Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Random House. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Literatura Random House. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de enero de 2026

Lázaro Resucitado. Richard Price

 


     "Para Anthony Carter, de cuarenta y dos años, los dos últimos en paro, separado de su mujer e hijastra durante el mismo periodo de tiempo, apartado de la cocaína desde hacía seis meses y recientemente refugiado en el apartamento de sus fallecidos padres en el bulevar Frederick Douglass, aquella era una de esas noches en las que encontrarse a solas con sus pensamientos, a solas con sus pérdidas, resultaba mortal de necesidad, de modo que hizo lo que siempre hacía: salir a dar una vuelta, lo que en su caso significaba recorrerse los bares de la avenida Lenox, uno tras otro, tildando este de demasiado quinqui, aquel de demasiado turístico-escandinavo, demasiado ruidoso el de más acá, demasiado muermo el de más allá, y así hasta el infinito, limitándose a darle apenas un par de sorbos a su consumición en cada uno de ellos para luego dejar caer sus dólares sobre la barra y salir en busca del siguiente local como un Ricitos de Oro de alta graduación, con la esperanza de que el próximo bar, la próxima conversación aleatoria, motivase alguna clase de epifanía que le revelaría una nueva manera de ser, pero todo formaba parte de una rutina que nunca le llevaba a ninguna parte que no fuese de vuelta al apartamento, algo de lo que era perfectamente consciente, pues lo había aprendido con la práctica, pero «quizá esta vez» es una adicción y «nunca se sabe» es otra, de modo que puso rumbo a la calle".
 
     Más por The Wire que por otra cosa el caso es que Richard Price es un nombre que figuraba entre mis pendientes para 2026. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Lázaro Resucitado.

     Viajamos hasta Harlem 2008. Allí un edificio de 5 plantas sufre un colapso y se derrumba. Seis muertos y varios desaparecidos y la zona se vuelve un caos. Bien lo sabe la policía Mary Roe que se obsesiona con buscar uno de los desaparecidos mientras el fotógrafo, Félix, no para con su cámara y el propietario de una funeraria en problemas, Davis, ve oportunidad de negocio. Sin embargo, el que más llama la atención es ese hombre que pasa varios días entre los escombros, Anthony Carter, y aparece con un mensaje para su fama instantánea.

     Es evidente que tras un suceso así, los personajes de la novela van a estar en un modo errático, desubicado o, sea cual sea, afectados por lo sucedido. Pero también es evidente que la historia central es la del hombre que aparece, resucitado o no, sano y salvo tras la tragedia. Y creo que en esta última frase he dicho más de la sinopsis que en todo el párrafo anterior. Carter es, a todas luces, un fracasado: sin empleo, adicto a la cocaína y con un matrimonio a sus espaldas lo único que le faltaba es que se derrumbara su casa. Y así sucedió y de allí es rescatado después de más horas de las razonables convirtiéndolo en un famoso de forma instantánea al que se le facilita un podio desde el que va a ser escuchado por muchas personas. Y su historia conmueve, cómo no, y Carter se da cuenta: es su momento. El lector no solo sabe que está en su momento por Carter, también lo hace por las reacciones del resto de personajes a sus palabras. 

     Price es un excepcional captador de momentos y pulsos sociales, las reacciones son su especialidad y, una vez más, esta novela es un claro ejemplo. Esto es importante porque en la novela de Price realmente no hay una trama como tal. Me explico: se ha derrumbado un edificio y hay cuatro personajes que orbitan en torno a esta trama pero ninguno de ellos, ni siquiera el milagro andante, puede decir que sea una experiencia que marca la trayectoria de su vida. No tienen un punto de inflexión, no cambian porque tengan una revelación, no. Nada. No se trata de eso. Son cuatro personas cualquiera, parece decirnos Price, pero, eh! ¡tu fíjate en la explosión!,¡se oyó lejísimos! Si hay que disfrutar del camino, Lázaro Resucitado es el ejemplo perfecto en la literatura. Y eso que sí, hay incluso un poco de amor, pero... no. Y aún así se disfruta, se pasea, se siente y se huele. Ese es el gran mérito de Price.

     Lázaro resucitado es una novela sobre un derrumbe. Y poco más o tal vez con todo lo demás. Pero se disfruta.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 25 de junio de 2025

Lluvia pequeña. Garth Greenwell

 


     "Me pidieron que describiera el dolor pero el dolor era indescriptible, en una escala del uno al diez requería otra escala".

     Greenwell es un escritor que descubrí hace relativamente poco pero cuya pluma me ganó en Lo que te pertenece. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La lluvia pequeña.

     El protagonista de esta novela es también su narrador. Un escritor, poeta, que está enseñando cuando el dolor le sobreviene arrasándolo todo. Y donde dicen que el dolor es indescriptible y que incluso somos incapaces de recordar cómo fue exactamente un dolor pasado más allá de la intensidad con la que lo padecimos, Greenwell pone a su narrador a cuatro patas, lo dobla y le hace sentir que lo agarran las tripas. Su dolor es visceral y su pareja le pide que acuda a un hospital. Pero corre el año 2020 y los hospitales eran lugares aterradores en los que la gente moría por una pandemia. Finalmente acude, qué remedio, y es diagnosticado de una disección de aorta, algo terrible y potencialmente mortal. 

     Ahora el narrador se convierte en paciente, su caso atrae la atención, le miran y hacen pruebas. Su piel pasa por muchas manos y su mente divaga entre presente, pasado y poesía. Y aquí el libro se despega de lo habitual. No se trata de una novela de hospitales, ni de qué sucedió exactamente en ese difícil momento. Tampoco una novela sobre el enfermo y quien lo acompaña (su pareja no podrá hacerlo durante semanas). Es una novela sobre el redescubrimiento de la propia conciencia en una situación extrema y el dolor vuelve en oleadas que el autor gira una y otra vez buscando su descripción.  El protagonista se redescubre por dentro y por fuera, salen a flote viejos complejos a partir de nuevas situaciones y, exactamente igual, esta nueva situación desempolva viejos sentimientos. L, su pareja, el añorado, el que cuida, el que tal vez ha sido descuidado por él y, frente a tanta soledad, el narrador parece redescubrir quién es su punto de anclaje con el mundo.

     Greenwell en sus novelas lleva al protagonista, presumiblemente el mismo, a situaciones difíciles de describir, viscerales. Y quizás, de todas ellas, la más incapacitante para ser plasmada es el dolor. Por eso, y no solo por el sentimiento, vuelve a ella una y otra vez en un intento de desesperarnos tanto como lo está el propio protagonista al que sentimos desnudo frente al mundo, vulnerable. Y en pandemia.

     Lluvia pequeña es una gran novela. Y poco más hay que añadir. Salvo que quizás no sea para todos.

     Contadme, ¿os gusta leer temas torturados como a mi?

     Gracias.

lunes, 31 de marzo de 2025

Shy. Max Porter

 


     "No esperaba que la mochila pesara tanto. 
      La tarima lanza un quejido. 
      Lo comprueba de nuevo: el canuto encajado en diagonal dentro del paquete vacío de Embassy. 
      El control matutino se encuentra a medio sueño de distancia. 
      La habitación es suave y líquida. 
      Le tienta. 
      Nervios. 
      No esperaba que la mochila pesara tanto.
      Son las 3.13 de la mañana.
      Está llena de piedras, pues claro que pesa. 
      El sílex común tiene unos seiscientos millones de años de antigüedad, dijo Steve. 
      Punto de ruptura".

     Descubrí a Max Porter con El duelo es esa cosa con Alas y desde entonces le he sido fiel. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Shy.

     Conocemos a Shy, un adolescente que, desde los 13 años, ha decidido ponérselo difícil a todo el mundo. No ha matado a nadie, aunque hay que decir que una vez apuñaló un dedo. Más allá de eso, hizo casi de todo. Y claro, ha sido expulsado varias veces del centro escolar. Por eso acaba en Last Chance, un lugar que es lo que su nombre indica, un centro para rehabilitar a jóvenes especialmente problemáticos. Un sitio de mierda para el protagonista quien, al comenzar la novela, escapa. Y, a partir de ahí y de sus pensamientos, conocemos a Shy.

     Como ya sucede con más libros de Porter Shy es importante porque lo es la forma en la que está escrito, capaz de trascender el texto para alcanzar al lector. Asistimos a un torrente de palabras, casi una conciencia que habla de forma atropellada pero indudablemente hermosa. Poco importa lo que sucede en la novela, a eso Porter ya nos tiene acostumbrados, porque lo vital es quién aparece en ella. El joven violento capaz de llegar demasiado cerca del lector, el padrastro que no lo comprende o la madre doliente por el hijo que le ha salido son las bazas seguras sobre las que se apoya esta novela. Shy es un Holden Caulfield de este siglo con una voz cínica en manos de un escritor con fijación por lo irreal dentro del mundo, que desdibuja los contornos formando una suerte de sombras luminosas. 
      También asistimos al centro porque hay un reportaje que rápidamente catalogamos de buenerista cuando describe este lugar lleno de jóvenes que tienen ahí su última oportunidad para ser "alguien de provecho". Quizás por eso el protagonista se mueve haciendo equilibrios entre lo que se podría considerar un adolescente problemático y alguien definitivamente malo. O tal vez no haga equilibrios y sea directamente un futuro mal adulto al que el autor dota de la suficiente sensibilidad como para que seamos un poco condescendientes. Un poco como esos padres que no saben qué hacer porque para cuando se han dado cuenta ya es tarde.

