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lunes, 5 de noviembre de 2012

La máquina del tiempo. H. G. Wells




     "Tal vez aprender a manejar la máquina del atrevimiento, para viajar instantáneamente a los límites de la vida inmediata, para fundar de vez en cuando un breve paraíso sin porvenir ni pasado, sin el doble chantaje de la nostalgia y del miedo".

     Este fin de semana he ido al cine a ver Looper. Lo cierto es que lo que más me atraía de la película era el tema de los viajes en el tiempo y las paradojas temporales que pueden surgir, así que es la parte que más me gustó/decepcionó, según como se mire. A la salida, entre brumas y lluvias débiles, iba pensando en la procedencia del placer que me produce el tema. Creo que se remonta a hace... a cuando la vida era en blanco y negro, sí. Por eso hoy traigo ese origen a mi estantería virtual, releído ya con ojos adultos. Hoy traigo, La máquina del tiempo.

     En esta historia el protagonista viaja en el tiempo a bordo de una máquina para trasladarse a un futuro en el que coexisten dos razas, los Eloi y los Morlok en una convivencia un tanto siniestra. La superficie y las profundidades.

     Hay épocas que son propicias para estos temas, y la época de Wells estaba claro que era una de ellas. Con Darwin y la física puesta en entredicho por nuevos avances, la gente empezó a plantear cosas en foros abiertos o no tan abiertos. Se comenzó a hablar de dimensiones y empezaron a aparecer teorías mas o menos acertadas. Wells se fijaría en la teoría de la cuarta dimensión para comenzar una historia que apareció antes de la teoría de la relatividad de Einstein. No me voy a enrollar hablando de tiempo y dimensiones y épocas, era sólo un apunte que me llamó poderosamente la atención. En España tendríamos su versión casi una década antes con El Anacronópete, una máquina capaz de viajar hacia atrás en el tiempo. Lo dicho, toda una época para la ciencia ficción.

     Esta obra ha sido mil veces expuesta y estudiada y parece ser teoría común que hay una crítica social en la que el autor lleva a su máximo extremo a la clase obrera, los Morlok, y a la clase más improductiva, los Eloi. Lo hace hasta el punto de presentar un mundo dominado por los Morlok  en el que los Eloi son una raza inútil que sirven de poco más que alimento. Más allá de estas apreciaciones nos encontramos con una historia sencilla que se lee rápidamente y que nos hace sonreir por la lejanía en que fue escrita. Lo vemos exponer su avance a la incredulidad del presente y realizar el viaje a un futuro extremo, no se conforma como harían otros, con decir 2.001 sino que nos traslada a más allá del año 800.00 una cifra que incluso hoy se nos escapa de las manos. Una vez llegado a su destino nos encontramos a la raza Eloi, con la que tiene más trato gracias a la relación que establece con una joven. Están en una suerte de Edén poblado por seres que viven cubiertos con mantas y comiendo frutos hasta que el reverso aparece en forma de Morloks, esos seres que les proporcionan las mantas y se alimentan de ellos. Claramente más hostiles incluso se apropian de la máquina de nuestro viajero, otorgando un toque de acción a la obra.

     Es una novela que me ha gustado recuperar pasado el tiempo ya que me ha permitido apreciar mejor las críticas que implica y también disfrutar de los pequeños detalles, como el tener que echar unas gotas de aceite a la máquina antes de salir. Una obra que se hace imprescindible para los amantes de la ciencia ficción y que no decepciona con un final... en el que nos preguntamos hacia donde nos está contando el autor que nos dirigimos.

     La pregunta de hoy me la formulaba hace un momento el Señor Leo, mientras le iba contando sobre el libro y sus curiosidades. Os la traslado; si pudierais hacer un único viaje en el tiempo ¿sería hacia el presente o hacia el futuro? En mi caso creo que tendría que luchar contra la tentación de convertirme en aquel malvado avispado de "Regreso al futuro" que quería conseguir un almanaque para ganar dinero en las apuestas deportivas. O tal vez haría como nos cuenta Stephen King e intentaría evitar... bueno, siempre hay algo del pasado que nos gustaría evitar, ¿no?

