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sábado, 20 de diciembre de 2014

Entrevista a Gonzalo Garrido


     Gonzalo Garrido nace en Bilbao, ciudad en la que desarrolla su trabajo de consultor de comunicación que lleva ya unos años compaginando con la literatura. Conocido en las redes tanto por su espacio, Literatura basura, como por promover el Encuentro Blogs Literarios, acaba de anunciar la segunda edición de su novela El patio inglés, una apuesta valiente que se aleja de la novela con la que lo conocimos, Las flores de Baudelaire, y que no puedo dejar de recomendaros.

     - Tras el éxito de tu primera novela, Las flores de Baudelaire, ¿no hubiera sido más fácil mantenerte en el género negro, tan de moda en este momento?
     - Sin duda, pero siempre he creído que los autores debemos de escribir sobre aquello que nos apasione y, en este caso, tenía un tema universal que me interesaba mucho como son las relaciones familiares y, en concreto, las relaciones entre padres e hijos, todo ello en una época muy dura como fueron los años ochenta. Además, soy de los que cree que hay que arriesgar ligeramente, que los escritores debemos crecer, que no podemos ser conformistas por comodidad o por cuestiones puramente comerciales. La honestidad con el lector también es importante.
     - ¿Por qué partir de un suicidio (o intento) tan expuesto; al lector, a los padres que fueron testigos...?
     - Me interesaba contar la historia de una familia normal, aunque de una manera diferente. Para ello, quise tensionar desde un principio las relaciones al máximo y pocos hechos pueden revolucionar más un entorno familiar como el suicidio. En especial, si es de una persona que tiene toda la vida por delante. Pero, además, quería dar voz a tantas personas que han sufrido esta situación, directa o indirectamente, y se encuentran solas porque la sociedad los mira con recelo. Hoy en día es tabú, cosa que no ocurre en otras sociedades europeas.
     - Un salto al vacío es prácticamente insalvable, y digo prácticamente porque no conocemos el desenlace, ¿es así como ves tu las relaciones entre padres e hijos?
     - No, claro. Soy más optimista. Pero las relaciones familiares pueden conllevar lo mejor y también lo peor. E incluso en una misma familia se pueden dar ambos extremos. En el seno de cualquier familia se producen muchos hechos que condicionan la evolución de los hijos, incluso con la mejor intención del mundo. Pero también condiciona la evolución de los padres, tan poco entendida en muchos casos. La vida de un hijo no es fácil, pero la del padre tampoco. Y esas dos fuerzas no siempre alineadas pueden chocar.
     - En tu libro, el paso a la edad adulta se ve en una brecha generacional que produce un distanciamiento entre padres e hijos, ¿es así como lo ves tú? ¿estamos condenados como padres a sufrir el distanciamiento que hicimos padecer a nuestros progenitores?
     - Creo que sí, aunque con muchos matices. El distanciamiento existe porque los puntos de partida son diferentes y el encuentro entre dos generaciones nunca es fácil. Por ello pienso que lo mejor del libro es que nos permite conocer las realidades del padre y del hijo y ponernos en el lugar del otro. Y ser compasivos con ambos, ya que cada uno hace lo que puede.
     - Una de las cosas que me llamó la atención de esta novela fueron las formas. Vas desde el tono apático propio de un adolescente insatisfecho, hasta los saltos por asociaciones que se producen en la mente del padre mientras espera. ¿Fue difícil alcanzar esos tonos?¿Cuánto se tarda en escribir un libro así?
     - La forma ha jugado un papel fundamental en toda la narración. La propia estructura de libro con dos voces que alternan provoca un diálogo inacabado. En cada capítulo se cambia la perspectiva, intercalando la visión de Pablo con la de su padre como si de una conversación se tratase. Uno habla desde el presente. El otro desde el pasado. Cada uno con su tono, con su forma de escribir y de pensar, con su circunstancia. Eso me ha costado mucho, sí.
No sabría decirte exactamente porque nunca escribo de un tirón. Soy bastante lento y, en este caso, a pesar de ser una novela corta había mucha carga emocional.
     - Al leer El patio inglés uno tiene la sensación de participar en un experimento de introspección en el que el lector, invariablemente, reconoce alguna escena. Me gustaría saber si es algo pretencido y qué sensaciones esperas despertar durante la lectura.
     - La novela es un viaje al interior de esa familia y de esos personajes. Quería mostrar dos realidades confrontadas muy diferentes. Vemos la vida de Pablo con toda su fuerza e ingenuidad, y la del padre con toda su madurez y desencanto. Los protagonistas nos desvelan no solo los hechos que suceden a lo largo de la historia, sino también los sentimientos y emociones que éstos les provocan. Ambos personajes nos son muy cercanos como lectores porque todos hemos sido hijos y muchos somos padres. Ahí nos vemos reflejados con nuestras propias historias familiares. Cada uno sentirá cosas distintas. Desde luego, no dejará indiferente a nadie.
     - Y tu libro no ofrece consuelo, otra de las cosas que me ha llamado la atención. No hay un solo momento en que tiendas la mano al lector y le ofrezcas, no ya un final feliz, sino un camino fácil. ¿Por qué? ¿No hubiera sido más fácil poner un par de almohadones al final de la historia?
     - La vida es muy injusta con algunas personas y no seré yo como autor quien la dulcifique para que las conciencias de mis lectores se queden tranquilas. Dejo libertad para que cada uno elija el final de la historia, dependiendo de su propia situación, de su experiencia, de su sensibilidad, etc...
     - Comentabas el otro día, Gonzalo, en una presentación, que escribes por obsesión. Me gustaría que desarrollaras eso un poco ya que me pareció una afirmación sumamente interesante.
     - Para mi escribir es una necesidad. En mi cabeza bullen una serie de temas que siempre están ahí y que buscan salir al exterior. Y no puedo obviarlos. En mi caso lo hago a través de la escritura y necesito buscar el formato adecuado para cada uno de ellos.
     - Ambas novelas, pese a ser totalmente diferentes, comparten un estilo austero y directo capaz de llegar al lector en apenas un puñado de palabras. A partir de ahí, poco o nada tienen que ver, por eso la pregunta se impone, ¿qué podemos esperar de Gonzalo Garrido en sus siguientes obras?
     - Intentaré seguir mis propios instintos, sacar lo mejor de mi mismo como narrador, tocar más registros, comprometerme contra la injusticia... Ya veremos.
     - Por último, y por satisfacer mi curiosidad que me ha hecho llevarme grandes sorpresas, me gustaría saber qué estás leyendo.
     - Siempre tengo varios libros abiertos, mezclando historia, ensayo y ficción. En ficción he acabado Dora Bruder, de Patrick Modiano, un escritor con el que disfruto mucho desde que lo descubrí hace varios años.

