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martes, 27 de marzo de 2012

El proceso. Franz Kafka





     Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta a él y solicita que le deje entrar, pero el guardián contesta que por ahora no puede. El campesino se asoma a la puerta de la ley, que está como siempre abierta. El guardián, al verlo, se ríe y le dice que puede probar a entrar si quiere, pero que recuerde que él, con ser poderoso, es sólo el ultimo de los guardianes; entre salón y salón hay más. Ya el tercero es tan terrible que ni el mismo guardián puede soportar su aspecto. El campesino no había previsto estos problemas, él creía que la ley debía estar siempre abierta para todos.

     Hoy vengo con otro clásico, aunque a mi me gusta más El castillo, este tampoco podía faltar. Así que años depués de su descubrimiento, quito el polvo a El proceso para posarlo en esta nuestra estantería virtual.

     Os presento a Josef K., lo han arrestado aunque no sabe el motivo. De todos modos él sabe que tiene que defenderse, aunque no de qué ni cómo, así que lo intentará una y otra vez apelando a las instancias necesarias en su búsqueda de justicia.

     Esta vez el fragmento que he colocado no es el comienzo del libro, de hecho está en su noveno capítulo. Sin embargo este fragmento ahora integrado en El proceso, en un momento determinado fue un relato independiente llamado Ante la ley del cual viene el libro que hoy me traje. En este relato un campesino suplica un acceso, encara la situación en la que se le coloca y suplica asumiendo que tiene derecho a unas condiciones determinadas, derecho a la puerta de la ley. Y sin embargo la ley está custodiada por guardianes a cada cual más temible, mientras el campesino espera.

     Tenemos que agradecer este libro a Max Brod, un amigo del autor a quien éste encomendó quemar todos sus manuscritos a su muerte, para que nadie pudiera comerciar con ellos, y que, evidentemente no lo hizo. Bien, lamento el pésimo ojo que tuvo Kafka para elegir a sus amigos, pero agradezco a Brod que nos trajera esta obra. Una obra que da para mucho pensar.
     Ya desde las primeras páginas sentimos la misma perplejidad que su protagonista, con quien vamos conectado poco a poco pese a los pocos momentos en que conocemos sus sentimientos. Lo vemos como un hombre desconcertado que se va resignando a la situación que le ha tocado vivir y que lucha por enmendarla. tiene que buscar la forma de probar su inocencia y salir, aunque no sepa lo que hizo..o no hizo. Precisamente esa resignación, ese casi servilismo para sus protestas es el que hace que, no sólo empaticemos, sino que la novela se vaya densificando mientras el joven tortura su mente intentando encontrar una explicación racional a su situación. Tiene mucho de crítica a la burocracia contra la que nos chocamos una y otra vez, un proceso que muchas veces nos mina la dignidad a que tenemos derecho. En este caso concreto es la Ley quien comienza y finaliza la historia, una ley capaz de arruinar una vida sin que Kafka se arrugue el cuello de la camisa.
     Consigue que nos sintamos bien con la compañía del desgraciado protagonista, estableciendo lazos de comunicación basados en las esperas y luchas que la burocracia nos ha causado, y en el conocimiento que tenemos sobre las muchas que nos quedan por pasar. Somos capaces de ver a su protagonista y sufrir parcialmente su situación, agobiados y rendidos hasta la súplica para evitar una sanción impuesta por algo cuya culpabilidad es imposible que sintamos. Es precisamente el desconocimiento de su delito el que provoca todo esto, tenemos su misma ignorancia y lo vemos luchar una y otra vez contra toda la burocracia que se le va viniendo encima. Acabamos por sentir que el verdadero castigo al que lo condenan es el proceso en sí y cerramos el libro preguntándonos si ha sido "como la vida misma". Ahí está nuestra angustia y no la de Josef, en el conocimiento de que nuestra sociedad... tal vez pueda perdernos hasta asfixiarnos. Como siempre con este autor, exploramos lo mejor y alumbramos lo peor.

     Uno de los grandes Kafka, ¿ya lo conocéis?

     Gracias