"Moscú, en la actualidad.
Me regalaron este libro el fin de semana y me apetecía, tras un parón largo, volver a leer al autor. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual Lucía.
Conocemos a Lucía Guerrero, una guardia civil que encuentra a su compañero crucificado en una suerte de calvario, lo que la llevará a buscar a su asesino en una persecución cada vez más complicada. Estamos en Salamanca y allí un grupo de estudiantes junto al profesor Salomón han desarrollado un software que relaciona crímenes sin resolver y que ahora encontrará una concordancia con el asesinato del compañero de Lucía. Juntos colaborarán en su resolución.
Llegué a esta novela buscando una lectura entretenida que me hiciera pasar un buen rato y me encontré con una representación teatralizada de una novela negra en la que me costó bastante entrar debido, entre otras cosas, a los nombres de los personajes. No me queda claro si es una suerte de gracia poner nombres sonoros y relacionados con la literatura pero llega un momento en el que este tipo de cosas me estorban ya que alejan el texto bastante de la realidad. Esta teatralidad se extiende a la primera víctima, a la segunda mirando a cámara al pintoresco grupo de amigos e incluso al final de la novela. Estos hechos han provocado una barrera durante mi lectura y es que no podía evitar pensar que había cosas metidas casi a la fuerza para que el lector se sintiera entretenido. Es cierto que la parte del software me pareció que podía ser interesante y la relación con crímenes ya ocurridos y separados en el tiempo, pero una novela necesita más que una idea interesante para funcionar y, de algún modo, la forma en que relaciona a los estudiantes entre ellos hizo que incluso esa parte perdiera el interés paulatinamente ya que me recordaba a esas películas en las que sabes qué es lo que tienen que hacer los estudiantes para poner su vida en peligro (me habéis entendido, creo).
Tengo que decir que el primer capítulo es muy llamativo y bastante visual, algo que se mantiene durante la lectura y que, posiblemente, mi problema con el libro haya sido que no conecté con él desde el comienzo debido a que me costaba demasiado creerme lo que me estaban planteando, lo que significa que, como siempre digo, las lecturas son personales y que si llega ahora un lector que comienza este libro con buen pie, es más que seguro que se entretendrá y cumplirá perfectamente la función para la que ha sido concebido. Un libro que me ha dado además la sensación que puede tratarse del comienzo de una serie protagonizada por la protagonista, por lo que creo que Lucía ha podido llegar para quedarse.
Lucía ha sido para mi una lectura fallida pero eso no significa que otros la disfrutéis y aportéis una visión diferente. A veces un libro no nos pilla en el momento adecuado, y tampoco pasa más.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
"El cielo de New Prospect, atravesado por robles y olmos desnudos, estaba lleno de promesas húmedas un par de sistemas frontales sóbriamente confabulados para traer una Navidad blanca- mientras Russ Hildebrandt hacía la ronda matinal en su Plymouth Fury familiar por los hogares de los feligreses seniles o postrados en una cama".
Jonathan Franzen es uno de los pocos pesos pesados literarios que quedan en Estados Unidos. En una constante búsqueda de la Gran Novela Americana y con una tendencia reconocida a sentar cátedra con sus opiniones sobre la literatura, se trata también de uno de esos nombres que no faltan cuando se habla de literatura contemporánea. Hoy traigo a mi estantería virtual, Encrucijadas.
Bienvenidos a New Prospect, una ciudad media no demasiado grande del oeste americano. ¿Población? no demasiada, pero a nosotros nos interesan los Hildebrandt. Está a punto de llegar la Navidad de 1971, una época de sexo, drogas y Vietnam. El padre de familia es Russ, un pastor que parece cada vez más desencantado con su Dios y con su matrimonio que ve como los jóvenes se están acercando a Rick Ambrose. Él fue un pastor carismático en su día, también movía gente, y era, sobre todo, mucho más "verdadero" que Rick. Aún así, le da la impresión de que su tiempo está empezando a quedar atrás. Si preguntáramos a Marion, su esposa, posiblemente también nos diría que su marido está a punto de quedar atrás. Y esta pareja protagonista tiene una pequeña prole bastante típica formada por Clem, Becky, Perry y Judson, uno de los cuales afirma no solo que su hogar sea terrible, si no que necesita más una demolición que una reforma. Crossroads es el nombre del grupo formado por el odiado Rick que genera un resentimiento en Russ solo mitigado por la viuda de su congregación. Asistimos entonces a una casa en ruinas con personajes que viven encerrados en sus propios mundos que se distancian unos de otros.
Con esta novela Franzen no solo vuelve al terreno conocido, además lo hace al que le dio la fama. El retrato doméstico de una familia media en una ciudad más o menos marginal. Porque elegir una familia de triunfadores de una gran ciudad está muy visto o tal vez porque, aunque sea lo habitual en la ficción, no lo es en la vida, pero el caso es que Franzen se mueve mejor en este tipo de ambientes casi agobiantes en el que un gran porcentaje de la población se encuentra inmerso.