     Tengo que dar las gracias a Gonzalo tanto por su amabilidad como por su cercanía y, sobre todo, por una presentación sumamente interesante de su novela a la que asistí hace unos días.

     Y, por supuesto, gracias a todos los que pasáis por aquí.

     Bibliografía:
     - Las flores de Baudelaire
     - El patio inglés

viernes, 10 de octubre de 2014

El patio inglés. Gonzalo Garrido



      "tres pisos son muchos pisos incluso para un ser tan leve como tú, lleno de ilusiones nunca compartidas, sólo contigo, tal vez con tus amigos, no lo sé, pero existentes estoy seguro, aunque sea por intuición, ya que tu mundo me resulta extraño, quizá ajeno, pues nunca me has dejado entrar en él -¿o no he querido entrar en él?-, y muchas cosas han cambiado entre tu generación y la mía, las suficientes como para que me sienta desorientado y en alguna medida cobarde para afrontar lo que me espera"

     En la primera obra de este autor, Las flores de Baudelaire, me llamó la atención el uso del lenguaje con una precisión casi quirúrgica. Eso hizo que me fijase en él y también que me anticipara pensando en su siguiente novela. Dos años después traigo a mi estantería virtual, El patio inglés.

     Conocemos a Pablo a través de su diario. Es un joven que comienza derecho en los años 80, en Bilbao. Se enfrenta a ese periodo de formación hacia la madurez tan repleto de altibajos y decepciones en el que la distancia y la apatía van dejando huella en las relaciones de los jóvenes con su entorno, mientras ellos van abriendo los ojos realmente al mundo de adultos que les rodea. Pablo salta a un patio inglés, el patio que está tres pisos más abajo de su casa. Y es en este momento que conocemos a su padre: nos metemos en la cabeza de un hombre de familia media que ve como su hijo se ha jugado la vida en un salto al vacío, y deja fluir sus pensamientos  en un diálogo que jamás existió con él.

