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miércoles, 17 de agosto de 2011
Firmín. Sam Savage
"Mi devoración, al principio, era tosca, orgiástica, descentrada, cochina – me daba igual emprenderla a mordiscos con Faulkner que con Flaubert -, pero pronto empecé a percibir sutiles diferencias."
Casi todos los aficionado a la lectura nos sentimos irremediablemente atraídos por libros que hablan de libros. No esos que nos dicen lo libros que hay que leer para ser culto sino esos otros que hablan de cementerios de libros olvidados, de cazadores de libros perdidos o de lectores que hacen salir a los protagonistas de los libros que están leyendo. Así es como nos tropezamos muchas veces con libros como el que traigo hoy, Firmín. Es la ópera prima de Savage, un carpintero, pescador, tipógrafo y mecánico de bicicletas que suele olvidar decir que tiene un doctorado en Yale, un autor que pasó de ser desconocido a situarse en los primeros puestos tanto de venta como de críticos, cosa que hoy en día empieza a parecer misión imposible.
Firmín es una "rata de biblioteca", no de esas con gafas que salen en las películas de preadolescentes o de los que luego se convierten en salvadores de cine para más creciditos, no, ni mucho menos. Firmín es una rata de verdad, hijo más pequeño de una familia de 13 que nace en una librería. Es una rata parlante, que nos va contando su historia en primera persona.
Y..¿qué tiene una rata que habla para atraparnos? Porque dicho así, parece más un cuento infantil que una lectura para adultos. Casi dan ganas de reírse cuando alguien nos habla de semejante libro para recomendárnoslo. Pues tiene una larga historia contada de una forma soberbia que hace que nos metamos en la piel de su protagonista. Es una historia triste, de soledad, de incomprensión hacia su propia naturaleza reflejada de forma impresionante cuando Firmín se pone delante de un espejo y descubre su aspecto físico. Pero no pretende Savage hacernos pasar a su rata por humano, también la acompañamos en sus descensos a su condición animal. No pierde nunca su naturaleza y, hasta en eso logra el autor encontrar un punto de reflexión.
Hay mil y un referencias literarias y aún más reflexiones traídas directamente de la boca de este enamorado de la lectura que es su protagonista. También hay personajes humanos. Está el librero, como no, y un autor que, cuando uno cierra el libro lamenta que sea ficticio.
A lo largo de éste libro, que bien puede leerse del tirón por su tamaño, acompañaremos a Firmin en su alimentación a base de literatura, tanto en su estómago como en su cabeza, y haremos juntos un repaso por sus variados menús entre Steinbeck, Disney, Anna Frank, Henry James y tantos otros, que lo llevarán a una madurez intelectual más propia de un humano que de una rata. Lo cual, no tiene porque significar que le vaya a hacer la vida más fácil. Ni mucho menos.
Gracias
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