lunes, 12 de junio de 2023

Elizabeth Finch. Julian Barnes

 


     "Se plantó frente a nosotros, sin apuntes, libros ni nervios. El atril lo ocupó su bolso. Echó un vistazo alrededor, sonrió, en silencio, y comenzó:

- Habrán observado que el título de este curso es "Cultura y civilización". No se alarmen...".

     Uno de los escritores con los que más me divierto del panorama actual es, sin duda alguna, Julian Barnes. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Elizabeth Finch.

     Conocemos a Neil como estudiante no demasiado brillante y enamorado de su profesora de Cultura y Civilización, la señorita Elizabeth Finch. Es de aspecto austero, casi severo, preclara a la hora de hablar... y la protagonista de las fantasías de seda de su alumno que, una vez finalizado el curso, decide invitar a quien hoy sería su crush a cenar y estos encuentros, que no pasan de ser dos o tres veces al año, se convierten en una costumbre que se dilata durante dos décadas. Que nadie vaya a pensar en algo sexual, porque no lo es. Esto termina cuando Neil recibe una notificación sobre la muerte de Finch, quien lo ha legado sus papeles y libros, algo que provoca el regreso del alumno, que se zambulle en ellos leyendo sobre, por ejemplo, El Apóstata sobre el que parece tener datos como para escribir un libro o estudio. Y entonces decide que si lo iba a hacer ella, él debería de hacerlo o al menos intentarlo. Y a partir de ahí, ahora sí como ponía en la sinopsis editorial, Neil comienza a buscar a Elizabeth, a intentar finalmente conocerla.

     Esta es la novela de un hombre que adoraba a una profesora. A todos nos ha pasado, confesemos. Esta misma semana que acaba de pasar lo comentaba: guardamos recuerdos maravillosos de unos pocos de nuestros profesores. Y eso es lo que le pasa a Neil, un hombre mediocre y con una alarmante tendencia al fracaso (no hay más que ver su historial amoroso), que se ve absolutamente fascinado por una mujer que el autor nos presenta severa y rigurosa, incluso áspera, dando un punto que a mi me ha parecido de humor ante la "extraña pareja" que nunca llegó a producirse. Y entonces la novela entra en una suerte de bache ya que lo soso que es el protagonista se contagia al texto. Lo que empezaba como una admiración traspasa la barrera de la idolatría y Barnes parece querer aliarse con Neil para que logre su objetivo y retuerce el punto hasta que la protagonista se convierta en la Apostata del alumno. 

     Y en ese transitado camino, a mi me empezó a perder. Sentí que le faltaba ese punto de empuje habitual del autor, que se quedaba a medio camino a la hora de caracterizar y descubrir, como si durante la lectura todo fuera un "sí está bien, ¿pero por qué no me lo has hecho redondo?". Esa sensación acaba convirtiéndose en un desgaste para el lector, que no termina de tener claro el punto o el tono de la historia, como si Neil se fuera convirtiendo en alguien poco importante también para la novela, con una personalidad tan gris que logra que hasta su historia pase desapercibida para nosotros.

     Elizabeth Finch no es la mejor novela de Barnes, está claro. O tal vez sea yo que esperaba algo más.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 7 de junio de 2023

El otro yo. Rafael Caunedo

 


     "Madrid, un día cualquiera, de esos en que ocurren las cosas trascendentes, las verdaderamente importantes. Hospital de la Moncloa. Segunda planta, al fondo, consulta de neurología. Luz blanca de halógenos. Mateo Cué y su padre, Ángel, escuchaban atentos las explicaciones del médico. Semblante serio, contenido. Los silencios resultaban largos y violentos. 
     —Me temo que no tengo buenas noticias — les dijo el neurólogo abriendo el dosier que contenía un exhaustivo estudio médico y el informe definitivo".

     Conocí a Caunedo con El deseo de los accidentes y algo en su forma de escribir se me quedó lo suficiente como para llevar días esperando poder leer su última novela. Hoy traigo a mi estantería virtual, El otro yo.