     Gracias

jueves, 22 de septiembre de 2011

El hombre invisible. H. G. Wells



     "Entretanto, gozo de la vida, merced a la amabilidad de la Monopolated Light and Power. Como sea que nadie puede verme, ni siquiera teniéndome a corta distancia, y como sea que dificilmente habrá alguien que crea en mi existencia, carece de importancia que todos sepáis que hice un empalme en una línea de conducción eléctrica del edificio, y lo llevé hasta mi hoyo en el sótano. Antes, vivía en aquella oscuridad en la que tuve que buscar refugio, pero ahora tengo luz y veo. He iluminado las tinieblas de mi invisibilidad, y la invisibilidad de mis tinieblas. Y de este modo interpreto la invisible melodía del aislamiento. Esta última afirmación no parece muy ajustada, ¿verdad? Sin embargo lo es; uno oye esta música debido, sencillamente, a que la música se oye, y no se ve, salvo en el caso de los músicos. Pero, ¿acaso esta necesidad de traducir la invisibilidad en letras negras sobre papel blanco no representa un ansia de componer una música de la invisibilidad? Soy un charlatán, un lioso. ¿De veras, creen que lo soy? Lo era, y quizá vuelva a serlo, no es posible predecirlo. No toda enfermedad significa la muerte, ni tampoco toda invisibilidad. "



     No se si esto os sucede también a vosotros pero, cuando nos juntamos unos cuantos amigos de charla nunca sabemos el lugar al que nos van a llevar las conversaciones triviales que comenzamos. La semana pasada, en algún momento indeterminado, acabamos hablando de los investigadores y su conciencia sobre los descubrimientos que realizan y sus aplicaciones prácticas. Y entonces recordé este libro, El hombre invisible!
     Han tenido que pasar días hasta que me he sentado a traerle y ahora recuerdo también cuando lo leí por primera vez, siendo adolescente, esperando que fuera similar a los libros de Julio Verne que nos traían algún avance científico asombroso y nos dejaban un regusto a final feliz al cerrar sus páginas. Me atraían esas imágenes de hombre con gabardina y vendas y gafas de sol de las películas en blanco y negro que había visto pasar por delante sin llegar a ver. Qué equivocada estaba con el tono del libro, no podía haber elegido un libro más antagónico a los leídos hasta ese momento.

     Wells nos presenta a Griffin, un médico más que brillante cuyo fin, como el de tantos otros, es hacer un descubrimiento que lo catapulte a la fama y la riqueza. Investiga en la posibilidad de hacer personas y cosas invisibles con el dinero robado a su padre. Cuando logra su objetivo lo prueba consigo mismo y es un éxito, salvo por una cosa, no es capaz de retornar a su estado normal. Una vez descubre eso, salen a relucir las famosas vendas y gabardinas y somos testigos del deterioro mental que lo hace querer apoderarse de Inglaterra.

     Como decía al principio nada tiene que ver este libro con los de Julio Verne, aquí Wells nos muestra un científico con muchos menos escrúpulos, movido sólo por su propio interés y ambición. Claro que, si uno lo piensa.. ¿quién dijo que los científicos hubieran de ser personas altruistas? en realidad es bastante lógico pensar que es fácil que el dinero o, como en este caso, la sensación de poder les hagan tomar caminos mucho más tortuosos y el autor no tiene ningún problema en llevarnos a través de ellos. La historia es magnífica, incluso hoy sigue resultándonos tremendamente actual, y no sólo porque la invisibilidad siga siendo un sueño sino porque la cara de la ambición es cada vez más común en la sociedad. Nos lleva así Wells a conocer a este hombre que, viéndose asilado en su invisibilidad, incapacitado para comunicarse, decide usar su magnífico descubrimiento en beneficio propio para satisfacer todos sus caprichos. En ningún momento busca justificarlo o hacerlo víctima de sociedad alguna. Ni siquiera quiere que lo comprendamos o intenta que sintamos empatía alguna, nos sentimos incómodos al principio para ir pasando por el disgusto y la indignación ante el progreso de nuestro protagonista. No hay en este caso regusto amable al terminar el libro sino todo lo contrario, hay rechazo al débil, miseria, ternura, incluso amor en este título, pero amabilidad... os aseguro que no.

     Es una obra magnífica que refleja un modelo de sociedad que aún pervive, una obra imprescindible tanto para los amantes de la ciencia ficción como para aquellos que recelan de esta categoría.

     Gracias

     Os dejo el trailer con las imágenes que yo había visto cuando tuve el libro en mis manos por primera vez