y terminamos y lo intentamos interpretar y no sabemos si nos quedamos con la crítica social, si hablar del entretenimiento como factor de distracción o de enganche (máxime en este momento de aplicaciones adicctivas), o de familias y secretos, o de crítica política o tal vez social... Y no sabemos, por un motivo, y es que Wallace nos deja un poco tocados, bastante fundidos y, en mi caso, francamente satisfechos.
     Ahora que un crítico con nociones completas hablaría del posmodernismo literario, ahora que tocaría analizar lo exhaustivo de los detalles o las partes del libro que se solapan o se ignoran por tal o cual personaje. Ahora que podría hablaros de secundarios conocidos o de otros realmente vitales y hablar de descripciones casi morbosas... ahora es cuando confieso que me gustó mucho este libro. Y me gustó porque me divertí, porque en el fondo es un gran rompecabezas en el que puedes estar leyendo y olvidar el detalle leído hasta pasadas, ¿yo que sé! doscientas páginas, y entonces notar que algo que Wallace te implantó, hace "click" y todo se mueve como en un gigantesco cubo de rubick en el que, al intentar colocar una única pieza de un color, has movido ocho piezas más.

     Comenzaba diciendo que este libro también divide a los no lectores entre quienes lo miran en silencio, y algún día caerán, y aquellos que salen corriendo antes de terminar de decir Infinita. Y a lo largo del tiempo me he dado cuenta de que es así. También he notado que es un libro que no se puede recomendar fácilmente,d e hecho, no se puede recomendar. Lo mejor es llegar y contar algo y esperar. Y si es realmente el momento de quien escucha, esa persona lo sabrá y acudirá a la librería y comprará el libro. Aunque durante tiempo haya pertenecido al grupo de los que miran con miedo. Da igual.  Y si eso os pasa, y os apetece, y queréis verlo y leerlo y, sí, también sufrirlo, adelante. El viaje, va a ser divertido, aunque tal vez no de la forma habitual.

    No me gustan los libros triviales, los argumentos repetidos, los clones. Me gustan los libros singulares, las historias bien hechas, los momentos brillantes. Me gusta, porque volveré a sus páginas, La broma infinita.

     Y vosotros, ¿sois de los que miráis este título con curiosidad o de los que lo habéis tachado de antemano?

     Gracias.

     Nota:
     1. Os he contado un montón de cosas mezcladas con sensaciones, pero ni la mitad de la mitad de lo que os va a contar el libro. Tampoco he descrito ni la mitad de las sensaciones.
     2. Esto es otra nota. No es cuestión de si hacía falta esta segunda nota, de hecho solo existe para que os vayáis acostumbrando.

martes, 20 de diciembre de 2016

Leche materna. Edward St. Aubyn


     "¿Por qué pretendían matarlo al nacer? Lo mantuvieron despierto durante días, le golpearon una y otra vez la cabeza contra el cuello del útero cerrado; le retorcieron el cordón umbilical alrededor del cuello, estrangulándolo; mordieron el vientre de la madre con unas grandes tijeras frías; le sujetaron la cabeza con unas pinzas quirúrgicas y fueron tirándole del cuello de un lado a otro; lo sacaron de su refugio para golpearlo; lo deslumbraron con luces delante de los ojos y haciendo experimentos; lo separaron de la madre mientras ésta yacía medio muerta sobre la mesa."

     A veces conocemos a un escritor cuando aún no nos ha llegado. Eso me sucedió con St Aubyn, al que conocía por su trilogía Never mind y los premios recibidos pero del que no había leído nada hasta su título Sin palabras. Y decidí bucear. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Leche materna.

     Conocemos a Patrick, por ponernos en antecedentes de un personaje recuperado en esta novela. Viene de una familia que tuvo posición y dinero, pasó una mala juventud y lleva consigo una relación desordenada con sus padres. Ahora está, según él mismo, en la crisis de los cuarenta, casado y con dos hijos. Tiene un trabajo que no practica demasiado y una familia con la que tampoco se esfuerza. Mary, su mujer, parece haber renunciado a sí misma para ser madre, como si eso pudiera llenar algún agujero insondable que llevara en su interior. La familia la completa Robert, el hijo mayor, un niño que ve como su padre invierte en él un tiempo escaso en temas infantiles, pero sí que parece procurar moldear su relación y su forma de ver la vida; y Thomas, el pequeño, en su más tierna infancia y dependiente de la madre.

