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lunes, 8 de junio de 2026

Langley, séptimo piso. David McCloskey

 


     "Moscú, en la actualidad. 
      La pluma —una Montblanc con la cápsula de cianuro en el cabezal— estaba en el piso de arriba. «Debería haberla dejado abajo, aunque Alyona estuviera por aquí», se reprochó. Si tenía razón sobre esos dos coches, le quedaba muy poco tiempo. Cerró el cajón del escritorio y levantó a la niña, que estaba en su regazo, para posarla delicadamente en el suelo".

    Tenía ganas de continuar esta serie de McCloskey, por lo que no he tardado nada en comprarme esta novela y menos aún en leerla. Hoy traigo a mi estantería virtual, Langley, séptimo piso.

     Veamos, porque no es un libro fácil. Digamos que el séptimo piso de la agencia esta ocupado por el nuevo director de la CIA, Finn Gosford, y su equipo. Él y Deborah Sweet tienen un enfrentamiento dentro de la agencia con el grupo formado por Sam Joseph (protagonista de Estación Damasco y ahora desaparecido), Artemis y su equipo.
El caso es que Joseph está en una prisión rusa, del SVR, siendo Artemis culpada de este hecho y expulsada del cuerpo por ello. Cuando Sam es liberado se empieza a sospechar de la existencia de un topo que informa a los rusos en los mandos más altos de la CIA y Artemis no tarda en sospechar que tiene que ser alguien de su círculo más cercano, por lo que comienza a investigar por su cuenta para lograr hacer justicia por lo sucedido a su amigo Sam.

     Por supuesto he simplificado al máximo el argumento, así que que nadie venga a decirme que me faltan cosas. David es un escritor complejo. Sus conocimientos sobre la CIA quedan patentes en cada complejidad, cada grupo de nombres o identidades secretas que pueblan su libro. Detalles que van desde un tatuaje representando una estrella que en la vida real tiene un valor importantísimo para la CIA dejan claro que estamos ante un escritor que sabe de lo que habla. Y eso hace que muchas veces nos podamos sentir abrumados, pero también le da credibilidad a toda su historia, lo cual es poco habitual en las novelas de espionajes, más interesadas en hacer pasar a sus protagonistas por una suerte de superhéroes que en representar escenarios reales. Artemis en este caso domina la narración, dejando que su perspectiva sea vital para la construcción de la historia ante los ojos de los lectores, que irán recibiendo antiguas rencillas junto con nuevas observaciones. Como contrapunto Sam mirará hacia su amiga y mentora Artemis para darnos una visión más completa de la historia. Y la tercera pata es Zhomov, el malo, el ruso, del que McCloskey ofrece una visión mucho más compleja que la del típico malo. No hay un lavado de cerebro, una coacción o un sentimiento de injusticia que lo lleven a actuar como lo hace. Hay una cierta ambigüedad que lo acerca a Artemis, y una suerte de espejo distorsionado en el que el sentimiento antiusa forma parte siempre del reflejo principal.

     Todo esto puede hacer pensar que he disfrutado mucho de la novela, y básicamente así es. Solo que, cuando a uno le gustan las novelas de espías, sabe que hay pocas en el mercado. Y si hay pocas en el mercado, suele significar que uno las ha leído. Y Artemis, aunque sea mujer y le guste beber y tocar las narices, no termina de brillar en una novela que deja que George Smiley se asoma demasiado a lo largo de la novela. Y las comparaciones, sobre todo cuando no se llega al valor del original, son odiosas. Me hubiera gustado decir otra cosa, pero al final es la sensación que me dejó.

     Langley, séptimo piso es una novela de espías que disfrutarán quienes estén comenzando en el género. A los que llevamos ya un tiempo leyéndolo, nos puede chirriar en más de una ocasión. Sobre todo a los lectores de le Carré. Es más, el propio autor es consciente y deja clara su intencionalidad.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

lunes, 8 de mayo de 2023

Lucía. Bernard Minier



     "Trueno. 
      Tormenta. 
      Aparcó al pie de la colina. Bajó del coche. Fuera llovía a mares, como si un técnico de efectos especiales le estuviera echando cubos de agua en la cabeza. Sin subirse la capucha se dirigió hacia las luces azules que atravesaban la cortina de lluvia. Varios Toyota RAV4 de la Policía Nacional habían irrumpido en la escena con sus sirenas ululantes. Con las prisas no había cogido paraguas ni impermeable, y en los pocos segundos que tardó en llegar hasta ellos se quedó totalmente calada. El agua se le escurría por el cuello y le chorreaba por el chaleco táctico negro con las siglas UCO"

     Me regalaron este libro el fin de semana y me apetecía, tras un parón largo, volver a leer al autor. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual Lucía.

