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miércoles, 1 de agosto de 2012
La tienda. Stephen King
"Cosas necesarias."
"Desconfía de tus vecinos."
Hace siglos que no traigo una novela de terror y siempre que pienso en ello se me plantean las mismas dudas, actual o tipo Poe... mónstruos y zombies y mejor no... terror sueco tal vez.... Al final me he decidido por uno de los nombres más conocidos y un terror más cotidiano. Hoy traigo a mi estantería virtual, La tienda.
Bienvenidos a Castle Rock, un pequeño pueblo turístico de Maine que, como tantos otros, se queda casi vacío cuando llega el invierno. Durante esos meses los vecinos no tienen mayor entretenimiento que mirarse a través de los visillos de las ventanas. Al menos hasta ahora, hasta este invierno en el que llega el señor Gaunt para abrir una tienda llamada Cosas Necesarias. Allí, como si fuera una tienda de moda, nada tiene precio, todo se negocia de viva voz con el propietario, y el precio... puede ser más alto de lo que pensábamos en un comienzo.
Si lo que buscáis son mónstruos sanguinarios que destripen niños para ofrecerlos a la luz de la luna, este no es vuestro libro. Tampoco hay hombres lobo y brujas, ni asesinos cibernéticos o aliens, pero no hace falta. En este libro está Lealand Gaunt, uno de los personajes más carismáticos de King. Un hombre que bajo su apariencia de anciano esconde la maldad de aquel conocedor de los deseos ajenos, los bajos instintos que mueven a muchos en sus peores momentos. Por eso tiene que negociar la venta de forma personal, para pedir sus pagos en forma de pequeñas bromas que los vecinos irán lanzándose entre ellos.
No busca el terror directo, no hay animales ni niños volviendo de cementerios indios. Lo que provoca esta vez es una situación límite en el entorno más insospechado. Va tensando la cuerda entre vecinos poco a poco bajo la atenta mirada de Gaunt. Casi percibimos su sonrisa ante cada nuevo acto, cada animadversión creada, cada recelo y cada deseo de venganza. Porque el terror habita muchas veces entre nosotros y cualquier lugar, llevado a sus extremos, puede ser un polvorín a punto de estallar. Sólo necesita un mechero cerca para prender la llama.
Nos recrea perfectamente el cambio de lugar anodino a zona en combate a través de los personajes que van pasando por sus calles, hombres y mujeres que vamos conociendo casi íntimamente mientras van siendo ofensores y ofendidos. Calles polvorientas convertidas en campos de batalla y casas que pretender ser trincheras desde las que se lanzan armas arrojadizas cada vez más certeras, con menos moderación, tensando la cuerda mientras pasamos las páginas conocedores del final de una cuerda demasiado tensa. Consigue despertar sentimientos hacia sus habitantes, no en vano es el gran punto fuerte de este libro, los personajes. Vemos buenos y malos, o tal vez son sólo menos malos, y, sobre todo, sentimos el magnetismo de este extraño propietario de una tienda que sólo vende Cosas necesarias.
Termina con la rúbrica habitual del autor en la que echa mano de su capacidad imaginativa para otorgarnos un final propio de cualquier alucinación de quien está sometido a los vapores de azufre que emanan de sus letras. Forma parte del sello personal de King, querido y odiado por ello, como lo son sus hombres de mediana edad que se encuentran, sin quererlo, metidos en una situación descabellada o sus niños, recurrentes en sus obras siempre verdugos o víctimas, pero pocas veces inocentes. Un libro con el que no pasaréis terror, pero si que tiene un imán para seguir entre sus páginas.
Y a vosotros, cuando os lanzáis con novelas de terror... ¿preferís el terror sobrenatural o aquel que acecha en cualquier parte?
Gracias
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