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lunes, 4 de abril de 2022

Al paraíso. Hanya Yanagihara

 


     "Debería haber ido más deprisa que si fuera el dueño de su tiempo, pero se descubrió haciendo adrede todo lo contrario: caminando con paso tranquilo, reparando en cómo resonaba en el aire frío el decidido repiqueteo de los tacones de sus botas sobre los adoquines".

     Tras leer "Tan poca vida" estaba claro que repetiría con la autora. Lo que no esperaba es el volumen literal que iba a repetir. Hoy traigo a mi estantería virtual, Al paraíso.

     En el paraíso de Yanagihara asistimos a una historia que sucede en Estados Unidos, solo que no es exactamente el que conocemos. Allí un hombre se rebela contra un matrimonio concertado y elige el amor. También es una historia en la que se cuenta una leyenda sobre un hombre que se comió la luna. En el futuro del paraíso de Yanagihara suceden cosas terribles, pandemias que cambian la sociedad.

     Esto significa que la novela está dividida en tres partes diferenciadas, cada una con su historia y su tiempo y con una extensión que da a la última el mayor protagonismo. En Washington Square David Bingham vive en 1890 junto a su abuelo. Enamorado de Edward, tiene como pretendiente formal a Charles Griffiths y tendrá, por supuesto que elegir. La homosexualidad y la pérdida de la estigmatización sexual son temas vitales. Pero más aún es que os hayáis quedado con los nombres. Y digo esto porque llegamos a 1980 en la segunda parte y en Hawái habita David Bingham, cuyo jefe es Charles Griffits y la sospecha de que conocemos la enfermedad a la que se refiere por experiencia propia de nuestra sociedad en la misma época, planea permanentemente. Este David es protagonista ya que gracias a su existencia se desglosa la de Hawái de forma política, algo que no pienso avanzaros. 

     Bien, ya conocemos los nombres y a estas alturas ya tenemos claro que nos los vamos a encontrar, y si no lo teníamos, la historia de Hawái nos ha dado una intrapista. Charlie está ahora en 2090 y es un superviviente en un momento de pandemias. Este Charlie enfermó siendo niño pero lo curaron y... bueno, tampoco quiero avanzar más. Solo decir que vive en el mismo lugar que nuestro primer Charlie. Sin embargo la verdadera potencia de esta parte se desarrolla un tanto antes mediante el uso de la distopía. La autora trata de forma impecable los cambios a los que se somete el mundo cuando se ve arrasado por pandemias. Y lo convierte en un futuro aterrador.

     Yanagihara nos ofrece una novela de nombres repetidos quizás respondiendo a la hipótesis de "si volviera a nacer volvería a buscarte" de las historias románticas o tal vez dando al concepto de saga familiar una vuelta de tuerca, pero el caso es que el lector logra integrar las identidades con una pasmosa facilidad que provoca que la extrañeza inicial no empañe la narración. En todo caso parece como si estos nombres fueran destinados a enfrentarse a cuestiones vitales, ha tratar con ambición, raza, amor y sexualidad o enfermedad por el simple hecho de existir. Cuestiones vitales y comunes a las que se enfrentan mostrando al lector en muchas ocasiones, y esta es la verdadera genialidad de la novela, un perfil diferente de los motivos que subyacen a las decisiones que se toman y que nos afectan. Sería fácil hablar del coronavirus y buscar relaciones o establecer un perfil "del miedo" a lo vivido y los motivos que la autora representa , pero ese trabajo es íntimo de cada uno y, si uno está feliz enfrentándose a mil páginas, deja claro que no le gustan los atajos. Precisamente por eso uno no se queda en los nombres y busca guiños de parte a parte, ecos de un recuerdo que nadie nos ha prometido que vaya a existir pero que no somos capaces de no buscar. Porque la novela atrapa y exige, pide entrega y tiempo y promete y cumple un entretenimiento que, si bien no es tan visceral como "Tan poca vida" es al menos igual de satisfactorio.

     Al paraíso es una novela de historias alternativas que empujan al lector a cuestionarse los motivos de la sociedad en la que vivimos. El conjunto funciona y las partes por separado también.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 2 de julio de 2018

La gente en los árboles. Hanya Yanagihara


     "El doctor Abraham Norton Perina, reconocido inmunólogo y director emérito del Centro de Inmunología y Virología del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, fue detenido ayer por un presunto delito de abusos sexuales. 
      Al doctor Perina, de setenta y un años, se lo acusa de tres delitos de violación, tres de corrupción de menores, dos de agresión sexual y dos de abusos sexuales por prevalimiento. La primera de las acusaciones la realizó uno de los hijos adoptivos del doctor Perina.  
     «Dichas acusaciones son falsas —declaró el abogado de Perina, Douglas Hindley, en un comunicado emitido ayer—. El doctor Perina es un miembro muy destacado y respetado de la comunidad científica, y es su deseo que esta situación se resuelva lo antes posible para poder reanudar sus obligaciones y su vida familiar.»".

