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sábado, 10 de septiembre de 2011
EL cuervo. Edgar Allan Poe
"Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."
Hoy hizo un calor sofocante, tremendo, pegajoso, que nos ha obligado a todos a dormir con las ventanas abiertas. Pero ni de lejos es tan pacífico como sale en las películas, siempre hay un ruido, un camión, unos faros de coche que atraviesan la cortina de casa. Te mueves, te desvelas y das un par de vueltas escuchando los ruidos de la noche dentro de tu propia cabeza. Así es como he llegado hasta aquí, a estas horas intempestivas, recordando El cuervo.
Y justo en ese mismo sitio, casi me encuentro con el narrador de este poema, sentado, dormitando sobre unos libros, mientras su mente aún conserva los recuerdos de su amada Leonor y anhela la llegada del día que le distraiga de ese silencio en el que sólo se oye pensar. El silencio angustioso se torna más angustioso aún al oir unos ruidos, golpes a la puerta que lo despiertan, se dirige a ella y al abrirla, como surgido de la propia oscuridad, encuentra un cuervo que entra graznando a cualquier pregunta una única respuesta: Nunca más.
Poco sabemos de esa respuesta, tal vez nunca volverá su amada, tal vez nunca la olvidará o no podrá echar al cuervo o, acaso, tal vez nunca más vuelva a amanecer para nuestro narrador. Con esta sencilla premisa angustia a narrador y lector, dando una respuesta a cualquier pregunta conocida, invitando a la mente a acercarse a sus temores más oscuros para saber que no va a obtener esperanza alguna.
El mismo Poe en "Filosofía para la construcción" nos habla de este poema, El cuervo, para enseñarnos que nada en él fue dejado al azar, la noche negra, el pájaro igualmente negro, el blanco busto de Palas Atenea, el amante, la muerte. Eterno matrimonio el de la muerte y la noche que identificamos sin necesidad de que nadie nos guíe y acaso Poe pensaba en ello una noche cualquiera tras la prematura muerte de su esposa, cuando se le ocurrió el poema. Pero eso, son sólo conjeturas arriesgadas que se nos pasan por la imaginación mientras leemos a un indiscutible rey del género, del cual he traído una simple muestra y, si no me creéis, escuchad:
Gracias
Etiquetas:
Edgar Allan Poe,
El cuervo,
Filosofía para la construcción
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