     Shy es un libro especial, cargado de sentimientos que se trasladan al lector en forma de torrente de pensamientos que saltan por algún tipo de libre asociación personal que nos ayuda a comprender al protagonista. Hermoso y violento, es una experiencia de lectura. Como toda la obra de Max Porter.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.
     

miércoles, 30 de octubre de 2024

Actos humanos. Han Kang


     "Espero que tú me guíes a partir de ahora. Que me lleves a la claridad, a donde brilla la luz, a donde se abren las flores".

      Y si empezamos la semana con Han Kang, seguimos con ella. Hoy traigo a mi estantería virtual, Actos humanos.

    Como resumen colosal de esta novela basta decir que la autora cuenta la historia de víctimas y supervivientes del levantamiento producido en Corea del Sur en 1980. Y más concretamente en Gwangju.

     Con uno de los comienzos más impactantes que recuerdo, la novela pone voz a un adolescente que vive en mitad del horror, tanto que parece catalogar los muertos como forma de ayuda en una narración totalmente directa que deja al lector impactado. Y entonces avanza y descubre el primer gran secreto de la novela: nunca sabes quién hablará. Y el segundo: no hay tregua donde no hubo paz. Y el último: esta novela, aunque no sea tuya, aunque tú no lo hayas vivido, aunque no conozcas los lugares o las sensaciones, se dirige a ti. Y el lector lo acepta. Porque realmente poco importa donde se produzca el estallido de violencia o la masacre, ya se ha producido en otro lugar o se irá a producir mañana, o el mes que viene. Solo que Kang elige Corea. Pero volvamos al chico, una persona, un hilo para contar una historia que se mueve en el tiempo para permitir a la autora reflexionar. Quizás por estar en España donde aún se recuerda la Guerra Civil, se ve esta novela de otro modo, una novela que habla de actos humanos, de actos de violencia pero también de ayuda. Parece que Kang no está dispuesta a dejar que los lectores terminen sus libros bajo la luz de la indiferencia. Por eso en esta novela, igual que lo hizo en La Vegetariana, los perturba sacudiendo su conciencia. Para ello acude a distintos personajes en los que, más que basarse en la violencia como tal, lo que hace es centrarse en ellos, en su forma de reaccionar, de afrontar o evitar (sirva de ejemplo el niño del principio). Y así avanzamos a lo largo de seis de las siete partes de la novela. Entre la brutalidad, el horror y la humanidad tan firmemente ligados que dan escalofríos, porque forman parte de la naturaleza de las personas. Porque es una historia que se repite y hay quien en lugar de sofocar la violencia parece alentarla. Y entonces llegamos a la parte séptima.

      Ahora vemos lo que hemos leído. El levantamiento sucedió, la autora no se convierte en un personaje, al contrario, lo que hace es convertir la novela en una memoria. Entendemos sus reflexiones, su relación, dimensiona la historia. El golpe de gracia que no tiene ninguna gracia en realidad. La novela termina "sin ruido" (al leerla lo entenderéis), pero provoca un silencio atronador en quien la tiene en sus manos.

     Actos humanos es una novela profundamente perturbadora sobre la verdadera naturaleza del ser humano, la violencia y las formas de sobrevivir a ella. Kang no escribe para dejarnos tranquilos.

     Y vosotros, ¿buscáis el libro más conocido de un autor premiado o preferís investigar?

     Gracias.



     La novela saldrá con esta cubierta en 5 de diciembre por Literatura Random House. La reseña se abre con la cubierta de la novela que yo leí en su momento.

lunes, 28 de octubre de 2024

La vegetariana. Han Kang

 


     "Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana, nunca pensé que fuera una persona especial".

     Leí La vegetariana cuando lo trajo la editorial Rata que, si no ha desaparecido, la verdad es que hace mucho tiempo que no veo una novedad suya por alguna librería. Si ahora recupero este título es porque acaba de recibir su autora el Premio Nobel de Literatura y, si os pasa como a mi casi todos los años, pues seguramente muchos estéis buscando información sobre qué tipo de libros escribe. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La vegetariana.

     Con esa frase aparentemente sin importancia da comienzo el libro que cuenta como su protagonista, Yeong-hye, una mañana se levanta tras haber soñado mucho, y se descubre vegetariana. No en un monstruoso insecto que hubiera dicho Kafka, si no en algo aparentemente mucho más sencillo e inocuo, una simple vegetariana. Sin embargo, y como sucede en la famosa novela, las cosas pueden tener raíces mucho más profundas de lo que aparentemente puedan parecer. La protagonista, y voy a referirme muchas más veces a La Transformación, es tan insignificante como una cucaracha (no soy sutil, lo sé) y es que, incluso para relatar su propia historia carece de voz propia. Serán su marido, su cuñado y su hermana, personas que valen algo por lo que son y por lo que hacen, en cambio ella, ¿qué hace? pues parece que nada. Al menos hasta que se reivindica como vegetariana, algo que provoca el rechazo inmediato. Para Kang la carne se convierte en algo visceral y la novela se vuelve una pesadilla de tortura, violación y violencia y aún así ser vegetariana no es vendido como un proceso de purga o de iluminación que será capaz de hacer feliz a Yeong-hye. Ni siquiera de salvarla. De hecho hay un momento durante la lectura en el que estuve segura de que iba a morir.

     La novela muestra la normalidad anodina, la vida gris aparentemente estable y la fragilidad de la misma. La burbuja de la protagonista estalla y, de algún modo, llega una de las escenas más escalofriantes de la novela en la que su padre la intenta hacer comer carne por la fuerza y ella prefiere apuñalarse a ceder. Dicho así puede parecer una tontería, pero la autora es capaz de que el lector en ese momento se posicione a favor de Yeong-hye. Escalofriante, ¿verdad? También lo es intentar desgranar el argumento basándose solo en los hechos que se mencionan, aquí las capas son mucho más profundas. 

     La vegetariana es la historia de un descalabro, de un derrumbe familiar en el que un acto aparentemente banal se convierte en la única piedra angular que va a quedar en pie. Una novela que se divide en tres partes marcadas por las reacciones, las obsesiones y los intentos de seguir a flote pero que, pese a esto, refleja perfectamente la impasibilidad de quienes tenemos al lado ante nuestro propio sufrimiento. Es una novela visual y sangrienta en la que una persona intenta sobrevivir en el centro del caos, tal vez como un árbol, como una planta. De tan invisible parece que no esté. Quizás esa la mejor manera de aislarse de este mundo violento y cruel que moramos todos.

     La vegetariana es una historia sencilla, una novela complicada, hermosa, horripilante y visceral. Es una historia incapaz de dejar a alguien indiferente que está escrita de una forma que nos resultará extraño. Y aún así, aún no he conocido a nadie que haya sido capaz de dejarla a medias.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 21 de octubre de 2024

Intermezzo. Sally Rooney

 


    Si hay una escritora cuyas novelas son un acontecimiento, esa es Sally Rooney. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Intermezzo.

     Conocemos a Iván y a Peter, hermanos. El primero es el menor, de 22 años, jugador de ajedrez y con un trabajo... bueno, un trabajo que palidece frente al éxito laboral de Peter como abogado. Pero lo que si tienen ambos en común, y ahí está la novela, es una vida personal desestructurada cuanto menos. El ajedrecista se acuesta con una mujer más casada de lo que dice, Margaret, y con un marido que no es precisamente maravilloso, mientras que Peter, que mantenía una relación con la mujer perfecta y se malogró tras sufrir ella un accidente, se acuesta con una chica muchísimo más joven que trapichea para sobrevivir pero todos vemos cómo se le va poniendo cara de prostituta o sin techo. No he contado que Ivan y Peter perdieron a su padre, que uno de ellos verá más a su madre mientras que el otro verá más a su perro, por distintas circunstancias, por supuesto. Ni tampoco que ambos compartirán algún que otro recuerdo, lo cual puede parecer normal dado que son hermanos, pero ni su relación ni su diferencia de edad hacía fácil que eso sucediera. 

     La novela trata, como todas las de la autora, de las relaciones. Las pasadas, con Sylvia y Peter, las que quizás sean, con Naomi. Las que se ocultan pero parecen sentar bien, con Ivan y Margaret. Y por supuesto, la existente entre los hermanos que el lector percibe como no demasiado buena debido a sus grandes diferencias que irán desde la edad hasta la forma en que la autora hace que se expresen cuando van alternando sus voces (si bien no son las únicas que aparecen en la novela). Una novela que utiliza el ajedrez como vía de expresión en algunos momentos, así que tranquilos si no sabéis jugar y habéis visto la ficha en la cubierta, llevándolo hasta el título. Porque la vida son momentos, y un intermezzo en el ajedrez es una maniobra que obliga al otro jugador a reaccionar, normalmente rompiéndole la secuencia de jugadas que tenía previstas. Algo así como un accidente. Como la vida misma.

