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miércoles, 27 de julio de 2011

Vampiros, con todo lo que eso implica.




Fragmento de "La Durmiente" Edgar Alan Poe

A la medianoche, en la casa de junio, suave y bruma,
Permanecí de pie bajo aquella mística luna.
Un vapor embriagante, somnoliento,
Exhalaba sobre el valle su encantamiento,
Fluyendo gota a gota, suavemente,
Sobre la cresta calma del monte,
Robaba el delicado sopor musical
De aquel profundo del valle universal.
El romero crece sobre la tumba,
El lirio corre sobre la marea;
Envolviendo la niebla aérea,
Y las ruinas descansan juntas.
¡Mirad! Semejante al Leteo duerme el lago,
Un reposo sin tregua en su mundo soñado;
Y del sopor consciente no quiere despertar,
¡Toda la belleza duerme!
Allí donde sueña Irene,
Sola con su destino.
...


     Me daba bastante pereza ponerme con este tema porque, pese a estar de moda, no deja de ser complicado. La verdad, desde que Crepúsculo irrumpió en las librerías para dar el salto a la pantalla han ido proliferando las historias, con mayor o menor acierto, que nos acercaban a este mundo nocturno lleno de criaturas atractivas y/o pavorosas.

     Para comenzar lo haré por el principio.. EN el siglo XIX se reunieron un grupo de amigos, entre los que se encontraba el poeta Shelley y Lord Byron, sentados al calor del fuego resguardándose del mal tiempo, o tal vez no, pero queda mejor ambientado así, en una noche oscura y tormentosa, y, divagando entre temas, acabaron contándose historias de terror. La conversación evolucionó de esa forma errática que todos conocemos cuando se está a gusto, para finalizar haciendo apuestas sobre las historias contadas. De ahí surgieron dos grandes personajes.. Frankenstein, escrito por la esposa del poeta, Mary Shelley, y El vampiro, escrito por el secretario de Lord Byron. Curioso, verdad? fueron los supuestos secundarios de ese círculo de amigos los que mejor supieron aprovechar el momento. Polidori, ese era el nombre de secretario, publicó su obra con éxito y, al suicidarse poco después la catapultó a la prensa y, posteriormente, al teatro.
     Y aquí tenemos el nacimiento del mito escrito, la leyenda del vampiro es de esas leyendas tan antiguas como el mismo mundo. Bien lo sabía Bram Stoker, cuya madre era aficionada a contarle desde niño cuentos de terror que, evidentemente, marcaron su obra literaria, hasta culminar en el archiconocido Drácula, que nos llevó a todos de la mano entre espejos, sensualidad, ajos y crucifijos. Porque, no nos engañamos hace tiempo ya, eso de ver un vampiro entrando en la habitación de una dama para morderle el cuello hasta hacerla desfallecer.. dudo que sea apto para todos los públicos, y no sólo por el terror. También nos dió a conocer a Van Hellsing, cazador de vampiros, personaje si cabe más interesante aún en su evolución que el propio conde. Debería tratarse de un héroe que intenta librar al mundo de la maldad personificada en el vampiro, pero, cuanto más desarrollan su personaje y lo modernizan, más sensación de villano nos deja.

     Y esque, hay que reconocer que a Drácula, El Inmortal, le ha venido todo rodado. Para evitar ser descubierto ha ido cambiando de ubicación y nombre. Estuvo en Europa bajo el nombre de Lord  Ruthven, acudiendo a todo espectáculo que fuera medianamente conocido, después se trasladó a Escocia. Dumas nos los llevó a los Cárpatos en la Dama Pálida, Guy de Maupassant lo intentó explicar desde la base médica, y nos lo volvimos a encontrar, esta vez como un oficial ruso llamado Boris Liaotukine de la mano de Nizet. Es afortunado entre las letras, ha conocido a Poe y a Gogol causándoles tal impresión que no pudieron menos que escribir sobre él, Tolstói, en su línea, se tomó más licencias a la hora de presentarnos la figura del vampiro, le interesaba más enseñarnos cómo iban las cosas en su país. Le Fanú conoció a Carmila, fantástica, inigualable a la hora de contarnos su transformación y dicen, que coqueteó con el poder en forma de Condesa de Bathory y también como Vlad, quien sabe si aciertan.
Hace pocos años leyó lo que King tenía que contar de él y, suponemos, que no le gustó, pues ha decidido mostrarnos su cara más seductora. Desde entrevista con el vampiro todo ha cambiado. Hemos conocido a vampiros seductores que nos hacen olvidarnos de los colmillos, que han ido cambiando la literatura de terror por la novela rosa, donde los amores son imposibles no por la diferencia de razas o de clases sociales, sino por especies. a la vista está True Blood, donde los humanos somos casi minoría y, desde luego, muchísimo menos atractivos que el resto de criaturas que habitan entre nosotros.

