Mostrando entradas con la etiqueta Los pilares de la tierra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los pilares de la tierra. Mostrar todas las entradas

miércoles, 8 de octubre de 2014

El umbral de la eternidad. Ken Follett



     "La policía secreta convocó a Rebecca Hoffman un lunes lluvioso de 1961.
     La mañana había empezado como otra cualquiera. Su marido la acompañó al trabajo en su Trabant 500 color canela. Las antaño elegantes calles del centro de Berlín aún conservaban solares arrasados por los bombardeos de la guerra, salvo allí donde se habían construído nuevos edificios de hormigón que se alzaban erguidos como dientes falsos y mal emparejados. Hans iba pensando en su trabajo mientras conducía."

     Leer a Ken Follett nos pone en forma. Ya sea por pasear el peso de sus libros o por entrenar nuestra mente para simultanear varias lecturas y así no tener que pasearlos, no cabe duda de que este hombre no tiene miedo a que el volumen de una obra desmotive a los lectores. Hace ya cuatro años que comenzó la trilogía The Century y tenía ganas de leer este broche final. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El umbral de la eternidad.

     The Century, reza el nombre de esta trilogía que comenzaba con un millar de páginas allá en 2010. Una trilogía que arrancaba en 1911 con la coronación de Jorge V  y que finaliza con la toma de posesión de Obama. Este es el siglo que nos cuenta Ken Follet en su ambicioso proyecto y para el que decidió utilizar a cinco familias y las relaciones que mantenían a lo largo de sus vidas durante varias generaciones. Volvemos con los Fitzherbert, los Peshkow, los Williams...; cinco familias, cinco nacionalidades. Familias que se han ido ampliando, que nos han presentado a hijos y nietos y que han crecido y se han unido a otras.

     Esta vez comenzamos la historia hablando del muro de Berlín. La última parte del siglo, tal vez por ser la más reciente, la que todos conocemos, se nos hace mucho más ligera que su predecesor. No acierto a imaginar la ingente cantidad de documentación que tuvo que recopilar su autor, pero sí que pone cuidado en no ralentizar la historia demostrando la veracidad o no de lo que allí nos cuenta. ¿Y qué nos cuenta en este último volumen?
     Además del ya mentado muro y su aparición, hablará de derechos civiles, de sufragios, Kennedy, comunismo, asesinatos, amantes, Cuba, rock and roll, KKK, el Watergate, el pop británico... todo tiene cabida para un Follett que tiene cogido el punto a la forma de narrar historias. Da la sensación de que ha descubierto la fórmula para que el lector no se sienta abrumado por el número de páginas y avance con facilidad en la lectura de sus libros. Y explota esa fórmula a la perfección en este libro que es, si no me confundo, el que más páginas tiene (pero no os asustéis, la diferencia no es mucha).

     Me he encontrado con una historia en la que Follet no teme dar o quitar páginas a los hechos y años según su propio criterio. Eso me gusta. Poder resumir algo archiconocido para luego explayarse en parte de la historia. Porque sigue siendo la historia de unas familias, nos reencontramos con algunos personajes y conocemos otros a los que seguimos los pasos. Personajes que siempre coloca cerca del foco de atención en ese momento, como si no quisiera que resaltasen más que el gran protagonista, que no es otro que nuestro siglo pasado. Y sin embargo algunos sobresalen irremediablemente. Este es el caso de George (sin pistas, sin apellidos), un personaje con historia propia que me ha encantado y que será protagonista de alguna escena inolvidable. Personajes que son presa del momento en que viven o de sus circunstancias personales; que se casan sin saber con quién lo hacen, embarazos en lugares inoportunos, infidelidades.. todo tiene cabida en este libro. Y escenarios, claro, Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña, Alemania... lugares ya conocidos y revisitados.
   
