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martes, 5 de marzo de 2019

El aliado. Iván Repila


     "Yo soy el tío más feminista del mundo. 
     Sin embargo, tengo mis contradicciones. Ahora mismo, por ejemplo, mis cinco compañeros y yo estamos tirando huevos sobre un grupo de mujeres desnudas o semidesnudas que se manifiestan delante del ayuntamiento. Los dos primeros proyectiles han fallado el objetivo por exceso de fuerza, pero los siguientes han impactado perfectamente en la cara y las tetas de las que sostenían la pancarta principal. Veo volar nuestros huevos como a cámara lenta, describiendo una hermosa parábola de abajo arriba y de arriba abajo, hasta estallar y convertirse en una baba pegajosa, sin belleza, natural, y pienso en la honda de David y el dibujo que hizo la piedra en el aire antes de inflamar la carne y desmontar el cartílago del hueso de Goliat, y no puedo evitar darme la razón cuando digo que hay algo platónico en la violencia".

     Una de las cosas que más me gustan de un escritor es su capacidad para reinventarse en cada título. Por eso Iván Repila es un nombre fijo en mis compras. Hoy traigo a mi estantería virtual, El aliado.

     Un hombre de mediana edad con ideas basadas en roles anticuados y sexistas conoce a una mujer llamada Najwa que le abre la mente al pensamiento feminista. De repente comienza a ver el mundo de otro modo descubriendo signos de machismo y opresión por todas partes. Es testigo de la lenta lucha de las mujeres, comienza a prestar atención a las de su entorno y llega a la conclusión de que necesitan algo que las active, pasar a la acción. Así nace su álter ego.

     Si una utopía es una sociedad perfecta formada por personas satisfechas y felices, una distopía es justo lo opuesto a eso. Y ese es el camino que parece tomar Iván Repila en su última novela, aunque se encarga de dejarnos en cada página esa incómoda sensación de realismo en algunos de sus rasgos y en gran parte de sus orígenes. Y es que la novela de Repila trata de la lucha por la igualdad, el #MeToo se castellaniza para ser el #YoTambién y tira de frases que todos hemos oído más de una vez, e incluso normalizado en el peor de los casos y que sitúan a la mujer como trofeo o en casa. Es evidente que no gusta leerlo, no sólo por la crítica, sino por el mero hecho de saber que eso es así, que hay hombres así, familias así, una parte de la sociedad así. Pero, no olvidemos que he dicho distopía, así que Iván avanza rápidamente junto a un protagonista que se siente iluminado para pasar a creerse elegido. La novela arranca, el futuro es cercano, nos sitúa en apenas dos frases y la trama se convierte en una suerte de hipérbole corrosiva cuyo final no tardamos en temer catastrófico. Repila es tan atrevido como inconsciente su protagonista. No esquiva ni siquiera comentarios futuros, y lo sigue haciendo con un pie metido en la conciencia del lector que se remueve incómodo. El texto busca incomodar, que nos removamos en el asiento y nos preocupemos incluso de si alguna escena, por inocente que sea, nos hace esbozar una sonrisa. No dudo de hecho que a más de uno se les iba a atraganta o la tildarían de chorrada, a saber. Pero hay historias que son necesarias, libros que remueven, distopía incómodas que dejan un rastro en el pensamiento del lector y Repila ha construido una que es, además, de lectura fácil.

     Me ha gustado El aliado. Me gusta que se diga lo que nadie hace, que provoque y que entretenga, porque, por si aún no lo he dicho, me lo he pasado bien durante su lectura.

      Y vosotros, ¿os gustan las distopías?

     Gracias.

jueves, 14 de septiembre de 2017

El niño que robó el caballo de Atila. Iván Repila


     "—Parece imposible salir, dice. Y también: Pero saldremos. El bosque limita al norte con una cordillera y está rodeado de lagos tan grandes que parecen océanos. En el centro del bosque hay un pozo. El pozo tiene unos siete metros de profundidad y sus paredes irregulares son un muro de tierra húmeda y raíces que se angosta en la boca y se ensancha en la base, como una pirámide desocupada y roma. Su lecho gorgotea el agua oscura que se filtra desde venas remotas hasta las galerías que afluyen al río, dejando un poso terrizo que nunca se detiene y un fango moteado por burbujas cuyo chasquido devuelve al aire el perfume de los eucaliptos."

     Leí esta novela hace ya unos cuantos años. Tiempo después la editorial que la publicaba desapareció y, cuando me enteré de su reedición revisada, me anoté la fecha. Hoy traigo a mi estantería virtual, El niño que robó el caballo de Atila.

     Grande y Pequeño es una forma habitual para situar el puesto de los hermanos en la jerarquía del hogar y así llama el autor a los protagonistas de la novela. Están en el fondo de un pozo y así les conocemos. Un lugar terrible del que parece imposible salir, pero en el que tampoco quieren morir, así que se alimentan como pueden.

