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miércoles, 18 de abril de 2018
Macbeth. Jo Nesbo
"Una gota de lluvia brillante cayó del cielo y fue descendiendo a través de la oscuridad hacia las luces temblorosas de la sucia ciudad portuaria. Las ráfagas heladas de viento del noreste la arrastraron hacia el lecho del río seco, que atravesaba la ciudad longitudinalmente, y la vía del ferrocarril clausurada, que la cruzaba en diagonal. Los cuatro cuadrantes en que se dividía la ciudad estaban numerados siguiendo el sentido de las agujas del reloj, y más allá de eso no tenían nombre. O, en cualquier caso, nadie lo recordaba. Si te encontrabas con alguno de sus ciudadanos muy lejos de allí, sin duda afirmaría que no se acordaba de cómo se llamaba su ciudad de origen".
Ya he comentado en este espacio otros libros de The Hogarth Shakespeare y las versiones de distintas obras de Shakespeare que están viendo la luz. En este caso, tanto Macbeth, la obra original, como Nesbo, el escritor encargado de revisionarla, me gustaban particularmente. Es por esto que hoy traigo a mi estantería virtual, Macbeth.
En la obra original Macbeth y Banquo son generales del rey Duncan de Escocia. A la vuelta de una campaña se topan con tres brujas que les hacen unas profecías en las que Macbeth será rey y Duncan engendrará reyes sin serlo. Macbeth observa que las profecías parecen cumplirse y, alimentado por su esposa, decide ayudar a que se cumpla aquella que le vaticinaba rey asesinando para ello a Duncan. Shakespeare desarrolla así una tragedia en la que la ambición de Macbeth y su esposa están servidas y parecen imparables.
Con esta obra de partida, y siendo de las más conocidas de Shakespeare, la tarea de Nesbo era complicada. Una tragedia clásica no siempre es fácil de llevar a la actualidad, sobre todo si incluye profecías, vaticinios y brujas, pero Nesbo lo hace y además, se lleva la novela a su terreno.
Nos alejamos del castillo de Escocia hasta una ciudad en la época postindustrial en los años setenta. El autor no llega a decirnos en realidad en qué lugar estamos, pero tampoco es necesario para reconocer la decadencia de aquellas ciudades cuya floreciente industria se marchitó y la delincuencia y las drogas tomaron las calles. Ciudades convertidas en suburbios a tiempo completo en las que las sobras daban lugar a historias oscuras a plena luz del día. En este ambiente de putas y callejones, los políticos son corruptos y los policías dudosos. Excepto Duncan, un hombre recto que tiene como fin limpiar el ambiente local. Macbeth aparece como policía SWAT de duro pasado y protegido de Duncan y su Lady Macbeth particular dirige el mejor casino de la ciudad. Y las brujas, tan relevantes en la obra shakespiriana, estarán relacionadas con las drogas. Hecate fabrica una sustancia terrible a la que todo el mundo parece ser adicta y sus brujas serán quienes, en lugar de profetizar el ascenso de Macbeth, se lo aseguren si permite el tráfico libre de esta sustancia llamada brew. Las drogas, supongo que pensó Nesbo que le permitían abrir ese mundo para normal de sensaciones y visiones a veces despegadas de la realidad que aparecían en la obra original.
Tenemos el personaje, el lugar, los papeles repartidos y la acción y a partir de ahí a veces Nesbo de despega un poco de la obra original. Es cierto que hay ambición y traiciones, pero Nesbo es un escritor de acción y eso es justamente lo que caracteriza a la novela, junto a la solidez de la trama y los personajes. De hecho es una novela que avanza sola, con un ritmo constante y escenas realmente espectaculares que se disfruta desde la primera página. Sin embargo, quizás los lectores más puristas de Shakespeare echen en falta esa tragedia interna del hombre arrasado por su propia ambición, e incluso protesten por algunos puntos en los que he sentido que el escritor ponía a prueba mi confianza en él. Sin problema, se supera la prueba a lo largo de esta novela en la que también la extensión es un signo diferencial, ya que si la comparamos con la original y lo habitual en Shakespeare, descubrimos por qué los personajes de Nesbo son sólidos: nos los explica. Y lo hace bien porque de este modo se asegura de estar en su terreno, ese que tan bien conoce y le ha llevado a ser un escritor superventas.
Macbeth es, en este caso, uno novela negra al más puro estilo Nesbo, ya que el autor no ha temido llevarse la tragedia a su terreno para meternos en los bajos fondos, las drogas y la corrupción. A fin de cuentas, ¿qué mejor lugar para poner a prueba la moralidad del poder?