     Conocemos a Ángel Cué, un famoso escritor de esos que son además caballeros, un tanto anticuados si uno quiere, pero cuya fama y buen hacer han provocado que su nombre y su aspecto sea reconocido incluso por quienes no leen. Y ahora, con una novela recién publicada, le diagnostican de alzheimer precoz. El hombre decide no ser un espectáculo, guardar su imagen sin que nadie vea como se pierde dentro del laberinto en el que va a convertirse su cerebro, y le pide a su hijos dos favores: el primero, que le ayude a prepararlo todo para retirarse  a una casa en el campo y le guarde el secreto de su retiro y ubicación; el segundo, tras entregarle un pendrive con 4 manuscritos cuya existencia no conoce nadie, le pide que los envíe en su nombre cada dos a tres años a su editor para asegurarse de que se publica toda su obra y de que su imagen pervive. Y Mateo accede, ¿cómo no hacerlo? Es su padre, su madre ha muerto ya y él lo adora. Pasan los años y Mateo gana el Premio Óvalo con su primera novela, que es en realidad el primero de los manuscritos de su padre que ha sacado del pen-drive. Y poco después es nombrado ministro y se encuentra con un puesto a cuya altura necesita estar y con un secreto que le oprime y que debe de evitar a toda costa que descubran. Y entonces en la primera presentación del libro, aparece una mujer que le pregunta si su padre ha leído el libro.

     El otro yo trata de la persona que proyectamos que somos y también de la que otros nos proyectan. Caunedo se adentra en la línea borrosa que separa ambas personalidades y en cómo una se va tragando a otra mientras luchamos por sobrevivir boqueando como peces y acabamos llenos de secretos. Y para ello, con una prosa que, una vez más, me ha arrastrado provocando que me fije en ella con placer,  ha creado a Mateo: el hombre sin escrúpulos capaz de engañar al mundo, a su padre enfermo, su esposa e incluso de engañarse a sí mismo. Porque cuanto más grande es la mentira, más nos engañamos a nosotros mismos creyendo que podemos salir ilesos de ella. Y coloca a este impostor con traje y corbata en un mundo lleno de representacines teatrales que dicen que son personas cuyas fachadas se resquebrajan amenazando con hundir la suya sin remedio. Entonces, lejos de juzgar a Mateo, deja que sea el lector quien lo haga según sus actos, le dota de la conciencia justa como para representar el temor a ser descubierto en lugar de la pena por el daño que puede estar causando, y le permite enredarse y revolcarse en un patético espectáculo de hombre, marido e hijo que ni busca ni quiere el perdón como para plantearse la redención.
Caunedo se expresa con frases medidas, a veces poéticas, que han dejado imágenes nítidas en mi retina de la decrepitud de la enfermedad y la fragilidad de la vida de un anciano que mira al horizonte con la mirada perdida incapaz de reaccionar siquiera a las sombras de su pasado. Momentos que combina la más terrorífica de las atmósferas: la de los monstruos como yo. Y es que si algo me asusta no es el monstruo de dos cabezas o el dragón de Maléfica, no. A mi quienes me dan miedo son los monstruos que disfrazados de personas cotidianas se pasean por las calles, entran al cine, enseñan a estudiantes y tal vez, en el peor de los casos, compartan mesa conmigo en algún momento de mi vida. Para ello utiliza escenas desprovistas de tensión convirtiéndolas en algo banal hasta que el lector se para un momento a valorar lo que le están contando y entonces comienza a preguntarse si Dios, ese que crea la historia y la transcribe palabra tras palabra, va a consentir que se salgan con la suya. 
     No os voy a contar por supuesto si al final de la novela Mateo lo logra, si le pillan o si de algún modo se redime. Solo os diré que el primer engaño, la novela, solo es el pistoletazo de salida de una historia marcada por la literatura tanto como por la enfermedad, la fidelidad, el asesinato y los ciclos de la vida. Pondría más pero es que disfruté tanto de la resolución que eligió el autor que me niego a dejar pista alguna que os prive el placer de descubrirlo. A fin de cuentas leer es disfrutar.

     El otro yo me ha parecido una novela muy entretenida y con un toque perturbador que se va colando poco a poco bajo la piel. Seguiré la pista de sus letras.

     Y vosotros, ¿sois de seguir la trayectoria de escritores que os gustan en vuestro primer contacto o tardáis más en buscar el nombre y no la obra?