A key to all mythologies (sí, Franzen, ahora todos decimos que es un guiño a Middlemarch, estate tranquilo) es el título que llevará la trilogía completa de la que Encrucijadas es la primera parte, y una primera parte que supera las 600 páginas es mucho decir. En este caso, y al igual que sucediera en Las correcciones, tenemos una familia central en la que Franzen pone la vista y que parece a punto de romperse porque su cabeza familiar se tambalea. Todos sus integrantes parecen unos pequeños egoístas llenos de preocupaciones mundanas que no saben mirar más allá de su sombra. Incluso el hijo pequeño, el bueno y maravilloso, acaba cubierto de una pátina de mediocridad ante el lector. Y es que lo que mejor se le da a Franzen es mostrar las pequeñas miserias, a menudo triviales, para luego abrir el objetivo de su retrato generacional y con él dejarnos una muestra de la sociedad contemporánea.
Dentro de este retrato realizado, mi favorita es la decadencia de Russ con una suerte de sadomasoquismo religioso que lo lleva a sentirse agradecido por desear a alguien fuera del matrimonio ya que eso lo convierte en pecador y, evidentemente, si hay pecador hay Dios y esta reflexión le coloca más cerca de su "trabajo" de lo que ha estado en los últimos tiempos. Esta pequeña lógica retorcida, me ha resultado fascinante a lo largo de una lectura en ocasiones demasiado lenta pero repleta de aquel Franzen que muchos creímos perdido al leer Pureza. Marion, por otro lado, será uno de los grandes descubrimientos para los lectores habituales del autor. Como personaje resulta casi extravagante (vamos a ver, ¿quién en su "sano juicio" (ja) acaba en un psiquiátrico por amor? Evidentemente un personaje que ya parte de un problema y que tarde o temprano va a explotar, así que el lector va viendo como se carga y se sienta pacientemente a ver como a Russ le explota en la cara. Y podría seguir así y dar una pista de cada personaje: la ironía de Perry, por supuesto superdotado que siempre hay uno en este tipo de novelas exactamente igual que siempre hay un adicto (si has leído la novela comprendes por qué lo digo así y si no lo has hecho, ya lo entenderás), el pacifista en la época de Vietnam, la hija... todos están en la novela y todos ellos viven en mitad de encrucijadas que es lo que da título a este libro y no el grupo moderno de culto formado por el aspirante a estrella mesiánica. Y eso, estas encrucijadas en momentos vitales grandes y pequeños, es lo que le da interés a una novela que se vive y se lee, al igual que se ambienta, como aquellas que Franzen escribiera al comienzo de su andadura.
Encrucijadas es una buena novela que disfrutarán más los lectores habituales de Franzen, aquellos que, visto el cartel de New Prostect, tengan la sensación de que les están diciendo, "Bienvenido a casa".
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
Conocemos a David Golder, un banquero millonario que ha descubierto eso de que el dinero no da la felicidad junto a una mujer fría como un témpano y una hija manipuladora que parece tener, junto a su madre, el vicio de gastar todo lo posible. Y ahora, tiene problemas serios de salud. Eso significa que sus acciones caen y, evidentemente, su mujer interesada en el dinero no se va a quedar a su lado.
Para los que somos lectores habituales de Némirovski es fácil reconocer en esta novela a algunos de sus personajes habituales que están, en mayor o menor medida, basados en vivencias de la propia autora. La familia millonaria que no es precisamente buena, el judío avaricioso (no olvidemos que la autora se convirtió al catolicismo), la arpía, la hija caprichosa... La verdad, desconozco cómo era la familia de la que procedía la autora, pero dicen las malas lenguas que es de dónde bebía para crear sus personajes. Y con eso ya lo digo todo.
En esta ocasión nos presenta a un hombre que ha salido de un país pobre y de un barrio aún más pobre, y que ha conseguido triunfar en la vida hasta convertirse en uno de los hombres más ricos de su país. Así el Golder: infeliz pero rico o rico pero infeliz. Y además lo hace en apenas un puñado de páginas en las que el lector casi puede sentir el dolor de un infarto y también la desesperanza más absoluta de quien no es querido, a quien atacan rompiendo su corazón y provocando un daño superior al del problema cardiaco. Golder va a descubrir casi todo por las malas y el lector lo acompaña pensando eso de que el dinero no da la felicidad y que tal vez, solo tal vez, no le hubiera ido tan mal aunque con menos lujos, si no se hubiera embarcado en cambiar de vida. Quién sabe lo que es mejor para cada uno. Incluso el propio Golder reflexionará sobre ello. Némirovski nos deja así una historia triste hasta el desconsuelo en la que el lector se ve atropellado por la magnífica narración capaz de sumergirnos en la historia. Una historia con una familia terrible cuya hija me ha dejado una honda huella.
David Golder es una gran novela en la que la autora muestra su maestría narrativa y que recomiendo abiertamente tanto a sus lectores habituales como a los no iniciados. La vida es dura.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
Hay títulos que atraen sin tener un motivo claro y que luego uno deja en la esquina del estante sin recordar muy bien. Eso me pasó con este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, El afinador de pianos.