     Una ficción histórica en la que el autor busca el dinamismo y nos rodea de hechos y nombres ya conocidos por todos mientras recorremos la última parte del siglo. Historias personales, dramas, secretos y  alguna que otra escena sexual como ya nos tiene acostumbrados, completan una novela que, una vez comenzado, nos hace olvidar su número de páginas para sumergirnos en una historia en la que el autor no ha podido dejar de poner su toque de "novelón" (no ya por su calidad, sino por sus momentos tendentes al melodrama). Páginas llenas de buenos y malos, de amores, cobardes, héroes y débiles que se recorren sin esfuerzo alguno y que, y esto es importante, se puede leer de forma independiente a sus predecesores. Pero si de verdad quiere sumergirse en The Century tal y como el autor nos propone, hay que coger La caida de los gigantes y El invierno del mundo.

     Ken Follett ya demostró con Los Pilares de la tierra que es capaz de hacer que millones de personas olviden los prejuicios de peso que suponen determinados libros. Pero, y vosotros ¿el tamaño importa a la hora de elegir lectura?

     Gracias


martes, 18 de octubre de 2011

Las aventuras de un libro vagabundo. Paul Desalmand




     "Siempre se han quemado libros. Y, generalmente, después, no se ha tardado mucho en quemar seres humanos".



     Hoy traigo una rareza, estoy por apostarme el "Mientras" de Mientrasleo a que la mitad de vosotros no habéis oído hablar de este libro. El autor ya cambia, si os gusta el ensayo es fácil que haya caído en vuestras manos alguna obra de Desalmand. Esta es, de hecho, su primera novela.
Me tropecé con ella el año pasado en una librería de estas que te metes para hacer tiempo en una ciudad que no es la tuya, bueno, yo suelo hacer eso... veo museos, parques, iglesias.. y alguna librería. Manías. La cosa es que allí estaba este título que no supe muy bien como interpretar, así que cogí el libro y descubrí que el argumento es justo el que promete su curioso título. Nos cuenta las aventuras de un libro vagabundo.


     Nuestro libro nace en el mes de junio y es empaquetado junto con 49 más hasta la época adecuada, el otoño. Pasa meses en el almacén hasta ver la luz, o eso parecía porque lo devuelven y tarda mucho en conseguir estar en la calle. A partir de este momento empieza su azarosa vida pasando por puestos, tiendas, bibliotecas, asientos de transportes y muchos, muchos lectores.

     Y esta es la historia que nos acerca Desalmand, la de las estanterías y manos por las que pasa el libro y las historias que se van formando a su alrededor. Bien de otros libros, bien de lectores.
     Está contado en primera persona por el propio libro quien describe su viaje junto con una especie de filosofía de camino, que no deja ser filosofía de vida, aderezada con mil anécdotas de sus compañeros de estantería que ven en él un oyente perfecto. Eso hace que acuda a relatar lo que escuchó, haciéndonos partícipes del sentimiento que queda al morir el autor a su obra, impresionante pasaje ese, o contándonos el negocio que algunos pretenden hacer con los libros dedicados remitiéndose a algún ejemplo famoso y real, o mil aventuras más. Pensad en las posibilidades de una noche junto a Karenina o Bovary o quien se os ocurra y empezaréis a haceros una idea del viaje al que nos invita el autor. Y eso sin olvidar a los lectores, para todos los gustos también, con sus manías y sus vidas.

    No diré que es una obra maestra, pero es un libro original y divertido, lleno de ingenio. Si os gusta marcar frases, ni se os ocurra leer sin un lapicero porque desborda. Y nos cerca el mundo de los libros contando mil historias que, a mi que me encantan las curiosidades, me han parecido encantandoras.

     Después de clásicos y Los pilares de la tierra, me apetecía un libro liviano y rápido de lectura fácil. Y, sobre todo, diferente. Un libro de libros, de amor, de amistad, de vida.. eso es en definitiva Las aventuras de un libro vagabundo.

