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lunes, 5 de febrero de 2024

40 abrigos y un botón. Ivan Sciapeconi

 


     "—Natan, querido, ¿te acuerdas de mi amigo Shlomo? 
     " —No, papá. 
      —¿Cómo qué no? Sí, hombre, aquel que no tenía dientes. Shlomo. ¡El hipocondriaco!"

     Decir que la IIGM está de moda es como no decir nada, todos lo vemos en libros día tras día. Aún así salen cosas diferente y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, 40 abrigos y un botón.

     Conocemos a Natan. El niño ha visto sacar a su padre de casa y sabía lo que estaba pasando. Él ha tenido más suerte ya que lo han ayudado a huir y así es como ha acabado en Villa Emma en Nonantola junto con más niños. Allí vive sus momentos más penosos pero también se le permite seguir teniendo infancia y, sobre todo, ver como todo un pueblo ayuda a los niños. Incluso cuando llegan los nazis a la zona, el pueblo parece querer ayudarlos a huir.

     Me acerqué a este libro porque parecía contar una historia diferente, algo amable entre las desgracias que sufrieron muchos durante este periodo tan sombrío. Sciapeconi se había fijado en un lugar real situado en Modena en el que se recogió a niños para ayudarles en un momento en el que lo difícil era defender a otro. Y nos relata la historia. A priori yo me esperaba algo sensible, emotivo, son niños en la IIGM, lo tenía claro, pero el autor se ha pasado un poco y ha sacrificado darle profundidad a la novela a cambio de dejar frases de fácil subrayado. Es cierto que es emotivo ver cómo llegan niños que son considerados salvajes incluso por los mismos vecinos. Ver cómo se acercan poco a poco, sus problemas para relacionarse, las peleas, el fijarse en niñas... y como se van integrando a medida que van recibiendo ayudas. Los niños son niños y estos no tendrán frío, nos señala el autor, porque les cosen abrigos y estos abrigos, insiste, simbolizan el calor humano que recibieron de un pueblo que fue reacio a recibirlos. No hacía falta insistir tanto, pensé como lectora. Hay cosas que es mejor darlas poco a poco y que el lector descubra lo que sucede porque si se lo cuentas todo no dejas que los personajes respiren y uno se pierde qué pensaba tal o cual niño o por qué el otro se acercó al más pequeño. Y eso es lo que me hubiera gustado encontrar más allá de la sensiblería fácil que convierte a la novela en cuento.
     Esto no significa que sea un mal libro, no lo es. Solo que no es para mi. Pero para quienes busquen el rayo de luz en la desgracia es una novela perfecta para pasar tardes de invierno creyendo que siempre existirán buenas personas que ayuden incluso en los peores momentos. Hay que destacar por ejemplo los puntos de humor, las ocurrencias, la espontaneidad de la que ha sabido dotar a sus personajes que hace que se antojen más reales al lector. Porque hasta en los peores momentos hay espacio para una sonrisa, un piano o lanzarle piedras a las niñas. A fin de cuentas, los niños son niños.

     40 abrigos y un botón es una novela de fácil lectura y corte amable que no busca pasar a la historia de la literatura pero ofrece una historia que despierta sonrisas.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Silencio. Thomas Raab


     "El día en que murió Karl fue un buen día.
     Un humo blanco procedente de la chimenea de ladrillo situada al otro lado del cerro se desplazaba como un velo de novia por el cielo despejado. debajo, el verde de los prados y bosques: jugoso, exuberante, extenso. A lo lejos, primero la suave elevación del Calvario, detrás la punta siempre humeante de la chimenea de la fábrica de acero, y ese silencio. Solo se oía el canto de los pájaros, el zumbido de los insectos, el crujido de las líneas eléctricas, el susurro de los árboles, el viento. Un lugar apacible para un instante fugaz."

     En esta ocasión traigo un regalo de Navidad tardío o quizás el primero que reciba este año. El caso es que hoy traigo a mi estantería virtual, Silencio.

     Conocemos a Karl cuando nace. Un niño deseado cuyo llanto atraviesa el pueblo de lado alado de forma incesante salvo en los escasos momentos que cae agotado. El rechazo que parece sentir por su madre pronto hace que ella caiga en una depresión, mientras que su padre, un hombre enamorado y de buen carácter, intenta imaginar qué misterio puede tener ese comportamiento. Karl no les odia, no odia a nadie. Lo que sucede es que nace con un oído muy desarrollado, y hasta el más mínimo ruido le vuelve loco de dolor, como si fuera a estallar su cabeza. Así que crece separado del mundo, aislado, sin luz, sin ruido, sin reglas. Pero las reglas son importantes, al menos las básicas que hablan del bien y el mal, de la vida y la muerte. Cuando alguien no entiende esas reglas corre el peligro de convertirse en un monstruo.