     Conocemos a Lucía Guerrero, una guardia civil que encuentra a su compañero crucificado en una suerte de calvario, lo que la llevará a buscar a su asesino en una persecución cada vez más complicada. Estamos en Salamanca y allí un grupo de estudiantes junto al profesor Salomón han desarrollado un software que relaciona crímenes sin resolver y que ahora encontrará una concordancia con el asesinato del compañero de Lucía. Juntos colaborarán en su resolución.

     Llegué a esta novela buscando una lectura entretenida que me hiciera pasar un buen rato y me encontré con una representación teatralizada de una novela negra en la que me costó bastante entrar debido, entre otras cosas, a los nombres de los personajes. No me queda claro si es una suerte de gracia poner nombres sonoros y relacionados con la literatura pero llega un momento en el que este tipo de cosas me estorban ya que alejan el texto bastante de la realidad. Esta teatralidad se extiende a la primera víctima, a la segunda mirando a cámara al pintoresco grupo de amigos e incluso al final de la novela. Estos hechos han provocado una barrera durante mi lectura y es que no podía evitar pensar que había cosas metidas casi a la fuerza para que el lector se sintiera entretenido. Es cierto que la parte del software me pareció que podía ser interesante y la relación con crímenes ya ocurridos y separados en el tiempo, pero una novela necesita más que una idea interesante para funcionar y, de algún modo, la forma en que relaciona a los estudiantes entre ellos hizo que incluso esa parte perdiera el interés paulatinamente ya que me recordaba a esas películas en las que sabes qué es lo que tienen que hacer los estudiantes para poner su vida en peligro (me habéis entendido, creo).

      Tengo que decir que el primer capítulo es muy llamativo y bastante visual, algo que se mantiene durante la lectura y que, posiblemente, mi problema con el libro haya sido que no conecté con él desde el comienzo debido a que me costaba demasiado creerme lo que me estaban planteando, lo que significa que, como siempre digo, las lecturas son personales y que si llega ahora un lector que comienza este libro con buen pie, es más que seguro que se entretendrá y cumplirá perfectamente la función para la que ha sido concebido. Un libro que me ha dado además la sensación que puede tratarse del comienzo de una serie protagonizada por la protagonista, por lo que creo que Lucía ha podido llegar para quedarse.

     Lucía ha sido para mi una lectura fallida pero eso no significa que otros la disfrutéis y aportéis una visión diferente. A veces un libro no nos pilla en el momento adecuado, y tampoco pasa más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 22 de marzo de 2023

Los amantes de Coney Island. Billy O'Callaghan

 


    "Aquí sopla un aire gélido. Ya hacía un día de perros viniendo de Manhattan, pero nada que ver con esto. Aquí reina la desolación más absoluta. La hora pasada en el tren ha sido una hora a resguardo del viento, y ahora es casi mediodía y parece que no tardará en nevar".

     Llegué por la cubierta y me quedé por el título. O algo así es lo que me ha sucedido con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los amantes de Coney Island.

     Conocemos a Michael, irlandés, y Caitlin, irlandesa/estadounidense. Son amantes desde hace 25 años, son personas casadas con otras personas y O'Callaghan nos va a dar la oportunidad de acompañarlos en un encuentro que se dilata a lo largo de unas cuantas horas. Un último encuentro.

     Lo que nos cuenta O'Callaghan es la historia de dos personas que se conocieron en el momento equivocado y que han mantenido una relación clandestina hasta llegar a la mediana edad. Ambos se casaron jóvenes, cada cual con su pareja, tanto que el amor de su vida apareció justo después, y tuvieron la certeza de que no iban a conocer a una persona igual. Ahora, a sus cuarenta y tantos años, la vida es más reposada, son amantes sin esa pasión del comienzo o tal vez de la juventud, o quizás sea que el desgaste de respirar se extiende a todas partes. También a sus cuerpos que disimulan como pueden el deterioro normal sin saber que el que ama ve en ello otras señales que hace que una nueva forma de amor aparezca. Ese que mide el tiempo que queda, que se siente en el tiempo regalado, en la zona de descuento. Caitlin tiene algo que decirle, pero él se adelanta para contar la enfermedad de su esposa y ella le comprende, siente lo sucedido, se da cuenta de que su futuro es ser una isla. Pero aún así lo comenta porque eso es lo que hacen las parejas: compartir.

     Toda la historia es triste, el tono, el fin de los días, el invierno, el frío que cala los huesos, la tormenta, la sombra de la vejez... Como ya hiciera James Salter O'Callaghan apuesta por el realismo vestido de elegancia que muestra sus puntos débiles. Y es una historia compleja, porque no es una historia del amor de dos, se trata de cuatro. El autor nos habla de los dos protagonistas, pero con veinte años de relación es imposible no hablar también de Barb y Thomas, los engañados, los que viven sin saber qué sucede realmente pero pierden hijos, cambian de empleo y aman de forma incondicional a quien creen que tienen a su lado. Solo de este modo puede uno llegar al final de la historia, de la relación, y decidir el juicio. Saber si el silencio entre Caitlin y su esposo se debe en parte a que ella tiene una vez al mes otro lugar o si tal vez sea eso precisamente lo que ha mantenido a la pareja. De algún modo, en las vidas ajenas y en las relaciones, a veces todo es gris. Y es que escribir una novela de amor sobre una base como esta puede ser complicado y uno se pregunta tras la certeza de haber asistido a ese último encuentro si en realidad ese bloqueo que les impedía elegir no era otra cosa que una sobra de egoísmo puesto que al final, cuando hubo que hacerlo, nos dejaron ser testigos de esa última vez. Y ahí, queridos lectores (parece decirnos el autor), no tuvieron ninguna duda de dónde o con quién se quedaban.