     Vivimos, en definitiva, en un mundo plagado de criaturas de la noche que, día a día, tienen menos miedo de mostrarse a los ojos. Incluso los niños tienen a su vampiro Valentín. Aunque yo, si tengo que ser sincera, echo de menos a los vampiros en la novela de terror. Supongo que en el fondo, soy una "clásica".


     Gracias

     Vale, tal vez no tan clásica. Me gusta True Blood, qué le vamos a hacer!

jueves, 14 de julio de 2011

Anna Karenina. LeónTolstói


      "Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.

En casa de los Oblonsky andaba todo trastrocado. La esposa acababa de enterarse de que su marido mantenía relaciones con la institutriz francesa y se había apresurado a declararle que no podía seguir viviendo con él.

Semejante situación duraba ya tres días y era tan dolorosa para los esposos como para los demás miembros de la familia. Todos, incluso los criados, sentían la íntima impresión de que aquella vida en común no tenía ya sentido y que, incluso en una posada, se encuentran más unidos los huéspedes de lo que ahora se sentían ellos entre sí.

La mujer no salía de sus habitaciones; el marido no comía en casa desde hacía tres días; los niños corrían libremente de un lado a otro sin que nadie les molestara. La institutriz inglesa había tenido una disputa con el ama de llaves y escribió a una amiga suya pidiéndole que le buscase otra colocación; el cocinero se había ido dos días antes, precisamente a la hora de comer; y el cochero y la ayudante de cocina manifestaron que no querían continuar prestando sus servicios allí y que sólo esperaban que les saldasen sus haberes para irse."
      Hoy me meto con un clásico, un novelón donde los haya, Anna Karenina. Puedo decir "novelón" sin ofender a nadie puesto que se comenzó a publicar en forma de folletín por entregas.
Ha sido conocida siempre por su comienzo y su final. La historia comienza cuando su protagonista, Anna, ve como un hombre fallece al precipitarse a las vías del tren y finaliza cuando ella misma cae a dicha vía. Pese a lo simple que puede sonar esta es, como todas las de Tolstói, una novela extensa y compleja en la que podemos perdernos entre sus personajes y pensamientos.
      Nos cuenta la historia de Anna, una mujer de alta sociedad casada con un funcionario que llega a Moscú por temas laborales. Su hermano la pide ayuda para salvar su matrimonio y ella se encuentra en una estación de tren con el conde Wronsky, por el que se siente atraída, quedando éste enamorado de ella. Solucionado el encargo de su hermano Anna decide ir a San Petersburgo para alejarse del conde pero éste, la sigue en el mismo tren y le declara su amor. Anna lo rechaza... un tiempo, pero acaba por sucumbir al amor que le profesa, buscando la forma de encontrarse con él hasta que su marido se entera y la intenta obligara elegir. Si hasta aquí nos puede parecer complicado, me he dejado en el tintero algunas interacciones con otros personajes, Anna se queda embarazada del conde, provocándola un estado de angustia que lleva al conde a proponerla una fuga que ella rechaza. Llegando a pedirle perdón a su esposo tras el difícil parto. Como todo lo que se hace en un momento de angustia, dura poco, y Anna se fuga con el conde y su hija a Italia donde permanecen un tiempo esperando que Karenin conceda el divorcio a nuestra protagonista, para acabar regresando a San Petersburgo donde Anna es presa de los celos, infundados, pero atormentadores igualmente, que la llevan a pensar que su única salida para ser feliz es la muerte.
Todo esto va mezclado con unos personajes secundarios tan ricos, que podrían perfectamente ser principales de historias simultáneas a la vez que paralelas con la que se va entretegiendo un entramado en el que Tolstói nos enseña la sociedad, la hipocresía y los valores de la época. La historia de Lyovin y Kitty es realmente tan magnífica como la principal y, de hecho, se le dedica una parte del libro casi en su totalidad, aunque no os la voy a desgranar aquí. A fin de cuentas, algo tengo que dejaros para que descubráis vosotros mismos.
      Como ya he dicho.. es todo un novelón, para leer en las tardes de verano esperando a que el frescor nos permita salir a la calle a pasear.
      Gracias