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lunes, 31 de octubre de 2011

Proceso de fabricación de un libro. El corrector


     "Un libro sin erratas no es libro, dos es la cantidad justa. Tres es un desastre.”
                                                                                    Borges

     Una de las figuras más olvidadas a la hora de publicar un libro es la del corrector. O tal vez no sea olvidada sino simplemente poco valorada. El corrector profesional es invisible. Muchos pensamos que con los correctores ortográficos de los programas informáticos ya es más que suficiente, sin tener en cuenta coherencias, consonancias o puntuación. Y sin embargo vivimos rodeados de letras. La palabra escrita está cada día más cerca de todos, incluso sustituyendo a la conversación oral. Tal vez los libros tengan ahora la opción del formato electrónico, pero también ahí están escritos con tinta. ¿Y nosotros? Cada día más cerca de las palabras en chats, blogs, sms y watsapp, sustituyendo estos dos últimos a horas de conversación en muchos casos. Por eso hay que hablar del corrector.

     Leí hace mucho que cuanto menos te gusta un argumento en una historia más puedes aprender de ella, porque te fijas en otros detalles. Tal vez os parezca una tontería, pero también dicen que una película que tiene una buena fotografía... bueno, supongo que habéis oído la broma muchas veces.
     En mi caso no sé si es así, pero sí que he tenido problemas con buenas historias por encontrarme una palabra mal ubicada que me frenaba a media frase, en mitad de una acción de la que de repente me desconectaba perpleja al ver esas letras colocadas de una forma tan poco afortunada. Muchas veces he echado la culpa a las traducciones, pero hay que reconocer que es algo que pasa tanto en traducciones como en libros en castellano original.
     El corrector es esa persona encargada de pulir el esfuerzo de un autor, pertrechado de diccionarios especializados, manuales, libros de lingüistas reconocidos, glosarios técnicos, páginas de Internet con el asesoramiento de la RAE... para que al final nosotros, los lectores, no sepamos que ese libro (o texto) antes tenía errores. Son los encargados de comprobar cada palabra, cada giro del lenguaje, leer y releer un párrafo para comprobar que todo esté correcto o incluir las modificaciones adecuadas para que el lector comprenda lo que lee de manera fluida y no tenga que dejar de leer. Porque no es todo ortografía, esa es la parte fácil. La sintaxis es otro tema. Y como esos dos, mil.
     Eso que dicen de un libro fácil de leer, seguro que tiene mucho que ver con su claridad, incluso, diría yo, con la longitud de sus párrafos y los signos de puntuación situados correctamente. Ahí tenemos Ulises, famoso por mil motivos, uno de ellos su puntuación.
      Tal vez pensamos que es la suya una tarea fácil, sentarse y leer. Pero si me preguntaran a mí, diría que no es una lectura disfrutada. Esta profesión requiere una gran dosis de paciencia y concentración, y para eso hay que estar solo. El corrector, sobre todo el autónomo, ha de pasar mucho tiempo solo. Leen atentos a letras descolocadas, ideas inconexas, líneas argumentales desdibujadas o frases sin brillo. Todo esto lo tienen que ir buscando y marcando sin modificar la línea de autor, el tono que le caracteriza en toda la obra. Si me permitís opinar... poco se puede disfrutar de una lectura en estos términos. Y luego repasarlo innumerables veces hasta considerar que está perfecto. 

     Me topé hace mucho con una reseña de una persona bastante seria en este mundo que instaba al final de su entrada a que alguien leyese el libro para que, en un comentario, le dijera de qué trataba. Había visto tantos fallos seguidos que no había pasado de la página noventa y decidió usarlo para lo mismo que estoy haciendo yo esta entrada: dar a valer la comodidad de un texto bien escrito que nos conduzca por sus ideas, más o menos peregrinas, de una forma fluida, sin sobresaltos. Para estos ya está la mente del autor que nos colocará un asesino en la próxima página, o no.

     No me despido sin la parte anecdótica, el ejemplo que en este caso me ha facilitado Manuela, una mujer estupenda que se dedica a este trabajo y que os la acercaré el próximo día...



     Menos mal que es un teatro...

     Gracias, Manuela, por tu ayuda para acercar esta profesión desconocida para muchos y por corregirme el texto, sirva de muestra.

     Y, como siempre, gracias a todos por pasar por aquí.