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viernes, 31 de marzo de 2017

La defensa. Vladimir Nabokov


    "El propio Luzhin ha tenido que esperar treinta y cinco años hasta ser editado en lengua inglesa. Si bien es cierto que a finales de la década de los treinta hubo algunas esperanzas cuando un editor estadounidense mostró interés por la obra, resultó pertenecer a esa clase de editores que desean convertirse en la musa masculina del autor,  y nuestra breve relación terminó abruptamente cuando me sugirió que sustituyera el ajedrez por la música y convirtiera a Luzhin en un violinista demente."

     De Nabokov me gustan sus formas, su cuidado en los detalles, que puede permanecer oculto a ojos del lector que no va prestando toda su atención, y también su entusiasmo. Por eso poco a poco voy leyendo su obra. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La defensa.

     Conocemos a Luzhin cuando es aún un niño. Vive en un mundo que le resulta hostil, al que no se adapta. Sin embargo, pronto encuentra en el ajedrez su propio mundo, su defensa contra el externo, y además demuestra ser un niño dotado, un genio en realidad. Ahí Luzhin se siente cómodo. Pero los años pasan y aparece el amor, y el ajedrez queda en un segundo plano, al menos de forma literal, porque su mente sigue viendo el mundo como una gran partida que hay que ganar.

     No se puede hablar de este libro sin comenzar por el prólogo. Un prólogo escrito por el propio autor y que es la mejor de las críticas que uno se pueda encontrar. En él, no solo vemos el entusiasmo de Nabokov por esta obra, además nos irá dando pistas de detalles en los que nos tenemos que fijar, incluso nos desvela el final. Supongo que, si es capaz de hacer algo así, ya significa que todos aquellos que pensaron que el final de este libro era sorprendente, no se fijaron tanto en los detalles como el autor esperaba. O tal vez no quiso el propio Nabokov que valorásemos ese final de una forma diferente porque, una vez conocido lo que nos cuenta en dicho prólogo, se antoja inevitable que el libro concluya como lo hace. En todo caso, advertidos estáis tanto de lo indispensable de su lectura, como de su contenido, para poder elegir si se hace antes o después de conocer la historia.

     En cuanto a la novela propiamente dicha, Nabokov vuelve a hacer gala del cuidado en los detalles, la descripción minuciosa, el lenguaje bien elegido (y conservado gracias a una buena traducción). Su proptagonista, tal vez por ser conocido en su infancia, queda perfectamente dibujado para el lector que termina por conocerlo casi a la perfección. Un casi que viene a apoyar su realismo, ya que muchos escritores olvidan que el ser humano puede ser impredecible en determinados momentos. Nos va dejando además, alguna pista cuyo significado iremos descubriendo a medida que avanzamos en la novela, como son por ejemplo esas referencias a luz y oscuridad que hay referidas a la vida, y que uno, al pararse a pensar, descubre no sin cierta sorpresa, la lógica comparación con los colores de un tablero de ajedrez. Y es que, ahí están los detalles del placer extraordinario de leer a Nabokov, el saber que estamos ante la palabra escogida, la prosa selecta, el título perfecto: La defensa.
      Justo eso es lo que urde el protagonista, que vive en un permanente estado de búsqueda y hallazgo. El ajedrez como defensa del mundo, la vuelta al mundo que sigue viendo como una enorme partida que hay que ganar, la búsqueda entonces de una defensa contra el mundo; la defensa final. La vida como partida, el ajedrez como enroque, pero.. ¿Qué sucede entonces si el lector no sabe nada de ajedrez, o no le gusta o sencillamente no le interesa? Pues no pasa absolutamente nada. En ese caso, observaremos la historia, la disfrutaremos, y lo haremos igualmente con los mismo detalles. Tendremos un protagonista ajedrecista, de mente analítica, cuyos pensamientos se irán agrupando de forma ordenada y metódica como una gran partida, que será la que todos jugamos, la de la vida.
Y disfrutaremos igual, tal vez incluso más.