     Tengo que decir que hasta este momento no me había posicionado en el gran grupo de fans que tiene Rooney, pero Intermezzo me ha gustado. Mucho además. En algunos momentos incluso he podido oler Dublín.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 16 de septiembre de 2024

Biografía de X. Catherine Lacey

 


     "El primer invierno desde su muerte parecía que todos los días, durante meses, fuesen húmedos y luminosos —siempre como si acabase de llover, aunque era incapaz de recordar la lluvia— y yo bajaba en tren a la ciudad un par de días a la semana, buscando (o esa impresión daba) un edificio en el que poder entrar y desde el que lanzarme, una tarea sobre la que nunca lograba determinar del todo si de verdad iba en serio, pues me parecía que la seriedad de cualquiera que buscase algo así no se veía hasta que llegaba el momento de despegar el cuerpo de la acera".

     Este libro me llamó la atención desde el primer momento. Hoy traigo a mi estantería virtual, Biografía de X.

     Conocemos a CM Lucca, viuda de X. Y X fue una artista conocida por sus relaciones  y colaboraciones que murió en 1996 sin que nadie tuviera claro su nombre real tras habérselo cambiado a X pero, como suele suceder, alguien decide publicar lo que cree es su historia. CM Lucca se enfada tanto que decide investigar en el pasado de X y ser ella misma quien cuente su historia.

     Hasta ahí todo correcto, solo que hay un detalle importante: nadie de los nombrados existió realmente. Todo aquí es ficción y la novela se desarrolla, como buena ucronía, en una línea del tiempo paralela de los Estados Unidos. Allí, en esta línea temporal, una mujer salió elegida presidenta en los 40, era socialista, y la historia desde ese momento cambia totalmente: el sur lleva una política totalmente opuesta al norte y el lector, gracias a la excusa de la biografía y a los datos y entrevistas recogidos, será el encargado de ir recogiendo esa historia. La novela, extraña a su manera, contextualiza cada paso de una forma tan extraordinaria que el lector tiene vista desenfocada; un poco como en esas fotografías que se hacen en modo retrato, pero justo al revés, es el fondo el que va tomando nitidez. Por si fuera poco, X es del sur, un lugar totalitario, y bajo su lupa la propia vida de X y su arte tienen un significado diferente. La ficción del libro avanza desde las primeras páginas para atrapar al lector y utiliza una técnica que rompe la narración para hacerla más real. La ambientación trasciende la palabra para ocupar el cómo se expresan y de ese modo convencernos de que estamos ante algún tipo de búsqueda anotada para dejar que aparezca sin que nos demos cuenta algún nombre que fue real junto a muchos otros que pudieron serlo. Y además parte de una premisa contraria a lo que hubiera podido ser verosímil: la viuda es quien busca la identidad de quien rompió con su pasado para destruirlo. Es ella quien quiere saber el nombre de su esposa y su historia real sabiendo que era lo que X evitaba a toda costa, pero la excusa de quitar la razón a terceros ha sido siempre válida para desautorizar al muerto y aquí es el verdadero motor de la novela.

     A medida que la novela avanza, al contrario que sucede con títulos como Daisy Jones, tienes claro que no te interesa demasiado X. No cierras el libro pensando: ojalá hubiera existido y ver su obra y lo que hizo. Porque la autora te ha enredado en su ficción y lo verdaderamente fascinante es el viaje, el lugar, la historia dentro de la historia. Ya da igual si es un estudio, si es una biografía, metaliteratura o no. En realidad, y eres consciente, lo que has leído es algo inclasificable. Pero ahí estás, y ves los momentos en los que la novela se curva para darnos ese mundo en el que las mujeres importan y mucho, sabes que es algo habitual y que está colocado ahí porque es una tendencia. Pero ya es tarde, ya te han arrasado todos los nombres, lugares y costumbres. Y solo tienes clara una cosa: X no te cae bien. Al menos a mi.

     Biografía de X es un libro extraño, incluso perturbador, cuya lectura se disfruta como una rareza: no por su belleza, por su originalidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 5 de agosto de 2024

Azul de agosto. Deborah Levy

 


     "La vi por primera vez en un mercadillo de Atenas comprando dos caballos mecánicos bailarines. El hombre que se los vendió estaba insertando una pila en el vientre del caballo marrón, una de zinc de alta potencia AA. Le enseñó que para poner en marcha el caballo, de la longitud de dos manos grandes, tenía que levantarle la cola. Para pararlo debía bajársela. El animal llevaba un cordel atado al cuello y la mujer podía dirigir sus movimientos tirando de él hacia fuera".

     Llevo años leyendo a Deborah Levy, por eso no dudé en llevarme este de vacaciones. Hoy traigo a mi estantería virtual, Azul de agosto.

    Conocemos a Elsa, niña adoptada dos veces, una por sus padres y otra por el hombre que le dio la M a su nombre tras descubrir su talento. Desde ese momento el piano se convierte en su vida y su universo. Por eso, cuando se levanta en mitad de un concierto y abandona la sala, todo su mundo se tambalea y se da cuenta de que ni siquiera sabe quién es. Comienza un periplo por Europa dando clases a niños ricos hasta que en Atenas ve a una mujer comprar una caja de música en un mercadillo. Esa mujer, cuya aparición se repetirá sin importar el lugar, hace que Elsa se sienta ante su doble.

     Levy escribe una novela sobre el concepto del doble, el Doppeltgánger, con esta mujer que se aparece a su protagonista justo tras haber comenzado su viaje introspectivo.  La pianista que se desvía de la ruta musical parece desbloquear algún tipo de recuerdo infantil de una vida que jamás le había interesado demasiado. Elsa sabe qué es, un genio de la música, pero no sabe quién es y ahora le toca recorrer ese camino mientras explora las distintas versiones que deja en el presente. Y persigue a su doble buscando su primera identidad (llegados a este punto os diré que la novela me ha recordado a Frozen por el guiño de los nombres). En la novela la música es la vida, gracias a ella veremos a Elsa como a tantos niños prodigios que solo se les valoraba por lo que se podía obtener, y también será el camino que la autora utiliza para hablar de masculinidades y de relaciones de hombres con mujeres, una crítica directa al conocido "feas, locas...". Los hombres parecen formar el ruido de la novela, el entorno molesto, la realidad consciente que se habita. 

     Todo forma parte de una gran composición, cada vida es una pieza y Elsa necesita encontrar la suya. Esa pieza que apareció sin ser requerida en mitad de un concierto quizás sea el hilo del que tirar, el comienzo del quién y esa búsqueda implica mancharse las manos, usarla, el tacto más allá del frío marfil de las teclas de un piano. En un momento dado, el lector tiene la sensación de que la protagonista se quita unos guantes invisibles para empezar a sentir la vida: se tiñe, recupera su esencia y su nombre, defiende a alumnas y continúa viéndose a sí misma en una suerte de juego de espejos.

     Azul de agosto es una buena novela. A ratos rara, como corresponde a la autora, pero atractiva en su lectura y satisfactoria en su desarrollo que me ha mantenido entretenida y, sobre todo, interesada en lo que la autora quería contarme. Una buena opción de una escritora a la que pienso seguir leyendo. 

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.



lunes, 29 de julio de 2024

La ferocidad. Nicola Lagioia

 


     La ferocidad se llevó el Premio Strega en 2015 así que creo que ya era hora de leerlo. Por eso hoy está en mi estantería virtual.

     La primogénita de una importante familia de constructores, los Salvemini, es encontrada muerta y se achaca a un suicidio. Sin embargo unas horas antes caminaba desnuda por un camino provincial cubierta de sangre. A partir de este hecho iremos conociendo a la muerta, Clara, y las relaciones con su familia y entorno.

     Lagioia con un comienzo impactante parece prometer una novela negra que se queda en un conjunto de cosas que se sostienen por los pelos para realizar una fuerte crítica que no resulta original al lector. La corrupción generalizada, el dinero no da la felicidad, señalar el materialismo... esas cosas comunes que ya no sorprenden y que hay que saber hacer que no resulten manidas. Para ello se decanta por un estilo ecléctico, a ratos recargado y que lastra la trama de la novela, que no le hace ningún favor al interés del lector. Caer en este punto común y hacerlo así provoca que la novela rápidamente pierda interés hasta llegar un punto en el que uno duda si merece la pena el tiempo que invierte, pero los libros se terminan (al menos yo lo hago siempre). Sin ser particularmente original uno podría pensar que es fácil de seguir lo que el autor relata, pero hay tantos movimientos temporales que la trama pierde estabilidad y los personajes se quedan en tópicos y clichés a los que se echa en falta una personalidad propia. En cuanto a la familia tenemos al padre, Vittorio, un clásico hombre fuerte que se ha esforzado mucho, y destaca Michelle, medio hermano de la muerta fruto de una aventura que se ha convertido además en heredero a la postre y que mantenía una gran relación con Clara postulándose de este modo como protagonista.No voy a entrar en muchos detalles pero este es uno de los puntos importantes de la historia. 

     Una novela en al que además se habla del tratamiento (o no) de residuos, de gobierno y de mucha, mucha corrupción. Un ambiente al que ni siquiera el amor es capaz de escapar y, por lo que a mi respecta, no fui capaz de disfrutar adecuadamente.