     Los amantes de Coney Island es una novela béllamente escrita que muestra el paso del tiempo en distintas capas.

     Hoy ha tocado un poco de romance, así que decidme, ¿sois lectores de romántica?

     Gracias.

lunes, 22 de noviembre de 2021

Encrucijadas. Jonathan Franzen

 


     "El cielo de New Prospect, atravesado por robles y olmos desnudos, estaba lleno de promesas húmedas un par de sistemas frontales sóbriamente confabulados para traer una Navidad blanca- mientras Russ Hildebrandt hacía la ronda matinal en su Plymouth Fury familiar por los hogares de los feligreses seniles o postrados en una cama".

     Jonathan Franzen es uno de los pocos pesos pesados literarios que quedan en Estados Unidos. En una constante búsqueda de la Gran Novela Americana y con una tendencia reconocida a sentar cátedra con sus opiniones sobre la literatura, se trata también de uno de esos nombres que no faltan cuando se habla de literatura contemporánea. Hoy traigo a mi estantería virtual, Encrucijadas.

     Bienvenidos a New Prospect, una ciudad media no demasiado grande del oeste americano. ¿Población? no demasiada, pero a nosotros nos interesan los Hildebrandt. Está a punto de llegar la Navidad de 1971, una época de sexo, drogas y Vietnam. El padre de familia es Russ, un pastor que parece cada vez más desencantado con su Dios y con su matrimonio que ve como los jóvenes se están acercando a Rick Ambrose. Él fue un pastor carismático en su día, también movía gente, y era, sobre todo, mucho más "verdadero" que Rick. Aún así, le da la impresión de que su tiempo está empezando a quedar atrás. Si preguntáramos a Marion, su esposa, posiblemente también nos diría que su marido está a punto de quedar atrás. Y esta pareja protagonista tiene una pequeña prole bastante típica formada por Clem, Becky, Perry y Judson, uno de los cuales afirma no solo que su hogar sea terrible, si no que necesita más una demolición que una reforma. Crossroads es el nombre del grupo formado por el odiado Rick que genera un resentimiento en Russ solo mitigado por la viuda de su congregación. Asistimos entonces a una casa en ruinas con personajes que viven encerrados en sus propios mundos que se distancian unos de otros.

     Con esta novela Franzen no solo vuelve al terreno conocido, además lo hace al que le dio la fama. El retrato doméstico de una familia media en una ciudad más o menos marginal. Porque elegir una familia de triunfadores de una gran ciudad está muy visto o tal vez porque, aunque sea lo habitual en la ficción, no lo es en la vida, pero el caso es que Franzen se mueve mejor en este tipo de ambientes casi agobiantes en el que un gran porcentaje de la población se encuentra inmerso.

     A key to all mythologies (sí, Franzen, ahora todos decimos que es un guiño a Middlemarch, estate tranquilo) es el título que llevará la trilogía completa de la que Encrucijadas es la primera parte, y una primera parte que supera las 600 páginas es mucho decir. En este caso, y al igual que sucediera en Las correcciones, tenemos una familia central en la que Franzen pone la vista y que parece a punto de romperse porque su cabeza familiar se tambalea. Todos sus integrantes parecen unos pequeños egoístas llenos de preocupaciones mundanas que no saben mirar más allá de su sombra. Incluso el hijo pequeño, el bueno y maravilloso, acaba cubierto de una pátina de mediocridad ante el lector. Y es que lo que mejor se le da a Franzen es mostrar las pequeñas miserias, a menudo triviales, para luego abrir el objetivo de su retrato generacional y con él dejarnos una muestra de la sociedad contemporánea. 