     Si Gonzalo comenzó su andadura literaria con una novela negra, ahora da un giro para adentrarse en el tono íntimo de los demonios personales. En poco más de ciento cincuenta páginas establece un diálogo imposible entre ambos protagonistas alternando diario y reflexiones. Marca de este modo esa brecha comunicativa que existe de forma habitual entre padres e hijos llegada una determinada edad. Un hijo que se aisla de su casa, sin saber muy bien hacia dónde dirigir su vida, que sale y se emborracha y piensa en sexo y amor mientras duda sobre su futuro. Un hombre que comienza a ser plenamente consciente de los problemas sociales que le rodean y que comienza a mirar a sus padres como a iguales sin poder evitar decepcionarse al ver como caen de los pedestales en los que los tenemos todos en nuestra infancia. Ese es el hijo perdido que nos presenta y que llegamos a conocer tanto como le hubiera gustado hacerlo a su padre.
Y un padre roto por la incomprensión que nos abre su mente en un discurso atropellado en el que, acertadamente, el autor no incluye puntos dejándonos saltar de asociación en asociación. Nos deja la sensación de un hombre al que le hubiera gustado decir muchas cosas a su hijo, que se esfuerza por comprender lo que le ha pasado, el problema, el fallo, el error cometido que termina en un terrible salto. Y ese es el camino que recorremos como lectores.

     El autor una vez más utiliza el lenguaje como ambientación, haciéndonos notar las diferencias entre padre e hijo en sus expresiones, sus ideas, incluso en sus formas en la presentación de los textos. Porque hay una brecha, una desunión que ha provocado el interés de muchos autores hasta la fecha, a los que Garrido se une con El patio inglés. Y ese es el verdadero tema central de la novela. El abismo que parece abrirse entre un padre y un hijo; la falta de comunicación y también el reproche. El autor opta por ser honrado e incluso en la situación extrema que les coloca, existe el reproche: del hijo al padre que no lo entiende o escucha y del padre que piensa que ha conseguido que su hijo tenga las cosas más fáciles que él y no entiende que no baste con su esfuerzo. Conversaciones mudas sobre problemas que no se resolverán y que nos llevarán a conocer como se sienten sus protagonistas. Como comentaba al comienzo de esta entrada, es una historia privada, pero no sólo por lo que cuenta, sino porque de un modo u otro, todos los lectores sabemos de lo que nos está hablando.

     Me ha gustado. Gonzalo Garrido se mete en un patio complicado (si me permitís el juego de palabras) y logra salir airoso con un libro muy diferente a su primera novela. Si aún no os habéis acercado a sus letras, tiene dos opciones muy recomendables para que lo hagáis.

     Hoy la pregunta va a ser muy poco original. ¿Qué pensáis del Nobel de literatura Patrick Modiano? ¿lo habéis leído o vais a leerlo?

     Gracias

sábado, 25 de agosto de 2012

Entrevista a Gonzalo Garrido

     Gonzalo Garrido nace en Bilbao, ese que tan bien demuestra conocer en su obra (aunque se desarrolle cincuenta años antes de que él naciera). Es escritor y consultor de comunicación y, desde hace tres años, conocido en las redes por su blog Literatura Basura, siempre he pensado que el nombre de su espacio virtual dice mucho de la fina ironía de quien lo lleva . Es promotor además del Encuentro Blogs Literarios, un evento en que se reúnen blogger analizando tendencias literarias y espacios virtuales. Es además, frecuente látigo en twitter mediante frases cortas cargadas se sentidos para quien las quiera leer. En su primera incursión en el mundo de las letras con Las flores de Baudelaire ha demostrado tener mucho que aportar al panorama literario actual apadrinado, además, por un autor de la talla de Eduardo Mendoza.