     Iván Repila tiene tres títulos que yo conozca en su cartera de escritor. Los tres distintos, al menos en líneas generales. Aunque luego en una búsqueda de esas que vienen siendo habituales entre los lectores encontremos que este y Prólogo para una guerra tienen protagonistas masculinos, dos, o que su estilo siempre vendrá marcado por lo visual, lo directo... pero en sus argumentos, trama..nada que ver.

     Esta es una historia de supervivencia, de superación de instintos y de pérdida. El autor no da tregua a un lector que comienza conociendo la situación en las primeras líneas: hay dos niños en el fondo de un pozo. Nos convierte en espectadores de ese cautiverio, impotentes, consiguiendo que perdamos la esperanza antes que los niños. Aunque ellos irán perdiendo por el camino otras cosas, como su inocencia, su infancia. Más Grande que Pequeño, casi podemos ver como se apaga aquello que fue: un niño.Y también vemos como su infantil naturaleza parece negarse a desaparecer del todo, y como afloran los instintos más básicos de los seres humanos; las necesidades, la supervivencia, los anclajes al mundo para evitar...
     Iván Repila no necesita muchas páginas y tampoco adornos para contar su fábula. Y nos da una bolsa, la bosa de comida de dos niños que comen gusanos y raíces, pero que es la bolsa de mamá. Y de este modo esta novelita se convierte en un cuento para adultos en el que cada cual es libre de hacer su propia lectura y también su propia interpretación. Una vez hecha la interpretación, a la que iremos llegando sin problemas hacia la mitad de la novela, nos encaminaremos hacia un final en el que el autor opta por dar una última sacudida y que ha provocado tantas filias como fobias. Yo lo tengo claro, es una novela de naturalezas y miserias que, pese a lo claustrofóbico del escenario, podríamos representar en una visión mucho más ámplia. Lo que no os diré es qué fue mi clave durante la lectura, creo que es uno de esos libros en los que cada cual tiene la suya. E Iván no hace trampas, todas están siempre a la vista.

     El niño que robó el caballo de Atila me gustó en una primera lectura y ha ganado en esta segunda. Animáos. Olvidad las comparaciones que siempre se hacen en este tipo de novelas, con los mismos nombres, los mismos títulos, casi hasta el mismo orden. En este caso, dejad todo eso de lado porque estamos ante una novela que lo vale por sí misma.

     Comentaba que hace años leí este libro en una edición diferente y que ahora me he comprado esta nueva edición. Es uno de mis placeres lectores, comprar distintas ediciones de algunos libros. Y vosotros, ¿podéis confesar alguna manía lectora?

     Gracias.

     PD: El caballo de Atila se llamaba Othar, pero pocos lo saben y en realidad a casi nadie le importa cuál era su nombre.

jueves, 15 de agosto de 2013

El niño que robó el caballo de Atila. Iván Repila




     "- Agua, solicita.
     El Grande le da de beber.
     - Tengo frío.
     El Grande se recuesta junto a él y lo abraza con todo su cuerpo.
     -Tengo calor.
     El Grande le abre la camisa, remoja su cuello y su nuca con agua fresca, y después ondea la suya propia para hacer corriente.
     - Estoy sucio.
     El Grande la baja los pantalones, limpia con tierra húmeda sus nalgas y lo viste de nuevo.
      - Tengo miedo.
     El Grande lo levanta en sus brazos, igual que haría un recién casado con su esposa, y lo mece.
     - Mátame."

     Hace no mucho traje Una comedia canalla afirmando que era una novela divertidísima y que me había hecho seguir al autor. Bien, pues por eso hoy traigo su segunda obra a mi estantería virtual. Hoy traigo, El niño que robó el caballo de Atila.

     Dos hermanos, Grande y Pequeño, nos aparecen en un pozo excavado en la tierra. Poco más hay que decir salvo que deberán de cuidarse el uno al otro y alimentarse de... lo que pueda haber en un pozo prácticamente seco. Su vida depende de ello, y la vida de cada uno, por mala que sea.. suele ser mejor que la alternativa.