     Dentro de este retrato realizado, mi favorita es la decadencia de Russ con una suerte de sadomasoquismo religioso que lo lleva a sentirse agradecido por desear a alguien fuera del matrimonio ya que eso lo convierte en pecador y, evidentemente, si hay pecador hay Dios y esta reflexión le coloca más cerca de su "trabajo" de lo que ha estado en los últimos tiempos. Esta pequeña lógica retorcida, me ha resultado fascinante a lo largo de una lectura en ocasiones demasiado lenta pero repleta de aquel Franzen que muchos creímos perdido al leer Pureza. Marion, por otro lado, será uno de los grandes descubrimientos para los lectores habituales del autor. Como personaje resulta casi extravagante (vamos a ver, ¿quién en su "sano juicio" (ja) acaba en un psiquiátrico por amor? Evidentemente un personaje que ya parte de un problema y que tarde o temprano va a explotar, así que el lector va viendo como se carga y se sienta pacientemente a ver como a Russ le explota en la cara. Y podría seguir así y dar una pista de cada personaje: la ironía de Perry, por supuesto superdotado que siempre hay uno en este tipo de novelas exactamente igual que siempre hay un adicto (si has leído la novela comprendes por qué lo digo así y si no lo has hecho, ya lo entenderás), el pacifista en la época de Vietnam, la hija... todos están en la novela y todos ellos viven en mitad de encrucijadas que es lo que da título a este libro y no el grupo moderno de culto formado por el aspirante a estrella mesiánica. Y eso, estas encrucijadas en momentos vitales grandes y pequeños, es lo que le da interés a una novela que se vive y se lee, al igual que se ambienta, como aquellas que Franzen escribiera al comienzo de su andadura.

     Encrucijadas es una buena novela que disfrutarán más los lectores habituales de Franzen, aquellos que, visto el cartel de New Prostect, tengan la sensación de que les están diciendo, "Bienvenido a casa".

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 21 de junio de 2021

David Golder. Irène Némirovski


      Si algo tienen de bueno las ferias, es que los puestos de las librerías exponen siempre una zona con los libros elegidos por el librero en la que podemos encontrarnos pequeños tesoros. Hoy traigo a mi estantería virtual, David Golder.

     Conocemos a David Golder, un banquero millonario que ha descubierto eso de que el dinero no da la felicidad junto a una mujer fría como un témpano y una hija manipuladora que parece tener, junto a su madre, el vicio de gastar todo lo posible. Y ahora, tiene problemas serios de salud. Eso significa que sus acciones caen y, evidentemente, su mujer interesada en el dinero no se va a quedar a su lado.

     Para los que somos lectores habituales de Némirovski es fácil reconocer en esta novela a algunos de sus personajes habituales que están, en mayor o menor medida, basados en vivencias de la propia autora. La familia millonaria que no es precisamente buena, el judío avaricioso (no olvidemos que la autora se convirtió al catolicismo), la arpía, la hija caprichosa... La verdad, desconozco cómo era la familia de la que procedía la autora, pero dicen las malas lenguas que es de dónde bebía para crear sus personajes. Y con eso ya lo digo todo.

     En esta ocasión nos presenta a un hombre que ha salido de un país pobre y de un barrio aún más pobre, y que ha conseguido triunfar en la vida hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de su país. Así el Golder: infeliz pero rico o rico pero infeliz. Y además lo hace en apenas un puñado de páginas en las que el lector casi puede sentir el dolor de un infarto y también la desesperanza más absoluta de quien no es querido, a quien atacan rompiendo su corazón y provocando un daño superior al del problema cardiaco. Golder va a descubrir casi todo por las malas y el lector lo acompaña pensando eso de que el dinero no da la felicidad y que tal vez, solo tal vez, no le hubiera ido tan mal aunque con menos lujos, si no se hubiera embarcado en cambiar de vida. Quién sabe lo que es mejor para cada uno. Incluso el propio Golder reflexionará sobre ello. Némirovski nos deja así una historia triste hasta el desconsuelo en la que el lector se ve atropellado por la magnífica narración capaz de sumergirnos en la historia. Una historia con una familia terrible cuya hija me ha dejado una honda huella.

     David Golder es una gran novela en la que la autora muestra su maestría narrativa y que recomiendo abiertamente tanto a sus lectores habituales como a los no iniciados. La vida es dura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 19 de abril de 2021

El afinador de pianos. Daniel Mason


 

     Hay títulos que atraen sin tener un motivo claro y que luego uno deja en la esquina del estante sin recordar muy bien. Eso me pasó con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El afinador de pianos.

     Conocemos a Edgar Drake, afinador de pianos y especialista en los Erard, Drake es llamado por Carroll, comandante médico del ejército colonial británico en Birmania, para afinar precisamente uno de esos pianos que es para el comandante una herramienta imprescindible para su trabajo con los habitantes locales de la zona. Y así es como Drake se embarca en un viaje que cambiará su vida y en el que descubrirá otra forma de relacionarse con su entorno y de entender cuanto le rodea.

