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lunes, 31 de octubre de 2011

Memorias de una prostituta. Anne Smith




     "Cuando yo era muy niña deseaba ser la mujer maravilla para salvar a las personas, después he deseado ser una buena abogada para poder hacer justicia, deseé poder seguir bailando, quise estudiar teatro y soñé con Hollywood, deseé ser la novia de Superman. Soñé con una vida tranquila y normal, una infancia feliz y una adolescencia mágica, un marido e hijos... Soñé con ser una madre maravillosa... Sueños normales de niñas normales."



     Hay libros que me cuesta bastante decidirme a leerlos. No me refiero a los libros de género, no vengo a decir si me gusta más el terror que el romance, como así es, sino a temas concretos que me cuesta bastante enfrentarlos normalmente por tener unas ideas muy claras sobre ellos. Un ejemplo claro sería el Holocausto, me fastidia bastante como de una tragedia hay quien se ha comprado un piso de lujo y como, poco a poco, caemos en la desensibilización. Otro de estos temas es el que trata el libro de hoy y que ya lo toqué con el libro de Ángela Vallvey, la prostitución.
     Cuando ví que salía a la venta Memorias de una prostituta temí encontrarme con lo clásico, la pobre mujer que lo pasa fatal y es rescatada a última hora, bien por un príncipe tipo Richard Gere, bien por un policía. Anne Smith parece saber que no es lo normal y así nos lo hace ver en su obra.

     Estas memorias son las de una mujer brasileña, bailarina y con hijos, que viaja a España para ganar más dinero y mejorar un poco la vida de su familia. Nos va relatando los clubes, los hombres, los viajes y, por qué no, los "ángeles" que se le van apareciendo en el camino.

     Dicho así parece una historia más, pero al comenzar a leerlo, de lo primero que me dí cuenta es de que no dramatiza. Cuanta su historia con normalidad, como si no fuera una tragedia salir del país no se sabe bien a dónde ni el dinero que se debe para terminar de prostituta y separada de todo lo que siempre se ha querido. Su protagonista es una luchadora y poco a poco nos vamos enterando de su vida, también la pasada ha sido dura, tal vez tenga parte de huída la historia que nos cuenta, tal vez parte de desesperación por alejar a su familia de la situación que ella vivió. Es una mujer lista, sin medios pero que busca siempre recursos y que parece que va consiguiendo remontar del mundo en el que se ve inmersa. Aunque Anne nos recuerda sabiamente que tal vez sólo lo parezca, una prostituta es consciente de la escala social que ocupa y, en caso de olvidarlo, siempre aparece un alma dispuesto a ponerla en su sitio.

     Es un libro de lucha, de caídas y de mil historias contadas por las mañanas en el desayuno, historias todas iguales que producen desesperanza en cualquiera. A mí, particularmente, es ese tono que coge el libro de naturalidad al contarlo, pese a sentirse herida, pese a conservar siempre un pedazo de su mente para si misma, el tiempo que va tardando en reaccionar me pareció duro de leer. La posibilidad de que alguien vea normal el ser tratado así me apea incluso más que el propio trato porque no puedo evitar reflexionar sobre la sociedad de valores en la que nos movemos. Y este es el camino del libro, que tiene mucha sensibilidad, mucho amor, del bueno, del amor propio y fraternal, y una parte importante de denuncia social. Es la parte del libro que suena a palabras escupidas con amargura, datos y hechos conocidos por todos que muchas veces evitamos mirar de frente y que esta mujer nos los pone delante en este libro que demuestra su sinceridad no sólo con las palabras sino donando el 10% de sus ventas a Amunod y Ambar, asociaciones que combaten la prostitución infantil y juvenil. Un libro en definitiva, que no debería de pasar desapercibido.

     Gracias