     Gracias.

lunes, 5 de junio de 2023

El movimiento del cuerpo a través del espacio. Lionel Shriver

 


     Me gustan, desde siempre, los libros que no me dejan indiferente. Shriver tiene la capacidad de lograr en sus letras justo eso; provocar, divertir, molestar... llámalo X, pero llámalo. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El movimiento del cuerpo a través del espacio.

     Conocemos a Serenata Tersipchore (gracias por jugar así con los nombres, Shriver, y gracias Daniel Najmías por no haberlos traducido), una mujer cuya hermosa voz le permite ganarse la vida en el mundo de los audiolibros, y cuya obsesión por el deporte le ha llevado a ester las rodillas destrozadas a sus sesenta años. Ella que siempre creyó que correr era el camino a la salud y la longevidad ahora tendrá que pasar por quirófano para solucionar un problema fruto de esa afición convertida en su modo de vida. Bien, pues Serenata está casada con Remington Alabaster, un hombre tranquilo y sedentario que, ahora que se ha jubilado de su sedentario empleo, ha descubierto en el deporte su nueva pasión. Es más, correrá una maratón. Al menos hasta que la oportunamente nominada como Bambi le habla del triatlón. Y se inscribe para una gran competición. Y empieza el choque.

     La novela de Shriver no es una sorpresa en el sentido de que afrontar temas habituales y hacerlo de forma incisiva es su punto habitual. No falta en esta, por ejemplo, el vecino "normal" que mira lo que camina con más obsesión de la que está dispuesto a admitir y que es utilizado, como no podía ser de otra manera, para que la autora opine sobre sus temas habituales, que rondan toda su obra desde la periferia. En esta ocasión su protagonista se ve superado por una mujer afromericana, ve llegar la inclusividad a su trabajo con bastante sorpresa... ese tipo de cosas que van sucediendo y que, a muchas personas, les pueden provocar la misma reacción que a Remington. O no, puesto que son reacciones particularmente silenciosas. Algo que Serenata sabe, aunque lo parece necesitar confirmar, que puede ser el germen de la nueva pasión de su esposo, algo que no cambiará un ápice los sentimientos que le despierta esta nueva obsesión. Es más, incluso el lector sabe cómo se va a comportar ella. Lo que no sabe, o al menos yo no fui capaz de intuir, es que iba a ser la favorita de Shriver. Y es que de algún modo el hecho de que su marido se haya apropiado de su pasión se siente como una invasión de la personalidad de esta mujer que parece llevar toda una vida sintiéndose de ese modo. Y si este tema ya aumentó mi interés, la forma en que Shriver expone al matrimonio como una unión rutinaria de faltas consentidas, aceptadas y cubiertas levemente para seguir avanzando, me ha parecido una absoluta genialidad.

     Me gusta Shriver. Sus novelas siempre tienen algo diferente que aportarme. Aunque traten aparentemente de algo tan simple como empezar a salir a correr superada cierta edad. Algo que podríamos comprobar mirando por la ventana. Casi a cualquier hora. Me ha gustado El movimiento del cuerpo a través del espacio. Lo recomiendo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 24 de mayo de 2023

Corazón giratorio. Donal Ryan

 


     Hay novelas que vienen avaladas por la editorial que las publica. Una de estas editoriales es Sajalín que, desde que me descubrió a Bunker, ha ido conquistando mis estanterías libro a libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Corazón Giratorio.

     Corazón giratorio nos traslada a Irlanda en el momento en el que el boom ha pasado y el país está en plena recesión. Nos sitúa para ello en una ciudad en la que el empresario, constructor, local Burke ha huido dejando dejando a todo el mundo herido. El autor construye entonces un fragmento que gira en cada capítulo para poder dar voz a cada uno de los 21 personajes que forman parte de la historia construyendo de este modo una imagen formada por cada una de sus partes. Estos narradores accidentales tampoco es que llevaran vidas maravillosas, hay violencia y enfermedades, hay situaciones que van haciendo comprender como, a medida que gira, ese cartel de la cubierta va tomando significado como si se tratara del acceso a un lugar postapocalíptico.

