"Arrancó una página del libro y la partió en dos.
Luego un capítulo.
Pronto no quedaron más que trocitos de palabras esparcidos entre sus piernas a su alrededor. Las palabras. ¿Por qué tenían que existir? Sin ellas nada hubiera pasado. Sin palabras, el Führer no era nada. No habría prisioneros renqueantes, ni nadie necesitaría consuelo o trucos palabreros para hacernos sentir mejor.
¿Qué tenían de bueno las palabras?
Esta vez lo dijo en alto a la luz anaranjada que inundaba la habitación.
—¿Qué tienen de bueno las palabras?"
Luego un capítulo.
Pronto no quedaron más que trocitos de palabras esparcidos entre sus piernas a su alrededor. Las palabras. ¿Por qué tenían que existir? Sin ellas nada hubiera pasado. Sin palabras, el Führer no era nada. No habría prisioneros renqueantes, ni nadie necesitaría consuelo o trucos palabreros para hacernos sentir mejor.
¿Qué tenían de bueno las palabras?
Esta vez lo dijo en alto a la luz anaranjada que inundaba la habitación.
—¿Qué tienen de bueno las palabras?"
Ya habréis notado que no me gusta hacer entradas con opiniones negativas. De hecho, se pueden contar con los dedos de una mano aquellas que hice y no hay otro motivo salvo la ingente cantidad de títulos por descubrir. Por supuesto que podía haber hecho de este sitio una suerte de quema, pero prefiero acercar historias que sean capaces de haceros pensar en coger el libro del que hablo. Una de mis anotaciones menos positivas fue para El niño del pijama de rayas, así que hoy he decidido traeros un punto de vista diferente de la historia con otro título: La ladrona de libros.
En este libro el narrador es la propia muerte y nos cuenta una historia con pausa, para que no nos perdamos nada. Nos habla de Liesel, una niña que es dada en acogida en una pequeña ciudad, durante la Segunda Guerra Mundial. Es una localidad pequeña y no todos sus habitantes comparten la opinión de Hitler así que en el sótano de la que se convierte en su casa acaba viviendo un judío.Esta niña, que aprende a leer de un libro robado en el cementerio en que es enterrado su hermano va aprendiendo el poder de la palabra. Escapa del terrible mundo en que le ha tocado vivir a través de ellas, leídas o escritas, llegando a usar Mein Kampft como cuaderno improvisado que servirá para tranquilizar a sus vecinos cuando los lea durante los bombardeos. La muerte nos contará esta historia, pero.. pese al momento, será una muerte pausada y compasiva cargada de dudas sobre lo que está viendo.
Cuando cogí el libro lo hice con temor, este tipo de temáticas suelo enfrentarlas así porque suelen ser tópicos de vidas truncadas, sin embargo, me encontré con una historia diferente. No es sólo una historia de guerra sino que es, sobre todo, la historia del poder de las palabras. Las palabras de una niña para consolar a una gente a la que no conocía tan solo unos meses atrás. Y también las palabras de Hitler que eran capaces de convencer a un pueblo para que lo siguiera, aunque esta historia no va de eso, sino de la gente que no lo hacía.
Al final, y por eso la comparación con la que comenzaba, es la historia de Liesel y su amigo Rudy, del camino que recorren para hacerse adolescentes en un entorno del que son conscientes, más de lo que les gustaría, y nos lo acercan a través de sus vivencias narradas por una Muerte, tan presente en aquellos días, que, lejos de alejarnos la historia hasta convertirla en ficción, nos la acerca tanto que casi podemos ver el brillo del betún negro en la cara de Rudy. Y es una historia en la que la muerte nos va dejando sus propios mensajes.
Gracias