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domingo, 20 de noviembre de 2011
Necronomicón. V.A.
La biblioteca Widener de la universidad de Harvard, tiende dentro de una caja fuerte una de las cuatro copias disponibles de este libro ya que el origina, escrito por el poeta Abdul Al-Hazred en el siglo VIII, fue destruído. Fue traducido al griego y ahí se le puso el título de Necronomicón, siempre bajo el más absoluto secretismo y, posteriormente, aparecieron copias en Latín.
Llego también a España, donde se realizaron impresiones, y Alemania, en el siglo XVII y, como ya dije al principio, hay una copia en Hardvard, otra en la Biblioteca de París, otra en Arkham y una última en Buenos Aires.
Hoy tampoco voy a poner un fragmento, creo que no me atrevo. No por superstición, sino porque no se encuentran muchos en la red y casi todos son de dudosa procedencia, a fin de cuentas es un libro maldito. Su autor original murió en circunstancias sospechosas tras caer en un deterioro mental que lo arrastró a la locura. Adoraba incluso a Yog-Sothoth y Cthulhu. La obra fue prohibida por el Papa y mandada quemar. Se conservan apenas unos pocos papeles en latín, muestra de su persecución sin descanso, en el Museo Británico, pero dejando las ya señaladas, todo es leyenda. Transmisión oral de un libro maldito que si uno lo lee tendrá que esperar funestas consecuencias y, sin embargo conocido por todos y que aparece en mil y un libros. ¿Quién no ha oído hablar de Necronomicón o Libro de los muertos?
Hoy os traigo, pues, la invención de un autor. H.P. Lovecraft se inventó la existencia de este libro en su obra Mitos de Cthulhu y cuya historia fue desarrollando a lo largo de su obra. Dando datos, perfilando autores, ha creado un libro inexistente del que incluso se encontró una ficha en una biblioteca de California. Y muchos son los libros a los que les sucede igual. El que traigo hoy quizás es el más llamativo ya que se referencia una y mil veces en libros y películas de terror. Y el Necronomicón, nunca existió.
Para que nos hagamos una idea, esta vez sí, Johnn Donne, reconocido poeta inglés, escribió Catalogus Librorum aulicorum incomparabilium et non vendibilium o catálogo de libros inexistentes. Podemos opinar si es normal o no que exista un libro semejante, pero fue acogido estupendamente en aquel momento y, tampoco veo el motivo para no hacerlo. Al final mi reseña de hoy no es sólo de una invención bien llevada, sino de la fuerza de la convicción del lector a la hora de leer. Y eso es lo bueno, creer en aquello que nos están contando y, una vez terminado el libro, llegar a dudar de si ha ocurrido de verdad.
Gracias
PD: Para aquellos que hayáis visto una o mil veces libros como el del final de este reseña, os aviso que no es el título original sino un compendio de relatos, en su mayoría de Lovecraft, destinados a aumentar la leyenda. Os lo digo por si aún os quedaba la duda...
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