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sábado, 17 de septiembre de 2011

El fantasma de la ópera. Gastón Leroux



     "Señor:
     No puedo sino incitarlo a publicar los resultados de su investigación. Me acuerdo perfectamente de que algunas semanas antes de la desaparición de la gran cantante Christine Daaé, y del drama que enlutó a todo el barrio de Saint-Germain, se hablaba mucho, en el foyer de la danza, del fantasma; y creo firmemente que no se dejó de hablar de él hasta después de cerrar ese caso que ocupó todos los espíritus.
     Pero si es posible, como pienso después de haberle oído a usted, explicar el drama mediante el fantasma, le ruego, señor, que volvamos a hablar del fantasma. Por misterioso que éste pueda parecer al  principio, siempre será más explicable que esa historia oscura con la que gentes mal intencionadas quisieron ver destrozarse hasta la muerte a dos hermanos que se adoraron toda la vida...
     Con mis mayores respetos, etcétera..."


     Hoy traigo un libro tan conocido como desconocido. Todos conocemos el fantasma de la ópera y hemos visto algún hombre con capa y media cara cubierta por una máscara blanca. Hemos incluso oído alguna de las piezas musicales y todos tenemos la imagen de ese hombre sentado en un gran órgano. Sin embargo, pocos han leído el libro. Yo me empeñé en hacerlo hace unos años, temblando ante la posibilidad de encontrarme una especie de libreto de ópera. No tenía demasiado claro lo que tenía entre manos. Así es como se descubren las cosas que merecen la pena, me día mientras el libro cogía polvo en la mesilla. Al final, como soy presa de mi palabra y no dejo libro sin leer, lo abrí. Y descubrí que no era para nada lo que temía y sí mucho más de lo que esperaba. Pierde el libro el artificio inevitable de la puesta en escena para generar una atmósfera de misterio que nos envuelve mientras hora nos apena el Fantasma, hora nos apena Christine, hora nos parece una muchacha simple.. Cada vez que lo cerramos es como si se desvanecieran de delante nuestro llevándose el olor a polvo y moho que los hace tan sumamente reales. Aunque ... tal vez, y sólo tal vez, sea porque sabemos que el libro se apoya en una leyenda. A ver, os cuento..

     Hace apenas más de cien años, La Ópera de París era un lujoso edificio en el que competían magistrales obras con suntuosos espectadores. Sin embargo, para muchos de sus trabajadores era algo más. Algunos incluso afirmaban haber visto un hombre con una máscara, un fantasma! que, sediento de sangre, sacrificaba víctimas simulando accidentes. Poca gente recuerda al ingeniero responsable de la construcción del edificio, que había vivido marcado por la pobreza y la deformidad, que llegó a visitar tierras lejanas aprendiendo difíciles artes y acabó refugiado en túneles mandados excavar por él mismo y que convertiría en su hogar. Desde allí se enamoró de una joven y, sin escrúpulo alguno, la llevó al difícil puesto de Prima Donna. Ella, convencida que está siendo ayudada por un ángel que la compone las mejores óperas, va obteniendo todo en la vida, incluso el amor de un Vizconde, pero Erik, así se llama nuestro fantasma, no está dispuesto a que ella sea la primera cosa que se le va a escapar así que la cita, la encierra, la seduce con su música, pero la mentira dura poco y ella tiene que hacer algo para escapar del "fantasma".

     En realidad, nada de esto es real y ahí reside la magia del libro, nos suena a leyenda, a cuento tras los telones hilado con sucesos relacionados. A "posible" o tangible o como cada cual lo quiera llamar. Es un libro en el cual cada detalle está cuidado al máximo, cada gesto, cada nota musical que parece resonarnos al pasar la página, cada palabra y cada momento de miedo, amor o angustia. Y esto es así hasta el punto de lograr que nos olvidemos de la ópera, de Andrew LLoyd Webber y de la cantidad de representaciones que nos han pasado por delante ya sea de largo o para fijarse en nuestra memoria.

     Gracias