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lunes, 23 de noviembre de 2020

Línea de fuego. Arturo Pérez-Reverte

 


     "Son las 00:15 y no hay luna. 
      Agachadas en la oscuridad, inmóviles y en silencio, las dieciocho mujeres de la sección de transmisiones observan el denso desfile de sombras que se dirige a la orilla del río. 
      No se oye ni una voz, ni un susurro. Sólo el sonido de los pasos, cientos de ellos, en la tierra mojada por el relente nocturno; y a veces, el leve entrechocar metálico de fusiles, bayonetas, cascos de acero y cantimploras".

     He tardado, pero tenía curiosidad y la quería leer con calma. Hoy traigo a mi estantería virtual, Línea de fuego.

    La Guerra Civil a modo de crónica contada por quienes la vivieron.

     Mas o menos ese es el resumen, solo que Reverte se toma sus licencias para poder contarnos su visión de la guerra. Así que no tengo claro si es mejor contaros el libro o contaros lo que nos ha dicho Reverte en él. De entrada hay que hablar de las licencias que se toma, puesto que ni las mujeres con las que empieza ni la propia batalla objeto de la novela existieron como tales. Es decir, es ficción (y por eso el epílogo no me ha parecido necesario). Precisamente porque es ficción nos encontramos en la novela a Reverte por todas partes. Incluso "Pato" es Reverte, y pato es una mujer. Y es que el autor desde Alatriste se ha sentido cada vez más cómodo en esa piel que ya nos sabemos de memoria, ese señor entrado en años al que nadie llamaría maduro porque por supuesto no lo parece es perro viejo, pero viejoven o algo así que escupe y aprieta los dientes e impresiona. Un personaje que trasciende al narrador que habla con ese tono chulesco un tanto trasnochado que ya sabemos nos vamos a encontrar. Así es su obra, y así es en este libro incluso una mujer. 
Y allí nos vemos en la guerra de trincheras que tan bien nos ha dicho que conoce y que representa como el sinsentido que es la muerte incluyendo al desgraciado que solo quiere irse pero que parece incapaz. Y nos habla de bandos y de ideales, pocos, porque la gente muerte de forma mundana, por un balazo por ejemplo, por asomar cuando no debe o un descuido, por el calor del momento, por no pensar. Por ideales van los justos (de número) y el autor además busca no premiar a unos sobre otros para que nadie le busque al libro una cojera ideológica que se ha esforzado en evitar. Supongo que por eso me he quedado con una duda, una pregunta que le haría al respecto de esas que uno luego no se atreve a plantear pero que resuenan mientras lee la novela.

     Novelas sobre la guerra civil hay muchas. Y si miramos el horizonte es fácil pensar que muchos empiezan a afilar el lápiz para fechas venideras y que junto a los libros de Mauthausen estarán estos otros. ¿Que tiene esta de diferente? Que la línea de ficción no existe más allá de una batalla, que es un cronista que nos cuenta una guerra que en sus formas nos suena trasnochada porque la vida ha cambiado y las guerras también. Y que nos enseña, pese al trasnoche y tono que comentaba antes, la sensación de que hay algo que permanece en cualquier conflicto y es que en las guerras, se muere. Dicho así parece una tontería pero en el mundo actual en el que las cifras bailan y se televisa absolutamente todo, corremos el riesgo de olvidar que a veces no es una película y que no hay nadie que diga "corten" para que todo el mundo se levante y siga su camino. Desconozco si era esa la intención del autor, pero es el mensaje que yo he recogido y me ha gustado. El mensaje digo, la novela me ha parecido excesiva en muchos sentidos. A ratos incluso agotadora.

     Línea de fuego es un libro sobre la Guerra Civil para quienes no busquen una novela clásica. Una historia coral del ruido de la batalla.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 30 de octubre de 2018

Sabotaje. Arturo Pérez-Reverte


     "Bajo la pérgola de la terraza se veían cinco manchas blancas y un punto rojo. Las manchas correspondían a la pechera y el cuello de una camisa, dos puños almidonados y un pañuelo que asomaba en el bolsillo superior de una chaqueta de smoking. El punto rojo era la brasa de un cigarrillo en los labios del hombre que permanecía inmóvil en la oscuridad".

     Con la cadencia adecuada nos llegaba después del verano la tercera entrega de las aventuras de Falcó. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sabotaje.

     Volvemos con Lorenzo Falcó, estamos en 1937, y su jefe le encarga sabotear el cuadro Guernica de Picasso, para que no llegue a la Expo Universal, amén de neutralizar a un comunista francés.

     Decía Reverte que tenía ganas de escribir una novela de espías y así nació Lorenzo Falcó y la trilogía que ahora muchos piden siga sumando entregas. Y nació Falcó, mercenario sin escrúpulos, castigador de las mujeres y un reto para que cualquier lector hable de él sin utilizar el término "hijo de puta" (de verdad, parece casi obligado cuando uno habla de este personaje utilizar ese insulto tan malsonante). En esta ocasión y tras haber pasado por Tánger, estamos en París, el París de los años 30, tan tratado en la literatura, atractivo intelecutalmente y lleno de nombres hoy de sobra conocidos y que el autor introduce en la novela más o menos disfrazados para que cualquier lector avispado sea capaz de identificarlos. Ver a Hemingway en Gatewood, a Peggy Guggenheim en Nelly Mildenheim o a André Malraux en Leo Boyard son algunos de los ejemplos del trabajo de inserción realizado por Pérez-Reverte para esta entrega. Y por supuesto, Picasso, al que presenta desprovisto del aura habitual, convirtiéndose en una presencia que me ha resultado casi divertida en la novela. Por lo demás la trama es rápida y Reverte mantiene un buen pulso narrativo para que el lector se sienta tentado a no abandonar la lectura en ningún momento, fin último de esta trilogía en la que ha desplegado todas sus armas para entretenernos.


