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viernes, 7 de febrero de 2020

El espantapájaros. Nathaniel Hawthorne


     "-¡Dickon! -gritó la Madre Rigby-. ¡Un tizón para mi pipa!
     La pipa estaba en la boca de la anciana cuando pronunció estas palabras. La había insertado allí después de cargarla d sin agacharse para encenderla en la lumbre de la chimenea, donde en verdad no había señales de que hubieran atizado el fuego esa mañana. Sin embargo, apenas hubo dado la orden, la cazoleta de la pipa emitió un intenso fulgor rojo y una bocanada de humo brotó de los labios de la Madre Rigby. Jamás he logrado descubrir de dónde salió el tizón y cómo llegó hasta allí transportado por una mano invisible".

     Hawthorne es, vaya por delante, uno de mis escritores favoritos. Y el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, fue descubierto en una esquina del estante más escondido de una librería. Se trata de El espantapájaros.

     Madre Rigby es una bruja de Nueva Inglaterra y, como buena bruja, fuma en pipa. La historia comienza una mañana en la que la bruja decide crear un espantapájaros para que cumpla su función en su campo de maíz asustando a los pájaros que ya han descubierto esa zona. Sin embargo, el producto de su creación le agrada tanto, que decide dotarlo de vida. A fin de cuentas, hay muchos hombres en el mundo que están tan huecos como el propio espantapájaros. Y le pone de nombre, Feathertop.

     Es curioso lo que pasa con los lectores y es que las lecturas que vamos acumulando, forman parte de nosotros hasta el punto de marcas las próximas. En mi caso, y pese a que el espantapájaros que hoy conocía posee piernas y su cabeza es una calabaza, durante todo el cuentito llevó el rostro de este otro perteneciente a la fábula "El castillo ambulante". Supongo que la pipa, la casaca y la bruja fumadora fueron cosas determinantes a la hora de hacer la asociación. Pero vayamos con el cuento que, al igual que todos los buenos cuentos, tiene incluso su propia moraleja. Escrito en 1852 y publicado en dos partes antes de ser recogido de forma íntegra, Hawthorne combina en su cuento el más puro divertimento y la crítica más feroz. Con un narrador que dice recordar un cuento relatado por su abuela, escucharemos los curiosos regalos que la bruja le hace al esperpéntico protagonista sabiendo que, ni siquiera la vida, es un presente que no contenga una doblez. Solo vivirá si fuma, y de bronce su cara es dura, sus educadas maneras dan risa y su contenido hueco le harán pasar por el mejor. En cuento a las riquezas que se le otorgan son ridículas para el lector, pero declamadas con tanta solemnidad, que la crítica que las acompaña a medida que la población toma al protagonista por un lord, que es imposible nos pase desapercibida. En cuento a la misión, porque todo protagonista de cuento ha de ser un poco Caperucita y tener tanto inocencia como misión, no es otra que deslumbrar a un poderoso e incluso a su protegidísima hija. Ahí ya entra en juego y no sale hasta el final del cuento el tema de las apariencias, las mentiras y las fachadas de cada uno y sobre lo que realmente parece importar en esta sociedad. De hecho el libro tiene un potsfacio en el que Cárdenas da buena cuenta del tema diseccionando esta parte y mostrando cómo hasta un cuentito con buena puntería, puede dar pie a una discusión de lo más interesante.

     Personalmente diré que la vigencia de este cuento es absoluta y que, por desgracia, eso no me ha cogido de sorpresa. En cuanto a la discusión, estoy segura de que es la forma más acertada de enfrentarnos al cuento, pero también, lo reconozco, le quita parte de la diversión. Y es que el conjunto es eso que ahora dicen delicioso como si el cuento fuera una tarta, y que antes se decía recomendable para cualquier lector. Siempre y cuando, claro está, no olvidemos que su extensión es mínima, que es realmente corto incluso para un relato y que si queremos leer algo más consistente, "La casa de los siete tejados" es un magnífico ejemplo de hasta dónde es capaz de llegar el autor.

     Ha evitado de manera consciente hablar de "La letra escarlata" hasta este momento. Y es que, si bien es una gran novela en la que aparece la "marca de la casa" en forma de crítica a la sociedad, sobre todo a esa más conservadora que mira las apariencias, considero que es un título marcado por su adaptación cinematográfica que no supo captar, porque era imposible, el tono del escritor.

     El espantapájaros es un cuentito que encantará a quienes ya conozcan a Hawthorne y que puede servir de aperitivo para quienes aún no lo hayan leído. Acérquense sin miedo al escritor.

     Me gustan los cuentos, cada vez más. Y me gustan los cuentistas. Y vosotros, ¿sois lectores de relatos?

     Gracias.

lunes, 19 de mayo de 2014

Wakefield. Nathaniel Hawthorne




     "Recuerdo haber leído en alguna revista o periódico viejo la historia, relatada como verdadera, de un hombre -llamémoslo Wakefield- que abandonó a su mujer durante un largo tiempo. El hecho, expuesto así en abstracto, no es muy infrecuente, ni tampoco -sin una adecuada discriminación de las circunstancias- debe ser censurado por díscolo o absurdo."

     Hay autores que me enamoran con sus letras y cuya obra busco de forma incansable. Por eso cuando encuentro un nuevo título, aunque sea de un relato, me siento igual que si hubiera descubierto un tesoro. Eso me pasa por ejemplo con Hawthorne, así que imaginaros mi alegría al descubrir el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata de Wakefield.