      Me gusta leer a Nabokov. La defensa no es una de sus grandes novelas, pero es una perfecta muestra de lo que es escribir bien, y no dejar absolutamente nada al azar. Fijarse en cada detalle hasta componer una obra redonda en contenido y también en las formas. Y el lector, como me pasa a mi, tal vez no sea un entendido o un esteta literario, pero la armonía se percibe incluso con los ojos cerrados.
   
     Os invito a conocer a Nabokov, a olvidaros del sexo, a ignorar a Lolita. Os invito a adentraros en la obra de un gran escritor.

     A veces identificamos a un escritor con uno o dos títulos olvidando el resto de su producción, ¿hay algún escritor con el que os suceda eso al pensar en su nombre?

     Gracias.

viernes, 9 de agosto de 2013

Risa en la oscuridad. Vladimir Nabokov




     "Érase una vez un hombre que se llamaba Albinus que vivía en Berlín, Alemania. Era rico, respetable, feliz. Pero un día abandonó a su esposa por causa de una amante joven; amó, no fue amado, y su vida acabó en el desastre.
     Ésta es toda la historia, y en eso podríamos haberla dejado de no reportarnos provecho y placer el relatarla; y aunque hay suficiente espacio en una lápida para verter, sintetizada y encuadrada en musgo, la glosa de la vida de un hombre, a todo el mundo le gusta conocer pormenores."

     Nabokov es uno de esos autores que te gustan o lo odias, y también de esos condenados a ser conocidos por una única de sus novelas. Hoy he decidido traer una novela anterior a Lolita, de la que se ha dicho muchas veces que ya se intuye el famoso título del autor. Hoy traigo a mi estantería virtual, Risa en la oscuridad.

     Conocemos a Albinus, un crítico de arte casado y con una hija. Conoce a Margot cuyo anhelo es ser estrella de cine y con mucho menos poder adquisitivo que él, y se enamora de ella. La joven ha estado siempre enamorada de otro hombre, pero se deja querer por Albinus quien termina viviendo con ella. Sin embargo el destino hace que los antiguos amantes se encuentren y que Albinus sufra un accidente que lo deja ciego amparando así a los amantes.

     Posiblemente lo más conocido de este libro sea su primer párrafo. Ese que comienza con un hombre feliz y de de repente gira para contarnos su desgracia y en el que ya intuimos el sentido del humor del autor. Si pasamos al segundo, como hice yo al comienzo de la reseña, nos queda clara una cosa: Nabokov tiene un sentido del humor retorcido, percibimos su olor en las palabras. Y sabe como usar las palabras. Nos cuenta aquí una historia en la que, con anticipada crueldad, sospechamos que no habrá buenos ni malos; o tal vez simplemente no haya buenos. Y así es. Sus personajes reaccionan a la vida y nos proponen una historia de amor que se convertirá en triángulo para terminar... no os digo como termina. Albinus, un hombre casado que se enamora de otra mujer. Margot, pobre, ambiciosa, se deja querer mientras sigue sintiendo algo por su antiguo amante. Se deja querer, algo querrá... además de ser actriz. Rex, su antiguo amante que reparece y sabe aprovechar la situación. Un triángulo en el que no suspiraremos deseando que triunfe el amor, no. El autor no busca que los comprendamos, ni siquiera que nos agraden, y se ensaña con Albinus sin piedad alguna, no sólo por lo que le quita, ni por el accidente siquiera, sino en cada palabra:
     "Fíjate cómo disfruta ese alemán jugando con su hija" Dice una mujer en un momento dado refiriéndose a Albinus y Margot. Así es Nabokov. No busca en sus historias darnos lecciones ni le preocupa, en ellas hay velocidad, sorpresa para el lector que se encuentra con mujeres malvadas y manipuladoras pese a estar advertido. Ahora que lo pienso, tal vez si nos haya escondido una pequeña historia y nos muestre que se puede ser ciego y ver y luego además perder la vista y escuchar sonidos en la oscuridad y acaso "ver". Pero eso sería una casualidad y el propio autor nos habla de casualidades en el libro:
     "Cierto individuo -dijo Rex cuando doblaba la esquina con Margot -perdió una vez en alta mar un gemelo de brillantes, y veinte años después, exactamente el mismo día (un viernes, me parece), le sirvieron para cenar un gran pescado... pero no había ningún brillante dentro. Eso es lo que me gusta de las coincidencias." Por cierto que esta historia encierra una coincidencia curiosa con la que me tropecé por casualidad en un artículo (juraría que aquí, es de hace tiempo, pero odio no citar las fuentes) y que comprobé rápidamente: la Margot del libro trabajó en una película protagonizada por Dorianna Karenina y en la adaptación cinematográfica de Risa en la oscuridad, la protagonista sería una actriz llamada Anna Karinna. Eso es lo que me gusta de las coincidencias a mí: me hacen sonreír.