     Tengo que decir en este momento que La ciudad de los vivos me encantó por lo que, si estáis pensando en leer a este autor, es el que os recomiendo. Por contra el que hoy nos  reúne me ha parecido una novela con muchas carencias.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 17 de julio de 2023

El detective salvaje. Jonathan Lethem

 


     "Llegué veinte minutos tarde a mi cita con el Detective Salvaje porque me pasé de largo un par de veces. A plena luz del día, una mañana despejada, en un coche alquilado con un GPS que solo sirvió para confundirme. Lo que más me confundió fue la sensación que transmitía el lugar. En concreto, la sensación de que era un lugar para pasarlo de largo y, por tanto, no pisé el freno. Estuco blanco, con columnas forradas de secuoya y tejado de terracota. Una terraza alrededor de la planta alta, con unas escaleras de acceso desde el aparcamiento lateral. Todas las ventanas tenían rejas".

     Conocí a  Lethem con Huérfanos de Brooklyn y ahí me quedé, a su lado, leyendo cada título. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El detective salvaje.

     ¡Quien haya pensado en Bolaño que levante la mano! Vale, ubicados. Sigamos.

     Conocemos a Phoebe cuando, tras ganar Trump, deja su trabajo en el New York Times para buscar a Arabella, la hija de una amiga suya. Y conocemos a Charles, el detective, un hombre con tres perros y un bicho, una zarigüella, que deja dormir en su despacho a una adolescente, algo que nunca es práctico como sabemos los que leemos, encendemos la televisión o, qué se yo, respiramos.
     La pista de Arabella lleva hasta Mount Baby y allí además viven dos clanes y que es cierto que Arabella se fue de viaje con Charles y que acabaron en esas montañas. Pero lo importante, allí vive dos tribus muy diferentes, una de corte matriarcal y otra más conservador. Y por supuesto, Phoebe y Charles se va a encontrar.
    
     Estamos, como no, ante la novela de un viaje en el que Phoebe se encuentra a sí misma además de a Arabella. Un viaje con un encuentro, el del detective y la protagonista, que da sentido a una novela de la que pasado este punto no os he contado más, pero es que si soy lectores del autor ya me habéis entendido y, si no lo sois, me lo vais a agradecer igual. Por supuesto la lucha entre los clanes representa la división de USA ante el nuevo gobierno elegido por votación, Lethem no se esconde dejando incluso reflexiones bastante directas sobre estar o no conectado y las ideologías recurrentes. Cuando el autor llega al desierto, el mundo tal y como lo conocemos parece ser sustituido por un lugar árido y, por supuesto, hostil. Un lugar inhóspito en el que Arabella parece quedarse y en el que hay un enfrentamiento directo entre quienes quieren vivir de forma civilizada y los que parecen haber retrocedido varios siglos en cuanto a representación social. Será en este entorno en el que descubramos dos cosas: por qué nos han dicho que es un thriller la novela, y por qué nos hemos enamorado de Phoebe, tan fresca y vital.

     El detective salvaje es una metáfora desértica de la sociedad actual en la que Lethem se ha divertido mucho utilizando una voz desenfadada y egoísta que impone su pensamiento y no olvida cuales son sus intereses personales. Alguien, en definitiva, común, para que el lector no se asuste por lo que le están mostrado ante las narices mientras que sigue azuzando la trama de una novela que funciona y resulta, a grandes ratos, tremendamente divertida.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 19 de junio de 2023

Los destrozos. Bret Easton Ellis

 


     "Comprendí hace muchos años que un libro, una novela, es un sueño que pide ser escrito igual que uno se enamora: el sueño se vuelve irresistible, es imposible hacer nada al respecto, al final te rindes y sucumbes por más que tu instinto te diga que salgas corriendo porque eso va a acabar siendo un juego peligroso: alguien saldrá malparado. Para algunos de nosotros, las primeras ideas, las imágenes, las manifestaciones iniciales pueden hacer que el escritor se sumerja automáticamente en el mundo de la novela, en sus amoríos y en su fantasía, en sus secretos. Otros pueden tardar más en experimentar esta conexión con mayor claridad, años en darse cuenta de cuánto necesitaban escribir la novela o amar a esa persona, revivir ese sueño, incluso décadas después".


     Ellis es otro de esos escritores de los que leo todo lo que se publica. Desde aquel Glamourama no he fallado a una sola de sus citas y esta vez ni siquiera pude contenerme hasta que saliera la traducción. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los destrozos.

     La nueva novela de Ellis se adentra en el terreno de la autoficción desde las primeras páginas. Un agradecimiento y nota del autor que se sienten sinceros, con la dosis justa de ese punto de lo llevaba dentro y me marcó que seguramente esté ahí para prepararnos los sentimientos para lo que nos vamos a encontrar después. Porque volvemos la vista atrás a lo que debieran ser aquellos maravillosos años y nos encontramos mirando a Bret, el joven adolescente bisexual un tanto tímido con un grupo de amigos que no tiene nada fuera de lo común salvo, quizás, la forma en que se tratan las relaciones personales: naturalidad. Y a esa escuela a la que todos acuden llega un chico nuevo. Y a la zona un asesino en serie. Os lo imagináis, ¿verdad? La mente de Bret, hormonada, a veces bajo la influencia de determinadas sustancias y, sobre todo, que es la mente de Bret de la que todos sabemos qué personajes han salido, empieza a elucubrar sobre si la llegada del chico nuevo y la existencia de ese asesino guardan algún tipo de relación.

     Ellis construye un libro que representa, por una parte, una época dorada de estudiantes que pasean y viven y todo es bonito y privilegiado (recordemos su título "Hombre blanco privilegiado" que se modificó para entender ese sentimiento que el autor ha marcado a lo largo de su vida en su obra) y hay cine y música y sexo. Sin preocupaciones aparentes. Salvo el nuevo y la sospecha, los asesinatos como obsesión para Bret.

     Los destrozos es en definitiva una novela de formación, de paso a la vida adulta, en la que el futuro escritor, que está preparando Menos que Zero, sirve como llave para entrar al mundo que todos apreciamos de Ellis. Un mundo estético y vacío, de brillos, sonrisas, colores, sexo y drogas, un lugar cinematográfico habitual protagonizado por el holograma en que parece convertirse el protagonista, que mantiene una imagen que no es la suya, quizás ni siquiera lo que vemos debajo sea su imagen real, y le añade para regocijo de sus fans al asesino terrible que pasa a poblar los sueños del futuro escritor. Y mientras sus amigos parecen cubicar rápidamente la existencia del mal y seguir en su burbuja, Bret mira al nuevo compañero preguntándose si también es un holograma, si esconde algo malo... Una maravilla Los destrozos. Se siente como volver a casa, solo que esta vez es una casa terriblemente disfuncional.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

    Detalles:

     La primera imagen de la reseña corresponde a la edición en España por parte de Literatura Random House.
     El resto de imágenes indexadas en la reseña se las hice a mi ejemplar The Sards publicado por Swift Press.





lunes, 15 de mayo de 2023

El Deshielo. A. D. Miller

 

      "Lo olí antes de verlo.

     Había un grupo de gente en la acera y la calzada, en su mayoría agentes de policía, uos hablando por móviles, otros fumando, unos mirando, varios mirando a otra parte. Desde la dirección por la que yo venía, la gente congregada me impedía ver lo que había detrás de ellos, y al principio pensé que, dada la abundancia de uniformes, debía de ser un accidente de tráfico o tal vez una redada de inmigrantes. Entonces noté el olor. Era un olor como el que notas en tu casa si te olvidas de sacar la basura cuando te vas de vacaciones, fuerte pero ácido, lo bastante intenso como para imponerse a los aromas veraniegos normales de cerveza y revolución. Era el olor que lo había delatado".

     El amor por la cubierta tuvo la culpa de esta lectura. Hoy traigo a mi estantería virtual, El deshielo.

     Conocemos a Nick, un abogado que trabaja para bancos que quieren invertir en empresas rusas; acuerdos, garantías y petróleo es el ambiente de un hombre gris que va cumpliendo años con el temor a seguir siendo un  hombre gris y acabar en un matrimonio del mismo color que sentencie su vida. Entonces Masha y Tatiana entran en su vida, dos jóvenes muy diferentes y Nick se enamora de la primera, una mujer peculiar aunque él no parece darse cuenta. Y entonces llega el deshielo y aparece un cuerpo. O quizás fue antes y el cuerpo aparece, como corresponde, en la primera página.

      Una de las grandes dificultades de los traductores son los juegos de palabras. En este caso la primera vino en la frente ya que en su idioma original la novela juega con Snowdrops que parece el nombre de una flor (campanilla de invierno) pero que se trata de una palabra utilizada en slag ruso para hablar justamente de lo que se representa, los cuerpos que aparecen con el deshielo. Habida cuenta de que se trata de una palabra que no existe tengo que decir que me gusta la opción elegida.