     He tenido sentimientos encontrados con esta lectura. Por un lado es una novela que coge un tono chapado a la antigua con el que busca cimentar una ambientación que es la piedra angular del libro. no solo la basada en las descripciones sociales, geopolíticas, humanas o musicales, también las que se apoyan en el propio mimbre del libro. Resulta además curioso y un tanto romántico el concepto de música que tienen los personajes, y es que tienen en una estima tan alta su importancia, que no dudan en considerarla una herramienta vital para la vida. Ya sea la forma en que Katherine (la mujer del afinador) y Drake se conocen o el modo en el que influye para las tribus birmanas, el autor se recrea tanto en ella como en la variedad y calidad del piano en el oficio de afinador. Drake por su parte es presentado como un hombre que simplemente tiene una profesión que realiza con habilidad y es lógica su sorpresa ante casi todo lo que se le pone delante. Incluso el autor se refiere a él en alguna ocasión como un simple afinador, que fijaos, acaba en Birmania, en la selva, que ve un tigre y tribus y plantas y, por supuesto, también un piano. Muestra esa visión del colonialismo como algo enriquecedor, la llegada de la civilización y la cultura para las gentes, que en aquel momento se potenciaba y que ahora no se comparte y otorga un tono casi pasado de moda a la novela al representarlo consiguiendo de este modo despegar la parte real de la representada en la que llegan a ser ficción hasta los nombres de algunas plantas. Y todo esto, está muy bien.

     En el otro lado tenemos las mismas descripciones que se hacen largas, el viaje casi eterno y cuya función en la novela uno no entiende hasta el final de la misma, que me resultó en cierta medida una sorpresa. Las expresiones y el tono, los clichés, considero que no le hacen un favor a la historia y, si bien entiendo que de haber colocado un lenguaje de altura se hubiera hecho interminable ese mirar un país nuevo describiendo al lector cada parte, si que un punto intermedio me hubiera hecho de digestivo adecuado en más de una página cuyos diálogos me han resultado forzados. He echado de menos un Carroll impactante y quizás incluso menos humano de lo que Drake lo ve, supongo que llevada por el toque romántico de un afinador de pianos e impulsada por el hecho de que no llega a él hasta la segunda parte, mi cabeza había construido un personaje diferente, mucho más carismático.

     El resumen de El afinador de pianos sería que, si bien he disfrutado de la novela, necesito de la distancia para realizar una relectura a la que llegue sabiendo incluso el final. Y es que creo que de ese modo disfrutaré mucho más del camino.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 9 de noviembre de 2020

Caballos lentos. Mick Herron


     "Así fue como River Cartwright se salió de la pista rápida y se integró entre los caballos lentos".
 

     De vez en cuando me apetece una novela de espías. Es un género que siempre me ha gustado y que tengo la sensación de que ha ido a menos. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Caballos lentos.

     Los llamados caballos lentos son agentes del MI5 que no tienen el nivel suficiente para estar en el MI5 o, en muchos de los casos, que metieron la pata de forma imperdonable. El caso es que ahora están condenados a realizar tareas repetitivas que nadie quiere comandados por Jackson Lamb. Dentro de este grupo se encuentra River, cuya apasionante tarea es transcribir conversaciones interceptadas entre móviles. Cuando un hombre es secuestrado bajo amenaza de ser decapitado y retransmitido en directo, todos se ponen en marcha. La hipótesis general habla de terrorismo pero Lamb no parece ir por el mismo camino y River ve en ello una oportunidad para redimirse y, tal vez, salir.

     Digamos que es una novela de espías, pero no exactamente una novela de espías. Y es importante saberlo porque, cuando te dice la publicidad que está entre las veinte mejores novelas de espías de todos los tiempos, uno puede pensar que está ante una novela con un corte determinado. Aquí tenemos a Jason Lamb que es un desastre de hombre y a todo un equipo lleno de peculiaridades que poco o nada tienen en común con James Bond. Ni falta que les hace para dejarnos una novela la mar de entretenida, la verdad.

     La novela comienza con pausa presentando a los personajes y explicando un poco qué les ha llevado a este curioso departamento, aunque ya en las primeras páginas nos damos cuenta de que estamos ante una lectura ágil y amena, para ir aumentando el ritmo a medida que avanza hasta convertirse en uno de esos libros que se leen prácticamente del tirón. La trama está asentada en la actualidad y también en los "fallos" se asienta en una credibilidad con la que juega mezclándola con altas dosis de sentido del humor. Negro en la mayor parte de las ocasiones, por supuesto. Hay que destacar también la visión de la actualidad que representa, sobre todo si tenemos en cuenta que hace aproximadamente diez años que se escribió y que ya vislumbramos algunas de las cosas que han ocupado los periódicos (y ocupan) en los últimos tiempos.

     Caballos lentos me ha gustado. Es una novela bien escrita con un ritmo creciente y que me ha hecho pasar un buen rato. Volveré por la Casa de la Ciénaga.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 15 de enero de 2020

El arte de perder. Alice Zeniter


     "Desde hace unos años, Naïma experimenta un nuevo tipo de pade­cimientos: los que ahora acompañan sistemáticamente a las resacas. No es sólo que tenga dolor de cabeza, la boca pastosa o el estómago hecho polvo; cuando abre los ojos después de una noche de farra (ha tenido que espaciarlas: ya no aguantaba aquel sufrimiento una vez por semana, ni siquiera cada dos semanas), lo primero que le viene a la cabeza es: «No lo conseguiré.»."

