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sábado, 24 de septiembre de 2016

Entrevista a Carlos Soto Femenía


     Carlos Soto Femenía nace en Palma de Mallorca en diciembre de 1966 aunque pronto se muda a Madrid, lugar en el que permanece hasta finalizar sus estudios. Debuta en el mundo literario, amén de relatos premiados en los certámenes Silverio Lanza de Getafe, con el libro La unción que ganaría el Premio Alfonso VIII y publica años más tarde la novela Enemigo innúmero. Ahora lo podemos encontrar en las librerías desde hace apenas unas semanas con su obra El carbonero.
- Han pasado doce años desde aquella primera novela, ¿cómo ves La unción desde la distancia?
- La veo como una novela sencilla, muy sencilla, con las carencias de quien está empezando. Es un libro de comienzos.
- Y sin embargo un punto en común entre ambos libros es ese distanciamiento en el tono.
- Me lo han comentado o he leído como lo decían en algunas críticas los lectores, pero en realidad no era mi intención cuando estaba escribiendo ese distanciamiento. Si se percibe quizás sea porque el personaje es muy fuerte y de este modo alcanza una suerte de equilibrio con la historia.
- Marc, el personaje principal de la historia, es muy carismático y especial. ¿Cómo lo describirías?
- Honesto. Marc es honesto. Es una persona muy directa con apenas contacto humano y tal vez eso hace que resulte tan frontal. Es honesto incluso consigo mismo, de hecho no tiene reparos en reconocer cuál es su futuro, a dónde va abocado, y también en reconocer su lucha en contra de ese destino que parece tener marcado por ser quién es.
- Un carbonero, una figura totalmente desconocida para muchos de nosotros, que parecía vivir ajeno y escondido del mundo. ¿Por qué un carbonero?
- Realmente yo tampoco tenía conocimiento de esta vida. Conocía, claro, las sitjas, pero no había investigado sobre el tema, creo que ni siquiera me había parado a pensar en ellas, hasta que un día me encontré con un artículo en el que un hombre hablaba de su profesión. Era carbonero, hijo y nieto de carboneros y había ejercido su profesión hasta hacía treinta años. Imagina, treinta años y estaba contando una vida que pareciera databa de hace un siglo, pero que estaba ahí al lado. Al descubrirlo no pude evitar tirar de un hilo que me llevó a nuestra maravillosa sierra y los personajes comenzaron a construirse prácticamente solos.
- La sensación de aislamiento que transmite esa vida es brutal, ¿en qué medida afecta eso a tus personajes?
- En todo. Estar ahí arriba tantos meses sin apenas contacto te da mucho tiempo para pensar. Tanta soledad puede volverte loco y uno se acaba refugiando en sus pensamientos que, en el caso de Marc, van invariablemente hacia ese crimen que se cometió y, por supuesto, hacia la venganza. Es el aislamiento el que alimenta la intensidad de esa necesidad de vengarse que tiene Marc y de ahí nacen los deberes que él mismo se pone. Marc entiende que su vida está marcada y dibujada, pero tiene una deuda moral con ese momento de fractura su vida y la de su padre. Porque prácticamente lo pierde todo y es ahí donde la señora gana la fuerza de quien vela por ellos, y también la deuda de Marc hacia la señora. Con el tiempo, Marc sabe que no es responsable de lo sucedido, pero si se ve en la responsabilidad de que no caiga en el olvido lo sucedido, ni esa vida pasada que perdió en un momento.
- Nombras a la señora, que es un personaje mucho más complicado de lo que puede parecer a simple vista.
- Sí, la señora es un testimonio vivo y Marc tiene sentimientos encontrados hacia ella. Por un lado parece una competidora de su madre y, por otro, su familia está unida a ella que siempre estuvo ahí, velando por ellos. Por todos en realidad.
- Un ambiente rural que llega a convertirse casi en un universo cerrado y prácticamente ajeno a todo lo que sucede fuera de él.
- Es que es justo eso, y Marc es quien ha de mantenerlo vivo. Se niega al olvido.

lunes, 12 de septiembre de 2016

El carbonero. Carlos Soto Femenía


     "Siete años atrás había recorrido aquel mismo camino en sentido contrario, al principio andando, un tanto desorientado, después acelerando el paso y por fin corriendo, gimiendo, casi gritando.
     Habían asesinado a mi madre. Le habían partido la cabeza con un hacha. El buhonero, que era quien había venido a darme aviso, no había sido tan explícito, naturalmente. Los detalles los sabría más adelante."

     A veces es la sencillez lo que más nos llama la atención. Quizás por eso esta cubierta se me grabó a fuego asentando la certeza de que era un libro que iba a leer. el caso es que hoy traigo a mi estantería virtual, El carbonero.

     Conocemos a Marc, hijo y heredero de la labor de un carbonero mallorquín. Tras la muerte violenta de su madre, vive con un padre que ha optado por el silencio, cayendo en u nmutismo casi autista que, sin embargo, no le incapacita para su trabajo. Marc, en cambio, se refugia en el calor de unos vecinos, en las visitas de la señora de sus tierras, y en la necesidad de saber. Ahora, siete años después, el pasado volverá a llamar a la puerta.

     El carbonero es una obra singular desde su abrupto comienzo hasta la última página. Con la fuerza de una primera persona de voz serena y reposada relata un drama rural teñido de rojo sangre que se acerca a la novela negra sin apenas dar un respiro al lector. No diré uno de esos adjetivos tan de moda, como trepidante, porque no lo es. Es en realidad una marcha sin fin hacia lo inevitable que va cargando de estática las páginas del libro. Con un cierto regusto a aquellos autoras que recorrían caminos rurales, Femenía nos deja el retrato de un pueblo y un oficio desconocido, cuando no olvidado, para muchos: el carbonero que quema encimas vigilando a costa de su propio bienestar que no se apague el fuego. Y también una vida aislada, casi anclada en el tiempo que parece inamovible mientras los días pasan sin apenas cerrar los ojos. Y es en este entorno en el que sitúa la tragedia utilizando para ello una voz desapasionada que contrasta con el sufrimiento que, a todas luces, arrastra el dueño de esa voz y protagonista del libro. No necesita tampoco muchos personajes para terminar la composición de una historia en la que la justicia, o la falta de ella, se alza como la gran protagonista junto al honor y el cariño.

     No se pierde el autor en retórica para hablarnos de las costumbres, los valles y las montañas como tampoco lo hace para hablar de los sentimientos, que quedan muchas veces reducidos a impulsos primarios. Quizás sea por eso que se nos antoja una narración cruda, casi descarnada, como si estuviéramos ante el volcado de un alma en boca del narrador. La vida, qué duda cabe, a veces nos da golpes de los que uno nunca se termina de recuperar, y al mismo tiempo obliga a seguir adelante. Y eso es justo lo que sucede en El carbonero: resentimiento, sed de venganza, aislamiento y oscuridad. La vida, en definitiva, y su capacidad para transformar a las personas.

     Me ha gustado posiblemente sería la reflexión final más acertada. He disfrutado la historia, he acompañado al protagonista en su búsqueda de verdad, de venganza y de su propio lugar en paz; he escuchado mas que leído cada una de sus confesiones y me he puesto en su piel y sus ojos. Porque, si algo tiene El carbonero, es que no deja indiferente al lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.