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jueves, 18 de enero de 2018
Los huéspedes de pago. Sarah Waters
"Los Barber habían dicho que llegarían a las tres. Era como esperar para empezar un viaje, pensó Frances. Ella y su madre habían pasado la mañana pendientes del reloj, sin poder relajarse. A las dos y media, en un impulso de nostalgia, Frances había recorrido las habitaciones por última vez, supuso; desde entonces había aumentado el nerviosismo, que desembocó en un desinflamiento progresivo, y ahora, casi a las cinco, allí estaba otra vez, oyendo el eco de sus propios pasos y sin sentir el menor cariño por los espacios exiguamente amueblados, simplemente ansiosa porque llegara la pareja, porque se instalara y acabar con el asunto."
Reconozco haber comprado el libro confundiendo a su autora con otra persona. A veces es el azar quien nos acerca una lectura. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los huéspedes de pago.
Inglaterra, años veinte. Conocemos a Frances Wray, una mujer con algo menos de treinta años y un pasado un tanto escandaloso, y a su madre, una viuda que ha perdido además a sus dos hijos. Pertenecientes a una clase media/alta ven como su capacidad económica disminuye hasta empujarlas a alquilar una planta casi completa de su envejecida casa. El matrimonio formado por Leonard y Lilian Barber serán sus huéspedes, una pareja joven un tanto histriónica. Frances y Lilian se conocen, se descubren, y esto provocará consecuencias insospechadas en la vida de los residentes de esa casa.
La Gran Guerra produjo un cambio notable en la situación de la mujer. En este caso estamos en Inglaterra, donde las mujeres se vieron obligadas a sacar adelante a familias diezmadas, incorporándose al mercado laboral. Esas mujeres que ocuparon puestos laborales destinados a hombres, fueron criticadas en muchos casos por no abandonarlos al regreso de los combatientes a sus ciudades, de tal modo que los locos años veinte fueron muy diferentes en este país. Waters elige un caso intermedio, el de una familia recortada hasta tener dos únicos miembros, mujeres ambas, que en lugar de trabajar, alquilan parte de su casa para sobrevivir a las deudas heredadas del padre de familia. Waters nos describe todo esto, ya sea de forma explícita o implícita en la pérdida de lustre de los suelos de la casa. Y es a este panorama al que llega el matrimonio joven, despreocupado de estas estrecheces, con su colorido y su tocadiscos. Con esta irrupción en la tranquila vida de las Wray, comienza el segundo tiempo de la novela: la atracción y el amor. Y es que, Frances Wray se enamora de Lilian y Waters relata los estadíos de este amor no siempre comprendido entre dos mujeres de una forma magnífica. El miedo, la pasión, la cautela, el ansia... todo queda en cada uno de los gestos y miradas entre ambas mujeres. Es en este momento en el que la novela gira para convertirse en una novela oscura, casi negra. Un crimen fortuito no deja de ser un crimen, y será investigado por la policía, de tal modo que la casa, ya alborotada, termina totalmente desbaratada mientras estas mujeres se miran casi a escondidas pendientes de lo que les deparará el futuro.
Evidentemente no voy a desvelar nada del crimen, pero Waters lo coloca hábilmente en el centro de la trama al implicar a todos los miembros de la casa consiguiendo que, pese a que el lector es testigo excepcional de todo lo sucedido, el suspense alcance cotas altísimas en la última parte convirtiéndose en una trama casi opresiva para el lector. Pero no solo eso, más allá de lo relatado, que es mucho en algo más de seiscientas páginas, encontramos muchos símbolos en la forma de actuar de sus personajes. La madre que parece no ver, no querer ver en realidad, exactamente igual que una fracción de la sociedad ante el cambio que sobreviene; Frances que limpia y ordena una y otra vez como si con ello realizara algún tipo de labor que fuera a ayudar al mundo, la supuesta modernidad del matrimonio recién llegado que se contradice con pequeños detalles y gestos que nos van mostrando...
Los huéspedes de pago es una novela tipo folletín que, sin ser de ritmo rápido, da poca tregua al lector en cuanto a sucesos. Los personajes están bien perfilados y la ambientación es mejor que buena, convirtiéndose así en un libro entretenido cuya lectura he disfrutado. Y eso, hoy en día, ya es mucho.