     Como buen ser humano incoherente, regreso a los premios una y otra vez. En esta ocasión, el Goncourt des Lycéens, Littéraire Le Monde, Landarneau des Lecteurs, Libraires de Nancy y el primer Premio Goncourt de España de 2017. Hoy traigo a mi estantería virtual, El arte de perder.

     Naïma es una joven francesa de ascendencia argelina que trabaja en una galería de París. Argelia ha sido más un nombre, una ubicación geográfica marcada en un buscador, que una parte de la joven o de su historia. Esto cambiará cuando, a raíz de una exposición de un artista argelino, la galería la envíe de viaje a este país. Naïma comienza entonces a descubrir la historia de su familia, la de Hamid, su padre, y su abuelo Alí, convertido en expatriado.

     Me gustan los libros entretenidos y ya si me descubren cosas que no conocía, mejor. En este caso se trata de una historia de tres generaciones que se adentra en el tema de Argelia y Francia cuando aún no han pasado sesenta años de la independencia del primero. Es por tanto historia reciente, pero también desconocida, al menos para mi.
     El arte de perder sigue, a través de Naïma, la historia de tres generaciones de una familia argelina que termina siendo de lo más francesa. Alí vive en las montañas de Cabilia en un tiempo en el que Argelia era colonia francesa. Él es un magrebí de nacionalidad francesa que tiene una vida de terrateniente y se encuentra con las revueltas que buscan la independencia de Argelia. En ese momento le toca decidir qué bando tomar y acaba siendo un Harki, argelino que lucha del lado de Francia y no de Argelia. Esto hace que Alí tenga que huir junto con su hijo Hamid hacia Francia, para evitar el terror de su propio país y terminen en un campo de acogida. Los dos primeros años son terribles, las condiciones de ese lugar jamás las hubiera imaginado, y eso me lleva a entender por qué hay personas como Ali, que no hablan de su pasado. Gracias a una conciencia social son sacados de ese horrible lugar y terminan en una zona de la periferia, en un barrio que se ve "degradado socialmente" con la llegada masiva de inmigrantes. El tema es, como podéis ver, de una actualidad brutal, ya que en casi todas las ciudades existen lugares así, y muchas veces desconocemos lo que puede haber detrás.
     La autora nos presenta la visión más benévola, en la que Hamid es inteligente y consigue integrarse, aprender el idioma, estudiar en París, un buen trabajo y se enamora de una chica francesa. Y de esa unión, el resultado es Naïma.
     Tres generaciones que hablan de un momento de la historia más reciente y de un tema que no siempre se aborda en la actualidad. Argelia y su situación son complicados, huir de tu país lo es y más si parte de tu familia se queda, provocando una fractura que va más allá de la geográfica, y luchar para avanzar dejando atrás aquello de lo que sales supone perderse muchas cosas.
     Me ha parecido interesante esta visión tan documentada que me ha aportado muchísimos datos que desconocía, sobre todo de la época del abuelo de la protagonista.

     La propia autora es descendiente de un Harki casado con una francesa, lo que le da una dimensión más personal a la historia, y quizás también más parcial. Pero a fin de cuentas la vida son pequeñas historias que se encuentran y desencuentran y a mi esta me ha parecido interesante.

     El arte de perder es una novela más que recomendable que aborda un tema que me era desconocido y una situación que vemos en las noticias muchas veces.

     Y vosotros, ¿hay algún premio que respaldéis?

     Gracias.

lunes, 7 de enero de 2019

El vendedor de tabaco. Robert Seethaler


     "Un domingo de finales del verano de 1937 se desató una tormenta de violencia inusitada sobre la región de Salzkammergut. Hasta entonces, la vida de Franz Huchel había discurrido como un goteo anodino, pero esa tormenta le provocaría un vuelco tan súbito como trascendental. Ya con los primeros estruendos de los truenos lejanos, Franz corrió a la cabala de pescador que habitaban él y su madre en el pueblecito de Nussdorf, a orillas del lago Attersee, y se arrebujó bien en su cama, a salvo en su cálida guarida de plumones, para escuchar los inquietantes rugidos".

     Mi primer contacto con este autor fue el pasado año con su libro Toda una vida, una lectura sobre aislarse frente al mundo, y lo terminé satisfecha, con ganas de repetir. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El vendedor de tabaco.

     Conocemos a Franz, un joven que abandona su pueblo para irse a Viena. Corren los años 30 y el joven Franz comienza a trabajar como aprendiz vendiendo tabaco mientras deja que la ciudad le deslumbre. Uno de los clientes de la tienda en la que trabaja es el Dr. Freud con el que entablará conversaciones sobre la vida y el mundo. Un mundo que cambia a marchas forzadas con el comienzo del nazismo.