     - ¿Cómo surge la necesidad de escribir?
     - Mi padre era un gran lector y siempre me inculcó el amor a los libros. Pero, además, era un hombre al que le hubiera gustado ser escritor y que, por distintos motivos, nunca lo fue. Siempre me transmitió que lo mejor que podía hacer una persona era escribir una novela o un ensayo, mucho más que otro tipo de actividades y, desde luego, que dedicarse a ganar dinero. Creo que eso me marcó más de lo que pensaba y me fue acercando desde la lectura a la escritura en un movimiento natural.
     - ¿Por qué un título como Las flores de Baudelaire?
     -  La novela quiere reflejar el poder que tiene el mal en la sociedad, en cualquier sociedad. Un mal que no tiene por qué ser extremo, que está compuesto de pequeñas traiciones, de continuas cobardías, de múltiples mezquindades. Creo que Baudelaire supo reflejar en Las flores del mal muchos de estos temas y me pareció que era una referencia muy adecuada.
     - El protagonista del libro tiene más de ciudadano que de detective, ¿investiga la ciudad y la época más que al crimen?
     - Tienes toda la razón. Es un ciudadano que investiga la condición humana –que es lo que más le atrae– con la excusa de un crimen repugnante contra una niña. Pero también quiere denunciar las diferencias sociales, los abusos, la hipocresía, etc. dado que era una época de gran desarrollo industrial y tecnológico, muy similar a la actual.
     - Dice Eduardo Mendoza que siempre que habla de una novela o con un autor, se la lee en profundidad, ¿cómo se siente viendo su primera obra avalada por Mendoza?
     - Sentí una gran emoción cuando leía las palabras que me dedicaba Eduardo Mendoza. De hecho, las tuve que releer varias veces para visualizar todo el significado. Sobre todo, me sorprendió la última afirmación. Que alguien de la categoría de Mendoza me elogie como escritor es muy gratificante. Desde luego, le debo mucho. 
     - Etiquetas. A mi personalmente no me gustan las etiquetas para los libros. La suya supongo que se podría catalogar como novela negra y, sin embargo tiene un fuerte componente social y sicológico de sus personajes, ¿Dónde la encuadraría usted?
     - Suelo definirla como una novela de intriga, ambientada en la primera guerra mundial, en la que la sicología de los personajes juega un papel fundamental en la historia. A eso hay que sumarle un alto componente de denuncia social. Pero es cierto que mucha gente la cataloga como negra. No me parece mal. Lo sustancial es que atrape al lector, le haga disfrutar de la historia,  pero también le sirva para recapacitar sobre su vida.
     - Ha elegido una época complicada, en la que la sociedad bilbaína parecía quedarse al margen de la historia mundial y lo ha reflejado con mucha claridad, ¿cuánto le ha llevado la documentación para conseguir plasmar ese realismo?
     - Toda novela tiene su complicación con la trama, los personajes, los diálogos, o las descripciones, etc. Pero mucho más si se desarrolla en otra época, ya que es necesario también estudiar los hechos históricos, los comportamientos... Total, que me vi envuelto en un trabajo creativo muy duro que me obligó a trabajar fuerte durante varios años, no sólo escribiendo, sino también leyendo historia y biografías de gente de comienzo del siglo XX, y tirando de hemeroteca.
     - El mal inherente a la sociedad y al hombre que vive en ella, ¿es una visión pesimista?
     - Sí, por desgracia. La lección fundamental es que aprendemos poco de los errores, que no fortalecemos el espíritu crítico, que no educamos para compartir el poder de manera democrática. Y los seres humanos somos egoístas y abusamos si nadie nos controla, si no hay por detrás  una civilización que nos aleje de la selva. Es triste, pero es así. Basta echar un vistazo a nuestra realidad.
     - Los Kruger, la ambición, la visión económica… ¿se ha visto influenciado por la situación actual para escribir el libro?
     - Cuando escribía la novela estábamos viviendo los años del boom inmobiliario, de la riqueza fácil. Todo era alegría y derroche. Pero yo presentía que eso no podía ser bueno, que estaba sacando lo peor de cada uno. Y quise buscar otra época cercana similar. Me fije en los años previos a la Primera Guerra Mundial y, sobre todo, durante la guerra. Entonces el mineral de hierro permitió crear grandes fortunas en el País Vasco y la neutralidad española también facilitó ganancias exageradas a costa del dolor ajeno. Era el marco ideal para construir la novela. Por cierto, tras la guerra, España entró en una profunda crisis similar a la actual por no haber aprovechado la coyuntura para mejorar su competitividad.
     - ¿Cómo está siendo su desembarco en el mundo editorial? ¿Es tan feroz como se ve desde fuera?
     - Es duro, pero muy divertido para alguien que viene desde fuera y que no vive de ello. Es un sector con grandes grupos que controlan desde los medios de comunicación a las librerías, pasando por los distribuidores, etc. Por tanto, competir con ellos es complicado. Sin embargo, creo que la imaginación es más importante que los recursos y, al final, triunfa el trabajo bien hecho y el boca a boca.
     - Tiene un estilo diferente en su obra, se sale de los caminos habituales y se va haciendo un hueco poco a poco en ventas,  ¿le da ánimos para pensar ya en su siguiente novela?
     - La buena acogida de los lectores, que ha hecho que en el mes de junio entrara entre las más vendidas en España, me anima a seguir escribiendo. Es una gozada ver que lectores anónimos te mandan mensajes comentando aspectos de la novela que tú ni te habías fijado. En cualquier caso, por ahora estoy muy concentrado en que la novela llegue al máximo número de lectores posible. Es mi gran reto. Después ya abordaremos con calma la siguiente.
     - Está muy presente en redes sociales, blogs... ¿qué opina de la modernización que está sufriendo el panorama literario en los últimos años?
     - Estoy a favor de las redes sociales por lo que suponen de enriquecimiento del panorama narrativo y lector. Desde que descubrí sus posibilidades dedico tiempo a estar en contacto con personas relacionadas con el mundo literario. Es muy gratificante.  Además, las redes sociales están cambiando la forma de escribir y de leer. Vamos hacia una novela corta, fragmentada, con hibridación de géneros y menos descriptiva, pero igual de apasionante que antes. Con respecto a la lectura, la tendencia es a una lectura compartida que va a suponer una revolución para la percepción de los libros y para la forma de interpretarlos. 
     - Y por último, ¿nos puede decir qué está leyendo ahora mismo?
     - Siempre llevo retraso en las lecturas. Estoy embarcado en un ensayo de Stefan Zweig, Tres maestros, donde analiza a Balzac, Dickens y Dostoievski. Al mismo tiempo ando con Erri De Luca, Los peces no cierran los ojos; con El Paseo, de Roberto Walser; y Punto Omega, de Don DeLillo. 

