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miércoles, 14 de septiembre de 2011
El lobo estepario. Herman Hesse
“Cuando he estado una temporada sin placer y sin dolor y he respirado la tibia e insípida soportabilidad de los llamados días buenos, entonces se llena mi alma infantil de un sentimiento tan doloroso y de miseria, que al adormecido dios de la semisatisfacción le tiraría a la cara satisfecha la mohosa lira de la gratitud, y más me gusta sentir dentro de mí arder un dolor verdadero y endemoniado que esta confortable temperatura de estufa. Entonces se inflama en mi interior un fiero afán de sensaciones, de impresiones fuertes, una rabia de esta vida degradada, superficial, esterilizada y sujeta a normas, un deseo frenético de hacer polvo alguna cosa, por ejemplo, unos grandes almacenes o una catedral, o a mí mismo, de cometer temerarias idioteces, de arrancar la mascara a un par de ídolos generalmente respetados, comprar un boleto al olvido o al no me importa, de seducir a una jovencita o retorcer el pescuezo a varios representantes del orden social burgués. Porque esto es lo que yo más odiaba, detestaba y maldecía principalmente en mi fuero interno: esta autosatisfacción, esta salud y comodidad, este cuidado optimismo del burgués, esta bien alimentada y próspera disciplina de todo lo mediocre, normal y corriente.”
Otra vez me he levantado con ganas de meterme en líos y, qué mejor manera que intentar explicar El lobo estepario. Un libro imprescindible en cualquier biblioteca que es tan difícil de frenar en su lectura como de explicar su contenido.
Nos presenta Hesse a Harry Haller, un hombre de mediana edad dividido entre el papel social que le toca hacer y el lobo estepario interior al que el gustaría dejar de sonreir y confraternizar para marcharse a su casa en la mejor de las compañías. La suya propia. El libro nos cuenta sus aventuras, sus relaciones con un par de mujeres y un músico que le marcará la existencia de una forma poco convencional.
Es un libro recomendable para cualquiera pero que tiene una especial aceptación entre los adolescentes, aunque se aleja totalmente del concepto de literatura joven. Todos, en algún momento, nos sentimo identificados con determinados comportamientos del protagonista, no sólo los adolescentes sino cualquiera que, en lgún momento ha parado en la calle para hablar con alguien cuyo bienestar le importaba bastante poco.
Al parecer, Hesse poco antes de empezar esta novela cayó en una casi depresión que hizo que no quisiera relacionarse con nadie, así que bien puedo interprear, y es mi opinión, que este libro lo escribió a modo de terapia vomitando todo lo que había mantenido en su interior respecto a la sociedad que lo rodeaba. Es, hasta cierto punto, un estudio en que nos muestra las posibilidades de ser uno mismo y las consecuencias que eso puede tener para cada cual. Si, después de este tiempo os fiáis de mi opinión, os recomiendo entrar en el Teatro mágico y abrocháos el cinturón para no descarrilar en la última parte del libro.
Gracias
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