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jueves, 8 de marzo de 2012
El exorcista. William Peter Blatty
"El hombre vestido de color caqui caminaba subyugado. Al dejar la ciudad, se abrió paso por los suburbios mientras cruzaba el Tigris. Al acercarse a las ruinas, disminuyó el ritmo de su andar, porque con cada paso el incipiente presentimiento tomaba una forma más consistente y horrible. Tendría que saber. Tendría que estar preparado."
Hace muchísimo tiempo que no traigo literatura de terror, cuando soy la primera en afirmar que me gusta y que paso horas entretenidísima entre zombis, payasos asesinos y psicópatas armados hasta los dientes. Dentro del terror todos conocemos la película El exorcista, sobre todo para una generación o dos, es casi un mito, así que hoy traigo a mi estantería virtual la historia de, El exorcista.
En 1949, el joven William, autor del libro, estudiaba literatura en una universidad jesuita de EEUU cuando se fijó en el siguiente titular: Un sacerdote libra a un joven de Mount Rainier de las garras del demonio. El relato contaba como durante más de un mes se había sometido a un joven de 14 años a diversas sesiones de exorcismo para librarle de dicho demonio. Empezó a investigar presa de la curiosidad hasta descubrir que uno de los sacerdotes implicados era profesor en su mismo campus, William Bowder, y decidió ponerse en contacto con él. De poco o nada le sirvió salvo para enterarse de la existencia de un diario privado en el que se relataban los hechos. La única declaración que obtuvo fue: Puedo asegurar que el caso en el que me vi implicado fue auténtico. Tuvieron que pasar 25 años para que el ya no tan joven Blatty pudiera publicar la historia de la que se han vendido más de trece millones de ejemplares y muchos años más hasta que Thomas Allen consiguiera publicar el diario de los exorcistas bajo el título Possessed.
Baltty dramatiza la historia y modifica algunas cosas, como los nombres, ya que sitúa a una niña en lugar de un niño, para meternos en su libro.
Conocemos así a Regan, una niña que tras varios cambios de comportamiento empieza a ser atendida por psicólogos y médicos. Entre unos y otros es el padre Karras quien la acaba visitando y, percibiendo el verdadero problema, empieza una lucha entre el bien y el mal que se libra en una habitación y cuyo campo de batalla es el cuerpo de la pequeña Regan.
No puedo decir que sea un libro que infunde miedo, seguramente porque nos han bombardeado con muchas historias similares y por haber visto la película. Pero si que tiene un punto interesante. Para empezar el autor no intenta engañar al lector prometiéndole finales felices, desde la primera página vemos que algo va mal y que posiblemente vaya a peor. El diablo es un peligroso contrincante y aquí no van a bajar ángeles blandiendo espadas de fuego para luchar por el alma de la inocente niña. Usa frases cortas y certeras para conseguir generar una tensión entre esas cuatro paredes que se desarrolla gran parte de la historia, combinándolo con alguna dosis de humor de la mano del inspector para no asfixiarnos en una atmósfera recreada casi a la perfección.
Es un libro al que llegué con curiosidad, ya que su adaptación sobrevive hasta hoy, y que no me defraudó. Con un lenguaje crudo y directo me llevó página tras página deseando ver el desenlace, cosa muy meritoria teniendo en cuenta que ya lo conocía. Un título al que rodea toda una leyenda negra, seguramente por la semilla de la historia. Os diré que la habitación en que se despertó el protagonista real estuvo cerrada durante años, lo mismo que la casa en que vivía y que tras incendiarse no encontraba comprador. No os voy a contar que el niño tuvo una vida cargada de mala suerte porque ni sería cierto ni estaría hablando de la creación literaria, pero si os contaré de su adaptación cinematográfica. El director sufrió amenazas, cuatro miembros del equipo fallecieron y desaparecieron no pocos objetos durante el rodaje.
¿Casualidad? No me cabe la menor duda, pero hay historias que por su contenido o formas parece que atraen este tipo de leyendas negras que no hace otra cosa que acrecentar la curiosidad.
Y vosotros, ¿sois supersticiosos?
Gracias
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