miércoles, 26 de agosto de 2026

Cambiar el agua de las flores. Valérie Perrin


 

     "Un solo ser nos falta y todo parece despoblado.
     Mis vecinos de enfrente no le tienen miedo a nada. No tienen preocupaciones, no se enamoran, no se muerden las uñas, no creen en el azar, no hacen promesas ni ruido, no tienen Seguridad Social, no lloran, no buscan las llaves, las gafas, el mando de la televisión, a sus hijos, la felicidad. 
     No leen nunca, no pagan impuestos, no hacen dieta, no tienen preferencias, no cambian de opinión, no hacen la cama, no fuman, no confeccionan listas, no se muerden la lengua antes de hablar. No tienen sustitutos. 
     No son aduladores, ni ambiciosos, rencorosos, coquetos, mezquinos, generosos, celosos, negligentes, pulcros, sublimes, graciosos, yonquis, tacaños, sonrientes, astutos, violentos, amorosos, gruñones, hipócritas, suaves, duros, blandos, malvados, mentirosos, ladrones, jugadores, valientes, holgazanes, creyentes, pervertidos, optimistas. 
     Están muertos. 
     Lo único que los distingue es la madera de su ataúd: castaño, pino o caoba".

     No se debe de juzgar un libro por la cubierta y supongo que tampoco por el título, pero a mi este me enamoró. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Cambiar el agua de las flores.

     Conocemos a Violette Toussaint, antigua guardabarreras que ha terminado cuidando un cementerio, atenta a cada movimiento y cada quietud que se produce en él. Violette cuida del cementerio y del jardín mientras va recogiendo anécdotas y fragmentos de vida a través de comentarios y funerales. Explico el anterior trabajo de Violette porque Perrin entra en el pasado de esta mujer que se convierte en alguien importante para el lector, y os aseguro que no ha tenido un pasado fácil. Fue una niña abandonada y tutelada que conoció el amor demasiado pronto y jamás fue aceptada por la familia de su amado, que no resultó como esperaba. Violette protege aquello que ella nunca tuvo y acaba en Chalon, donde desfilan múltiples historias de familiares, difuntos y sepultureros que irán combinándose de forma deliciosa.

     La protagonista es una persona común y corriente con sentimientos comunes y corrientes y que se cruza con otras personas iguales a ella. El lector la ve desarrollarse y asiste a historias a través de capítulos con epitafio que componen una novela extensa llena de dulzura en la que la humanidad marca cada una de las letras. El duelo sobrevuelta toda la novela, no puede ser de otro modo con el lugar y el tema que trata, pero aún así se siente una lectura luminosa que viene acompañada de personajes que provocan tanto la risa como la emoción no siempre contenida durante la lectura. 

     Cambiar el agua de las flores es uno de esos libros que se puede recomendar sin miedo, con una trama central fácil de seguir, personajes entrañables y una cierta musicalidad en su prosa que da como resultado una lectura agradable salpicada de frases y momentos inolvidables.

     Con un cementerio como punto central y la muerte como presencia constante no puedo evitar preguntaros si hay temas que os atraigan o que rechacéis a la hora de elegir vuestras lecturas.

     Gracias.

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