Y vosotros, ¿os animáis con estas versiones?
Gracias.
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martes, 9 de agosto de 2016
Corazón tan blanco. Javier Marías
"No he querido saber, pero he sabido, que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él. Llevaba la servilleta en la mano, y no la soltó hasta que al cabo de un rato reparó el en sostén tirado sobre el bidet."
No he querido saber pero he sabido, comienza este libro publicado en 1992 para éxito y gloria de su autor hoy encumbrado. Uno de los comienzos más impactantes que recuerdo haber leído, capaz de lograr que imaginemos la escena con total claridad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Corazón tan blanco.
Conocemos a Juan Ranz, narrador de la historia que es, además, contada en primera persona. Ranz, llevado por la vida que le muestra que guarda secretos, o tal vez por los recovecos en los que se cuelan los resquicios de luz, como un consejo de su padre el día de su boda, es empujado a investigar un secreto que ha acompañado a su familia durante años. Luisa, su mujer, se irá covirtiendo en cómplice de esta búsqueda que les llevará a desempolvar la historia de su familia más reciente encontrando en ella muertes como la que abre el libro, dudas, culpa, y mucho silencio acumulado.
Hablar de la trama de esta novela, entretejida de una forma magistral con Macbeth, es relativamente complicado, ya que no quiero privar a ningún lector de ir descubriendo paso a paso lo descubierto por el narrador sobre su familia. Baste decir, por lo tanto, que Marías juega con la necesidad de saber que uno a veces siente, sobre todo si intuye que hay secretos importantes, y con la sensación de tal vez no querer saberlo, una vez los ha descubierto. Esto provoca que el lector se convierta en cómplice de quien guarda el secreto, ya que uno no puede evitar preguntarse si es realmente necesario saberlo todo, sin darnos cuenta de que nos traicionamos a nosotros mismos por llevar más de doscientas páginas sin soltar la historia buscando precisamente, ese secreto. Tres matrimonios más el del narrador, viajes, encuentros, historias secundarias que se tocan en amantes ocasionales y un torrente de reflexiones, es lo que ofrece Marías en esta novela en la que nada queda libre al azar. Incluso el matrimonio protagonista se dedica a la traducción, mostrando con su trabajo una curiosa capacidad para manipular la verdad. Tanto, como aquel que la oculta.
Con ello el autor consigue reforzar la idea principal de una trama capaz de ir envolviendo hasta al más indiferente de los lectores, que no puede hacer otra cosa que preguntarse qué sucedió para llegar al punto en el que comienza la novela. Y también sobre sus posteriores consecuencias. La elección, la del disparo, la del silencio, la de saber... son todas ellas conscientes, aunque no siempre razonables salvo para quien las argumenta. Y sin embargo, en este caso, somos capaces de comprender el camino recorrido por cada uno de los personajes, muchos de los cuales a la sombra de un sentimiento que tal vez desconozcan y es la culpa.
Os preguntaréis ahora el motivo por el cual el libro se teje con aires de Macbeth, y si existe en ambos, además del silencio, el secreto y la culpa ya nombrados, un asesinato. Y podría explicarlo, pero me temo que en caso de hacerlo, perdería la efectividad que supone el descubrir esta historia al ritmo lento que propone el autor. Podría ahora hablar de enamoramientos, secretos, mentiras y formas de engañar. De oyentes involuntarios y otros forzados y adjudicar estos mismos adjetivos a quienes confiesan.; y con todo ello azuzar la curiosidad por un libro ya casi convertido en clásico moderno. Pero incluso si dijera todo esto, me faltaría explicar el placer que supone leer a Javier Marías en sus divagaciones frente a temas como el matrimonio o cualquier otro que le pase por la cabeza y termine en la punta de su pluma.
Corazón tan blanco es un libro redondo. De esos cuyo concepto mejora en el lector a medida que transcurren días y la historia se asienta en nuestro interior, se pone cómoda y nos da otra perspectiva. Una fantástica lectura para todos y, posiblemente, el mejor libro para comenzar con este autor.
Comenzaba hablando del principio del libro, y es que hay principios inolvidables en la historia de la literatura. Y vosotros, ¿recordáis particularmente el comienzo de alguna lectura?
Gracias.
"Mis manos son de tu color, pero me avergüenzo de llevar el corazón tan blanco."
Macbeth
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