Y vosotros, ¿alguna vez habéis comprado un libro por error y habéis decidido quedároslo?
Gracias.
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jueves, 9 de enero de 2014
El ocupante. Sarah Waters
"Yo tenía diez años la primera vez que vi Hundreds Hall. fue en el verano después de la guerra y los Ayres conservaban casi todo su dinero, eran todavía personas importantes en la comarca. Se celebraba la fiesta del Día del Imperio: yo estaba en la cola con otros chicos del pueblo que hicieron el saludo de los boy scouts cuando la señora Ayres y el coronel pasaron por delante de nosotros, entregando medallas conmemorativas; después nos sentamos a tomar el té con nuestros padres en unas mesas largas, en lo que supone era el jardín del sur."
Hay temáticas que nos llaman la atención y determinado tipo de historias de fantasmas o que los insinúan pero tras las que podemos pensar que hay otra cosa, me llaman la atención a mi. Por eso me fijé en este libro. Luego se acumularon las buenas opiniones y poco tardé en decidirme. Hoy traigo a mi estantería virtual, El ocupante.
Conocemos a Faraday, un médico que es llamado a Hundreds Hall, la mansión del pueblo. Él ya la había visitado siendo niño y la casa le fascinaba. Su misión será tratar a una joven criada llamada Betty que parece estar aterrorizada por lo que presiente en una casa que ha resistido muy mal el paso de los años, exactamente igual que la familia que habita en ella. Poco queda del esplendor de casa y familia, ya que los Ayres han quedado reducidos a la madre, una gloria que mantiene como puede su dignidad, un hijo herido de guerra llamado Roderick y una hija, Caroline, convertido en una excéntrica. Será la excusa de sanar a Roderick la que permita a Faraday seguir visitando la casa en la que trabajó su madre y contarnos su historia.
Esta vez os he presentado a los personajes de la historia en la sinopsis. Una historia que, si bien comienza situándonos perfectamente en el contexto histórico que se desarrolla, durante el final del Imperialismo Británico y los cambios que se producen con el auge obrero y la decadencia de las viejas clases, pronto nos dirige hacia la historia de una casa y sus ocupantes. Valiéndose de un narrador en primera persona Sarah se adentra en un clásico de la literatura de fantasmas, las presencias en las casas. Y lo hace de una forma magnífica dejando rastros de ruidos y arañazos mientras nos enfrenta dos posibles explicaciones; la del doctor, más científica, y la de la joven criada, basada en supersticiones. Y, por supuesto, nos enseña mucha tensión psicológica y una dosis de miedo.
La ambientación es impecable, y pronto tenemos la sensación de que el propio Faraday es quien nos relata la historia mientras paseamos por esa mansión, Hundreds Hall, que llega a convertirse en la gran protagonista de la historia. Hay que decir que dista mucho de ser una simple historia de fantasmas, el contexto social tiene mucho peso en el que la casa bien puede ser un símbolo de lo que sucede con las familias de rancia tradición en un país en pleno cambio. Pero no sólo por eso, sino por la duda que consigue meternos y que hace que las páginas nos vuelen entre las manos intentando saber si Betty tiene razón y algo ocupa la casa o si por el contrario está loca. Pronto queremos saber lo que sucede en esa casa, miramos con lupa cada sombra, cada ruido, porque de eso se trata, de que no los presenciemos para así poder dudar y sentir el peso de esas dudas, la presión añadida que puede llegar a suponer no tener la certeza... y para que conozcamos a quienes la habitan. Sus miedos, sus pasiones, sus secretos. Porque también se tejen historias secundarias como en toda buena novela.
Hoy os invito a disfrutar de la pluma de Waters, minuciosa, sencilla, fácil de seguir y dejarse caer en su libro. Y lo hago dejando encima de la mesa la dirección de Hundreds Hall, es una invitación a entrar. Seguro que disfrutaréis la estancia, aunque tal vez oigáis algunos ruidos.
Y vosotros, ¿también os sentís atraídos por este tipo de historias?
Gracias
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