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viernes, 29 de mayo de 2020

La tela de araña. Joseph Roth


     "Paladeaba el ocultarse como si de néctar refrescante se tratase. Se fue hacia un rincón oscuro y estiró en los bolsillos los dedos de la mano. Al mismo tiempo fue inclinando el cuerpo hacia delante. Sin advertirlo estaba adoptando la posición de acecho de su araña".      

     Volver a Roth es como volver a casa de forma periódica, como ir a un balneario de letras en el que las aguas tranquilas sanan heridas de otras prosas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La tela de araña.

     Conocemos a Theodor Lohse, un oficial alemán afectado por la desmilitarización impuesta a Alemania tras la Primera Guerra Mundial. Ahora vive con su madre y sus hermanas y siente que lo rechazan por no haber tenido el decoro de morir como un héroe en la guerra, y desubicado tampoco parece tener mucho más que hacer que tutelar a un hijo de judíos. Sintiéndose menospreciado y desubicado no tarda en caer en el nacionalsocialismo alemán.

     Esta primera novela fue publicada por entregas en el diario Arbeiter-Zeitung entre los meses de octubre y noviembre de 1923, siendo publicada su última entrega (que no el final de la novela) apenas un par de días antes del putsch de Múnich. De este modo se gana la fama de profética una novelita en la que la inestabilidad de la República de Weimar queda reflejada en una sencilla prosa y con un poderoso protagonista.

     Theodor es un personaje llave, un ser complejo que se gana la simpatía del lector para después granjearse su desprecio. Un hombre nacido para el ejército que se ve relegado y se siente despreciado se convierte en el gran embustero. Roth construye una fachada que nos engaña para ocultar a un ser vil y aprovechado que carece de muchas de las cualidades inherentes al ser humano dificultando la lectura de su maravillosa prosa al obligarnos a seguir los pasos de Lohse. Dicen que Roth no estaba contento con esta novela, que él cuando era preguntado citaba Hotel Savoy como la primera dejando en el olvido a La tela de araña y creo que puedo entender por qué. Yo señalaría su parte final en la que el giro, por supuesto esperado, se precipita dejando al lector con ganas de más sin que ello desluzca en absoluto la trama, más bien al contrario, tuve la sensación que querer venganza tanto como la quisieron otros durante este período y tuvieron en cambio que conformarse con lo que se les ofrecía. De este modo, más que algo profético yo veo en esta novela una lección de vida, un aviso sobre lo difícil que puede ser detectar a determinadas personas viles y mezquinas que se ocultan bajo una fachada incluso amable y conformista. Esas personas, parece mostrarnos Roth, para cuando se quitan la careta, nos muestran un lado terrible que el autor recrea en fantásticas descripciones.

     He visto citar esta novela muchas veces como ejemplo de que había quien estaba viendo lo que se venía encima a Europa. También he visto como la citan para hablar de una generación que ante el desencanto se deja tentar por una posición extremista. Y luego he leído la novela. Y me he encontrado a un personaje mucho más cercano a Eichmann que a un desencantado embaucado, he visto caer una máscara y aprovechar una situación para dejar salir la verdadera naturaleza amparándose en cualquier excusa posible. Y de todas las excusas posibles, las extremas son las que proporcionan el paraguas más grandes. Cada libro pertenece al lector se sumerge en sus páginas y yo aquí dejo la muestra de mi lectura. Una lectura grata que recomiendo sin dudarlo. Roth es una apuesta segura.

     La tela de araña es un librito magnífico con una historia ambientada en un momento convulso de la historia más reciente de nuestro continente. Pero más allá de eso, es un personaje difícil de olvidar y una buena opción para acercarse al autor de La leyenda del Santo Bebedor. Aunque en este caso no sea una novela tan amable.

     Y vosotros, ¿a qué escritor consideráis un puerto seguro?

     Gracias.

jueves, 23 de mayo de 2019

Confesión de un asesino. Joseph Roth


     "Hace algunos años, vivía en la Rue des Quatre Vents. Frente a mis ventanas estaba el restaurante ruso Tari-Bari. Solía ir a menudo a comer allí. Era posible tomar a cualquier hora del día una sopa de remolacha, pescado asado y estofado de ternera".

     A veces uno tiene la suerte de entrar en una librería y salir con la promesa de un tesoro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Confesión de un asesino.

     Un narrador nos relata su paso por un restaurante que existía frente a su casa, el Tari-Bari. Allí pasaba ratos en silencio, entre rusos, fingiendo no entender, hasta que una tarde caso noche escuchó la siguiente frase: "¿Por qué estará hoy tan sombrío nuestro asesino?". No pudo evitar girarse descubriendo que había comprendido perfectamente la frase, ya que fue dicha en ruso, y observar a un rubio silencioso con el que apenas cruzaba una mirada y un saludo mudo, porque esa frase se refería a él. En ese momento, el hombre rubio da muestras de saber más de lo que parece sobre nuestro narrador y el bar, cerrando puertas y colocando sillas, se convierte esa noche en el lugar de una improvisada conversación. Golubtschnik, que así se llama el asesino, decide relatar su historia.