     Soy uno de los lectores encandilados por aquella terrible historia narrada en Tan poca vida, lo reconozco: me angustió, me encantó. Por eso tenía ganas de leer la primera novela de su autora. Hoy traigo a mi estantería virtual, La gente en los árboles.

     Conocemos a Abraham Norton Perina cuando ya está en la cárcel por abuso y violación. Antes de eso había ganado un Premio Nobel. Y antes de eso, en el año 1950 Perina se unió a una expedición a una isla de la micronesia. Allí descubriría la longevidad extrema de los nativos y, fruto de sus investigaciones vendría el Nobel. Hoy escribe su historia desde la cárcel y se la va enviando a Ronald Kubodera, quien fuera su asistente y cree incondicionalmente en la inocencia de Perina. Kubodera será quien transcriba la historia de Perina para el lector, completándola con anotaciones propias.

     En 1976 el Dr. Gajdusek ganó el Premio Nobel por identificar una enfermedad mortal en una tribu de Papua Nueva Guinea. Años después volvería a las páginas de los periódicos debido a su encarcelamiento por abusar sexualmente de niños nativos que había adoptado. Sobre esta base construye Yanagihara su novela La gente en los árboles, una historia de ficción pese a este apunte que acabo de hacer.

     Lo primero que descubrimos en la novela, es la adoración que Kubodera siente por el que será nuestro protagonista, Perina. No duda en ningún momento de su inocencia, y tampoco duda en cargar contra quienes le declaran culpable, ya sea la sociedad, la prensa o el jurado de personas intelectualmente inferiores al acusado, lo que cataloga de humillante. Sin embargo no tarda en ser Perina quien tome la palabra al relatarnos sus memorias, quedando Kubodera como simple anotador en su papel de mejorar la imagen que el propio Perina va dando de sí mismo hasta terminar por revelarnos de este modo todos sus pensamientos sobre él.

      Yangihara construye de este modo una novela compleja pero de lectura fácil en la que se mezclan acusaciones explícitas que son casi dejadas de lado hasta la última parte, con otras que vamos descubriendo a medida que Perina avanza en su relato.
Perina se descubre como un hombre cruel ya desde joven, ni siquiera la noticia de la muerte de su madre parece conseguir que llore. Juez duro e inflexible del mundo en el que vive muestra una atracción por la medicina ya en su infancia. Y el lector, a su vez, nota un rechazo a su personalidad. A medida que el relato avanza, llegamos a la prometida expedición en la que comenzará su carrera al Nobel. Pero hay mucho más en la novela de Yanagihara. Y es que, esa isla maravillosamente inventada y llena de detalles es el verdadero centro de la novela. Por un lado está el descubrimiento de los "soñadores", personas exremadamente longevas que pese a ir sufriendo un deterior cognitivo tremendo, se acercan a ese concepto de inmortalidad perseguido por el hombre desde el principio de los tiempos. Eso hace que Perina vea en ellos su mayor logro, su mejor meta, y decida investigar. Descubre que la longevidad se asocia al consumo de la carne de una tortuga y no duda en cazarla ni tampoco en utilizar a unos nativos en sus investigaciones. Sigue siendo el mismo niño implacable que conocimos en las primeras páginas de su relato. Pero no será lo único que descubramos sobre Perina, también está su atracción hacia uno de los miembros de la expedición (que curiosamente escribe un libro con un título que nos resultará familiar) y el rechazo por el otro. Perina comienza a retratarse como lo que realmente es y una vez más el lector es incapaz de despegar la vista de las páginas de Yanagihara.
   
     Y, sin embargo, más allá de esta historia principal, la novela es una crítica brutal a lo que hace la civilización cuando desembarca en una de estas islas que parecen vestigios de un paraíso ya pisoteado por el hombre.Los experimentos, la búsqueda de las tortugas, las industrias farmacéuticas que quieren llegar y ser las primeras en comercializar el hallazgo, la ciencia, el conocimiento... ninguno de ellos parecen pararse a pensar en el impacto que suponen en esta isla. A nadie parece importarles las vidas que están cambiando de la noche a la mañana de esas personas a las que nadie ha pedido opinión. Solo un momento en el que uno de los nativos dice apenas unas palabras en inglés observamos una reacción en Perina que yo interpreté como humana, casi de miedo. Pero bien pudo ser de orgullo, qué sabré yo. Así pues, esta novela sobre abusos trata de muchos tipos de abusos que se producen en la sociedad actual, y hace una crítica durísima a los mismos. La moralidad puesta sobre la mesa de algunos actos que se justifican o se tratan de justificar en el mundo que vivimos deja la decisión sobre este juicio no realizado en manos del lector en una novela que no busca razonar el bien o el mal, solo mostrar los hechos de una forma frontal. Y posiblemente ese sea uno de los grandes puntos fuertes de la novela.

     La gente en los árboles es un libro magnífico. Una historia contada a dos voces que en realidad es una sola con un par de protagonistas escalofriantes a ratos, diferentes e inolvidables al menos por una larga temporada. De hecho, uno cierra el libro pensando en Perina y casi puede notar su frío aliento a la hora de escribir sus memorias. Leedlo, es de esas historias a las que uno sobrevive con alguna marca; no es posible sentir indiferencia ante las letras de Yanagihara.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Tan poca vida. Hanya Yanagihara


     "Se detuvo un par de veces para echar un vistazo a la sala de estar, donde Jude seguía en la misma postura, con los ojos cerrados, el puño apretado y la cabeza ladeada para que no pudiera verle la expresión."

