No se desde qué edad llevo leyendo. Si os puedo contar que desde los 14 años invierto una parte sustancial del dinero que dispongo en ello. Incluso ahora que tengo un lector sigo comprando libros en papel. Poco a poco te vas interesando por el mundo literario, primero los autores, las firmas, las editoriales, librerías.. supongo que es inevitable cuando algo te gusta de verdad. Al final hace unos meses me decidía abrir un blog en una plataforma que no admitía ni siquiera seguidores y más o menos en agosto me vine aquí. He conocido autores, editores, bloggers y he visto mucha ilusión. Hoy traigo un libro que no se puede comprar, una edición única, de forma literal, que posee Towanda. En realidad, lo que traigo es su historia, la historia de Entre nubes y zanahorias.
Towanda escribe relatos en su espacio, que ella denomina "Mi modo de ver la vida", allí nos encontramos con historias de inquilinos, gigolós, carniceros, amores, apariencias mantenidas, el metarrelato del blog dentro del blog, historias de semáforos... Y la encontramos a ella, amable y comedida hasta que un día nos sorprende con una historia de ilusión.
En estas fechas tan propicias para la ilusión de los más pequeños, hace suyo el dicho de "no morir sin tener un hijo, escribir un libro y plantar un árbol", y comparte el momento en que ve sus relatos en papel encuadernado en un único ejemplar que no va a colocar en librerías, no va a estar en listas de ventas, pero tampoco hace falta. Yo creo, que no la he preguntado, que en el fondo se siente autora, aunque en un blog puedes no usar esa palabra, escribes casi a diario, la gente va detrás a leerte y comenta o no comenta. Pero regresa, regresamos. Porque nos gusta su pluma, la sonrisa que nos saca cuando gira la historia por sorpresa o la emoción cuando, con palabras emotivas busca el lado sensible que no sensiblero. Y, cuando alguien hace algo así es autor, en este caso de Entre nubes y zanahorias. Mañana... ¿quién lo sabe?
Hoy no puedo invitaros a que leáis este libro, pero si su obra completa en su espacio y, para muestra no pongo fragmento alguno sino la forma en que ella misma comparte la ilusión al recibir este regalo.
Gracias por compartirlo con todos, Towanda.
Así resumo mi ilusión
Hace poco, muy poquito tiempo, un día cualquiera del mes de noviembre, alguien llamó a su puerta interesándose por lo que ella hacía. He de decir que nuestra amiga no era más que una “cuentista aficionada” a la que le encantaba inventar historias, que acostumbraba a compartir con los demás. No siempre eran historias amables y divertidas; en muchas ocasiones utilizaba su “tribuna” para denunciar, a modo de relato, el dolor y la injusticia. Para ese menester se construyó un blog.
Ese día cualquiera, le invitaban a imprimir, en papel y gratis, todos esos cuentos y relatos que durante el último año había ido publicando en su espacio virtual. Naturalmente, no se lo creyó. Era una persona adulta que sabía que nadie “da duros a cuatro pesetas”. No obstante, en su interior, un gusanillo llamado ilusión se removía como un poseso animándole a aceptar la oferta. ¿Qué iba a perder? ¿por qué no intentarlo? Dicho y hecho, se puso manos a la obra.
Fueron horas dedicadas en cuerpo y alma a dar la forma requerida al proyecto. Un tamaño de página, una marginación, un título y su portada… Innumerables sueños depositados en aquel documento de Word. Un único visto bueno (el suyo), tres opiniones en contra (la de sus familiares más cercanos) y ¡sus letras volando al mundo de la fantasía!...
Días más tarde otro alguien volvió a llamar a su puerta. Era bien temprano y malhumorada le abrió. Sábado, 9 de la mañana, ¡es un crimen tocar un telefonillo a esas horas!…
Firme aquí. Un mensajero de manos regordetas le traía un paquete urgente… Y en el interior del mismo, su sueño materializado. Lo abrió, lo olió, despertó a sus hijas y a su marido… ¡¡Lo tengo!! Es mi libro… ¡qué bonito es!... ¡no lo abráis mucho, no se vaya a estropear!... Ojos vidriosos en la cara de todos y besos y enhorabuenas… y más besos y más enhorabuenas… ¡Mamá, que ya tienes un libro!...
Nuestra cuenta-cuentos tenía entre sus manos un único ejemplar de lo que se le prometió. No podía explicar las sensaciones de alegría y satisfacción por algo así y lo único que supo decir fue ¡Yupi!, grandiosa palabra que –para ella- lo resumía todo.
Hoy es día 5, ¿Qué ilusión le pedís a los Reyes?
Gracias
Hoy es día 5, ¿Qué ilusión le pedís a los Reyes?
Gracias
