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miércoles, 6 de febrero de 2013

Noches blancas. Fíodor Dostoyevski




     "Y no he vuelto a ver a Nástenka. ¿Entristecer con mi presencia su felicidad, ser un reproche, marchitar las flores que se puso en los cabellos para ir al altar? ¡Jamás, jamás! ¡Que su cielo sea sereno, que su sonrisa sea clara! Yo te bendigo por el instante de alegría que diste al transeúnte melancólico, extraño, solitario... ¡Dios mío! ¿Un instante de felicidad no es suficiente para toda una vida?"

     Hay ciudades, y tal vez San Petersburgo sea la mas importante, en las que se produce el llamado sol de medianoche. Durante unos días el sol no llega a pasar por debajo del horizonte y en la ciudad parece que el tiempo se detiene para brindar 24 horas de luz y atardecer y  madrugada se confunden en los relojes. Un fenómeno de esa naturaleza ha aparecido de forma recurrente en la literatura en narraciones y poemas. Hoy traigo a mi estantería virtual un  libro que lo toma como título; hoy traigo, Noches blancas.

     Conocemos a un joven pobre y solitario; un soñador tímido que imagina su futuro aún inmerso en su perenne soledad solamente rota por su imaginación. Este hombre conoce a una adolescente, Nastenka, que aparece en su vida entre lágrimas relatándole que está esperando al hombre que ama. Es irremediable, él se enamora de Nastenka... e intenta ayudarla.

     Ya he comentado alguna vez que hay autores que intimidan. Por eso es muy importante saber a qué lectura nos queremos enfrentar de entrada y, precisamente por eso, es bueno tener opciones que, aunque no sean tan conocidas, nos pueden resultar más afines. Hoy traigo a mi estantería una novela corta o relato largo de un nombre impresncindible de la literatura. Su segunda novela en realidad. En ella apreciamos aún una influencia romántica, ya que el argumento es una historia romántica al uso. Y también podemos vislumbrar una época en la que el autor era un soñador que quería dedicarse a escribir, más o menos a la edad del protagonista. Y todo ellos disfrutando de una forma de escribir en la que ya se apreciaba al genio de su posterior creación literaria.

     Una mujer, dos hombres, un par de cartas, una decisión y una gran historia de amor y desamor que acompañamos sintiéndonos afines al protagonista, que es quien nos relata la historia. Vemos sus sueños y temores y, poco a poco, nos enamoramos de esa mujer a la que ayuda deseando que no salga bien... que el amado no regrese de su viaje para poder tener la oportunidad de estar con ella. Para atrevernos a soñar. Y a veces el destino nos deja esa posibilidad abierta en esta historia que se desarrolla en apenas unos días. Viviremos pendientes de sus letras para saber si se enamoran o si el pretendido regresa. Para saber, en definitiva, que le espera a nuestro ya querido narrador que parece depender de una palabra de esta joven. Porque si algo consigue el autor es que en un puñado de páginas se agolpen los sentimientos del lector; un lector que juzga, que comprende, que se enfada, sonríe, se entristece... y eso, según mi opinión, es lo que hace grande un libro. Y no tiene que ver con el número de páginas que hayan impreso.

     Hoy os dejo una opción para acercaros a uno de esos nombres que intimidan, Dostoyevski, y una ventana para asomaros a una hermosa historia con un final redondo. Porque esta historia, no podía tener otro final.

     Y vosotros, ¿sois más de libros largos o historias cortas?

     Gracias

viernes, 9 de marzo de 2012

El idiota. Fíodor Dostoyevski







     «Dicen que existen tantas oficinas de gobierno, tanto burócratas, que sólo el pensarlo marea. Todo el mundo ha sido, es o será funcionario del Estado. Todo el mundo está dispuesto a ponerse a su servicio. ¿Cómo es posible entonces que de esta masa no puedan seleccionarse los elementos necesarios para organizar una compañía de navegación? La respuesta que suele darse a esta pregunta es muy sencilla; tanto, que resulta difícil creerla. Verdad es, se nos dice, eso de la frondosa burocracia; copiando un excelente modelo germánico, se es funcionario desde hace doscientos años, de abuelo a nieto. Pero precisamente en nuestro país los funcionarios son los hombres menos prácticos del mundo, y las cosas han ido tan lejos en este sentido, que hasta hace muy poco ellos mismos consideraban que la ignorancia de las nociones prácticas era la suma de todas las virtudes y cualidades.»


     Me gusta la literatura rusa, y perderme entre las páginas de Dostoyevski buscando el sentido real de lo que allí figura. De entre todas sus obras, la que hoy traigo figura según muchos expertos, como la más sobresaliente. No se si eso es así, pero desde luego no deja indiferente a nadie partiendo ya del título. Hoy traigo a mi estantería virtual, El idiota, conocida muchas veces como El príncipe idiota.


     Estamos en Rusia a mediados del siglo XIX, conocemos al príncipe Lev Nikoláyevich Mishkin (no pienso volver a poner el nombre, será Lev), quien padece epilepsia. Lo envían a Suiza para ser tratado por un médico que se hará cargo del niño al quedar sin tutor. Sabiendo Lev que tiene una pariente viva decide ir a conocerla.

     Lev, comparte con el autor la epilepsia, pero es también un hombre bueno, noble y sincero que acaba sucumbiendo a sus más bajos instintos. Es sometido por el autor a una experiencia durísima. El autor fue condenado a muerte y, ya  en el patio, escuchó como su sentencia era conmutada enviándolo cinco años a cumplir trabajos forzados en Siberia. No podía menos que someter a su personaje a una experiencia así.
     Pero nuestro protagonista, nuestro príncipe pobre y tachado de idiota por su enfermedad, es un hombre bueno y cautivador para quienes lo rodean, precisamente por su bondad y aunque vive en una sociedad estereotipada que desprecia las bondades por marcar diferencias. Lev despierta igualmente las simpatías del lector desde las primeras páginas y Dostoyevski no necesita recurrir a una acción trepidante para mantener el interés en este retrato de almas. Lo único que tiene que hacer es dejar caer al personaje por su propio peso, lo "suelta" en una sociedad envidiosa y corrupta y haciendo suyo el dicho "de tan bueno tonto", y vemos a Lev confundirse en sus juicios y perdiendo incluso el amor de su vida.

     Es, no me cabe duda, una novela que permite múltiples lecturas, yo ya hice dos y en ambas saqué conclusiones diferentes aunque complementarias, pero sobre todo es una novela de las que dejan poso, llevada por uno de esos personajes de los que siempre nos quedamos un pedacito dentro y que recordamos con una sonrisa en los labios por el placer que nos proporcionó descubrirlos.
     Un clásico, no me cabe la menor duda, imprescindible en cualquier biblioteca. Ha que perder ese miedo que se tiene a este tipo de libros pues son, doy fe, altamente disfrutables.

     ¿Qué opináis? ¿Hay buenas personas o prima el egoísmo?

     Gracias