     Hawthorne nos cuenta que ha leído en la prensa la noticia de un hombre que salió de su casa afirmando volver lo más tarde en unos días, y que no lo hizo hasta pasados veinte años. Lo llama Wakefield y nos lo presenta, nos cuenta su mente y sus pensamientos para indagar lo que pasa por su cabeza para haber estado veinte años fuera de casa, en otra que estaba al final de la misma calle.

     Más allá de la trama que el propio autor nos resume en una línea, la historia nos habla de un hombre inseguro y peculiar. Un hombre que decide irse de casa para observar si la vida sigue en ella tras su ausencia. Así, sacrifica en vida su existencia para comprobar como su mujer sigue avanzando pese a tener que hacerlo sola, y se da cuenta de la escasa importancia que tiene  un hombre para el universo. Desde su punto de observación nos relata una historia que pasa de curiosa a angustiosa incluso, en la que no tenemos claro cual va a ser el desenlace. Una vez más no hablo del hecho en sí, ya nos ha dicho en las primeras líneas que vuelve, lo que no sabemos es la acogida que puede tener este hombre huido en el Londres victoriano.

     Hawthorne construye una historia que invita a la reflexión en menos de cien páginas y que se complementa con unas ilustraciones francamente hermosas. De un tiempo a esta parte empiezan a verse más los libros ilustrados y lo cierto es que esta editorial se caracteriza precisamente por sus trabajos cuidados, convirtiendo títulos como Wakefield, en joyas.

     Empezamos la semana con un libro ilustrado. Y vosotros, ¿os animáis con los ilustrados que parecen estar tomando las mesas de las librerías?

     Gracias

     PD. Aprovecho para recomendaros al escritor. Merece la pena que os acerquéis a él.

martes, 4 de septiembre de 2012

La letra escarlata. Nathaniel Hawthorne




     "Aquellos que la habían conocido anteriormente y que esperaban contemplarla oscurecida en su desgracia, se quedaron sorprendidos y asombrados al percibir como brillaba su belleza, construyendo un halo sobre la desgracia e ignominia con que la habían envuelto.
     Es cierto, que para cualquier observdora, existía algo exquisitamente doloroso en su figura."

    He comentado, creo, que estuve de mudanza. Trasladar libros es una tarea que requiere sudor y esfuerzo y que, en mi caso, lleva muchísimo tiempo porque saludo viejos títulos reencontrados antes de colocarlos en su nueva ubicación. Eso significa que me encuentro con obras que gustaron, otras que me fascinaron y alguna que me horrorizó (tengo de hecho el firme convencimiento de que una persona cualquiera que lea más de una veintena de libros al año ha de sufrir a la fuerza una gran depresión lectora por un título especialmente desafortunado al menos una vez al año). Sin embargo, también encontramos lo contrario y los abrimos como quien saluda a viejos conocidos. Hoy traigo a mi estantería a uno de esos viejos conocidos, considerado además la mejor obra del autor pese a que a mi me gusta más La casa de los siete tejados, a título personal. Hoy traigo, La letra escarlata.

     Conocemos a Hester Prynne, una mujer que es acusada y condenada por adulterio debiendo por ello llevar una A de adúltera en sus prendas de vestir. Se verá obligada a educar a su hija en este difícil ambiente mientras se niega a revelar el nombre del padre de la criatura.

     Este libro nos habla de las apariencias y de secretos. Por eso, el tema raíz, por encima de la lealtad a su secreto de la protagonista, nos enseña una lección sobre hipocresía. Nos sitúa en un ambiente puritano, piadoso incluso en teoría, y no tiene reparos en enseñarnos como esos devotos puritanos observan con un placer malsano el castigo ajeno cuando, moralmente, deberían de implorar el perdón antes que la venganza.
Contado con sencillez acompañamos la odisea de esta mujer que acoge un castigo de forma silenciosa protegiendo en todo momento su secreto. Disfrazada con una máscara de aparente impasibilidad, la vemos proteger a su hija y ceder ante los sentimientos que la llevan a la situación que vive, revelando el carácter de una mujer torturada pero también apasionada. Pese a que la vemos sufrir, Hester no se nos plantea como una víctima que busca comprensión y consuelo, sino todo lo contrario, lucha por continuar su vida y se convierte para el lector en una suerte de regla por la que medir las actitudes ajenas.

     Al final, quien sale peor parado es el hombre con quien comete adulterio. Uno a uno van pasando personajes ante nuestros ojos mientras anhelamos descubrir el gran secreto y, una vez hecho, no nos damos por satisfechos sino que necesitamos saber más de la historia. Mil preguntas se agolpan en la cabeza cuando uno lee esta novela, preguntas sobre la trama y sobre la sociedad en la que vivimos, porque no olvidemos que la hipocresía es un mal común a todas las épocas ya que, sin apenas esfuerzo casi cualquiera puede señalar al menos tres ejemplos.

     Una novela llevada al cine con un notable éxito que se ha colado en el corazón de muchos. Emocionándonos con pequeños actos y grandes logros, que son lo que, a fin de cuentas, nos dan la vida. Se que pertenece a esos libros conocidos por todos y apenas leídos, pero la prosa de Hawthorne merece ser descubierta, así como sus personajes.

     Enlazando con el tema que empecé la entrada, ¿ya habéis descubierto cual es el libro que recordaréis como el que os decepcionó en 2012? Lo digo porque yo aún no, y estamos en septiembre.... creo que me empiezo a preocupar.

     Gracias