     El vendedor de tabaco es una novela de tono a ratos nostálgico en la que el autor se anticipa a la Segunda Guerra Mundial. En este caso, nos da una visión muy generalizada de Viena en los albores del nazismo partiendo de la base de que todo lector sabe lo que sucederá en no demasiado tiempo. Este es el ambiente en el que sitúa al impreciso Franz, un joven que peca de pacato a ratos, que rechaza el las opiniones viscerales y al que aún le queda mucho por aprender de la vida. Es ahí cuando su amistad con un ya entrado en años Freud puede ser el aporte que necesita la historia, pero el autor no desarrolla demasiado al personaje, convirtiéndolo a veces en un hombre sin las inquietudes y conocimientos que se le conocen, lo que provoca la perplejidad del lector. Y es que uno tiene la sensación, pese a que hay momentos en que la descripción de la ciudad se convierte en una delicia, de que el autor se queda corto casi de una forma permanente. Quizás no como error para él, ya que incluso en el tono percibimos que lo hace de una manera consciente, buscando mostrar a través de los ojos de una persona normal los sucesos que marcaron el comienzo de una gran guerra, solo que se queda corto y termina por perder verosimilitud. Quizás si no hubiera elegido precisamente a Freud...
     Seethaler busca escribir una historia tierna, con momentos simbólicos y un protagonista que vive con sorpresa los acontecimientos que le rodean mientras aprende sobre el mundo para orientar a los clientes. Porque no solo se vende tabaco, se vende placer. Y precisamente esa es la sensación que uno tiene ante la rutina de Franz, la de una placidez calma que, como ya conocemos el futuro, no tardará en verse asolada.

     El vendedor de tabaco es una novela amable que se lee casi del tirón ante la que uno tiene la sensación de cuento más que de realidad.

     Y vosotros, ¿Con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 6 de septiembre de 2018

La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey. M. A. Shaffer & A. Barrows


     "Querido Sidney:
     Susan Scott es maravillosa. Hemos vendido m´s de cuarenta ejemplares del libro, lo cual me resulta muy grato, pero mucho más emocionante desde mi punto de vista ha sido la comida".

     A veces uno ve tanto un libro que se satura y necesita tiempo y distancia para poder disfrutar de él. Eso me pasó con este libro, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey.

     Conocemos a Juliet como autora ya de la primera carta dirigida a su editor. Estamos en Londres en 1946, una ciudad marcada por la guerra y Juliet es una columnista de éxito que ha visto como su trabajo se ha editado y ahora no sabe qué escribir. Conocemos su correspondencia con la isla de Gernsey, en la que se creó una sociedad literaria en la que reunirse durante la guerra. Esta correspondencia cambiará la vida de Juliet.

     Cuando se habla de novelas epistolares mucha gente siente la necesidad de echarse atrás, sin embargo, no es la primera vez que un libro epistolar se convierte en un éxito, ahí tenemos por ejemplo el caso de 84, Charing Croos Road por poner como ejemplo otro libro en el que se mastica literatura.
     Comentar en este caso, y como curiosidad añadida al libro, que Mary Ann Shaffer fue bibliotecaria, librera y editora y, como muchos, soñaba con escribir. En 1976 visitó Gernsey, durante su visita se levantó tanta niebla, que la isla quedó incomunicada dándole la idea de escribir sobre esta isla y la usaría años después cuando su club de lectores propuso que escribieran una historia. Para ese momento Mary Anne ya se sentía enferma, así que buscó en su sobrina Annie Barrows a la persona que terminara su novela. La elección no fue al azar ya que Annie también ha sido bibliotecaria, librera, editora y autora de libros infantiles. La novela ya terminada ha sido y es un gran éxito, tanto en librerías como en su adaptación cinematográfica.

     Una de las cosas que más me han gustado de esta novela, es que no es un simple intercambio de cartas entre dos personas, la autora amplía el círculo y así es como consigue tener un entorno completo para la protagonista y todos los personajes. Divide además la historia en dos partes, la basada en Londres y aquella que es ya en la isla, y el lector se siente cómodo con esta decisión que le permite avanzar sin tropiezos en la lectura e ir conociendo uno a uno a los integrantes de la Sociedad Literaria y su relación con los libros o bien con ese libro en particular que les ha marcado por un motivo y otro. De hecho, uno de los grandes atractivos del libro es precisamente la abundancia de menciones y guiños literarios que hay en las cartas. Normal, diréis, el libro trata sobre una Sociedad Literaria. Pero es más que eso, trata sobre las personas que la integran y también sobre lo vivido. Hay momentos duros que se esconden tras la suavidad de las letras de las autoras, incluso algún destello de sentimentalismo dejado caer con bastante puntería.
      Ahora me podéis matar, pero me ha resultado (sin que ello sea una pega, y tampoco indique que sea un libro para mujeres) una lectura con un toque femenino casi palpable a grandes ratos. Un libro con una primera mitad tremenda, en la que estamos deseando que Juliet viaje a la isla e ir luego conociendo las historias de todos los integrantes de la sociedad, pero que decae levemente en la última parte. Era inevitable una vez desvelados ciertos datos, y eso no ha hecho que disfrute menos de la lectura. Y si además tenemos en cuenta que estamos ante una primera novela, nada que añadir.