     Gracias

lunes, 17 de octubre de 2011

Los pilares de la tierra. Ken Follett




     "Fue entonces cuando el prisionero empezó a cantar.
Tenía una voz alta de tenor, muy pura. Las palabras eran en francés, pero incluso quienes no comprendían la lengua podían darse cuenta por la dolorida melodía de que era una canción de tristeza y desamparo.
Un ruiseñor preso en la red de un cazador
cantó con más dulzura que nunca
como si la fugaz melodía
pudiera volar y apartar la red.
     Mientras cantaba, miraba fijamente a alguien entre el gentío. Lentamente se fue abriendo un hueco alrededor de la persona a quien contemplaba y todo el mundo pudo verla.."


     Otra vez que me lanzo a la piscina con una obra que, a todas luces me supera para reseñarla. Pero no en vano lleva años en las listas de los más vendidos gracias al "boca a boca", ¿por qué no hacer lo mismo blog a blog? Así que tomo aire y empiezo a contar hasta diez, o mejor no, mejor empiezo a hablar de Los pilares de la tierra sin darme tiempo a pensarlo.

     Es muy difícil resumir el argumento de una obra como está, que tiene más de 1.400 páginas y personajes que se pasean por ellas campando a sus anchas. Diré que la obra comienza con un ahorcamiento público de un inocente, presenciado por una mujer embarazada que presa de la indignación grita una maldición que da arranque a la novela. El argumento de la novela girará en torno a la vida de dos personajes; Tom, un maestro constructor cuyo sueño es construir una catedral y a quien acompañaremos en el camino a coseguirlo, y Philip, un monje con buen corazón que va ganando su hueco en la historia. A partir de ellos y sus vidas que se entrelazan o distancian vamos a ir asistiendo a la construcción de una catedral que será el pilar del libro.

     Ken Follett nos acerca a Inglaterra en el siglo XII construyendo este entretenido thriller que, bien o mal documentado, reparte entre diálogos y descripciones, datos que nos hacen acercarnos a la época y costumbres que refleja en él. Entramos en un mundo de reyes, justas, villanos y damas, feudos y monjes, que se pasean por pueblos y castillos, recorriendo valles más o menos sombríos y que nos hacen partícipes de sus odios, amores, envidias y sueños.
     Destacaría su primer capítulo, capaz de arrastrarme a la lectura de un libro tan magno, como la obra a la que pretende hacer frente su protagonista Tom. En ese primer acercamiento consigue establecer una conexión con el lector que, de no perderla en el primer tercio, lo convertirá en fan hasta el fin de sus días. Cierto es que también tiene detractores, quizás menos sonados o más silenciosos, que sólo alzan la voz para decir que no es la obra maestra que muchos van proclamando.

     A mi me pareció una lectura entretenida. Cuando me enfrenté a ella, y la palabra adecuada es enfrenté, no olvidemos el tamaño del libro, uno de mis temores era encontrarme frente a una historia medieval convencional, que se basase en las acciones habituales de luchas por el poder y doncellas y justas. Es cierto que las hay, pero no lo usa Follett como argumento, sino que es accesorio, forma parte de la trama que va tejiendo a través de los personajes que aparecen en cada vuelta de página y que, estando desconectados, van poco a poco cruzándose unos con otros alrededor de la catedral.
     Está escrito con sencillez, que permite seguir la historia sin perderse y, al mismo tiempo, sin ser una obra que se pierda en los detalles proporciona vívidas imágenes de lo que nos va contando. Unas veces fruto de la imaginación y otras con imágenes prestadas de cualquier película. Poco importa en realidad, cuando se trata de mostrarnos una historia lo bueno es que consigamos verla. Y en este caso, hablamos de una historia de sentimientos violentos, pocas veces hay paz; aunque la falta de paz no olvidemos que no ha de significar necesariamente guerra, la misma pasión agita los espíritus con la misma violencia que la batalla.

     Me despido esperando vuestras opiniones, y me aventuro a decir que a pocos deja indiferente. O mejor no, bastante me he aventurado al traer este libro aquí.

     Gracias