     Es inevitable, me temo, pensar en Jean Baptiste Grenouille, protagonista de "El perfume" tras leer la sinopsis de este libro. Y además el autor lo ha aprovechado, ha sido consciente, aunque aquí no hay mujeres a las que robar esencias, y la infancia del niño juega un papel crucial. Escrito a modo de thriller psicológico de esos que cargan la atmósfera de forma constante más que con subidas de adrenalina provocadas por giros y sustos, nos va descubriendo la vida de Karl y también la del policía que será su reverso. Un niño al que comprenderemos en su desdicha, pero que se mantendrá también apartado de un lector que no logra sentir lástima por él. Incluso antes de conocer sus atrocidades, ya le tenemos antipatía, como si Raab quisiera retarnos a no sentir pena por su discapacidad provocada por exceso. Este monstruo demoledor que protagoniza la novela se arma de esa supuesta inocencia, y cuando digo supuesta es juicio personal, para aterrorizar aquellos lugares por los que pasa, y también los jos del lector.
     Sin embargo, lo que parecía ser una historia prometedora, no logra mantener el ritmo hasta el final, y leídas las dos terceras partes se estanca ante un autor que opta por magnificar lo que sucede para así intentar no perderos. Y no hace falta eso, el lector ya es fiel a esas alturas y quiere saber qué va a suceder con Karl y, sobre todo, qué va a aprender.

     Silencio me ha parecido una novela que bebe de el perfume, parte de una buena idea y no termina de rematarla bien. No obstante, me ha parecido francamente entretenida. Y solo con pensar en su protagonista, tan bien descrito para que todos le pongamos imagen en apenas media docena de palabras, se me ponía la carne de gallina.

     Y vosotros, ¿recordáis a algún personaje que os haya hecho estremecer?

     Gracias.

viernes, 8 de enero de 2016

Un juego para toda la familia. Sophie Hannah



         "Si las personas a las que estoy a punto de conocer en mi nueva vida se parecen siquiera un poco a las que voy a dejar atrás, me harán la pregunta en cuanto puedan salirse con la suya. En mi fantasía no tienen nombre ni rostro, no son más que voces: elevanas, pero sin excesos. Debidamente informales.
     "¿Y tú qué haces?"

     Conocía  esta autora con su resurrección de Poirot en Los crímenes del monograma, un libro que disfruté regular debido a mis prejuicios sobre zombificar personajes desaparecidos hace tiempo. Eso hizo que, pese a la peculiar cubierta, me decidiera a dar una oportunidad limpia a su autora, y por eso precisamente, hoy traigo a mi estantería virtual, Un juego para toda la familia.

     Conocemos a Justine, una ejecutiva de televisión que decide dejar su trabajo  y alejarse delmundo junto a su marido y su hija Ellen. Lejos de todo y con todos los lazos de comunicación con su anterior vida rotos, lo que menos espera es recibir llamadas amenazantes apenas se ha instalado en su nueva casa. Además, su hija adolescente está sufriendo un cambio delante de sus propios ojos mientras escribe un inquietante relato sobre unos asesinatos en su propia casa. Justine decide hablar con su hija y se encuentra a una chiquilla que lo está pasando mal por la expulsión de un amigo de instituto, y aquí la trama comienza a retorcerse porque el instituto niega la existencia de dicho alumno mientras su hija aporta pruebas de lo contrario. Y las llamadas siguen, invadiendo su espacio privado con datos de la propia Justine.

     Un juego para toda la familia es un libro retorcido. Y creo que esa sería la perfecta definición para una trama en la que la autora parece decidida a rizar el rizo hasta la última página llegando a jugar con el lector haciéndole creer que tal vez ni siquiera vaya a resolver el misterio porque lo da ya por entendido. Justine, su protagonista, no sólo se ve enredada en una trama a grandes ratos realmente imposible, sino que juega con esa imposibilidad para confundir al lector sin necesidad de hablar directamente con él. Haciendo uso de todas las técnicas narrativas a su alcance, Sophie recurre al relato de la hija de la protagonista y de otro alumno para dirigirse directamente al lector, traspasando esa cuarta pared existente en toda obra rígida, y convirtiendo a ese narrador de la ficción de la novela, en un interlocutor directo que nos pregunta si ya hemos resuelto el misterio cuando apenas quedan un puñado de páginas para el final. Todo está relacionado en esta novela: el presente, el pasado, los relatos escritos por unos chiquillos y la trama principal. Y todo tiene cabida como posible solución, mientras se nos recuerda que no hay que caer en la tentación de pensar que "porque algo sea totalmente inverosímil, no hay que darlo por cierto" (y uno se pregunta, ¿no debería de ser al revés?) y que no hay nada que sea tan imposible como para que a alguien no se le haya ocurrido.