     St. Aubyn nos da en este libro un retrato mordaz, a veces incluso despiadado, de una familia cualquiera. Dando voz a sus diferentes miembros, salvo al hermano pequeño por razones lógicas, vemos la visión que tiene cada uno de ellos de la vida que les ha tocado llevar, y también la sensación constante de estar atrapado en esa vida. Quizás por eso comienza con el recuerdo, entendemos que falso en la realidad pero representativo en la novela, del enfado y desamparo producido en Robert al nacer. Como si el ser humano se sintiera más cómodo cuando se encuentra parcelado, pese a que luche precisamente contra esa sensación. Robert sufre los celos propios de quien siente que ya no es suficiente para sus padres al llegar un hermano, y ofrece una visión de la vida familiar propia de un niño. Muy lograda realmente, dándose importancia e imitando a la niñera. Y con esta primera voz es con la que conocemos a la abuela, la madre de Patrick. Porque Patrick heredará, o no, el dinero de su madre. Y digo o no porque la madre de Patrick, aquejada por esa terrible enfermedad que es el alzheimer, parece que va a renunciar a sus bienes para dárselos a una fundación que sólo quiere de ella su preciada posesión. Y con esta situación, bastante común por desgracia si uno mira las noticias, se completa el cuadro presentado por el autor. nos permite entrar en la mente de Patrick, aquejado de una ira heredada posiblemente de la relación con su padre y trasladada ahora a la lucha contra la decisión de su madre que se tambalea entre sentimientos hacia ella. Y también conocemos a Mary, esa mujer que parece perdida pero que también lleva como lastre unas relaciones con sus progenitores que pareciera querer corregir en sus hijos.  Y así son todas las familias en cuanto rascas un poco, parece querernos decir el autor. y para ello no tiene misericordia alguna a la hora de mostrar sentimientos y frases, hastíos, engaños y dejadez en sus personajes, otorgando, eso sí, con ello a la novela de un sentido del humor incisivo, a ratos incluso corrosivo. Yo todo ellos mientras seguimos las vicisitudes de la herencia, de la relación entre los progenitores y de la visión de todos ellos sin escatimar en juicios de valor hacia cada uno de los miembros de la familia. El autor llega a empujarnos incluso a juzgar al hermano pequeño, un bebé cuando empieza la historia y un niño aún pequeño cuando termina. Nadie escapa a su mirada, y tampoco a nuestro juicio.

     Además de una perfecta construcción de los personajes, lo que me ha llamado más la atención de esta novela es lo bien escrita que está. Consigue St. Aubyn manejar los tonos adecuándolos a cada uno de los narradores sin que nos perdamos en un solo momento entre unos y otros. En definitiva, ha sido un placer volver a las letras de St. Aubyn que, no cabe duda, pienso repetir.

     Y vosotros, ¿sois lectores de un título o repetís cuando un escritor os gusta?

     Gracias.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Personas desconocidas. John Katzenbach


     "Colgar. Una expresión distinta en el rostro de la madre. Una aceleración interna: de lo que debería haber sido una modesta inquietud a una curiosidad nerviosa y una súbita alarma en segundos, con el pánico absoluto aguardando, con la llegada inevitable del terror acechando a la vuelta de la esquina."

     John Katzenbach es uno de esos escritores cuyo impronuciable apellido nos hemos ido aprendiendo a golpe de lectura hasta convertirse en algo familiar. Cada libro suyo, es leído por un grupo de fieles adeptos al autor desde que leyeran El psicoanalista. Hoy traigo a mi estantería virtual su última publicación, Personas desconocidas.

     Conocemos a Gabe, un policía intachable hasta que la vida le jugó una mala pasada y, viéndose abandonado por su mujer y sin su hijo, se dejó caer en una esperial autodestructiva; y Marta, una policía de Narcóticos señalada por disparar y acertar en una situación de máxima tensión... a su propio compañero. Ambos son personas non gratas en el departamento de policía así que se les reubica en un lugar apartado encomendándoles la tediosa tarea de revisar casos antiguos jamás resueltos. Pronto creen encontrar la relación entre cuatro muertes. Cuatro asesinatos sin resolver encargados a la misma pareja de policías. Marta y Gabe se huelen que algo se les pudo escapar así que, en lugar de pasar el caso a la Brigada Criminal como les ordenaron, deciden ponerse a investigar en un asunto mucho más feo de lo que pensaron en un primer momento, y en el que se cruzará la desaparición de una niña muchos años atrás.

     Con estas premisas uno podría esperar una novela rápida, de esas que dicen trepidante, pero Katzenbach distribuye los ritmos y consigue una marcha constante a lo largo de toda la historia. Los protagonistas, marcados por sus propias desgracias, parecen afanarse a este caso que vislumbran como si fuera su única oportunidad en la vida para demostrar que no son la basura que otros empiezan a considerarles. Quizás por eso es fácil empatizar con ellos. Sus desgracias se acaban convirtiendo en algo familiar para un lector que, cuando comenzó el libro con un flashback en el que desaparecía una niña de 13 años, empieza a preguntarse por dónde van los tiros demasiado pronto como para que el autor sea capaz de mantener el suspense hasta el final. Dos hilos temporales, uno pasado muy escueto y en cursiva, y otro presente, irán avanzando hasta que consigamos unirlos mediante un nexo sólido y después de hacernos dar  un par de vueltas en giros más o menos inesperados.
     El autor consigue entretener al lector que se deja llevar por las páginas y reflexiones de los protagonistas, sin darse cuenta de que las horas pasan sin levantar la vista del libro. Y eso es siempre de agradecer en este tipo de lecturas. Sin embargo, he tenido la sensación de que uno de los casos, mucho más lateral y relacionado con la vida anterior de Marta, estaba cogido un tanto por los pelos y que el libro no hubiera perdido ni ganado en caso de suprimirse... por lo tanto había ganado, ya que este tipo de cosas hacen que haya lagunas en las que pierdo interés. El final, como comentaba, me ha resultado un tanto predecible, sin que ello haya supuesto un lastre para la resolución de la novela, ya que en este caso se convierte en un final por descarte en el que ninguna otro opción hubiera sido verosímil para la trama. Le ha faltado, eso sí, un poquito de tensión en esas últimas páginas.

     Personas desconocidas es una novela entretenida en la línea habitual de su autor que no decepcionará a los habituales.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.