     La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey es un libro amable que he disfrutado sin llegar al entusiasmo exagerado de muchos lectores, pero que, estoy segura, recordaré con una sonrisa en los labios. De hecho solo le puedo poner una pega, y es el título engorrosamente largo. Animáos, os gustará.

     Y vosotros, ¿sois de novelas epistolares?

     Gracias.

lunes, 6 de agosto de 2018

Necesitamos nombres nuevos. Noviolet Bulawayo


     "Vamos de camino a Budapest: Bastardo, Chipo, Sabediós, Sbho, Stina y yo. Y nos vamos a pesar de que tenemos prohibido cruzar la carretera de Mzilikazi, a pesar de que bastardo tendría que estar cuidando de Fracción, su hermana pequeña, y a pesar de que mi madre me mataría si se enterase. Nos vamos y ya está. Porque en Budapest hay guayabas que robar, y ahora mismo estoy que me muero por unas guayabas. Esta mañana no hemos comido nada, y me siento como si alguien me hubiera vaciado el estómago a paladas".

     Recuerdo que hace muchos años me gustaba ir comprando títulos de una colección de narrativa de otra culturas. Con el tiempo dejé de hacerlo y hoy no se siquiera si dicha colección se sigue editando, pero es cierto que me siguen interesando este tipo de libros. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Necesitamos nombres nuevos.

     Conocemos a Darling cuando, con diez años, deambula con su pandilla de amigos las calles de Paradise, un barrio de chabolas de Zimbabwe. Junto a su historia conoceremos las de sus amigos y, por extensión, la de la sociedad pobre de su país que sueña con una vida mejor, en este caso, en Estados Unidos. Finalmente Darling cumple su sueño de ir a Estados Unidos, un lugar lejano y extraño.

     Podría decirse, por la edad de la protagonista, que Necesitamos nombres nuevos es una novela de crecimiento. Sin embargo lo importante aquí es la vida que los ojos de Darling ven pasar. Por eso la división de la novela en dos partes es tan diferenciada. Por un lado tenemos la vida en Zimbabwe y por otro, en Estados Unidos.
     En Zimbabwe Noviolet nos presenta un panorama desolador que no es desconocido para nadie con un poco de interés en las noticias. Una pandilla de amigos que van a un barrio caro a robar fruta y observan allí las diferencias con su propio barrio. Hombres blancos y negros en enormes casas y con ropas y aspecto cuidados que contrastan con su entorno habitual. Y Paraíso, cuyo nombre da muestra del humor presente en la novela, un suburbio, un lugar en el que el SIDA es algo casi normal, un grupo de amigos cuyos nombres dan cuenta de cómo comenzó su existencia, una niña embarazada de un abuelo... y una frescura y alguna travesura para aligerar el tono dramático que hubiera podido adquirir la novela y que Noviolet lucha por evitar. Aunque no pueda evitar volver a contar desgracias, se nota que no quiere a un lector que sufre con ellas. Las normaliza en la vida de unas personas que parecen no sorprenderse con sus propias vivencias. Y le da un sueño a Darling: Estados Unidos.
     La segunda parte, esa en la que Estados Unidos es una realidad, sigue la estela de la primera. Quizás un poco menos evidente y menos terrible, pero Noviolet vuelve a caer en relatarnos tópicos o hechos ya sabidos por todos de la vida en ese país: desde la mujer que se obsesiona con su peso pensando que es lo que salva y mantiene su matrimonio hasta el obeso adolescente que vive enganchado a los videojuegos. Y en este mundo sitúa a una Darling que comprende que quizás había idealizado la vida en ese lugar. Esta parte, supongo que por ser más conocida para nosotros, tiene menos fuerza que la primera aunque sigue manteniendo el interés en el lector.

     Lo más destacable de la novela de Bulawayo está en las formas, en la propia narrativa desprovista de artificios y figuras retóricas, pero que consigue una armonía durante la lectura muy agradable de leer. Cuida las formas y alterna partes teñidas con sentido del humor, con otras casi entrañables que harán sonreír al lector y lo completa con alguna descripción en la que parece buscar casi poesía, aunque no de esas hermosas que se recitan una y otra vez. Y todo ello sin perder un realismo que aparece metido casi a presión, como si quisiera enseñar al mundo todo lo que no se ve que sucede en esos países y le faltara tiempo para ello.

     Necesitamos nombres nuevos es una novela entretenida que uno termina con la sensación de oportunidad perdida porque podría haber sido una muy buena novela. Pero le ha faltado empuje. Y eso hace que el lector salga indiferente a lo que la autora nos relata.

      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.