     Me ha parecido excesiva la necesidad que parece tener Reverte de contarnos una y otra vez la buena planta del protagonista, casi tanto como alguna de sus poses repetitivas y un tanto casposas que no van a poder ser siempre justificadas con aquello de "eran otros tiempos". En cuanto al sexo, tema que en la entrega anterior se le fue de las manos, ha optado por ser un poco más comedido, como si el interés de su protagonista por el género femenino en general se hubiera visto afectado por su percepción de Eva. En todo caso, se lo agradezco y me quedo con las ganas de preguntarle si el beso de Dietrich fue un capricho personal más que una exigencia de la trama.

     Sabotaje es, en definitiva, una novela de intrigas, barbaries, traiciones, muerte, asesinos y sombras que te hace pasar un rato entretenido y cuyo final queda efectivamente más cerrado que las anteriores entregas. En mi opinión, una entrega mucho mejor que la anterior.

     Reverte es uno de esas personas que han llegado a convertirse en personajes por su carácter y sus interacciones incluso en las redes sociales. Eso ha provocado que se mezcle en muchas ocasiones la percepción del autor a la hora de valorar su obra, Así que decidme, ¿influye lo que pensáis del autor a la hora de decidir leer o no un libro suyo?

     Gracias.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Falcó. Arturo Pérez-Reverte


     "La mujer que iba a morir hablaba desde hacía diez minutos en el vagón de primera clase. Era la suya una conversación banal, intrasdendente: la temporada de Biarritz, la última película de Clark Gable y Joan Crawford. La guerra de España apenas la había mencionado de pasada en un par de ocasiones. Lorenzo Falcó la escuchaba con un cigarrillo a medio consumir entre los dedos, una pierna cruzada sobre la otra, procurando no aplastar demasiado la raya del pantalón de franela."

     Cada libro de Pérez-Reverte desata una pequeña ola de impacto entre seguidores y detractores del autor, tan mediático como polémico, en las redes y mesas de bares a media conversación. Y cada vez acudo a la librería con curiosidad incapaz de resistirme. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Falcó.

     Conocemos a Lorenzo Falcó mientras ejecuta una misión, nunca mejor dicho, y recibe el siguiente encargo. En noviembre de 1936, con la Guerra Civil española resonando en las calles, hay encargos que pueden ser muy peligrosos y cambiar el rumbo de un país, encargos que llevan asociados nombres que todos conocemos. Y ese es el tipo de encargo que recibe Falcó.

     La nueva novela de Pérez-Reverte sirve de cata de presentación para el que empieza a ser llamado sustituto de Alatriste en la trayectoria literaria del autor. Era inevitable, supongo, que desde que el propio autor confirmara que estamos ante el comienzo de otra saga, salieran a la calle similitudes y diferencias entre ambos protagonistas perdiéndose, quizás, lo importante a la hora de hablar de una novela que es el argumento en sí. Y es que Falcó es una novela de género que Reverte ha hecho "nuestra". Y eso supone que ha castellanizado tópicos para adaptarlos a la que, por formato y definición, se puede denominar como bestseller desde las primera páginas.

     Utilizando un narrador omnisciente, y sin buscar grandes excusas para contarnos abiertamente lo que piensa tal o cual personaje, Reverte opta por ambientar su novela en la, inicialmente, farrangosa época de la Guerra Civil española. Y digo farrangosa porque es una época tan interesante como peligrosa ya que muchos lectores tomarían partido por uno u otro bando y, para más inri, Falcó milita en el lado contrario al habitual. Sin embargo pronto nos queda claro que su bando no es ideológico como tampoco lo es la novela, ya que el autor reparte a uno y otro lado sin importarle el lugar que militan y, sobre todo, sin buscar buenos en una novela en la que, lo único que están o no (que no hablamos ahora de si son) buenas, son las mujeres.
     Falcó es un tipo duro de ojos grises y gabardina, con pitillera de Carey y sin problema para moverse en los mejores lugares o con la peor calaña. Es un tipo rudo, mujeriego, afilado y seco que oscila entre lo que una mujer podría denominar chulo y su propio espejo "canalla", pagado de sí mismo y con un código ético y moral propio que no necesitamos aprobar para seguir leyendo en una historia que terminamos sin apenas darnos cuenta. Y cuidado, puede que incluso al final del libro, el lector desprevenido descubra que este nuevo antihéroe de Reverte, le cae bien.

     La novela está medida, las descripciones son justas, incluso escuetas y los personajes que acompañan al protagonista distan mucho de la complejidad en una historia que entretiene y divierte a partes iguales; algo que parece cada vez más difícil de conseguir, además de ser criticado por un sector literario que parece pensar que todos los libros están para darnos clases magistrales a los lectores. Y eso que imagino a Reverte a media sonrisa, pensando en la cara del lector cuando descubra el nombre de Primo de Rivera. Porque si que hay una pequeña lección escondida sobre temas literarios en la novela, y un par de preguntas que me quedo con las ganas de realizarle al autor sobre la parte más divertida del libro. Esa que no puedo contaros porque hay que descubrirla entre sus páginas.
     De momento, os diré que la novela funciona, que le auguro larga vida a su protagonista y que me lo he pasado francamente bien.

     Y ahora viene la pregunta que no se hace, pero sí. reverte es un escritor del que se habla y se opina día sí, día también, ¿creéis que influye la opinión que se tiene de un escritor a la hora de ir a la librería y decantarnos o no por sus títulos?

     Gracias.