Conocemos a Edgar Drake, afinador de pianos y especialista en los Erard, Drake es llamado por Carroll, comandante médico del ejército colonial británico en Birmania, para afinar precisamente uno de esos pianos que es para el comandante una herramienta imprescindible para su trabajo con los habitantes locales de la zona. Y así es como Drake se embarca en un viaje que cambiará su vida y en el que descubrirá otra forma de relacionarse con su entorno y de entender cuanto le rodea.
He tenido sentimientos encontrados con esta lectura. Por un lado es una novela que coge un tono chapado a la antigua con el que busca cimentar una ambientación que es la piedra angular del libro. no solo la basada en las descripciones sociales, geopolíticas, humanas o musicales, también las que se apoyan en el propio mimbre del libro. Resulta además curioso y un tanto romántico el concepto de música que tienen los personajes, y es que tienen en una estima tan alta su importancia, que no dudan en considerarla una herramienta vital para la vida. Ya sea la forma en que Katherine (la mujer del afinador) y Drake se conocen o el modo en el que influye para las tribus birmanas, el autor se recrea tanto en ella como en la variedad y calidad del piano en el oficio de afinador. Drake por su parte es presentado como un hombre que simplemente tiene una profesión que realiza con habilidad y es lógica su sorpresa ante casi todo lo que se le pone delante. Incluso el autor se refiere a él en alguna ocasión como un simple afinador, que fijaos, acaba en Birmania, en la selva, que ve un tigre y tribus y plantas y, por supuesto, también un piano. Muestra esa visión del colonialismo como algo enriquecedor, la llegada de la civilización y la cultura para las gentes, que en aquel momento se potenciaba y que ahora no se comparte y otorga un tono casi pasado de moda a la novela al representarlo consiguiendo de este modo despegar la parte real de la representada en la que llegan a ser ficción hasta los nombres de algunas plantas. Y todo esto, está muy bien.
En el otro lado tenemos las mismas descripciones que se hacen largas, el viaje casi eterno y cuya función en la novela uno no entiende hasta el final de la misma, que me resultó en cierta medida una sorpresa. Las expresiones y el tono, los clichés, considero que no le hacen un favor a la historia y, si bien entiendo que de haber colocado un lenguaje de altura se hubiera hecho interminable ese mirar un país nuevo describiendo al lector cada parte, si que un punto intermedio me hubiera hecho de digestivo adecuado en más de una página cuyos diálogos me han resultado forzados. He echado de menos un Carroll impactante y quizás incluso menos humano de lo que Drake lo ve, supongo que llevada por el toque romántico de un afinador de pianos e impulsada por el hecho de que no llega a él hasta la segunda parte, mi cabeza había construido un personaje diferente, mucho más carismático.
El resumen de El afinador de pianos sería que, si bien he disfrutado de la novela, necesito de la distancia para realizar una relectura a la que llegue sabiendo incluso el final. Y es que creo que de ese modo disfrutaré mucho más del camino.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
De vez en cuando me apetece una novela de espías. Es un género que siempre me ha gustado y que tengo la sensación de que ha ido a menos. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Caballos lentos.
Los llamados caballos lentos son agentes del MI5 que no tienen el nivel suficiente para estar en el MI5 o, en muchos de los casos, que metieron la pata de forma imperdonable. El caso es que ahora están condenados a realizar tareas repetitivas que nadie quiere comandados por Jackson Lamb. Dentro de este grupo se encuentra River, cuya apasionante tarea es transcribir conversaciones interceptadas entre móviles. Cuando un hombre es secuestrado bajo amenaza de ser decapitado y retransmitido en directo, todos se ponen en marcha. La hipótesis general habla de terrorismo pero Lamb no parece ir por el mismo camino y River ve en ello una oportunidad para redimirse y, tal vez, salir.
Digamos que es una novela de espías, pero no exactamente una novela de espías. Y es importante saberlo porque, cuando te dice la publicidad que está entre las veinte mejores novelas de espías de todos los tiempos, uno puede pensar que está ante una novela con un corte determinado. Aquí tenemos a Jason Lamb que es un desastre de hombre y a todo un equipo lleno de peculiaridades que poco o nada tienen en común con James Bond. Ni falta que les hace para dejarnos una novela la mar de entretenida, la verdad.
La novela comienza con pausa presentando a los personajes y explicando un poco qué les ha llevado a este curioso departamento, aunque ya en las primeras páginas nos damos cuenta de que estamos ante una lectura ágil y amena, para ir aumentando el ritmo a medida que avanza hasta convertirse en uno de esos libros que se leen prácticamente del tirón. La trama está asentada en la actualidad y también en los "fallos" se asienta en una credibilidad con la que juega mezclándola con altas dosis de sentido del humor. Negro en la mayor parte de las ocasiones, por supuesto. Hay que destacar también la visión de la actualidad que representa, sobre todo si tenemos en cuenta que hace aproximadamente diez años que se escribió y que ya vislumbramos algunas de las cosas que han ocupado los periódicos (y ocupan) en los últimos tiempos.
Caballos lentos me ha gustado. Es una novela bien escrita con un ritmo creciente y que me ha hecho pasar un buen rato. Volveré por la Casa de la Ciénaga.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.