     Tras leer su primer libro y ver el título del segundo, bien pudiera uno pensar que va a reírse de lo lindo con esta historia. Y no es así. Aquí, en unas ciento veinte páginas, el autor se mete de lleno en una truculenta historia de esas que tanto me gustan. Un confinamiento de difícil solución de dos niños pasándolo mal (por no decir una palabra malsonante) y cuyo final es incierto inicialmente. Sin embargo no juega al despiste de no darnos explicaciones; de hecho podemos decir que al final de la novela y aún siendo esa la peor parte de la historia, tenemos bien claro cómo llegan al pozo y cómo se resuelve la trama. La parte central es para nuestro disfrute de unas letras que pasan del diálogo justo y seco a la prosa casi lírica en la descripción; utilizando la repetición de frases y conceptos cortos para imprimirle al libro un ritmo que nos retumba en la cabeza, convirtiendo esas frases en ideas machaconas que no conseguimos quitarnos de encima.
     La novela en sí nos relata las rutinas y los estados de ánimo de los dos niños; ese proceso de hambre, enfermedad, estrés e incluso locura. Estados que nos creemos porque consideramos normales en su situación. A fin de cuentas, ¿quién no se volvería loco en semejante confinamiento? Pero no le sirve a Repila una simple locura sino que la usa para plasmar ideas, símbolos que hacen pensar al lector. Ahí es donde se desdibuja el concepto de novela y aparece casi el de fábula que nos deja entrever las ideas del autor.

     Pese a lo que comento de un final un poco bajo de forma, este libro no sólo demuestra el potencial de un escritor en su segunda novela, sino que ocupa un puesto entre las buenas historias por derecho propio.

     Aprovechando las dos novelas del autor decidme, ¿elegís una historia que nos haga reír o preferís algo un poco más truculento?

     Gracias

miércoles, 5 de junio de 2013

Una comedia canalla. Iván Repila




     "Este es el sueño de cualquier empleado: llegar al trabajo un lunes, con la cabeza todavía recostada en el fin de semana, madrugado por los pelos a costa de unas ojeras gordas como ciruelas y unas legañas resecas que no pudieron arrancar ni la ducha ni el café, sentarte en la silla, lamentarte, y después esperar: esperar a que el jefe diga o haga algo que te moleste, una orden con el tono excesivamente imperativo, una petición que sobrecargue tus tareas, algo que te hinche las pelotas, y en ese momento levantarte, mandarle a la mierda pronunciando correctamente cada sílaba y salir por la puerta sin mirar atrás."

     Como comprenderéis, cuando leí este párrafo me reí. Me pareció fresco, descarado... sí, tal vez casi canalla. Pero eso y el regusto a Beavis y Buthead que tenían los dibujos de la portada fueron dos motivos más que suficientes para que este libro terminase en casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una comedia canalla.

     Jim, John y Jack son tres jóvenes mileuristas hartos de su vida y sus trabajos que deciden cambiar dando un giro. robarán a sus jefes y emprenderán una aventura. Ahora, si queréis saber que tipo de aventura hace que en este libro aparezcan un perro muy listo, unos mafiosos, un niño que da miedo y un taxista psicópata... no os va a quedar más remedio que leerlo.

     La verdad es que ha sido toda una sorpresa este libro. Ya se que dice "comedia" en su título, pero siempre he pensado que es difícil hacer reír con letras. Y con este libro me he reído, es más, he mantenido una sonrisa constante durante su lectura. Tal vez uno de sus puntos fuertes sea que es un libro muy visual. Apenas nos encontramos descripciones y volamos entre diálogos reales y otros, si cabe más divertidos, mentales en los que nuestros protagonistas se comunican delante de nuestras narices. No podemos evitar tener la sensación de estar delante de una película que tiene el regusto de aquella Snatch de hace ya unos años.

     Pero no hay que confundirse, no es una historia sencilla. Es una novela formada por varios hilos que se entretejen poco a poco con cuidado orden para que encajemos piezas a la misma velocidad que nuestro grupo de amigos. Así avanzamos por una historia en la que los jóvenes (me ha hecho gracia el término) intentan entrar en "el negocio" como si se tratara de los protagonistas de Salvajes, de Don Winslow. Pero a la española. Tiene escenas memorables, como la madre y el director del colegio o la toma de contacto con la Banda. Escenas de esas que tienes que buscar a alguien y hacerle partícipe de ellas para comprobar si también se ríe. Y ahí nos damos cuenta de que hablamos como quien lo hace de algo que ha visto y no de lo que está leyendo (en mi caso llegué a decir eso de: "mira, mira"). El lenguaje está cuidado para adaptarse al lugar y forma en que se desarrolla el libro (otro acierto es no nombrarnos la ciudad), sin resultar soez ni caer en excesos.

     Estamos en definitiva ante un libro que está concebido para divertirse y para que lo lean, hasta quienes no leen, como apunta el propio autor en la primera página. Un nombre, Iván Repila, que pienso seguir la pista, ya que acabo de terminarme su segunda novela, El niño que robó el caballo de Atila, y me ha sorprendido la capacidad que tiene para escribir algo meridianamente diferente a Una Comedia canalla y llegar al lector de una forma tan brutal.

     Hoy os dejo el nombre del autor, descubridlo por cualquiera de sus dos obras. Merece la pena este joven :-P

     Y vosotros, ¿qué libro recordáis que os haya hecho reir?

     Gracias