     Bibliografía:
     - Las flores de Baudelaire

     Quería dar las gracias a Gonzalo por su predisposición para hablar conmigo y su amabilidad desde el mismo momento en que me puse en contacto con él. He tenido además el placer de conocerlo y os recomiendo a todos que lo hagáis, mínimo, a través de sus letras.

     Y cómo no, gracias a todos los que os pasáis por aquí, es vuestra casa.

viernes, 24 de agosto de 2012

Las flores de Baudelaire. Gonzalo Garrido



     "Sucedió en uno de esos momentos en los que la vida deja de ser vida y se convierte en otra cosa. Fue a mediados de mayo de 1917. Lo recuerdo bien porque en aquella época nos habían llamado a los reporteros de La Gaceta del Norte, El Pueblo Vasco y El Noticiero a presenciar el primer vuelo experimental que se realizaba desde el aeródromo de Bilbao."

     Tal vez porque Las flores del mal es un título que me apasiona, y este libro hace una clara referencia a él. O tal vez por su portada, ciudad gris, armónica en sus grises, niños mirando y esa quietud rota por unas flores dibujadas en rojo. Sea como fuere, hoy traigo un libro que me pareció atractivo desde que tuve conocimiento de su existencia, es por eso que hoy traigo a mi estantería virtual, Las flores de Baudelaire.

     Conocemos a Alfredo Maldonado, fotógrafo profesional, investigador a ratos y tan observador como su profesión requiere. Tras llegar al escenario de un crimen particularmente cruento, decide investigarlo por su cuenta convencido como está de que la policía no hará suficientes esfuerzos.

     Con ese sucinto resumen pudiera parecer que estamos ante una novela negra con un detective aficionado. Una historia convencional, en definitiva. Pero si algo tiene el libro de Gonzalo, es que se aleja de la convencionalidad. Ambientado en Bilbao en los primeros años del siglo XX, toma el pulso de una ciudad a través de sus habitantes, convirtiéndola en un hervidero de intereses y secretos a media voz. Se apoya firmemente en la solidez de sus personajes, de todos ellos, desponjándolos de los estereotipos básicos para otorgar una visión más íntima. El protagonista muestra su secreto al poco de conocernos explicándonos su colección, para descubrirnos poco a poco que también colecciona secretos. Como casi cualquiera, detalles, vidas y momentos que otorgan solidez a una trama sin fisuras. Somos testigos de la transformación de una ciudad sin que use para ello un tono nostálgico de viejo recuerdo, más bien sucede lo contrario, afila su pluma para darnos buena cuenta de lo que sucedía en aquel momento y que bien podemos trasladarlo a la actualidad. De este modo, sus flores del mal van surgiendo entre callejones enredando sus raíces por toda la novela que es la ciudad en que se desarrolla.

     Leyendo sus letras da la impresión de que cada cosa está justo donde debe, no hay páginas sobrantes ni extensas descripciones. Y aún así salimos con el convencimiento de conocer perfectamente cada rasgo. Hay una crítica social velada pero fuerte acompañada de un toque irónico, un humor inteligente escondido que nos coge por sorpresa de boca de su protagonista. Y todo ello en poco más de 250 páginas en las que descubrí un autor a tener en cuenta y una novela que no es un simple thriller.

     ¿No pensáis que hay momentos históricos y actuales que sacan a relucir las ambiciones y dobleces de las personas? Yo si que lo creo, me sirve el momento actual, por eso la crítica que hace el  libro de hoy... me parece de plena actualidad.

     Gracias