     La parte estable es el capataz, un hombre joven que deja la marca de quien no es héroe porque tiene miedo y que un día fue el brillo de lo que hubiera podido llegar a ser. Pero tenemos a más, están el padre de Burke, los que piensan en marcharse para buscarse un futuro, quien tiene una deuda con el banco que le asfixia sin remedio. Hay padres, hijos, personas duras o terribles, hay miedo y odio en los monólogos que nos deja Ryan para marcar la desesperanza de un momento en el que la amabilidad es recogida con recelo, incluso odio, por quienes no ven esperanza. Y hay fantasmas, y de ahí la fotografía que ilustra la cubierta. Porque el pueblo es un pueblo fantasma como lo son las esperanzas de desarrollo del lugar y también las individuales de cada uno de los personajes que hablan. Todo se esfuma y deja un retrato duro de testimonios individuales marcados por el sombrío sufrimiento que les hace hablar con la honestidad de quien siente que ya le queda poco por perder. Quizás el subsidio sea su salida, quizás ni siquiera eso.

     Corazón giratorio es un libro de poso triste, complejo más en su construcción que en su lectura, ya que el autor nos permite no solo situarnos si no ir montando poco a poco el puzzle que forma un lugar sin futuro ni esperanzas que va haciendo mella en el lector y que incluye, porque todo hay que decirlo, algunas metáforas tan hermosas que duele lo que están representando. Lo he disfrutado mucho, ahora me queda saber si el autor tiene más títulos.

     Y vosotros, ¿hay editoriales que se han ganado vuestra confianza?

     Gracias.

       

lunes, 22 de mayo de 2023

Walkaway. Cory Doctorow

 


     "A Seth le horrorizaba dejar atrás el grupo de edad de los hermosos críos y entrar e el de falta de trabajo. Tenía instinto para encontrar lo más estrafalario, vanguardista y transgresor que sucediera entre aquellos niños que cada vez se veían más pequeños en el espejo retrovisor".

     Me gusta Doctorow. Leo veo un punto diferente a otros escritores actuales y por eso le voy siguiendo la pista novela a novela. Hoy traigo a mi estantería virtual su último título, Walkaway.

     El futuro es un desastre, y sí, sé que esto no os va a parecer una novedad literaria. Canadá es un desastre (sin bromas que os veo) al que se ha llegado encadenando crisis (ahora pensad en el cambio climático, la pandemia, guerras y refugiados,,, y decidme si os sigue apeteciendo hacer bromas).  Bien, pues en ese futuro conocemos a Hubert (y un montón de nombres más) y Seth. Ambos saben lo cerca que están de ser adultos y no les hace ninguna gracia y acuden a la fiesta de Natalie, descendiente de una familia mejor que bien situada. Llega la policía, hay jaleo y bueno, al final los tres deciden huir del sistema. No son los primeros en hacerlo, hay más gente que ha decidido abandonar el sistema, dejarlo todo y salir a las viejas ciudades acompañadas en mitad de la nada. Walkaway.

     Lo más fascinante de doctorow no es que coja la situación actual y nos cuente dónde cree que puede estar el mundo pasados diez o veinte o cincuenta años, eso ya se ha hecho antes. Lo realmente fascinante es la capacidad que tiene para, en esta distopía futurista, aportar ideas novedosas página tras página. Si nuestro apocalipsis es el mundo al que el capitalismo, la política y la sociedad nos empujan, ¿qué es lo que sucederá después? Sabemos por la ciencia ficción que si hay un apocalipsis zombie, nuclear, alienígena... el ser humano se reinventa, coge a 100 y los lleva al espacio, la luna o marte (qué bonita es la ficción que siempre nos da ideas), pero Doctorow apuesta por un apocalipsis suicida al que la sociedad se dirige lentamente y que no sabrá identificar cuando llegue porque lo tendrá normalizado. Entonces el postapocalipsis son los Walkaway: Hubert, Seth y Natalie. Y tantos otros.

     Frente a una sociedad del futuro en la que el autor se ha encargado de poner elementos que den la sensación de realidad, en la que los avances tecnológicos, las distracciones y incluso la orientación sexual se ven como una evolución natural del momento en el que estamos ahora, se encuentran los walkaway, los que abandonan el mundo presa de una suerte de idealismo que equilibra la filosofía con un sentido práctico de la vida y se reordenan bajo ideas de igualdad y repartición. Y, por supuesto, tienen problemas. Por mucho que el autor pretenda dibujarlos como el nuevo comienzo no les mantiene ajenos a problemas naturales de ordenación o moralidad. Y además de todo eso, Doctorow les concede un descubrimiento único. Y hasta aquí puedo contaros.