     Hace unos meses yo tenía una reseña escrita que comenzaba con esta frase:

     "The only trick of friendship, I think, is to find people who are better tan you are - not smarter, not cooler, but kinder, and more generous, and more forgiving- and then to apreciate them for what they can teach you, to try to listen lo them when they tell you something about yourself, no matter how bad -or good- it might be, and to trust them, wich is the hardest thing of all. But the best as well"

El libro era A little life,  una novela enorme y desgarradora que había marcado un pequeño punto de inflexión en mi ruta lectora ya que paralizó otros títulos hasta finalizarlo. Pero no saqué la publicación. Y no lo hice porque descubrí que Lumen iba a editarlo, y quise leer la traducción al castellano y esperar a hablar de un libro que no hubiera que pedir y solicitar, sino que estuviera al alcance de cualquiera en una librería. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tan poca vida.

     Ambientado en un impreciso presente, conocemos a cuatro amigos de la universidad que se trasladan a la gran ciudad, Nueva York, para conseguir sus sueños. Serán, JB, Malcolm, Willem y Jude. Todos ellos persiguen su sueño y nosotros seremos testigos de sus éxitos. Veremos, además, como la historia se va centrando en Jude, un juguete roto por algo que le ha sucedido en el pasado.

     Con este argumento Hanya Yanagihara construye una conmovedora novela que se contradice tanto en contenido como en extensión con su título, Tan poca vida. Porque hay mucho que contar y muchísimo que sentir tras esa cubierta ya conocida por todos.
     Comenzamos la historia con entusiasmo para ir descubriendo que en realidad trata de la vida de Jude, de su cuerpo maltratado por cortes que le dejan surcos ni la mitad de dolorosos que los que lleva su alma. Y asistimos también a la incapacidad de comunicarse, a su necesidad de ser tocado y querido frente a su aversión a que le toquen. A su lucha diaria. La autora va desgranando su vida mientras nos sentimos asolados y morbosos por no ser capaz de dejar de mirar. Y quizás por eso nos coloca el contrapunto, ese entorno, esos amigos que rescatan, que comprenden, que reflejan a su vez lo mejor sin que parezca muchas veces ser suficiente. Nos muestra esa amistad entre los protagonistas, todos ellos hombres, principalmente entre dos que van más allá de una simple amistad, y también los muros a la hora de hablar abiertamente, de mostrar sentimientos, de exponerse. Y, por supuesto, sin aligerar en ningún momento una historia que consigue conmover al lector desde las primeras páginas. Quizás sea esa ansiedad durante la lectura la que nos obliga a seguir leyendo, y más allá de eso, nos hace partícipes de ese voyeurismo que antes comentaba. Porque difícilmente se resiste uno a comentar lo que esta lectura le provoca, como si buscara un consuelo, olvidando que otras veces, estas lecturas las hemos hecho en solitario, contagiados por la caida libre sufrida entre las líneas de la novela.
 
     Todas estas sensaciones se intensifican porque la autora deja fuera la otra vida, esa que nos ayudaría a saber el año exacto, el momento exacto, y no nos da más que detalles alrededor del grupo principal. Si en algún momento al comenzar la lectura pensamos que era una crónica, esa sensación se desvanece pronto, aunque posiblemente creamos que estamos en la época actual, tal vez en unos pocos años... nada exacto, qué importa en realidad. La sensación de burbuja es lo que se busca y se logra en esta novela. El consuelo y el desconsuelo, consiguiendo que una y otra vez nos preguntemos hasta qué punto va a ser capaz de aguantar, o vamos a serlo nosotros... y ambos lo hacemos hasta llegar al final de este libro realmente inolvidable.

     Llegados a este punto muchos os preguntaréis por qué recomendar un libro así. La respuesta es fácil: no me gustan las lecturas convertidas en agua, que no provocan sensación alguna y se olvidan incluso más rápido de lo que se leen. Me gusta reír y también llorar, conmoverme, sentir pena, pasión, desgarrar y morder. La vida está llena de sentimientos y la literatura nos acerca muchos desde la distancia, con arnés, y esos.. esos quiero sentirlos todos. Además, lo mismo que no he conocido a nadie que haya quedado indiferente con la lectura de Tan poca vida, tampoco he conocido a nadie que se haya arrepentido de leerlo. Y, si ha habido voces que se han alzado cuestionando el realismo de la narración frente a la sobrecarga que impone la autora, cosa que comprendo, yo hago especial hincapié en el realismo de los sentimientos que despierta. Y eso, amigos lectores, es algo que no se puede impostar. Ahora me toca buscar el anterior título de Yanagihara.

     Y vosotros, ¿sois de los que buscáis historias que no os dejen indiferentes?

     Gracias.

     "No creo que la felicidad sea para mi."