     El primer, que no el único, acierto de la novela, es el narrador. A ratos ciego,, el personaje representa a un extranjero que llega a Moscú a trabajar y se enfrenta a un mundo corrupto que le va haciendo mella entre violencias y temores. Se ve ya en las primeras páginas que no estamos ante un personaje que no sabe lo que ve a su alrededor, pero más que de eso, la novela trata de su evolución en el entorno que ha elegido para vivir. Él un supuesto cínico que mira hacia otro lado cuando cree que es necesario y que acaba cayendo presa del romanticismo como si en Rusia no pudiera suceder otra cosa que una historia de amor. Y de muerte, posible o segura, que puede llegar de mano de un vecino o de un cliente que es conocido por el temor que despierta. Porque todos estos, y algunos más, son los ingredientes que Miller ha metido en una novela que brilla en sus descripciones ya sean literales o de los ambientes más bajos de una ciudad aparentemente cosmopolita. No negaré que a veces he tenido la sensación de que Miller exageraba y que el punto central de la historia, que el lector puede pensar en un principio que es la respuesta obtenida por la joven a la que el protagonista pide matrimonio pero que a la postre es el resultado en Nick de su peripecia, se anticipa fácilmente, pero no resta esto valor a una novela que he disfrutado bastante pese a que, siendo objetiva, no saca el partido que hubiera podido a una ambientación llena de posibilidades. 

     El deshielo me ha parecido una novela entretenida que he disfrutado bastante, algo que, dadas mis últimas experiencias lectoras, la colocan en un buen lugar.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 27 de febrero de 2023

Un lugar para Mungo. Douglas Stuart

 


     "Cuando estaban a punto de doblar la esquina, Mungo se paró en seco y se sacudió la mano que el joven le había puesto en el hombro. La determinación del gesto pilló a todos por sorpresa. Después se dio media vuelta y alzó la mirada al bloque de pisos, los ojos le temblaban con sus habituales espasmos nerviosos. Su madre lo observaba a través de los visillos de espigas tratando de convencerse de que aquel tic era un guiño de alegría, un simpático telegrama en código Morse que venía a decir que todo estaba bien. G.E.N.I.A.L. Así era su benjamín. Sonreía incluso cuando no tenía ganas. Era capaz de hacer cualquier cosa con tal de que los demás se sintiesen mejor".

     El año pasado conocí a Shuggie Bain gracias a Marc, un compañero de Un libro al día, y fue de mis mejores lecturas anuales, lo que significa que no podía faltar a esta nueva cita con el autor. Por eso, hoy traigo a mi estantería personal Un lugar para Mungo.

     Para quienes hemos leído la anterior novela, es fácil pensar en las similitudes que tienen ambos protagonistas. Son chicos, de Glasgow, pertenecientes a la misma generación y a familias un tanto complicadas. Sin embargo el camino de Mungo es muy diferente. Conoce Mungo a James Jamieson durante unas vacaciones, qué momento más propicio para conocer al primer amor, y, puesto que James es un poco mayor, los planes que hacen son de escapar juntos una vez Mungo cumpla los 16. Imaginad lo que pensará el hermano mayor de Mungo, Hamish, de que su hermanito pequeño se marche con otro hombre y que es además feniano.

     El autor realiza un trabajo maravilloso, mucho más sobrio que en su primera obra, y representa el mismo Glasgow en el que católicos y fenianos son enemigos, una familia formada por una madre alcohólica, un hijo mayor líder de una banda, una hermana brillante pero condenada y a Mungo como benjamín. Y realiza esta presentación entre detalles minuciosos que incluyen tics y un despliegue magistral a la hora de desarrollar a una madre de familia que parecer pertenecer a ambas novelas y, por lo tanto, convertirse en un centro habítual del Glasgow de finales del siglo pasado. La novela, que se mueve entre el antes y el después; entre el viaje de pesca realizado por el protagonista con dos "amigos" que su madre conoció en AA y que representa un momento oscuro capaz de llevar al lector por un camino tortuoso, y un viaje al pasado que, si bien aligera los sentimientos que produce este viaje, no por ello va a representar una realidad hermosa. Y es que pareciera que los protagonistas de Stuart están condenados a brillar en entornos difíciles, con familias que respiran y son diseccionadas página tras página. La historia de amor es tierna y trágica y se produce paso a paso mientras el lector sabe que va a ser difícil. Enternece, no diré que lo contrario, ver los avances de dos jóvenes que se están condenando por ser de lados opuestos de un lugar en el que los hombres son heterosexuales, violentos y, si hay que ser algo más, alcohólicos.

     Si el primer libro conmocionaba y emocionaba al lector, este, seguramente por la inevitabilidad que el lector percibe y que se confirma, diría que tiene un punto provocador capaz de despertar sentimientos viscerales que incluyen, por supuesto, un aprecio hacia la pluma de Stuart que se extenderá a su siguiente novela.

     Un lugar para Mungo es un libro maduro, escrito de una forma que es un placer leerlo y que ha confirmado al autor como a un nombre a seguir de cerca.
 
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 9 de enero de 2023

La intuicionista. Colson Whitehead

 


·Es un ascensor nuevo, recién acoplado a los rieles, y no fue construido para caer tan rápido".

     A veces la reedición nos da alegrías, como una opción de leer libros que nos pasaron de largo en su día. Por eso hoy traigo a mi estantería vertical, La intuicionista.

     Conocemos a Lisa Mae Watson,  la primera mujer negra en graduarse en el Instituto de Transporte Vertical y por lo tanto la primera en trabajar para el Departamento de Inspectores de Ascensores. Tanto por color de piel como por género. Esto es importante porque vivimos en una sociedad en la que el transporte vertical es vital hasta el punto de que su estudio comienza en las escuelas en las que no solo se trata de ingeniería, si no también de una suerte de filosofía de vida. Por eso hay intuicionistas. Y es que frente a quienes reparan los ascensores sabiendo cada detalle gracias al manual, están aquellos que sienten lo que les sucede en cuanto ponen un pie en la cabina: y Lisa pertenece precisamente a los segundos. Y entonces un ascensor revisado por ella cae de una altura 11 y la trama cambia para convertirse en una novela de acción con espías, sicarios y secretos. ¿Sobre qué? Pues ya lo habéis leído.

     Una de las cosas que más me sorprendió del libro es que tratase de ascensores. Y es que Whitehead ya sabemos que se despega del mundo, pero orquestar una trama sobre ascensores, técnicos y técnicos que se inspiran me parecía algo tan descabellado como para leer el libro apenas lo llevé a casa. Y el autor, lo digo desde ya, me convenció. a través de su razonamiento y anécdotas logró que leyera por ejemplo sobre las bondades de los últimos destornilladores del mercado y no me pareciera ridículo, solo diferente. Dividida la historia entre Arriba y Abajo estaba claro que la importancia de este medio de transporte iba a ser vital, tanto como para orquestar la búsqueda del ascensor perfecto en una suerte de metáfora que va más allá del racismo expuesto desde la primera parte de la historia, algo que parece ir de la mano de las novelas del autor.

En esta ocasión Whitehead crea mucho más que una historia ya que la dota de una ubicación temporal y también de una historia y una mitología que aparecen en forma de flashbacks que se van entrelazando con las diferentes subtramas para disfrute del lector que ha decidido creer lo que le están contando. El autor para lograrlo no solo brilla en su originalidad, también en su humor que algunas veces le autoincluye, y, sobre todo, en la forma de narrarlo. Y es que no me cabe ninguna duda de que estamos ante una de esas novelas que dicen tienen lecturas en varias capas y que un lector habitual solo es capaz de acceder a ellas mediante una relectura que le permita recogerlas una vez ha identificado el racismo durante su primera vez. Verá por ejemplo que donde Otis introdujo uno de los avances que caracterizan una sociedad moderna llena de rascacielos, Whitehead le da al invento la honorabilidad y el prestigio en un Nueva York un poco más antiguo y bastante más oscuro del existente en la actualidad. Un prestigio, por supuesto, de hombres, que da la noción de la notoriedad y relevancia que tendría aquel que tuviera la capacidad de fabricar un ascensor perfecto como el que nombraba Fulton (padre de los intuicionistas). Y es que sobre este punto bascula una gran parte de la trama de intriga.

     La intuicionista es un trabajo titánico que vive en una metáfora constante sobre la elevación de la sociedad a puntos mejores, la eliminación de un prestigio parcial y la importancia de poder salir de las chozas inferiores a lugares marcados por la igualdad. Más allá de eso es un libro divertido, diferente, alambricado en ocasiones y un verdadero placer como lectura para quienes gocen de aventurarse entre letras. Una más que grata experiencia.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 11 de julio de 2022

Utopía Avenue. David Mitchell

 


     "Dean pasa a toda prisa por delante del Phoenix Theatre, esquiva a un ciego con gafas de sol, toma Charing Cross Road para adelantar a una mujer que avanza despacito con su cochecito de bebé, salta por encima de un charco sucísimo y vira bruscamente por la calle Denmark, donde resbala sobre una placa de hielo negro. Los pies le salen volando. Permanece suspendido en el aire un momento lo bastante largo para ver cómo la alcantarilla y el cielo intercambian sus sitios y pensar: «Mierda, esto me va a doler», antes de que la acera se le estampe contra las costillas, la rótula y el tobillo. «Duele la hostia». Nadie se detiene para ayudarlo. «Puto Londres». Un patilludo con bombín y pinta de trabajar en la bolsa sonríe con suficiencia al ver la desgracia del patán melenudo y pasa de largo. Dean se pone de pie con dificultad, haciendo caso omiso de las punzadas de dolor y rezando para no tener nada roto. El señor Craxi no paga los días de enfermedad. Por lo menos le funcionan las muñecas y las manos. «El dinero»".