     Puede parecer que me he extendido más de lo normal en esta reseña a la hora de dejar detalles del argumento, pero creedme si os digo que algunas de las cosas que más me han gustado siguen firmemente ocultas para que las disfrutéis al llegar a ellas y es que Doctorow no deja nada en el tintero cuando se trata de inventarse una sociedad. Y esto significa que es diferente a lo habitual. Y eso me gusta demasiado.

     Walkaway es una distopía tecnológica futurista que he disfrutado mucho. Aunque sigo sin saber el nombre completo de su protagonista.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 15 de mayo de 2023

El Deshielo. A. D. Miller

 

      "Lo olí antes de verlo.

     Había un grupo de gente en la acera y la calzada, en su mayoría agentes de policía, uos hablando por móviles, otros fumando, unos mirando, varios mirando a otra parte. Desde la dirección por la que yo venía, la gente congregada me impedía ver lo que había detrás de ellos, y al principio pensé que, dada la abundancia de uniformes, debía de ser un accidente de tráfico o tal vez una redada de inmigrantes. Entonces noté el olor. Era un olor como el que notas en tu casa si te olvidas de sacar la basura cuando te vas de vacaciones, fuerte pero ácido, lo bastante intenso como para imponerse a los aromas veraniegos normales de cerveza y revolución. Era el olor que lo había delatado".

     El amor por la cubierta tuvo la culpa de esta lectura. Hoy traigo a mi estantería virtual, El deshielo.

     Conocemos a Nick, un abogado que trabaja para bancos que quieren invertir en empresas rusas; acuerdos, garantías y petróleo es el ambiente de un hombre gris que va cumpliendo años con el temor a seguir siendo un  hombre gris y acabar en un matrimonio del mismo color que sentencie su vida. Entonces Masha y Tatiana entran en su vida, dos jóvenes muy diferentes y Nick se enamora de la primera, una mujer peculiar aunque él no parece darse cuenta. Y entonces llega el deshielo y aparece un cuerpo. O quizás fue antes y el cuerpo aparece, como corresponde, en la primera página.

      Una de las grandes dificultades de los traductores son los juegos de palabras. En este caso la primera vino en la frente ya que en su idioma original la novela juega con Snowdrops que parece el nombre de una flor (campanilla de invierno) pero que se trata de una palabra utilizada en slag ruso para hablar justamente de lo que se representa, los cuerpos que aparecen con el deshielo. Habida cuenta de que se trata de una palabra que no existe tengo que decir que me gusta la opción elegida.

     El primer, que no el único, acierto de la novela, es el narrador. A ratos ciego,, el personaje representa a un extranjero que llega a Moscú a trabajar y se enfrenta a un mundo corrupto que le va haciendo mella entre violencias y temores. Se ve ya en las primeras páginas que no estamos ante un personaje que no sabe lo que ve a su alrededor, pero más que de eso, la novela trata de su evolución en el entorno que ha elegido para vivir. Él un supuesto cínico que mira hacia otro lado cuando cree que es necesario y que acaba cayendo presa del romanticismo como si en Rusia no pudiera suceder otra cosa que una historia de amor. Y de muerte, posible o segura, que puede llegar de mano de un vecino o de un cliente que es conocido por el temor que despierta. Porque todos estos, y algunos más, son los ingredientes que Miller ha metido en una novela que brilla en sus descripciones ya sean literales o de los ambientes más bajos de una ciudad aparentemente cosmopolita. No negaré que a veces he tenido la sensación de que Miller exageraba y que el punto central de la historia, que el lector puede pensar en un principio que es la respuesta obtenida por la joven a la que el protagonista pide matrimonio pero que a la postre es el resultado en Nick de su peripecia, se anticipa fácilmente, pero no resta esto valor a una novela que he disfrutado bastante pese a que, siendo objetiva, no saca el partido que hubiera podido a una ambientación llena de posibilidades. 