      Cuantísimo me gusta Joseph Roth... es cierto que hubiera podido poner Roth simplemente sin faltar a la verdad, ya que tanto Josep como Philip son escritores de cabecera para mi, pero en este caso quería hacer énfasis en el primero que es, curiosamente, un desconocido para muchos lectores que no se han acercado aún a sus letras. en mi caso lo conocí con La leyenda del santo bebedor y, poco a poco, me he ido haciendo con su obra. Incluso su correspondencia con Zweig pese a lo que opino sobre publicar la correspondencia ajena. Y fue precisamente por referencias que supe de la existencia de esta novela que ha caido en mis manos finalmente.

     Publicada bajo el título original Confesión de un asesino, contada en una noche, esta novela corta es conocida como la novela rusa de Roth. Y no solo porque su historia esté ligada a esa nacionalidad, o incluso los escenarios, no. Es el tono y el ritmo el que nos dan pie a usar esa denominación para una novela que no hubiera sido lo mismo con un narrador diferente, menos solemne, menos educado, como un burgués del viejo San Petersburgo. Eso hace que el ritmo tenga una cadencia con regusto a clásico que invita a seguir leyendo con la sensación casi de estar escuchando sentado en una silla, ante una jarra de aguardiente, la confesión de nuestro asesino.
Resulta curioso además, como en un libro tan corto, puede condensarse tanta vida. y es que nuestro protagonista es hijo ilegítimo con afán principesco y pasiones desmedidas por una mujer, Lutecia. Un hombre que perteneció a la Orjana y que acabó siendo conocido en un bar de París como nuestro asesino. Porque sí, eso también lo relatará. Una novela que bien puede encajar como literatura de entreguerras, en la que se habla de muerte, de venganza y sangre, conciencia y de castigo que tiene momentos para la sonrisa; no en vano su protagonista que es alto y fuerte lleva por nombre "palomita", y bien es cierto, descubrimos, que jamás hubo un nombre peor elegido. Ahora que lo pienso, pocas sonrisas hay, es un libro que en realidad se mueve entre tinieblas, como el alma humana. O como la penumbra del bar en el que el protagonista relata su historia.

     Confesión de un asesino es una obra maestra. Y ante eso lo único que puedo añadir es que hay varias ediciones por distintas editoriales. Yo he comprado la de la foto.

     Y vosotros, ¿sois lectores de novela rusa?

     Gracias.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Hotel Savoy. Joseph Roth



     "- Yo pertenezco a los que están enterrados en la parte alta. ¿No vivo acaso en el sexto piso? ¿No me empuja el destino hacia el séptimo?
     - Usted está muy lejos de aquí"


     Ya comenté cuando traje La leyenda del santo bebedor que este autor me gustaba. Me gusta como se expresa, la forma en que se acerca a nosotros para contarnos miseras mundanas sin perder un toque de humor casi cáustico a ratos en muchos de sus libros. Llevo ya varios leídos y hoy me he decido por este, Hotel Savoy.

     Conocemos en este libro a Dan, un soldado judío que regresa a casa tras pasar cinco años en un campo en Siberia durante la Primera Guerra Mundial. Se da la circunstancia de que se hospeda en el Hotel Savoy unos días para así descansar y conseguir algo de dinero antes de continuar su camino. Y ahí es donde intimamos, en su relación con el hotel y sus inquilinos, casi una compañía de circo en la que no faltan los payasos, soñadores o ascensoristas chiflados.

     Este autor vivió la caída del Imperio Austrohúngaro y la Primera Guerra Mundial, lo cual refleja en muchas de sus obras. Vemos el conflicto personal que produce la desmembración de una patria con todo lo que ello conlleva para las personas que allí residen. Pero no se limita sólo a eso sino que también nos muestra las reacciones humanas ante el fin de un conflicto, ese período de adaptación a la paz mezclado con el luto y el temor por lo vivido. Y así lo hace en este libro en el que usa el hotel a modo de representación  social. El hotel es una imponente fachada de lujo en cuyo interior hay todo un orden jerárquico, ordenados curiosamente de forma inversa a la habitual para nosotros. Los ricos en los pisos inferiores.
     Viviremos la experiencia de este curioso hotel en el que su peculiar atmósfera nos envuelve hasta esperar huéspedes que no llegan. Nos encontramos ahora en un universo marcado por la ironía, como corresponde a este autor, y gracias a eso nos enfrentamos a el mundo que hay fuera del hotel; los repatriados rusos que llegan con sus miseras. Al final la bella fachada que esconde un feo interior nos sirve para aislarnos de la fea realidad entretenidos como estamos con la troupe. Y todo esto con humor, qué difícil.

     Os invito pues a venir a este hotel y ver la sociedad condensada en unas pocas plantas. Unas espaciosas, otras malolientes, todas ellas parte de la misma estructura y a la vez bien diferenciadas. No sea que sus huéspedes se mezclen demasiado, pese a que todos tienen rasgos comunes que, tal vez, sigan siendo los rasgos que mantiene la sociedad actual.

     Gracias






Hay un Hotel Savoy en cada ciudad... y cada cual que lo interprete como mejor le parezca.