     No tengo muy claro en qué momento descubrí a David Mitchell ni cuándo empecé a leer sistemáticamente toda su obra, pero así ha sido. Y es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Utopía Avenue.

     En la nueva novela de Mitchell asistimos a la creación, auge y caída de una banda de rock a lo largo de los años sesenta. Un cuarteto británico que se une para tocar y descubre tanto una banda como a sí mismos.

     Como resumen la verdad es que es muy literal y se queda bastante corto, evidentemente. La novela se divide en tres partes que llevan el título y la estética de tres álbumes de época y las pistas están escritas utilizando la perspectiva de los distintos miembros de la banda (y alguna persona más). De este modo conocemos a Moss u bajista adicto al sexo que es a la vez un superviviente a su propio crecimiento; Jasper, el supuestamente privilegiado cuyos problemas psicológicos están a punto de ser nominados como Asperger; Griff el batería de clase obrera y Elf, la chica, insatisfecha. Todos diferentes, cada uno de un ambiente, cada uno de una música y con una voz propia y a la vez un coro con el que Mitchell lleva a cabo sus ya conocidos juegos entre historias que, para alegría de unos y decepción de otros, en esta ocasión relaja un poco tras sus últimas e intrincadas novelas. La historia en sí no es novedosa, mil veces hemos oído de quienes empiezan tocando en un bar de mala muerte y acaban llenando salas de conciertos y estadios, y lo adereza con la ración justa de melodrama que pasa por los demonios personales de los componentes, accidentes, pérdidas y, por supuesto, la dósis adecuada de sexo y drogas. Incluso está el típico momento en el que la inspiración es una suerte de catársis para quien la sufre. Como os digo, mucho cliché habitual.
     A lo largo de este camino Mitchell irá proporcionando cameos a prácticamente cualquiera que se lo pida, o esa es la sensación que yo tuve al leer la novela: que todo el mundo quería pasar por allí aunque fuera de forma esporádica o sin motivo aparente. Y entonces el lector se pregunta qué está haciendo exactamente Mitchell en esta novela y, más importante, qué pinta el lector en todo esto. Porque si algo tenemos claro los lectores de Mitchell es que somos importantes. Incluso dentro de sus historias los lectores pueden ser vitales ya que leen lo que será el siguiente capítulo, por ejemplo. 
En esta ocasión Mitchell lleva al lector por una novela que parece ir en retroceso de interés. Al menos hasta que encajamos la pieza y vemos que Jasper es familiar de otro personaje. En ese momento todas las referencias a su obra anterior encajan (si las hemos leído) o no y tampoco importa demasiado. El haber leído su obra solo supone esa suerte de música de fondo de las películas que avisa de que se aproxima un momento importante pero que, si no la oyes, no hace que ese momento deje de existir (por si acaso fijaros en películas, locutores y apellidos. Como pista). Como decía, llegamos al final y estamos seguros de que los demonios leídos van a tomar protagonismo, nos lleva hablando de ellos tiempo, sabemos lo que hacen y nos va a decir lo que son. Y ese es, sin duda, el momento álgido de la novela. Aunque para los lectores de Mitchell no sea original lo están esperando igual que todo el mundo espera la "coletilla" de un personaje famoso en una obra.

     Utopía Avenue es una novela bien construida que tiene tintes sobrenaturales y es llevada con éxito hasta sus últimas páginas. Solo tiene un gran pecado: la sensación de estar ante algo poco original. Y es que la originalidad repetida a veces tiene esas cosas. Se desgasta.

     Y vosotros, ¿con qué novela comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 30 de marzo de 2022

Los años extraordinarios. Rodrigo Cortés

 


     “Nací en Salamanca recién estrenado el reinado de Carlos VII, en el periodo de transición consensuada entre la IV y la V República”.

     Estuve posando y cogiendo esta novela, o cogiendo y posando en realidad, durante varios meses hasta que me decidí finalmente. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los años extraordinarios.

     Conocemos a Jaime Fanjul, salmantino hijo de los dueños de una mercería. Y lo seguimos a lo largo de su vida, que es de lo que realmente trata este libro. Pero la gran sinopsis es: conocemos a Jaime Fanjul, salmantino de una Salamanca que no es la que nosotros conocemos, porque la Salamanca inventada de Cortés, llega a tener playa (aunque no cuando nace nuestro protagonista).

     Es fácil hablar de esta novela y quedarse en la superficie, en la llegada del mar a Salamanca, en la política que representa para España el autor, en los coches que utilizan pensamientos para moverse... explicar que habla de mentideros, que ambienta la novela a principios del siglo pasado cuando su personaje nace y que, pese a que es una gran ficción, la ambientación es magnífica. Esa parte es fácil, es lo primero que percibimos, lo que sobresale. Un poco como decir que La Torre de Pisa, está inclinada. Para esta lectora en cambio, uno de los puntos más importantes de la novela, es el tono utilizado por Cortés en boca del narrador. Un humor desbordante basado en una cierta imperturbabilidad, en la curiosidad que se muestra como obvia, en, por ejemplo, ese niño que recibe un bofetón histórico y levanta la mano para que su padre no haga ruido y así poder escuchar y experimentar con el pitido que oye (y esto es lo que le parece a él extraordinario) dentro de su cabeza. Ese momento que se cita apenas uno comienza la novela, es significativo para saber ante qué tipo de narrador estamos. Y es ese carácter aparentemente imperturbable que cuenta todo de forma socarrona, el que choca de forma brutal con lo absurdo de sus propias palabras. Con el mundo representado, empañado el autor en que lo conozcamos perfectamente para luego deformarlo y provocar la risa. Nos cuenta el narrador que él será la cuarta generación de regentes de una tienda de lencería, pero que no lo será porque la odia y su padre no lo entiende. Nos habla de la muerte de su madre y de su espíritu, solo que nos habla de él mientras estaba viva y salía de su cierto. También de su hermano y hermanas, una de las cuales es la sustituta de otra que falleció hasta el punto de llevar el mismo nombre. Como decía, un caso. Y, como corresponde a la época, el protagonista aprueba la reválida y se traslada a Madrid que no a Espuria, comienza su vida laboral, se enamora, viaja... pero todo a la manera de Cortés. Una manera ingeniosa, criticona y audaz en muchos momentos pero que funciona perfectamente tanto para llamar la atención del lector, que no termina de acostumbrarse a sus prodigios, como para captar toda su atención sobre Jaime.

     Comentaré que en esta ocasión además de leer la novela he escuchado el audiolibro leído por el propio autor y, si la novela es divertida durante la lectura, tengo que reconocer que al escucharla se me han escapado más de una carcajada. Posiblemente será cosa mía, pero el tono que le imprime a la historia es pícaro, exagerado hasta el punto de parecer una radionovela y muy muy adictivo. 

     Sostener una novela como Los años extraordinarios es difícil, y Cortés lo logra sobradamente, quizás porque lejos de caer en el absurdo, lo utiliza para dar un par de sopapos a la realidad en la que nos movemos, dejando caer clichés aprendidos, socializaciones impuestas y demás perlas así, a modo de descuido entre broma y flema.

     La novela me ha parecido fresca y, sobre todo, divertida. Dos méritos tan importantes como escasos en la novela actual y, puesto que parece que uno no puede dejar una opinión sin citar a tres o cuatro escritores y creo que yo no lo hice con ninguno, diré que no me reía tanto con un libro desde que leí El lamento de Portnoy (otro monólogo esta vez de un judío, pero esa es otra historia que ya os conté u os contaré). 
     Lean o, en su defecto, escuchen Los años extraordinarios.

     Y vosotros, ¿consumís audiolibros?

     Gracias.

lunes, 28 de febrero de 2022

El comensal. Gabriela Ybarra

 


     "Cuentan que en mi familia siempre se sienta un comensal de más en cada comida. Es invisible, pero está ahí. Tiene plato, vaso y cubiertos. De vez en cuando aparece, proyecta su sombra sobre la mesa y borra a alguno de los presentes." 

     Con motivo de la reedición de este título que tanto me gustó, decidí releer. Hoy traigo a mi estantería virtual, El comensal. 

      En 1977 cuatro encapuchados entraban en casa del empresario Ybarra. Comenzaba un secuestro finalizaría con la muerte de Javier Ybarra a manos de ETA. Era el abuelo la autora. En el año 2011 fallece la madre de Gabriela de cáncer abriendo un pasillo temporal entre ausencias. Será Gabriela, la autora del libro, quien nos acompañe por este viaje familiar de recuerdos.

      Si hay un tema que nos sigue incomodando es la muerte. No la ajena, ni la televisada, sino la propia, la temida, la del ser querido, la del familiar, amigo o amante. Esa que nos deja desnudos y vulnerables. Que abre un hueco en nuestra vida que jamás llegamos a llenar. Si acaso a disimular como quien pone un jarrón donde antes hubo una lámpara de pie, esperando que no se note el espacio vacío pero sabiendo que jamás podrá utilizarlo para iluminar la estancia. Ese es precisamente el hilo de El comensal: la muerte. 