     Hoy os dejo una novela que me encantó, una historia que parece común pero en cambio se sale de lo corriente y con la que podemos ampliar nuestro conocimiento sobre un autor marcado por un título.

     Y vosotros, ¿hay autores a los que referenciáis por un único título?

     Gracias



domingo, 9 de octubre de 2011

Ada o el ardor. Vladimir Nabokov




     "«Todas las familias felices son más o menos diferentes; todas las familias desdichadas son más o menos parecidas», dice un gran escritor ruso al comienzo de una famosa novela (Anna Arkadievitch Karenina, transfigurada en inglés por R. G. Stonelower, editorial Mount Tabor Ltd., 1880). Tal aserto tiene muy escasa relación con la historia que aquí va a contarse, una crónica de familia, cuya primera parte sin duda queda más próxima a otra obra de Tolstoi, Detstvo Otrochestvo (Infancia y Patria, Ediciones Poncio, 1858)."


     Esta vez os usé de excusa. Conocía el libro y a su autor, leí Lolita y dejé a un lado a Nabokov por... supongo que porque no me gustó el libro, no me convenció de nada, ni me atrajo la idea, ni me sedujo nadie. No digo que estuviera mal escrito, lo leí con facilidad y rapidez pero la historia... supongo que no era para mí o, como dice alguien que conozco, "el autor aún no ha escrito el libro para tí". Esta persona afirma que hay clásicos que son escritos para ser leídos en un momento determinado y que llegar antes supone desaprovecharlos, así que hay que saber dar una segunda cita.
     Bien, pues digamos que ese fue mi problema con Lolita y cuando ví Ada o el ardor recomendado en el blog pensé, "¿y si es el momento de darle una segunda oportunidad?". Otra vez un libro rodeado de escándalos por un autor que fué considerado como un pervertido que se divertía contanto con todo lujo de detalles sus perversiones sexuales y que hoy es tratado como un genio.
     Y así fue como conocí a Van.

     Van y Ada, qué bien los llegamos a conocer cuando terminamos el libro. Nos cuentan su historia, rememorada por el noventa y siete cumpleaños de Van, con esa visión nostálgica y suave que dan los años. Y su historia es tortuosa, una historia de dos personas, inicialmente primos, que se enamoran apenas dejan sus juegos infantiles y no consiguen una relación normal. Para empezar no son primos, sino hermanos, lo cual lleva a esta historia a su punto más complejo, más cuando sus protagonistas no logran deshacerse del enamoramiento que padecen año tras año. Y pasan muchos años, y por sus vidas, como por las de cualquiera, van pasando personas y acontecimientos dejando pequeños estigmas.

     Como supondréis es una historia complicada. No ya por hablar de incesto, que además no escatima detalles sobre los encuentros de la pareja, sino porque no se presenta de la forma habitual. Se habla de amores, desgracias, sexo, deseo, convencionalismos, familias y, sobre todo, de la memoria como arma para darnos la felicidad. Casi pareciera la mejor manera de ver feliz a nuestro narrador, verlo contar su complicada historia acompañado por las acotaciones de su amada.
     Una vez más me cautiva la complejidad de la obra, la osadía del autor y la enorme telaraña que va tejiendo para sostener una visión que acabamos por aceptar. Me encuentro otra vez ante una novela fantástica cuyo argumento no termina de engancharme, y hay un choque entre ambas cosas, tal vez el no engancharme la historia de Van me permitió fijarme en la forma que lo contaba, no lo sé. Pero con Navokov  me encuentro en este extraño lugar.
     Supongo que siempre se puede hablar de terceras oportunidades.

     Gracias