     El deshielo me ha parecido una novela entretenida que he disfrutado bastante, algo que, dadas mis últimas experiencias lectoras, la colocan en un buen lugar.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 10 de mayo de 2023

La malnacida. Beatrice Salvioni


      "Es difícil quitarse de encima el cuerpo de un muerto. 
      Lo descubrí a los doce años, con la nariz y la boca ensangrentadas y las bragas enredadas en un tobillo. 
      Los guijarros del margen del Lambro se me clavaban en la nuca y en el trasero desnudo, duros como uñas, la espalda hundida en el barro. El cuerpo de él, anguloso y todavía caliente, me pesaba. Tenía los ojos brillantes y vacíos, la barbilla manchada de saliva blanca y la boca abierta, que despedía mal olor. Antes de desplomarse me había mirado, con la cara contraída por el miedo, una mano metida en los calzoncillos y las pupilas dilatadas y negras que parecían disolverse hasta derramarse sobre sus mejillas".

     A veces es la cubierta la que me llama. Luego descubro que es una primera novela y que ha sido publicada en distintos países a la vez y eso hace que me llame la atención aún más. Hoy traigo a mi estantería virtual, La malnacida.

     Conocemos a Francesca, una chica de una familia bien situada que vive en el valle del Po. En su pueblo hay otra niña de su misma edad que va desaliñada, sucia e incluso descalza. Francesca la mira desde lejos soñando con ser su amiga. Sabe que a esa otra niña le dicen la Malnacida, pero eso no interfiere en su sueño. Y entonces sucede, porque aunque más tarde ambas se vean obligadas a esconder un cuerpo, en realidad todo comenzó robando cerezas, así es como conoce a Magdalena. Hay cosas que suceden sin más, supongo: como la guerra de Abisinia.

     Estas dos niñas, apenas adolescentes, no son las únicas protagonistas. Están también Matteo y Federico, por ejemplo. Y es que la Malnacida es bruja o imán dependiendo siempre de los ojos que la miran que, en el caso del lector, van a ser los de Francesca y por lo tanto está condenado previamente a caer rendido a los pies de esta chica. Por supuesto estamos ante una de esas llamadas novelas de crecimiento y la autora ha sabido plasmar perfectamente esa edad tan complicada que tienen las niñas. Veréis que cambio entre niñas, chicas y jóvenes y es porque se percibe ese punto de incertidumbre en el crecimiento casi como si fuera propio, algo realmente complicado cuando se trata de dar voz a personajes tan jóvenes. La autora desarrolla una historia en la que hay puntos que pudieran ser relevantes pero pasan sin hacer demasiado ruido, como es la situación económica de Francesca, cuya familia tiene una situación económica que depende directamente de un pequeño lío de faldas enfocado desde el lado menos habitual en estos casos; y es que lo que realmente le interesa es la improbable pero sólida relación entre las dos jóvenes. Otras en cambio, como la situación de la familia de la Malnacida, se convierten en el eje del que saca fuerzas Magdalena que, en un lugar tan pequeño como Monza (quiero ir), han afilado lenguas y dedos acusadores. Y si la Malnacida saca fuerzas de su propia historia, Francesca lo hace de ella y el lector de ambas mientras las ve encaminarse un tanto avergonzadas a los cambios que se producen al entrar en la vida adulta. Una vida marcada por la época que les ha tocado vivir, Italia 1936, con el fascismo delante con todo lo que ello implica.

     La malnacida es una novela sobre una amistad que nace en contra de las reglas sociales y que se torna férrea. La historia del crecimiento en un entorno en el que el miedo y la represión están presentes. Una novela de abusos, supersticiones y coraje para seguir adelante tanto como para alzar la voz ante las injusticias. Me ha gustado. Repetiré con la autora.

     Y a vosotros, ¿os importa la edad de los protagonistas?

     Gracias.

     PD: Diréis que os he hablado poco, nada, del muerto. El de las primeras líneas, el de la primera página. Esto no es una novela negra, no hay que captar al lector para que quiera saber quién es el criminal, de hecho con apenas un puñado de líneas ya sabéis seguramente lo que ha sucedido. Aún así, hay que descubrirlo: lo importante es el camino.