      Gabriela vive la muerte de su madre sin haber sido del todo consciente hasta última hora de que el fin se acerca. Nadie lo esperaba en realidad, y la familia se ve sacudida por ese dolor e incomprensión imposible de definir que hace que retumben las entrañas de quienes lo viven. Es precisamente en una de esas sacudidas, que la figura de un ausente empieza a tomar fuerza, como si un hilo invisible uniera dos momentos de dolor. De este modo, Gabriela comienza su historia hablando de su abuelo a partir del momento de su secuestro a manos de la banda armada ETA. A muchos les sonará, a otros no y quedarán aquellos que lo recuerden perfectamente. También habla de su madre a partir del momento que enferma y una vez más a muchos les resultará demasiado familiar el camino que transita. Gabriela construye una historia en la que las personas han tomado peso en su memoria a través de sus ausencias. Recorre el camino de un secuestro en el que ella no estuvo presente y lo desgrana frase a frase, evitando sentimentalismos que nos despisten del final último: la ausencia. Investiga sobre los hechos queriendo saber, pero tal vez no queriendo conocer. O puede que sea justo al contrario. O tal vez sea yo la que piensa que en su piel no hubiera querido saber. Y hace lo propio con la madre, por una senda que conoció perfectamente y que nos marca al detalle. No le interesan las reflexiones profundas ni las puestas de sol, sino que busca en la pequeña rutina la ausencia que golpea de repente. La realidad como meta en un libro en el que no se recoge una crónica, sino que se purga un sentimiento: el dolor. Como si cada lágrima no vertida se hubiera convertido en una gota de tinta que, lejos de hacer un obsceno exhibicionismo de dolor, lo normaliza en frases cortas, sentencias certeras, golpes de frente. Porque es fácil acudir al sentimentalismo para conmover al lector, pero realizar un ejercicio de honradez para mostrar la vida tal cual es, para no quitarse una prenda de ropa cuyo olor parece que evita el olvido que nunca se producirá pero a la vez sabiendo que no es muy normal y que tal vez no importe que no lo sea, para poner un cristal y no un espejo de esos de mal de muchos te ofrece consuelo... eso es bastante complicado.

      Con El comensal me he encontrado un magnífico libro que evita los sentimentalismos incómodos, las florituras en busca de un corazón débil que se encoja con facilidad. Por eso resulta una narración, no solo verosímil, sino también certera. Un libro corto, pero porque está poblado de silencios: los que se esconden entre líneas, los que se hacen al final de una frase, los que hacemos tras cada capítulo para respirar. Con cada frase, cada acto, cada gesto, identificamos un silencio y hacemos una pausa en la lectura. Me corrijo; no es un libro corto. Lo que sucede es que se oculta tras la apariencia de un librito. Y las apariencias engañan. No es una lectura fácil, porque no es fácil hablar de la muerte. Pero ha merecido la pena descubrir a Gabriela Ybarra. 

      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana? 

     Gracias

miércoles, 3 de noviembre de 2021

El instituto Topeka. Ben Lerner

 


     Me encanta Ben Lerner y, desde que leí su primer título, he esperado ansiosa cada uno de los siguientes. No han sido muchos, esta es su tercera novela, pero así ha sido cada vez. Hoy traigo a mi estantería virtual, El instituto Topeka.

     Conocemos a Adam en su último año de instituto. Es hijo de un matrimonio de sicólogos más o menos brillantes llamados Jane y Jonathan que se dedican a las relaciones y a quienes Ellis llamó no hace tanto "hombres blancos privilegiados" respectivamente. Adam es brillante, ha sido criado en un ambiente culto y relajado, comunicativo, pero es adolescente y por lo tanto tiene momentos volubles y su comportamiento va volviéndose más violento. Y su arma, es oral.

     Hay novelas que solo con las primeras líneas ya sabes que tienen mucho que ofrecer. En este caso lo primero que nos regala el autor es recuperar una voz ya conocida, Adam Gordon protagonizó Saliendo de la estación de Atocha, y lo coloca en un bote. Está allí con su novia perorando, por algo está en el equipo de debate y es el mejor, cuando se fija en que su novia ha abandonado el barco nadando y lo ha dejado solo. El tiempo que Adam lleva solo escuchándose a sí mismo, nos lo podemos suponer. Lo que nos ha regalado con este comienzo, más allá de la gracia, es el saber que vamos a estar ante una novela de Lerner (diría de Ben, pero otro personaje, esta vez de su segunda novela, se llama así) con un protagonista masculino que habla y se explica y se adentra. Lo que os digo, una novela de Lerner. Así que en apenas unas líneas ya nos ha dejado claro que estamos ante una novela que va a despuntar por su ironía, esos toques casi despectivos y, sobre todo, un caracter peculiar en su protagonista. Lo que no sabemos aún, es la enorme importancia que va a tener esa escena. Y es que en la novela, la palabra, la verborrea, es vital. sus personajes caen en torrentes abrumadores de palabras. Adam arremete contra sus padres argumentando una y otra vez sin importar si es ridículo o no lo que dice, sus palabras suenan fervorosas, enardecidas. Y si él es bueno, Peter, que lo entrena para el concurso de debate, es absolutamente abrumador. Y eso nos lo dice el propio Adam, recordando esos años y (agarráos) hablando del libro. Bienvenidos a leer a Ben Lerner. Esto os lo hubiera podido resumir y hablar de la ruptura de las formas y de la experimentación, pero si uno no lo lee, no lo vive, parece un galimatías, aunque al leerlo se convierta en algo ordenado en nuestra cabeza.

     La novela se adentra en el mundo de la ira, la masculina, y en su manera de expresarse de forma oral. Adam no se dio cuenta siquiera de que su novia se había marchado y esta se iba ya hace tiempo cuando su padrastro tomaba ese camino encontrándose con su madre en la cocina. Los libros que escribe la madre de Adam enfadan a algunos hombres que llaman por teléfono y los adolescentes que trata su marido bullen de ira que expresan con palabras. Hay incluso pandillas que rapean para expresarse (aunque Lerner otorga su mirada principalmente a este grupo de blancos con privilegios). El autor nos ha metido de lleno en una crítica brutal a la sociedad actual y ni siquiera nos hemos dado cuenta. Cuando Adam va a buscar a su novia, se confunde de casa. Entra en una casa ajena que es exactamente igual y solo los artículos del baño por el que se cuela le dan la pista de su error. ¿Le asusta? Por supuesto. Pero Lerner avanza un paso más... es una casa igual, será una familia igual o al menos con ideas, status... similares. Y hay una cierta tranquilidad en esa uniformidad (recordé que hace años se dijo que los colegios con uniformes escolares mejoraban la eficiencia y conducta de sus alumnos), en estar en un entorno conocido que no nos es hostil porque gozamos de ciertos privilegios. Lerner utiliza la perspectiva de Adam, pero también la de sus padres, para dejarnos una novela más trabajada, más madura, donde hay mucho de individual y parte de lo que podríamos llamar la biografía escondida del autor, pero también lo integra más que nunca en la sociedad como colectivo. Y entonces aparece Darren, muy resumido es algo así como el alumno que adoptan como mascota Adam y sus amigos, y asistimos a la toxicidad en estado puro y también logra que nos anticipemos a lo que va a pasar convirtiéndole en un motor que estallará tarde o temprano. Y esta vez el lector está ahí, porque de algún modo si Adam es la cara, Darren es la cruz de una misma moneda en la que la ira se expresa por medios opuestos.

     Lerner nos ha dejado una novela brillante en la que el lenguaje y sus usos mueven una historia cargada de ira y crítica. Su prosa es brillante, algo a lo que uno no se acostumbra ni siquiera durante la lectura ya que se acumulan las frases que apuntamos, las que masticamos y maduramos para discutirlas. Hay afirmaciones, razonamientos y casi todo lo que un lector lento puede desear para paladear durante varios días. Y es que El instituto Topeka no solo iguala a sus predecesoras, las supera. Hay que leer a Ben Lerner, aunque solo sea porque nadie escribe como él.

     Y vosotros, ¿con qué novela habéis estado este puente?

     Gracias.

viernes, 14 de mayo de 2021

La mitad evanescente. Brit Bennett



     "La mañana en que una de las gemelas perdidas regresó a Mallard, Lou LeBon corrió hasta la cafetería para anunciarlo, e incluso ahora, pasados muchos años, todo el mundo recuerda la alteración de Lou cuando, sudoroso, abrió de un empujón las puertas de cristal, con el pecho agitado, el cuello de la camiseta oscurecido por su propio esfuerzo. Los clientes, medio adormilados, prorrumpieron en un griterío alrededor de él; eran unos diez, si bien posteriormente serían muchos más los que mentirían y dirían que también ellos estuvieron allí, aunque solo fuera para simular que por una vez habían presenciado algo de verdad emocionante. En aquella localidad agrícola, nunca ocurría nada sorprendente, no desde la desaparición de las gemelas Vignes. Pero esa mañana de abril de 1968 Lou, de camino al trabajo, vio a Desiree Vignes recorrer a pie Partridge Road, cargada con una pequeña maleta de cuero".