     Hagamos entonces una pequeña hoja de ruta: tenemos a una mujer que corta comunicación con una vida de éxito (y queremos saber el motivo) para mudarse a otro lugar. Allí recibe amenazas, siendo esta la trama principal, cada vez más personales. Por otro lado tiene una hija con un extraño e inquietante relato, cuyo origen y final necesitamos saber para descubrir de dónde lo ha sacado, pero que está deprimida por un suceso con un compañero que parece vivir rodeado de enigmas. Y además tenemos mentiras, vandalismo, casas al otro lado del río, y mentiras, muchas mentiras. De hecho, lo único fiable de esta novela es el narrador. Un narrador que nos va sembrando de dudas y va haciendo encajar un complicado engranaje hasta llegar a un final redondo para este tipo de historia (y no añado ningún calificativo más para no dar pistas).

     Hoy traigo un libro que me ha sorprendido por su pulso y técnica narrativa, un gran juego de espejos en el que el lector camina mientras se va haciendo la luz por una trama llena de posibles imposibles... o de imposibles posibles. No me cabe duda de estar ante un ejercicio notable de una escritora que quiero seguir explorando.

     Hoy me voy a permitir un momento cotilla, ¿qué libro os trajeron los Reyes Magos?

     Gracias

martes, 27 de octubre de 2015

Controlaré tus sueños. John Verdon



     "Más allá del terror.
     Estaba tiritando a la luz de la luna, en el lugar acordado, entre las dos cicutas gigantes que se alzaban al extremo del lado congelado.
     En la distancia, oyó la motocicleta que se acercaba; primero en Bale Brook Road; luego en el camino serpenteante que llevaba desde la carretera hasta el lago."

     Tras un debut que lo convirtió en uno de los autores más leídos del momento, John Verdon ha seguido proporcionando historias a los seguidores de su famoso  detective David Gurney. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Controlaré tus sueños.

     Nos reencontramos con David Gurney en su casita de siempre, rodeado de campo e intentando disfrutar de su retiro como detective junto a su esposa Madelaine. Aburrido y no del todo conforme con la vida que lleva, esta vez será de mano de un amigo que le llegue un nuevo caso. Cuatro personas de una edad similar, se suicidan del mismo modo dejando testimonio de una pesadilla recurrente antes de cometer los suicidios. No sólo esa similitud es algo más que improbable, además todos ellos habían tenido contacto con el mismo hipnotizador para que les ayudara en terapias, salvo uno que era precisamente quien le contrató para llevar a cabo dichos tratamientos. Mientras que la policía se inclina por algo tan peculiar como un "suicidio inducido" Gurney recibirá la petición de la hermana del principal sospechoso para que ayude a un hombre que se declara totalmente inocente.

     Gurney es un detective prototípico que se retira tras 25 años de servicio brillantes, que son recordados en cada libro, y añora su vida laboral activa. Casado con una mujer en un matrimonio que se mueve entre el cariño aposentado y la rutina, el autor nos suele dejar claro que volver a investigar, cada vez, es algo que provoca fricciones en el matrimonio revestidas de muros de silencio. A partir de ahí, desarrolla cada libro recogiendo pista a pista cada miga en el camino de la resolución de casos bastante espectaculares, alguno de ellos incluso imposibles a primera vista.

     En esta ocasión, Gurney se enfrenta a un caso que recuerda mucho al primero de la saga, ya que parte de un hecho altamente improbable, al menos eso es lo que pensé cuando se planteó. Y ese es precisamente el mejor enganche de los libros del autor. Nos olvidamos de que su detective ya nació desgastado porque era mil veces visto, porque lo novedoso está en las tramas. Nos plantea los casos con bastante rapidez. cuatro suicidios y un mismo sueño: un lobo, colmillos, ojos, un cuchillo... y deja que vayamos conociendo los datos al mismo tiempo que su protagonista. Un protagonista que, esta vez, descubrirá que su mujer tiene una actitud muy diferente, ya que no todo la es ajeno. Un punto a favor del autor realizar este pequeño cambio que aligera mucho la lectura de la parte más "personal".

    Con las descripciones justas y buscando una sensación de velocidad creciente, consigue picar la curiosidad de un lector que llega a un punto de no retorno en el que necesita que todo sea explicado. Y como en libros anteriores así lo hace, obteniendo como resultado una novela entretenida que se lee en un suspiro.
     John Verdon parece haber encontrado la fórmula para escribir esta saga que va cosechando éxito internacional. Con un lenguaje que tiene mucho de cinematográfico, es fácil visualizar cada una de las escenas, incluso sentarse a tomar un té en la mesa de su casa mientras se mira el exterior a través del ventanal. Y además, aunque lo bueno en estas series es empezar por el primero, y Controlaré tus sueños es el quinto, realmente se puede leer sin problema alguno sin conocer los casos anteriores. Además, recupera el estilo de los primeros libros de la saga, cosa que, personalmente, le agradezco al autor.
   
     Un libro entretenido y de lectura muy ágil, para pasar una de esas tardes al calor mientras se escucha la lluvia repiquetear en los cristales. Y vosotros, ¿tenéis un género favorito para el invierno igual que muchos hablan de novelas de verano?

     Gracias