     Desde el minuto cero me interesó la premisa de la que partía esta novela. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mitad evanescente.

     Conocemos Mallard, en Virginia, un lugar habitado por negros con piel clara en el que se valora mucho esta cualidad. Y las gemelas Vignes, descendientes del fundador del lugar, son un ejemplo: espigadas, rubias y de ojos violetas, nadie sería capaz de adivinar su origen. Por eso cuando se fugan se produce una conmoción. Además no se mantienen unidas, ambas se separan y pierden el contacto entre ellas. Cuando la novela comienza Desiree regresa sin saber dónde está su hermana Stella. Han pasado 14 años y lleva una niña llamada Jude de la mano. La niña es negra como el carbón.

     Dividida en cinco partes esta novela recorre la vida de las gemelas y de sus hijas, y lo hace en una búsqueda constante de la identidad. Hay que decir que durante la época más discriminatoria de Estados Unidos existía la "regla de la gota de sangre" que decía que si tenías sangre negra, ya no podía ser considerado blanco. Además de esta han tenido otras lindezas como la llamada "brown paper bag" que clasificaba a la gente de color en función de la comparativa del tono de su piel gradando a partir del de una bolsa de papel. Si pongo este antecedente es porque la autora parte de una localidad imaginaria formada por negros con piel clara que se sienten orgullosos de su piel  clara y se pretenden asegurar la permanencia de su comunidad gracias a los matrimonios más adecuados. Y este es el entorno en el que nacen Stella y Desiree y del que huyen hacia la libertad de Nueva Orleans. Pero de eso nos vamos a ir enterando poco a poco ya que la autora divide el libro según los años en los que se desarrolla y que mezcla con flashbacks que nos van descubriendo a sus personajes. De este modo construye una novela sobre la identidad que se retuerce sobre sí misma al convertir a los hijos en herederos de las mismas inseguridades que tuvieron sus padres. Asistiremos a la vida de Desiree, que se enamora de un hombre negro y acaba regresando con una hermana perdida a un hogar que asiste estupefacto a sus marcas y su hija como pecado, y también a la de Stella, que ha decidido renegar de sus orígenes y vivir como una persona blanca que incluso protesta cuando una familia de color llega a su vecindario. Pero la historia no es completa si no aparece la descendencia, si esta no se encuentra, si no hay enredos y secretos que se descubren (o no). Y de eso trata esta novela en la que la autora parece hacernos reflexionar sobre algo que todos deberíamos de tener muy claro y es que, en el fondo, somos lo que somos. Por mucho que nos empeñemos.
      Escrita con un buen ritmo y frases medidas busca tanto el interés como la reflexión, muestra complejos (no solo relacionados con el color), relaciones familiares, huidas aunque no siempre avanzando y encuentros y desencuentros que no buscan almibarar la trama, si no aportar una línea en la que, como dice en un momento dado Kennedy, el problema no es ser negra si naces negra, el problema es que no ha nacido así. Como digo, muy interesante.
     Es cierto que la autora mide a los personajes con una vara tan rígida que no les deja desarrollarse tanto como me hubiera gustado y, si bien el personaje de Stella resultó uno de los más interesantes, me hubiera gustado "ver" más el interior de cada uno de ellos, pero queda compensado por la estupenda forma de contar la historia que tiene Bennett.

     Queda posiblemente una de las sinopsis más superficiales que he escrito últimamente pero no serviría de mucho hacer una hoja de ruta de los personajes que no iba a reflejar el sentimiento de inestabilidad que se logra sentir y que además eliminaría el interés en la trama dejando solo a quienes me lean el fondo como excusa para leer el libro (y eso es como ir a ver una película sabiendo lo que sucede solo porque tiene muy buena fotografía).

     La mitad evanescente me ha parecido una buena opción, inteligente y bien llevada, sobre la búsqueda del lugar en el mundo de quien no se siente parte de ninguna parte. Y, sobre todo, de la búsqueda de la propia identidad. Una opción muy a tener en cuenta.

     Y ahora que ya he dejado la parte sesuda diré que me gusta mucho la cubierta. Y sí, también la valoro a la hora de elegir un libro, decantándome muchas veces por la opción digital si la edición me parece fea. Y vosotros, ¿sois así de superficiales?

     Gracias.

martes, 28 de abril de 2020

Blanco. Bret Easton Ellis


     "En algún momento de los últimos años, y no puedo precisar cuándo exactamente, una irritación vaga pero casi abrumadora e irracional comenzó a acosarme hasta una docena de veces al día. Dicha irritación nacía de cosas tan aparentemente nimias, tan ajenas a mi campo de referencia habitual, que me sorprendía tener que pararme a respirar hondo para desarmar un fastidio y una frustración que se debían a la tontería de otros: adultos, conocidos y desconocidos en las redes sociales que exponían sus juicios y opiniones apresurados, sus preocupaciones sin sentido, siempre con la inquebrantable certeza de tener razón".

     Nunca he faltado a una cita con Ellis. Más allá de lo que cuenta me gusta cómo lo cuenta, y eso se ha mantenido así independientemente del momento y el título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Blanco.

Hombre blanco privilegiado. Ese iba a ser el título original del libro. Supongo que al final decidieron rebajar su carga al reducirlo a blanco y es que, si el autor es Bret Easton Ellis, es muy fácil caer en la tentación de vender la simple provocación.
     En esta ocasión y tras nueve años alejado de las librerías, que no de la polémica, Ellis se ha decantado por un libro autobiográfico en el que desgrana una infancia rápida marcada por unos padres que no aplicaban restricciones, para entrar en su época universitaria y avanzar a partir de su primera novela, Menos que cero, cuyo éxito le pilló totalmente desprevenido. A partir de ese momento y siempre según sus memorias, su vida ha estado marcada por las etiquetas. Como él mismo dice, o su obra gusta u horroriza, y no hay opción a puntos intermedios. Ellis nos regala en su Blanco constantes alusiones al cine y a la música que nos recuerdan a cómo se articulaba American Psycho y también a su fama de provocador.
     Es cierto que el libro tiene un punto provocador, posiblemente más en los momentos en los que menos lo pretende, como por ejemplo cuando habla de la opinión pública actual sobre los gays y cómo el hecho de intentar normalizar por la fuerza algo que ya debería de serlo, no es otra cosa que una forma de represión a la hora de hablar en público como lo haría junto a su círculo de amigos. Según Ellis, algo está aceptado y normalizado siempre y cuando te atengas a las normas de lo que se considera aceptado y normalizado. Y las normas nunca han ido con él. Sin embargo, a medida que uno avanza y lee la autovisión del autor sobre sí mismo descubre que quizás ya se haya convertido en aquello que tanto ha criticado y es en lo que su primer título de la obra prometía, un hombre blanco privilegiado. Y es que Ellis, que afirma no haber votado a Trump como muchos supusieron en su momento, es demasiado autocomplaciente en un libro cuya capacidad para señalar aquello que no le gusta es la marca de agua de cada página. Son los demás los enfurecidos, los intolerantes o los que se calientan dejándose llevar por una ideología. Ellis se presenta como la voz de la razón. Él no es politólogo ni vota porque nadie le convence, él no sigue ningún discurso en particular, pero nadie se lo puede criticar ya que, a poco que pensaran, verían que es lo adecuado. Su postura es la racional y nadie discute seriamente a la razón. Eso lo lleva a mirar con cierta indulgencia los comportamientos que le rodean, incluso cuando se disculpa.
     Para los amantes de las letras de Ellis el libro tiene el inconfundible atractivo de hablar de su obra anterior, incluida American Psycho, así como una pequeña relación de comportamientos ante sus publicaciones. Ellis dice que pocos han sido tan criticados como él, que si un libro suyo no gustaba a un crítico, éste no se limitaba a dejarlo pasar, al contrario, sus palabras eran dardos lanzados con una suerte de regusto por parte de quien afilaba la pluma. Y yo me pregunto si no sigue siendo esa la imagen que se quiere dar del que hoy es un hombre de mediana edad, con una sólida posición económica y una pareja dos décadas más joven que poco a poco comienza a considerarse una vieja gloria y tal vez por eso de vez en cuando agita tuiter con alguno de sus comentarios. Comentarios que, al juzgar por el prólogo de su último libro, habrán de quedar un tanto aplacados tras la purga de ira que ha realizado el autor.
   
     Por último señalar como particularmente interesante las divagaciones sobre la tecnología y su impacto en nuestras vidas y que van desde la relativización de aquello que de repente se pone a un click de nuestros ojos, hasta la cultura del like. La valoración, la necesidad de "gustar" en las publicaciones o de al menos obtener una reacción y también la tiranía del entendido que se cree capacitado para valorarlo todo y la venganza de quien hasta hace poco solo podía ser valorado.

     Blanco es un libro interesante en la medida en que nos lo parezcan las opiniones de su autor. Comenzaba diciendo que me gusta cómo escribe Ellis, y ese ha sido un placer añadido para una lectura cuyas opiniones he compartido o no pero que, al igual que la mayoría de su obra, me ha mantenido más que entretenida.

     Y vosotros, ¿os quedáis en la ficción o también os adentráis en el terreno de lo personal?

     Gracias.

     "No convirtamos todo lo que escribo en una suerte de advertencia al público".